Pasión por Murcia

La Semana Santa, esperada con entusiasmo por muchos murcianos, convierte el centro de la ciudad en un infierno para otros

El Amparo, La Fe, La Caridad, La Esperanza, El Perdón, El Rescate, La Salud, Los Coloraos… Así hasta el Resucitado del Domingo de Resurrección. Todas y cada una de las procesiones, independientemente de donde salgan, cortan el centro de Murcia. Han de pasar por la Catedral, dicen.

Así que toca colapsar el centro. Normalmente las mismas calles (invito a cualquiera a ver el recorrido en el mapa), solo cambian las de ida y vuelta, según el lugar en donde se encuentra la iglesia de partida y llegada.

Ese es el calvario que sufren, no los nazarenos, sino los murcianos que viven dentro del ‘círculo de poder’ de las cofradías. Trapería, Santo Domingo, El Romea, Gran Vía, plaza de los Apóstoles, Belluga… Más de una semana haciendo malabarismos para coger el coche o, simplemente, llegar a casa. Porque debería haber pasos para cruzar las procesiones, pero tienen más facilidad para taponarse que las alcantarillas de Murcia cada vez que llueve.

La anécdota de esta Semana Santa, a sabiendas de que aún quedas días para ser superada, se la lleva un señor de 65 años que, al no poder cruzar la calle por el comienzo de la procesión del Cristo del Perdón en el barrio de San Antolín, se sacó un cuchillo de 20 centímetros y amenazó de muerte al vigilante de seguridad que le impedía el paso.

No, vivir en el centro no son todo ventajas. Los residentes de la plaza Romea, Dios los tenga en su gloria, son penitentes por obligación, ya que por su portal pasan casi todos los desfiles. Hasta el más ateo de sus vecinos tiene abiertas las puertas del Reino de los Cielos. Se lo ha ganado a pulso… y a falta de sueño. Este Lunes Santo, sin ir más lejos, pudieron disfrutar del suave tocar de los tambores pasadas las 00.30 horas de la recién estrenada madrugada.

Pudiera ocurrir que algún vecino de la zona pensase en reclamar al Ayuntamiento de Murcia más equilibrio entre las calles de la ciudad que llevan todo el peso de las procesiones, que agilicen la travesía… Cualquier excusa es buena para lanzar un SOS. Que desistan de inmediato. Los miembros del equipo de Gobierno local están entre los que aporrean los tambores. De ahí el famoso eslogan de las pasadas elecciones municipales “Pasión por Murcia”. Efectivamente, tenía doble sentido.

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