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Cuando crees en ti, te vuelves optimista

 

Cuando hablamos de optimismo y pesimismo, siempre explico la misma diferencia; la manera de trabajar y de esforzarse para lograr resultados, ya que ambos, están basados en un futuro incierto cargado de experiencias pasadas.

Me gusta el término optimismo inteligente porque te lleva a la acción y a no esperar un buen resultado sin hacer prácticamente nada; no te van salir mejor las cosas porque seas optimista; aunque si te lo curras, quizá el resultado obtenido será muy parecido a lo que deseaste.

Ni tan maravilloso es ser un optimista sin barreras, ni tan malo es ser una persona pesimista “por naturaleza”. Sería conveniente reflexionar, teniendo en cuenta que los extremos son complicados de gestionar. Es cuestión de cambiar un poco la perspectiva. Es un error perder de vista la realidad que nos rodea; tenemos que jugar o convivir con ella. El pesimista ve un muro, una pared y un imposible; el optimista piensa que  se puede trepar y que es cuestión de actitud.

Tus ilusiones, motivaciones y pasiones te llevarán a realizar lo que te has marcado; si confías en ti y eres una persona segura de tus posibilidades, sabiendo afrontar y esquivar una realidad que a veces no lo pone nada fácil; tocarás tus retos con las yemas de los dedos. Cuando te das cuenta de ello, sientes ese optimismo que no es desmedido, y que te ha acompañado hasta ese momento, no es otra cosa que actitud y ganas.

Seas como seas, trata de acercarte a aquello que te hace sentir bien;  a esos momentos en los que te sientes preparado para todo, a rememorar logros y visualizar tus éxitos… sé consciente de lo que te rodea y en vez de quejarte por el aire que te da en la cara, disfruta de verte capaz de superarlo.

 

Volver a empezar

Una vez tras otra… siempre volvemos a empezar. Si lo miramos bien, si nos paramos a reflexionar, nos daremos cuenta que cada momento que tenemos en el presente es una nueva oportunidad para hacer algo nuevo.

Sí que solemos emplear esta expresión para el resurgir, para levantarnos de las dificultades y para elevar el vuelo como Ave Fénix tras cualquier circunstancia que nos ha pasado. Sin embargo, me quiero quedar en el AHORA, y en tomar consciencia de las decisiones que nos vamos a encontrar en cada escalón de nuestra escalera que sí o sí, seguimos escalando.

Una escalada ataviada con el aprendizaje que llevamos a las espaldas, con la experiencia que en vez de pesar, debe ser la que nos empuje hacia arriba, con el pensamiento y la creencia del buen hacer y del equilibrio; esa moderación, prudencia o sensatez es la que te dejará firme para que puedas parar y pensar ese segundo que necesitas para el siguiente impulso. Los extremos sirven para que te des cuenta de que tienes que volver a ese sentido común que necesitas, para afrontar ese viaje incesante que es el día a día.

Una solución, un cambio, una nueva perspectiva, un paso más firme, un ‘convivir’… son ejemplos de esos pasitos de los que tenemos que alimentarnos y darnos aliento para el siguiente trecho.

No necesitemos estar muy abajo para darnos cuenta que tenemos que subir; no dejemos que llegue ese momento en el que nos veamos obligados a girar bruscamente nuestra vida; preparémonos para el ahora, para este momento, para el ‘ya’… será un extraordinario aprendizaje para… volver a empezar.

 

¡Soy así!

 

¿Cuántas veces nos hemos escondido detrás de un “soy así” para no querer cambiar, y justificar lo que hacemos sin mirada crítica ni constructiva?

Es evidente que cambiar es difícil, sobre todo si llevamos una vida pensando, creyendo y haciendo lo mismo. Cuando tenemos la lucidez suficiente como para darnos cuenta de ello, se nos oscurece una vez más el panorama al pensar que un cambio es algo complicado,  costoso emocionalmente y por lo tanto, casi imposible. Preferimos quedarnos como estamos y no variar nuestra actitud vaya a ser que lo que nos vamos a encontrar sea peor que lo que tenemos.

Ese salto a una zona más atractiva, más productiva, más optimista y más deseada, es algo más que un paso. Ese “soy así” te va a mantener inmóvil para toda tu vida, no va a dejar que entre aprendizaje de cualquier ámbito, va a suponer un lastre que cada día va a pesar más, va a cerrar puertas a nuevos horizontes, personas… es decir, supone una cerrazón que te va a traer solamente penas.

Es claro que la palabra ‘cambio’ asusta… ¿Y si… es a mejor? Cuando estás anclado en algo que te hace daño o que no te motiva, piensa que no vas a estar peor, como mínimo, igual. ¿Qué de malo hay en probar nuevos estilos, en pasear por nuevos lugares, en conversar con nuevas gentes, en cambiar la perspectiva sobre el negro, y hacerla un poco más grisácea?

Las personalidades se mantienen, el carácter se moldea, las ilusiones se alzan, el movimiento aparece y la motivación te empuja. Es momento  de cambiar, de saltar, de mirar, de observar, de reflexionar…

Es momento de olvidar el “Soy así” y utilizar el “Fui así” para tener el “Voy a ser”.

Rodearse de los “mejores”

Cuando echas la vista atrás, es imprescindible pensar en las personas que han pasado por tu vida, y que de alguna manera han puesto algo de su esencia en ti. Miramos con nostalgia aquellas experiencias o ejemplos que nos daban y que nos sirvieron para llegar a donde estamos; aquellos consejos que no nos venían muy bien, los desechamos y los mandamos a la papelera de reciclaje; sin embargo, es conveniente, atender y prestar atención a aquellas personas que quieren aportarte, sea o no provechoso para ti; ya que pensemos que son bien intencionadas sus reflexiones.

Y ahora que miras tu presente, es formidable seguir creciendo, afianzado en tu confianza y en saber que el camino te lo vas marcando tú, día a día. Pensar que en solitario puedes construir caminos que te lleven a la gloria, es como pensar que no necesitas aire para respirar.

Todo lo que conocemos, es legado de los que nos han mostrado previamente su trabajo, mirar, observar, aprender y hacer, es algo que te llevará a “tu éxito”, de manera más firme y eficaz. Tener cobijo de un gran árbol cercano te dará un gran argumento para aprender de él; experiencias, consejos, costumbres, prácticas de personas que complementan y aumentan tu valor, te reforzará cuando pretendas conseguir todo lo que te propongas.

Estamos de acuerdo que el mayor artífice de querer hacerlo eres TÚ; sin embargo, NUNCA deberías dar la espalda a quienes saben y conocen distintas materias a las tuyas; es más, te animo a darles la mano, a saber escuchar todo lo que tengan que decirte, porque el aprendizaje y su apoyo va a ser crucial para que ese camino que comenzaste a construir,  tenga un firme estable… el viaje será extraordinario.

Rodéate de gente buena, gente sana,  gente que cada día quiere ser mejor,  gente que da las gracias, que te mira de tú a tú, que te aporta, que te sonríe, que te pide disculpas de corazón, de aquellos que te brindan la posibilidad de ser más grande y de mejorar… en definitiva… de gente buena.