Martes, 16 de Marzo de 2010

La educación sobre el tapete

Ante el envite del ministro de Educación, Ángel Gabilondo, proponiendo un Pacto de Estado por la Educación, el Partido Popular ha reaccionado no sólo aceptando la invitación a negociar, sino elaborando una propuesta que ha hecho pública a comienzos de esta semana. El documento, de unas veinticinco páginas, contiene ideas interesantes sobre las que vale la pena reflexionar.
Tal vez la propuesta más llamativa sea la de reducir la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) a tres cursos para alargar un año el Bachillerato, que también pasaría a constar de tres años. Es muy difícil tomar una decisión de ese calado sin sopesarla a fondo. En todo caso hay que analizarla y agotar sus posibilidades antes de pronunciarse sumariamente en contra de ella, como lo han hecho la secretaria de Educación y Cultura del PSOE, Cándida Martínez, y la número tres del partido, Leire Pajín. Es significativo que no haya sido el ministro el que ha dado su veredicto, sino dos garantes de la ortodoxia ideológica del partido. Lo que ha sobrado tradicionalmente en este país, sobre todo en educación, son posturas apriorísticas y descalificaciones sumarias del rival político. Esa ha sido una de las causas de que los desencuentros hayan cristalizado en medidas faltas de consenso y sobradas de dogmatismo.
Con relación al trueque de cromos entre la ESO y el Bachillerato, parece haber razones que la avalan y otras que la desaconsejan. A favor, que hay muchos alumnos resistentes al estudio teórico que tendrían la oportunidad de aprender los rudimentos de un oficio frente a la alternativa real de abandonar la escuela con las manos del todo vacías, como de hecho está sucediendo. Parece excesivamente dogmático que la utopía -no segregar a los alumnos en edades tempranas, conceder igualdad de oportunidades a todos- acabe perjudicando a aquellos para los que ha sido pensada, los que acaban su periplo educativo sin título, sin conocimientos y sin cualificación académica ni laboral. Además, el Bachillerato ha mostrado sus limitaciones para proporcionar el nivel necesario para acceder a la Universidad tan sólo dos años después de que los estudiantes hayan finalizado la ESO. Algunos teóricos afines al PSOE han afirmado que desviar a los malos alumnos a la FP contribuye a desprestigiarla todavía más. Sin duda, el sistema educativo español -al que el PP en el prólogo de su propuesta describe de una manera muy negativa, coherente con el catastrofismo del que últimamente hace gala- ha logrado buenos resultados en cuanto a la igualdad. No se puede decir lo mismo de la potenciación de la excelencia, aspecto en el que alcanzamos los peores resultados de los países de nuestro entorno. Parece como si ese igualitarismo se hubiese convertido en el ADN de nuestro sistema educativo y que fuera incompatible con la búsqueda de los buenos resultados. Tres años de Bachillerato por sí solos no garantizan que un porcentaje significativo de alumnos alcancen la excelencia, pero sí puede ser un paso en esa dirección.
De las propuestas en el documento del PP, me voy a detener en otra que me parece claramente rechazable porque parte de un error de base. Señala el documento: “El Pacto Educativo deberá incluir medidas eficaces que amplíen y faciliten el derecho de elección de los padres respecto al tipo de educación que quieren para sus hijos. La elección del tipo de educación y de centro docente donde educar a los hijos es un derecho cada vez más apreciado por millones de familias españolas”. Lo que el PP pretende es potenciar la enseñanza privada concertada con el argumento de que hay que favorecer la pluralidad ideológica en la oferta. Y ahí hay una falacia de base. El derecho que tienen los padres es el de que sus hijos reciban una enseñanza de calidad. Las opciones ideológicas o religiosas, muy respetables mientras se mantengan en el marco constitucional, no forman parte de la enseñanza. En la escuela se instruye. Y son fundamentalmente los conocimientos los que proporcionan esa calidad, no la ideología de los profesores o del centro educativo. La misma composición de la sociedad ya garantiza de hecho esa pluralidad. En la enseñanza pública, los profesores no adecuamos nuestra ideología particular a la del Gobierno de turno. Faltaría más. Pero los buenos profesores no buscan transmitir, ni siquiera mostrar, su ideología. Los profesores de Matemáticas o de Historia no están en su puesto por ser socialistas o liberales, se supone, sino por conocer en profundidad los contenidos y la didáctica de la materia que imparten.
El PP también debería tener en cuenta que el verdadero eje de la educación de calidad es el profesorado. Es de extraordinaria importancia cuidar su selección, su formación permanente, la contrastación y la puesta al día de su práctica docente, el compromiso con su tarea. Y todo eso, que se puede despachar en unas pocas palabras, es lo realmente difícil de llevar a la práctica.
Eso sí, los docentes les rogamos a los partidos mayoritarios, minoritarios, nacionalistas e internacionalistas que lleguen al Pacto de Estado por la Educación de una vez por todas y dejen de introducir cambios que desconciertan y desalientan al profesorado. Por ejemplo, es el segundo año que se imparte la Filosofía de Primero de Bachillerato con el añadido de la Ciudadanía y ya nos está diciendo el PP que aboga por suprimirlo. ¡Ah, la Educación para la Ciudadanía, eso sí que es materia para otro comentario! Continuará.
Publicado en La Opinión el 21/01/10

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Comentarios

No puedo sino darte las gracias por arrojar luz sobre mis sombras, acerca del Pacto sobre la Educación. Me ha parecido un análisis muy lúcido. Cuando puedas, por favor, acomete el de Educación para la ciudadanía.

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