Viernes, 19 de Marzo de 2010

Setenta años son historia

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1ª Promoción del Saavedra, 1939/1945

Estos días se cumplen setenta años de la fundación del Instituto Saavedra Fajardo, el segundo más antiguo de la ciudad de Murcia. Setenta años es la edad de jubilación obligatoria de un profesor. Aunque hoy casi nadie alcanza esa edad en activo. Desde que la LOGSE primero y la LOE después abrieron una puerta a la prejubilación voluntaria a los sesenta años, es raro encontrar alguien de más de sesenta y cinco años en cualquier centro de educación secundaria. Desde luego, en el Saavedra no está en activo ningún profesor cuya fecha de nacimiento coincida con la fundación del instituto, el año 1939. Nuestro centro empieza, por tanto, a tener una edad que rebasa la dimensión humana y se adentra en la histórica. Impresiona un poco trabajar como profesoren un lugar así.

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L@s chic@os del coro del año 1960

Impresiona porque el número de alumnos que han pasado por sus aulas constituye una parte no desdeñable de la ciudadanía pasada y presente de la ciudad. Impresiona y hace reflexionar. Pasar por un instituto de enseñanza secundaria no es como pasar por un centro comercial, la oficina de un notario o un club de amigos de la ópera. Pasar por un centro de enseñanza secundaria marca el futuro de una persona mucho más de lo que lo hace cualquier otro lugar, excepción hecha de un colegio de enseñanza primaria. Nadie olvida cuál fue “su” instituto.

Conozco de primera mano los cambios acaecidos en la enseñanza en últimos treinta años, no de los setenta que el Saavedra lleva recibiendo alumnos y devolviéndolos a la sociedad. Lejos quedan las oposiciones de agregado o catedrático en las que lo que se nos exigía a los futuros profesores era demostrar que nuestro conocimiento de la materia que íbamos a impartir era mayor que el de nuestros competidores. En las aulas nos encontrábamos entonces únicamente con alumnos de bachillerato, es decir un pequeño y selecto porcentaje de la población que en cuatro años tenía que adquirir los conocimientos suficientes para empezar sus estudios universitarios. Hoy, tenemos que ocuparnos de formar y educar al cien por cien de la población y nos enfrentamos a escolares no solamente de edades inferiores, sino con niveles educativos y sociales , con lenguas y países de origen muy diversos. Algunos colegas todavía están lamentándose de ello y tratando de encontrar culpables de la nueva situación. Pero la mayoría hemos comprendido que la sociedad ha cambiado y que nuestras funciones también. Ahora más que nunca, un profesor, y a veces no nos damos cuenta de ello, transmite algo más que contenidos en sus clases. Su manera de asumir sus obligaciones, la ecuanimidad con la que otorga sus calificaciones, la puntualidad con la que llega al aula, la empatía y el respeto que impregnan sus relaciones con los alumnos son cosas al menos tan valiosas como sus conocimientos. Con su actitud, todo profesor también está impartiendo permanentemente clase.

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Hoy, cuando las aulas del Saavedra Fajardo no están ya ocupadas por aquellas señoritas de buena familia —fue creado como instituto femenino—de hace setenta años, que iban allí a recibir una educación apropiada para su condición social y sexo —la palabra “género” entonces designaba sólo una categoría gramatical—, los profesores del Saavedra tratamos de enseñar y hacer mejores —en el caso de que ambas cosas no sean lo mismo— a una nube de chicos y chicas, muchos de los cuales tienen que estar obligatoriamente de los doce a los dieciséis años entre nosotros. Algunos no tienen el más mínimo interés en permanecer aquí ni en adquirir nada de lo que podamos ofrecerles. Y, sin embargo, nosotros tenemos que conseguir que salgan, como digo, mejores de lo que entraron. No pocos de mis compañeros lo consiguen. Sí, este es el mejor oficio del mundo y el Saavedra se merece seguir con su imprescindible labor al menos durante otros setenta años. Felicidades.

Publicado en La Opinión el 3/12/09.

Fotos del archivo del Saavedra digitalizadas y restauradas por Julián Iglesias

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Comentarios

Para mi el mejor instituto que podría haberme tocado. Profesores como Domingo Vilches, Román, Paco de quimica, la “Espanta”… sin olvidarme de ti, Bernar, habeis hecho que aprenda a aprender, a tener gusto por el conocimiento, que eso es lo más importante (aunque el mito de la caverna también…). En fin, que gracias a vosotros!(menos a Tomás, el jefe de estudios…)

La primera promoción del Saavedra (1939-1945) vivió la II Guerra Mundial, y las generaciones actuales la estudian en los libros. Eso puede dar una idea de la solera que tiene.

Que cumpla munchos más.

“Ahora más que nunca, un profesor, y a veces no nos damos cuenta de ello, transmite algo más que contenidos en sus clases. Su manera de asumir sus obligaciones, la ecuanimidad con la que otorga sus calificaciones, la puntualidad con la que llega al aula, la empatía y el respeto que impregnan sus relaciones con los alumnos son cosas al menos tan valiosas como sus conocimientos. Con su actitud, todo profesor también está impartiendo permanentemente clase.”
No fue en su instituto, sino en otro, el Menéndez Pidal (Zalaeta), de Coruña, hace ya 26 años, que Bérnar Freiría fue mi profesor de Filosofía. Excelente profesor, precisamente porque fue mucho más que el meritorio oficiante de unas clases inolvidables; fue todo eso que dice ahí arriba. En fin, un MAESTRO. Para mi, como seguro para unos cuantos más, dejó, además de imborrables recuerdos, semilla de curiosidad, inquietudes, orientación, puertas abiertas y nuevos caminos abiertos a la mirada: huella indeleble.
Pese a que 22 años atrás trató de disuadirme de seguir sus pasos en la docencia (”Este es un oficio de menesterosos.”, dijo entonces: momentos de así sentir, pensar o decir todos los profes tenemos de cuando en vez…), ahora ejerzo este oficio y me da, el maestro, otra alegría más al leerle “Sí señor, este es el mejor oficio del mundo”. Sí señor. Palabras de triunfador.
Enhorabuena a tod@s l@s que ahí celebráis aniversario…tempus fugit…

Voy a intentar resumir en unas líneas todo lo que llena mi espíritu en estos momentos. Con profunda emoción acabo de leer el artículo publicado sobre los setenta años del Saavedra Fajardo y con mucha más emoción he contemplado la foto publicada de la 1ª promoción, pues yo soy una de las presentes en dicha foto y quizá la única que siga con vida. Tengo 82 años y he seguido la carrera docente por todas sus etapas y por numerosas ciudades, pero nunca he podido olvidar MI INSTITUTO, el Saavedra Fajardo.
¿Quién recordará ahora su primera y provisional instalación en los viejos locales de la Escuela Normal, en la plaza de Fontes, y de esa palmera en el patio interior que nos vigilaba constantemente con sus esbeltez y su arrogancia? Sólo duramos allí unos meses y luego nos trasladamos a la antugua escuela graduada del Carmen, junto a la iglesia del mismo nombre y allí terminó nuestra primera promoción, aunque no tardó mucho en trasladarse de nuevo a un edificio ¡por fin ! de nueva construcción, junto a la vieja graduada.
Y ahora mi recuerdo imborrable ¿cómo no? para nuestros queridos profesores, algunos de los cuales vinieron desde Orihuela que es de donde procedía el Instituto, como nuestro queridísimo D. José el Director, o doña Paquita, la profesora de Matemáticas o D. Francisco Morote de Historia o el famosísimo D. Manuel el de Francés. Pues ¿y don Reces el cura de Religión? Que de recuerdos me vienen a la mente en estos momentos en los que tampoco puedo olvidar a Paco, el bedel. Horas y horas seguiría hilvanando recuerdos, que están muy vivos en mi memoria, pero no quiero cansar a los que lo lean.
Piensen que siempre está y seguirá vivo en mi el recuerdo del Saavedra. LA SOLER

Me disculparéis todos los que habéis puesto aquí vuestro comentario que responda, en primer lugar a LA SOLER. Su aparición en el foro es una de las cosas que hacen que uno persevere escribiendo aquí incluso en los momentos de mayor desánimo. El tópico del mensaje en la botella deja de serlo ( y uno deja de ser un náufrago)cuando se recibe un respuesta como la de Teresa Soler. Bienvenida, Teresa,estamos encantados de tenerte entre nosotros. Tu presencia aquí confirma, una vez más que ejercer la docencia es el mejor trabajo del mundo.
A Fénix tengo que decirle que exagera. He ejercido y ejerzo este oficio como un menesteroso que de vez en cuando recibe una dádiva en forma de alumno como lo fuiste tú. La curiosidad y las inquietudes ya las traías tu puestas al aula. Yo me limitaba a disfrutar de tu presencia allí y a tratar a la altura del reto intelectual que me planteabas. Estoy completamente seguro de que hoy tú eres mucho mejor profesional que yo. Y aunque podrías haber brillado en cualquier profesión que hubieras acometido, esta que ahora tenemos en común, tampoco está tan mal ¿no?
Oye, Cábalas Nihilistas, A Tomás le toca ejercer el papel de policía malo, como a cualquier jefe de estudios. Pero no es nada más que eso, un papel, bastante ingrato, por cierto. Me alegro de que consideres que el Saavedra es el mejor instituto que haya podido tocarte. Gracias por lo que me pueda corresponder.
En fin, me estoy poniendo almibarado y blandito. Y a mí lo que me va es ser duro y áspero, ser el profesor House…

Voy a intentar de nuevo trasladar mis recuerdos al teclado para que se conozcan los orígenes del Instituto Saavedra Fajardo de Murcia. No hay que olvidar que las niñas hasta aquel año de 1939 habíamos vivido una experiencia horrible,y de pronto un horizonte nuevo y desconocido se abría ante nosotras.
No se debe considerar al Saavedra como un centro de enseñanza elitista (las niñas que pertenecían a esa clase social encaminaban sus pasos hacia los dos colegios religiosos que había en Murcia) Así pues al Saavedra ibamos las niñas de la clase media, médicos, profesores, comerciantes, pero también porteros o agricultores. Todas convivíamos en una sana camaradería.
Comenzamos nuestra enseñanza por el Plan 38, un plan que en primer curso los alumnos de 10 años cursaban once asignaturas y terminaban el 7º curso con 15 asignaturas, todas fundamentales. Le llamaban plan cíclico, pero era algo horrible pero muy eficaz.
Como en toda la provincia sólo había dos Intitutos se inició la enseñanza libre a la que accedían aquellos alumnos que vivian en los pueblos y no tenían otros medios para seguir sus estudios, en el pueblo estudiaban con el maestro o el cura y luego venían tres veces al año a examinarase al Instituto.
Nuestro horario era cargadísimo, pero a veces, cuando faltaba algún profesor y podíamos eludir la vigilancia de Paco el bedel, nos escapábamos al jardin de Floridablanca que sobre todo en primavera era una delicia. LA SOLER

Nuevo comentario me viene a las puntas de los dedos y no puedo vencer la tentación de escribir algo de nuevo para dar forma al cúmulo de recuerdos que están muy vivos en mí, sobre todo después de haber visto la entrevista del día 21 en TVM. Sinceramente me gustó mucho, y por varias razones: pude revivir en mi recuerdo tiempos ya muy remotos, y al mismo tiempo sentí, muy profundamente, el orgullo de haber sido pionera en la historia del Saavedra Pero no fue sólo ésto, a lo largo de mi carrera docente he visto con mucho pesar la degradación de la enseñanza y no solo por parte de los alumnos, sino también de muchos de los profesores. En cambio, oyendo la entrevista y todo lo que allí se dijo, saqué la impresión de que el Saavedra era un Instituto poco menos que modélico, y naturalmente, volví a sentirme orgullosa. En vuestras palabras se notaba que había “algo”, sobre todo que había vida en ese Centro y que esa vida era compartida por profesores y alumnos.
Mi más sincera felicitación a todos los que participasteis en esa entrevista. Para mí fué un verdadero placer escuchaarla y sentirme parte de esa vida que allí se manifestaba.
Gracias a todos por haberme proporcionado una hora tan placentera y sobre todo gracias a Bernar por haberme dado la información precisa.
Bueno, pues me parece que dejo para otro día la evocación de mis recuerdos personales.
FELIZ NAVIDAD A TODOS. LA SOLER

[...] sus estudios en el año 1945. Los asiduos de este blog la conocerán por sus comentarios en el post “Setenta años son historia”. Ha sido un honor recibirla en el Saavedra. Como cabía imaginar, Teresa es una mujer [...]

Supervivientes de la Historia
Por la hermana de mi madre, nos llegó la noticia de la publicación de CON HISTORIA, en la que salia una foto de mama.
Viéndola, despertaron en ella recuerdos e historias que ya habíamos escuchado hace años, de pequeños. y puso nombre a casi todas las personas que aparecían en la fotografía.
Las cuatro superiores “María Matas”, “Margarita Gomez”, no recuerda, “Teresa Soler”. Las tres centrales “no recuerda, “Clara Smilg” (profesora de Alemán), “Isabel Séiquer Martinez” (ella misma). Las dos inferiores, “Carmen Falcón” y “Carmen Aracil”.
Creo que mantiene alguna llamada de navidad con alguna de ellas.
Parece ser, que despues de estudiar allí y una vez realizados sus estudios universitarios de Quimica, estuvo en el Saavedra Fajardo de profesora (Primer empleo y sin cobrar).
Un saludo y gracias por el recuerdo .

Estoy encantado con que este blog sea el punto de reencuentro de aquella primera promoción del Saavedra. En el centro ya ha estado visitándonos Teresa Soler. La actual directiva está encantada con la recuperación de la historia del instituto. Yo me ofrezco de mediador para que el contacto se produzca. Un saludo, Tomás, y hazle llegar otro lleno de afecto y respeto a tu madre.

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