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Políticos cangrejo

Ni dimite ni se retira nadie. Acabaron los ceses o despidos. Ahora lo que se lleva es “dar un paso al lado”

Echar, cesar, dimitir, retirarse o, incluso, jubilarse. Muchos conceptos sirven para explicar que una persona que está al frente de algo, simplemente deja de estarlo. Puede ser por voluntad propia o ajena, de ahí que se use una terminación u otra.

En España estamos acostumbrados a que sea el propio sujeto de la noticia el que anuncia que se va. “Empiezo una nueva etapa”, “por asuntos personales” o “ya tengo casi setenta años y creo que ya es hora” son las explicaciones al uso. Raro es que llegue un cese fulminante y público. O raro era. Desde que los casos de corrupción comenzaron a salir como confeti en Nochevieja, nuestros políticos se vieron obligados a innovar y marcharse ante la evidencia. Asistimos perplejos ante unos actos propios de los anglosajones. No soporta la vergüenza. Se va.

Evidentemente, los políticos españoles tienen una capacidad de aguante mucho mayor todavía: noticias como la del ministro británico Michael Fallon dimitiendo por un escándalo sexual de 2002 en España no hubiera sido tan fácil. “He caído por debajo de los estándares requeridos”, aseguraba Fallon, admitiendo que tocó la rodilla a una periodista. En nuestro querido país, de llegar a una dimisión, antes hubiéramos visto a un partido acusando a la periodista de mentir, de encabezar una campaña de desprestigio y, puede, que con una sentencia judicial que llegara mucho después, dimitiría por asuntos personales. Bueno, al menos hemos dado un paso.

Lo que me llama la atención es cómo, entre los políticos, se ha impuesto una terminología estratégicamente suave para pedir a alguien que se vaya a su casa o para darle una patada en el trasero. Todo depende del caso. Excepto en el Congreso, donde se piden dimisiones a diestro y siniestro, en la calle, con mucha educación y saber estar, ahora invitan a aquellos políticos que han metido la pata –o la mano– a “dar un paso a un lado”. Que se retire un poquito para no salir en la foto, vamos.

Este fenómeno, el de andar como los cangrejos, lo hemos visto tanto a nivel nacional como regional y, como todo aquello que es de naturaleza forzada, tiende a resultar falso enseguida.

¿Cómo entendió Oriol Junqueras los “cambios” –o ceses– que el presidente de la Generalitat hizo en julio de este año, cuando se acercaba el fatídico 1-O? Fácil, Puigdemont “ha querido tener a su alrededor a personas diferentes, y algunas han decidido ellas dar un paso al lado“. Pero no lo dijo él solo, el mismo ‘president’ sugirió que fueron los salientes los que decidieron “dar un paso al lado”.

Santi Vila, consejero del Govern contrario a la secesión unilateral, dejó su puesto el día antes de que el Parlamento catalán declarase independencia y dijo que, ante esa situación, solo podía dar… Ya saben cómo acaba. Hasta el presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, pidió en octubre al entonces mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, que dé “un paso al lado” y deje su cargo.

No sabemos cómo sería el fútbol si los jugadores corrieran de lado detrás de la pelota, pero hasta el mismísimo Gerard Piqué, ante las presión ciudadana de que se quitara la camiseta de España si tan independentista se sentía, se ofreció entre lágrimas a dar ese paso que ni va para adelante ni para atrás: “Ir a la selección no es una cuestión patriótica“.

Pero Cataluña no es la única Comunidad en donde los políticos andan como los cangrejos. Cómo vamos a olvidar en la Región de Murcia al expresidente Alberto Garre, justo después de pedir la baja en el PP, pidiendo en directo para La Sexta que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, diera, sí señores, “un paso al lado”. Con su archienemigo Pedro Antonio Sánchez fue más duro, sin duda.

Y si hablamos de Garre, también podemos hablar de PAS. El ya expresidente de la Comunidad, después de dimitir finalmente,  afirmó con un sonrisa: “Lo mejor era dar un paso al lado”. Como si esperara volver.

Si miramos a Cartagena, Jacinto Martínez Moncada, que fue director general del área de Urbanismo del Ayuntamiento, dimitió para ser juzgado tras haber sido acusado de prevaricación por la presunta expropiación ilegal de una parcela en La Azohía. El líder del PP en la ciudad portuaria, Joaquín Segado, también está acusado en la misma causa por el mismo delito. Sin embargo, éste decidió no dimitir de sus cargos. Así le pidió el entonces alcalde de la ciudad, José López, que hiciera lo propio: “Si no dar el paso atrás, sí al lado, y dejar el nombre de su partido más o menos limpio”.

Hablemos claro. “Dar un paso al lado”, cuando significa que dejas tu puesto por razones de peso como un caso de corrupción, es una perversión del lenguaje. En todo caso, la zancada la das para atrás, pero hasta la casilla del principio. Nos estamos acostumbrando tanto a ir de canto, que hasta una maldita jubilación se disfraza de “paso al lado”. Para muestra, Domingo Coronado, que ha anunciado este miércoles que se va del ayuntamiento de Las Torres de Cotillas porque va a cumplir 65 años. ¿Y cómo lo ha hecho? De costado, sin necesidad alguna.

Tantos pasos al lado… Tal vez nos estemos olvidando de ir hacia delante.