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Starbucks sigue provocando

La cadena de cafeterías Starbucks aterrizó en Murcia el 20 de septiembre de 2016. Hasta entonces, los murcianos solo podíamos disfrutar de sus ‘Frappuccino‘ en nuestros viajes. Pero eso se acabó. En plena Gran Vía, dentro de El Corte Inglés, tenemos nuestro antojo.

Los productos de Starbucks son caros si comparamos con cualquier cafetería de barrio. Pero si hay quien esté dispuesto a pagar por ello, bienvenido sea. La multinacional llegó con 15 contratos de trabajo y una nueva oferta para el paladar bajo el brazo. A priori, no parece que cause ningún problema a la población. Pero con las redes sociales, amigos míos, nunca se sabe. Los ‘haters‘ nunca duermen. Poco tardaron en virar su mirada hacia Starbucks y atacar sin piedad a la empresa y a sus clientes. Molestaba que alguien pudiera pagar más de tres euros por un café, por mucho hielo picado, caramelo y nata que llevara. Algunos criticaban que hubiera quien optara por un Starbucks en lugar de algún producto regional. Al parecer, ser de Murcia va ligado a comer paparajotes dos veces al día y, si tomamos café, siempre de puchero. El nacionalismo panocho, lo podríamos llamar.

Pero bueno, eso es agua pasada. Ningún comienzo es fácil y, a pesar de todo, la apertura fue un auténtico éxito a juzgar por las imágenes del día de la inauguración. Después de la tormenta, llega la calma, dicen.

Pero Starbucks lo ha vuelto a hacer. Los señores del café deluxe han osado –seguramente por el buen resultado de su primera tienda– abrir una segunda tienda en la capital de la Región. Insensatos. La bestia estaba dormida y la han despertado con una colleja. ¡Otro Starbucks más!

Para no ser vilipendiado por los ‘haters’ parece no quedar más remedio que entregarse a las hordas nacionalistas de Murcia.

Los operarios ya han desembarcado en la Plaza Belluga para remodelar el bajo que antaño ocupó Cajamar. FOTO: Juan Caballero

Y es que el Starbucks estará ubicado en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, a la vista de la mismísima catedral. Podríamos llamarlo herejía y todo. Además, para meter el dedo en la llaga, han pedido permiso al Ayuntamiento para poner una terraza y que los murcianos traidores disfruten de su Caffè Mocha mientras se lo restriegan a los valientes que, mientras, se estarán tomando un plato de michirones en la mesa de al lado.

Pero lo que más duele es, sin duda, que los malvados baristas del imperio cafetero han comenzado una nueva reclutación. Quieren convertir a más ciudadanos de bien en trabajadores asalariados, vendidos al consumismo que acaba con nuestra huerta.

He recopilado algunos comentarios de la noticia publicada por laopiniondemurcia.es en Facebook con el fin de entender este discurso. Entended que la transcripción no sea idéntica a la original, ha sido por el bien de la RAE.

Como dice el respetuoso Jesús, “siempre habrá imbéciles dispuestos a pagar 5 euros por una magdalena, solo porque allí la llamen ‘muffin'”. Pepa, por su parte, lo está pasando fatal: “A mí me da vergüenza ajena cuando paso y tras el cristal se ven borregos hacinados haciendo que estudian con su vaso ‘molongui'”. La pobre debe estar aún sin salir de casa. Sin duda, faltan revolucionarios como Pepa: “Acabarán con los pequeños negocios de cafetería como ya han hecho en el resto del mundo. Abajo las franquicias”. Sí, cada vez es más complicado encontrar una cafetería en el extranjero…

Personalmente, lo único que veo cuando la apertura de una cafetería en una ciudad causa tanto revuelo es un complejo de inferioridad que, seguramente, se pueda tratar en algunas clínicas. Mientras tanto, un consejo que nos deja Maru en el mismo hilo de Facebook. Es muy sencillo: “El que no quiera ir que no vaya”.

Los ‘conspiranoia’ de los conejos

La semana pasada, mi compañera Ana García destapó, en exclusiva, una noticia que alarmó a los murcianos. Un restaurante muy conocido de Murcia y experto en arroces albergaba en el sótano un matadero clandestino de conejos para uso del propio establecimiento. La noticia, como era de esperar, corrió como la pólvora.

El día que se publicó en la prensa escrita no se facilitó el nombre del local. Y entonces llegó ella, la ‘conspiranoia‘, que no obedece a la razón, es más, se alimenta de la ausencia de ella. Y las redes sociales son su caldo de cultivo.

“Me parece indignante que no se diga el nombre del restaurante”, denunciaba Almudena. Julián iba más allá: “Debe ser un restaurante amigo de algún político, si fuera de un pobre desgraciado ya lo habrían colgado, crucificado y, por supuesto, sabríamos el nombre y nacionalidad” –lo de la nacionalidad me fascina–. Antonio seguía por la misma línea: “¿Por qué ocultan a un presunto delincuente?”. Luego apareció Juan Antonio. que afirmó saber el nombre. Eso sí, no lo dio (nos hubiera ahorrado unas llamadas). Y, por último, llegaron las víboras para difamar a un restaurante que nada tenía que ver con el caso.

Me resultaría divertido decir que no se dio el nombre porque en la redacción de La Opinión de Murcia queremos ir a este restaurante el día que hagamos la cena de Navidad. Evidentemente, publicando el nombre peligraría el plan. O que nos han prometido descuento a todos los trabajadores y nos hemos vendido por un plato de arroz con conejo a 4 euros. La idea es tentadora.

Ahora bien, si nos centramos en la realidad, nos vamos a aburrir un poco. El motivo por el que no se dijo en un primer momento que el matadero clandestino de conejos se encontraba en Los Arroces de Segis es bien sencillo: las fuentes de la periodista en cuestión no se lo dijeron –algo que, por cierto, no impide que siguiera trabajando en ello junto a la redactora Ana Lucas–. Este dato se explicaba así en la noticia: “Según han confirmado fuentes sanitarias a esta Redacción, que no han querido desvelar el nombre del establecimiento, la escena que se encontraron tras acceder al sótano…”. Está en el segundo párrafo, no el decimonoveno.

Y, como era de esperar, desde La Opinión de Murcia se terminó por saber el nombre del restaurante, momento exacto en el que se publicó. Más tarde respondimos a la pregunta de por qué no se cerraba el restaurante y la multa a la que se enfrenta.

Supongo que para los ‘conspiranoicos’ esto ocurrió porque nos vimos obligados por la presión ciudadana. Victoria de la gente. Ya no iremos a Los Arroces del Segis de cena de Navidad.