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Yo también soy fuerte

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“No donáis por mí, donáis por vosotros, por un mundo más solidario, por vuestros hijos, por vuestros amigos…”

Pablo Ráez

 

Hoy creo en el mundo. Hoy creo en esta pequeña región murciana. Y hoy casi creo en España. Así, en mayúsculas, casi de la mano, como una hermandad. Y es que hoy, yo, que apenas soy nadie, he dado un paso de gigante en mi vida. Hoy el corazón me estalla, casi casi como una patata.

Y todo surgió hace unos meses, entre reparto y reparto, cuando me llegó como a tantos a través de las redes la historia de este chaval. Que no temo a la muerte, decía, con apenas veinte añitos y carcomido por un cáncer que le agotaba la sangre. Que no temo a la muerte.

Y a mí, Cayetano Cuerva, Cayo para los amigos, que a veces sí la temo, el drama de ese chico casi que me hizo pensar. Pero en realidad ni sé si pensaba. La cabeza se me metió en el pecho. Y era el pecho el que pensaba a golpes de corazón.

Y entre reparto y reparto, a golpes de corazón, me sentía más importante. Yo, que casi no soy nadie, un simple ordenanza que de vez en cuando se cuela en este blog, un mindundi, apenas un parias que viaja del polígono hasta el barrio de La Paz.

Pero si yo pudiera, si dentro de mí estuviera… Y me sentí importante. Y dejé a un lado las trifulcas de sociatas y peperos, podemitas y ciudadanos de pro en busca de un buen gobierno; me olvidé de burundangas en Pamplona, de reencuentros en OT, de si sale a la calle la parricida de Santomera, del médico que diagnóstico a una paciente que follara más,… Me olvidé.

Porque tengo el elixir me sentí importante. Y hoy, si no lo leo no lo creo, compruebo en el artículo que firma una tal Pilar Benito que se ha disparado el número de donantes de médula en la Región a raíz de la tragedia de este muchacho malagueño. Y yo no quiero ser menos.

Yo, que entre reparto y reparto voy desvencijado, que casi he quemado mi vida teniendo apenas treinta. A mí, que nadie me toma en serio. Y ahora descubro que tengo un tesoro entre pecho y espalda. No, yo también soy fuerte, y por eso hoy mismo me he inscrito como donante. No basta con quitarse el sombrero por todos los que lo han hecho.

Y por eso hoy me siento feliz, como en una hermandad, porque voy mirando a la cara de la gente por la calle y reconozco a los que se encuentran satisfechos, y adivino a los importantes, como yo, y me siento orgulloso de vivir aquí. Porque mi cabeza es un corazón a punto de estallar, porque mi corazón no es más que una patata, y si lo pones en agua empiezan a surgir brotes. Y es una maravilla verlos crecer. Porque yo sí, yo también soy fuerte.

“No temo a la muerte y soy libre, de ahí me viene toda la fuerza. Cuando dejas de tener miedo eres libre. Sólo tengo ganas de vivir y ser feliz. Cada momento es tremendamente único”.

Pablo Ráez

En nuestra edición digital puedes leer el reportaje

El ‘efecto Pablo Ráez’ dispara las donaciones de médula en la Región de Murcia

¿Qué hacemos con Paquita?

Paquita González, la parricida de Santomera, ha salido por vez primera de prisión con un permiso. Ha tenido que esperar casi quince años para poder acercarse a ver el mar, para poder caminar ante un horizonte sin muros. Y es que lo que hizo Paquita no fue precisamente una broma. Estrangular a sus hijos de cuatro y seis años con el cable del cargador del móvil. Y poca defensa podían poner ellos. Gritos y los arañazos que lucía la madre en el entierro, minutos antes de ser detenida, en su gran función de madre destrozada, ojerosa y llorosa; todo el pueblo la besó, todos le dieron sus condolencias antes de saber que fue ella, ella quien segó en una noche de celos y de coca la vida de dos de sus hijos.

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¿Y qué hacemos ahora con Paquita?

Paquita González, la parricida de Santomera, ha salido por vez primera de prisión. Y muchos se llevan las manos a la cabeza. No han pasado ni quince años. Debería seguir pudriéndose entre rejas, al menos hasta que cumpla los cuarenta años de condena. Pero Paquita ha salido esta semana, con cerca de sesenta años a sus espaldas. Y no parecía peligrosa.

Pero, ¿qué hacemos ahora con esta mujer? Nuestro sistema penal habla ante todo de reinserción. En la mayoría de casos no lo consigue. Y en otros, como en el de Paquita, no es necesario. ¿Alguien de verdad cree que la parricida de Santomera es un peligro público? Llegamos entonces al carácter punitivo de la condena. El que la hace la paga. Hay que castigar y, a la vez, que ese castigo sirva de ejemplo al resto de la sociedad.

La ejemplaridad del castigo como método para evitar nuevos delitos también es más que cuestionable. No son extraños los casos en los que el autor de un crimen acaba quitándose la vida. Para estos, evidentemente, no vale la ejemplaridad del castigo. Y en otros casos, como en el de nuestra parricida, cabría preguntarse si acaso a alguien le va a arredrar su ejemplo a la hora de cometer un crimen.

Pese a todo, pese a la inutilidad, buscamos venganza. Y nos sorprende y nos duele que Paquita se pasee libre después de su crimen de hace quince años. No la tememos. Todos sabemos que no es un peligro. Solo queremos que purgue.

José Rabadán, el chico que con 16 años mató a toda su familia a golpes de catana en el barrio murciano de Santiago el Mayor, lleva ya años paseándose en libertad por el norte de España. No se le conoce nuevo delito alguno, pese a que su juicio fue una farsa en la que se le admitió haber cometido los crímenes bajo un ataque epiléptico (no se lo cree ni él). Parece que lo que importa no es el castigo; más bien el olvido.

Paquita ha empezado a pasearse esta semana. Su primer permiso. Después de cerca de quince años a la sombra, que se dice pronto. Alguno responderá que son los mismos años que llevan sus dos hijos en un nicho del cementerio de Santomera. Es cierto. Es un dilema. Y ahora, ¿qué hacemos con la parricida de Santomera?

Ciudadano Champi

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¡Vaya semanita! Ciudadanos, el matarife de la corrupción, el espadachín implacable, resulta que también tiene trapos que esconder. Más pequeños o más grandes (el tamaño sí importa), pero los tiene. Iglesias, en su racionalismo pedagógico (que afán de la izquierda por la pedagogía), nos viene a decir que Otegui no es tan malo. El PP saca otra vez el calendario y nos da nuevas fechas para la apertura del aeropuerto de Corvera. Y el PSOE, el PSOE no sé qué dice. Si alguien lo entiende, que me lo explique.

Mientras tanto, Champi, un perro sin pedigrí, casi sin nada, así como a manchas, espera con el hocico pegado a las puertas cristalinas del hospital Reina Sofía a ver si sale su dueño. Que mira que entró con dolores. Pero ahí espera, Champi.

Y me vuelve a prometer el consejero que lo de Corvera está hecho, y me da otra vez las mismas fechas, pero cambiadas de año. Y yo, que no soy analista político, que trabajo de repartidor, ahí, con mi moto partiéndome la cara día a día, cada vez me creo menos. Porque yo, no sé si lo he dicho, soy Cayo, Cayetano Cuerva. Y sí, me interesa el aeropuerto. Pero mucho, mucho. Y no porque tenga preparadas las maletas, que ya quisiera, sino porque tengo un amigo que tiene un amigo cuya prima asegura que una cafetería será suya (que tiene un amigo). Y lo mejor, la jornada sería de ocho horas. ¡¡Ocho horas!! Si es que hasta me da igual cobrar menos de los 600 euros que me dan ahora. ¡Ocho horas! ¡Qué pasada!

Pero me disperso… se me va la cabeza. Si al fin y al cabo quería hablar de Champi, que yo también me hice una foto con él, en un reparto, lo típico, que sabes que el perro espera a su dueño, que pasas por el hospital, y que dices por qué no…

Lo que ocurrió es que me llegó la alerta del guasap de que habían destituido a uno de los hombres fuertes de Ciudadanos en la Región. Que sí, que sí, que hay facturas endosadas a todos cuando son del partido (matarifes de la corrupción, espadachines implacables…). Pero eso no sorprende, ¿a quién va a sorprender a estas alturas esto?

Sorprende que entre los adalides de la anticorrupción el tal Mario Gómez dice que no se va de su puesto de concejal hasta que no se aclare esto. Y a mí me da la risa. Lo he oído tantas veces. Pero, ¿no erais vosotros las manos limpias de España? Manos limpias… otro lapsus, ya digo que no sé dónde tengo la cabeza…

Y me da la lágrima floja cuando vuelvo a pasar por el Reina Sofía, y paro para saludar al Champi… pero me dicen que no, que se lo llevaron, por culpa de los de la perrera, que molestaba… y aprieto el puño de la moto pensando en qué entendemos por molestar, hasta dónde tenemos que tragar…, traga gasolina, traga, no pienses, aprieta el puño… que dentro de nada llega de nuevo la fiesta de la democracia. Traga, traga, traga,… y aprieta el puño

¡Que lo aGARREn!

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Pero, ¿quién es este tipo?, ¿por qué lo entrevistan? ¿Qué interés puede tener?… Espera, espera, que estoy buscando, sí, ya lo tengo… Aquí pone que es presidente de la Junta Local de Torre Pacheco… ¿Y dónde está eso? Y yo que sé… a saber… Espera, espera, que sale en la wikipedia, si debería haber empezado por ahí…

Y en Génova están que trinan. Soraya nI se ha enterado. Está entrando en ese momento en el plató de La 1. Que sí, que sí, que ya lo tengo, aquí está, fue presidente de Murcia… ¿Cómo que de Murcia?, ¿pero no era Varcárcel, o Valcárcel… o algo así? Ya, ya me acuerdo, si me sonaba el nombre. Si precisamente fue Varcárcel, perdón, Valcárcel, el que le dejó la presidencia… pero nada, cosa de nada, de unos meses, una mera transición. Sí, me suena, Alberto Garre, me suena…

Tranquilos, tranquilos, un advenedizo, desahuciado…, que no, que no, que no es peligro, que se le subió a la cabeza…. Claro, toda la vida en el partido, te ves de presidente y empiezas a montarte castillos en el aire. Es lo que tiene poner al secundario en la primera fila, que se lo puede creer.

Si hasta le hizo frente al delfín de Murcia, al Lumbreras, perdón, al de ese sitio, es que no me acuerdo, pero era algo así, ¿no? Sí, sí, espera que lo busque, que no caigo ahora en el nombre del presidente, ese señor de Murcia, pero del pueblo sí, para eso está wikipedia, eso es, Puerto Lumbreras.

Y vaya de juegos sucios que hubo allí, ya lo recuerdo todo… con los juzgados de por medio y dimisiones a favor del partido… Pero al final sacamos adelante al Lumbreras, perdón, ya sabéis, a ese señor de Murcia… Ya, ya, si te entendemos, pero espera, que le acaban de preguntar a la Soraya, que está en directo….

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Muy bien contestado, sí, señor…, no hay que dar tregua a estos polizones que pretenden dinamitar el partido desde dentro, secundarios con ínfulas… ¿Cuándo se ha visto que un segundón, por estar mucho tiempo en el partido, por estar mucho tiempo siguiendo las consignas de su líder…. cuándo se ha visto que sea incapaz de echarse a un lado y dejar paso por el bien del partido, por el bien de España?

¿Estás hablando de Rajoy?… Estás loca, hablaba del Guerra, perdón, del Garre…

(Y Alberto Garre habló de “un clamor silencioso” dentro del PP que reclama la retirada de Rajoy para, en el fondo, llegar a un pacto con PSOE. Los primeros espadas salieron defendiendo al ‘líder’. Yo sí creo que muchos (quizás secundarios con ínfulas, o no) se callaron. El objetivo es el mismo: detener al ‘enemigo rojo’).

Quien primero lo huele, debajo lo tiene

Me sorprendo esta semana con un suceso ocurrido en algún lugar de Valencia. Y casi que me parto el pecho, si no fuera, si no fuera porque varios sí que acabaron a  punto de desangrarse con el pecho atravesado. Pero, claro, había pedos de por medio. Y eso siempre da risa. Caca, culo, pedo, pis…

Resulta que uno quiso echar un aire. Pero muy cerca pasaba otro, que no tuvo otra ocurrencia que responderle con los mismos gases. Y ahí se lía un quién eres tú, pues anda que tú, dos empujones, cuatro tacos, doce santos, trece vírgenes, y al final salen las armas. Si no lo leo no lo creo. Unos tiros y cuatro tipos sangrando en unas calles de Torrent.

Y todo por unos pedos. Esos que la gran mayoría dejan escapar a escondidas. Menos cuando hay un exceso de confianza. Porque las confianzas dan asco. En el sentido más literal. Y aun así todos lo hacen (a escondidas), no se conoce excepción. Pero da lugar a chistes, a tratados de arte y a ¡trágame, tierra!, ese no he sido yo…. Que por cierto, yo soy Cayo, Cayetano Cuerva… que llevaba ya algún tiempo sin entrar por aquí.

Hace unos días tuve que llevar un paquete a las torres gemelas, o así las llaman, esas que están a la entrada de Murcia. Yo subía al último piso y en el ascensor éramos seis: cuatro tipos con corbata, una chiquilla vestida de secretaria y un servidor, con el casco en una mano y el paquete en la otra. El fétido olor empezó a sentirse a la altura del cuarto, y cuando íbamos por el sexto la cara de la chica ya era un tomate de esos con aditivos que crían por Águilas, con poco sabor, sí, pero rojo, bien rojo.

Los cuatro encorbatados la miraban a hurtadillas, y la pobre, con cara de dinamita, derramaba sus ojos en el suelo del ascensor. Yo, para disimular mi estómago revuelto y lo mal que me sentía, la observaba fijamente. Supongo que sería tímida, que sólo se avergonzaba de que alguien pudiera pensar que la culpable era ella. Pero no. Puedo dar fe. Ella no fue.

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Son historias de pedos. De las flatulencias que nos hacen reír. De las cuales Dalí, todo un genio, hizo una clasificación según su sonido y olor en sus ‘Confesiones inconfesables’. Si hasta Disney permitió que el jabalí Pumba echara sus gases en los dominios del mismísimo Rey León. Y sonreímos cuando un bebé se tira un pedete. Y nos morimos y seguimos soltando aires hasta varias horas después de que el corazón dejara de latir.

Y mientras, durante nuestra vida rutinaria, nos escondemos, claro, cerramos la puerta del aseo del bar. Y desde allí oímos en las noticias, entre el ruido de la cafetera y las tazas cayendo sobre la barra plateada,  cómo algunos buscan pactos responsables para decidir nuestro futuro. Y eso sí que da risa. No los pedos. De hecho, a veces le entra a uno mal cuerpo. Pero malo, malo. Y yo, en mi caso, cuando los oigo, como educado que soy, me quedo más tiempo en esos excusados. Pero ya estamos hablando de asuntos de fuerza mayor. Y este artículo iba solo de pedos. 

Bendita democracia, bendito capital

Cómo nos ilusionamos. Como si hubiéramos ganado. Era el fin del bipartidismo; de las mayorías absolutas y los rodillos. Casi daba igual a quién hubiéramos votado. Adiós Cánovas, adiós Sagasta.  Ahora habrá que negociar, pensamos, nadie podrá ya imponer una reforma laboral indecente dirigida al beneficio de unos pocos salvadores que nos saquen del atolladero ( “¿Cómo quieres que me apriete al cinturón si al mismo tiempo me pides que me baje los pantalones?”, leí en una pancarta). Pero el capital se esconde. Qué miedo. Qué incertidumbre. Esto es la revolución. Esto es Venezuela, ¿presuntos gobernantes del país hablando con presuntos etarras? ¿Codeándose con separatistas? ¿Qué va a pasar? Yo me guardo el dinero hasta que no lo vea claro, hasta que no vea el campo expedito, las reformas laborales, los mínimos costes. Y bendita democracia. Donde todos los votos son iguales, valen lo mismo. Pero algunos pesan más que otros. ¿Podrá ese capital permitir que gobiernen otros que no sean Cánovas o Sagasta?

Porque el juego de la derecha y la izquierda en el que movieron ficha años y años PSOE y PP ya no se lo cree nadie. Lo dijo el iluminado Anguita en sus tiempos: están en la misma orilla. ¿Quién si no empezó con los contratos basura, con la reforma laboral? Y claro, pactar entre ellos les rompe el juego. ¿Cómo se entiende? Por la seguridad del país, dicen. Este país donde nos están cayendo bombas día a día, donde se queman las iglesias, donde nuestra vida corre peligro. Por la seguridad del país.

Y la cosa está tan floja que hasta el mismo Rajoy habla de un pacto con el PSOE. Y uno se vuelve loco. ¿Tan peligrosos son los otros? ¿Nos van a pasar a cuchillo? ¿No era el juego de la democracia? Bendita democracia apuntalada con grandes soportes de hormigón dialéctico. El que mande aquí, que dé un golpe en la mesa. (Perdón, que a veces se me va la cabeza, quizás por leer demasiado a Marx en mi adolescencia.)

Bendita democracia. Hasta que las cosas salen mal. Bendita democracia. Y oigo por las calles, por los rincones de los bares, que debe ser presidente el del partido más votado. Y oigo por las calles, por los otros rincones, que no debe ser presidente alguien a quien, en su mayoría, la gente ha votado contra él. Qué difícil.

Y como si no fuera con nosotros (puñetera y bendita democracia) ahora ellos con los votos en la saca se hacen sus cábalas. Y empieza un juego de poder, como de damas (no llega al ajedrez, la inteligencia política parece que en este país no da para tanto). Un suma y resta, qué me da esto y qué me quita. Y el honorable Rajoy le dice a su majestad que no, que no lo ve claro. Te toca tirar. (Mientras tanto, el ingenuo votante las ve pasar).

Los votantes ya han desaparecido. Como en un espectáculo de ilusionismo. Ahora las vemos pasar. Es un juego de tronos, de poderes. Uno quiere ser vicepresidente y le tiende el cetro al otro, al que siempre estuvo en la otra orilla. Y Rajoy, el hombre recto que daba una colleja a su hijo en un programa deportivo, el del plasma, se pone serio. Y nuestras papeletas ya son escaños. Y ellos juegan. Pero, espera, que falta alguien.

¿Y el capital?, ¿dónde está?, ese capital del que dependemos todos, hasta la democracia. En la partida es como el Joker. Todos lo quieren. Bendito capital.

El sueldo del médico de la Pepa

Vuelvo a este blog porque estoy preocupado. Es más, casi que me siento culpable. Me ha llamado hace unas horas mi prima Pepa, la que trabaja de conserje en una escuela de Abarán, y me ha dicho que está de baja. Que cómo se me ocurre meterme en este blog, que ni siquiera es mío, para pregonar al mundo su sueldo.

Yo (que me llamo Cayo, Cayetano Cuerva, y que no pienso decir aquí lo que cobro de ordenanza) le respondo que la culpa no es mía, que la culpa es del Gobierno. Pero ella me responde que esa es una frase manida, que es lo que se dice siempre: la culpa es del Gobierno. Y continúa con su letanía de quejas e imprecaciones. “Si no lo leo no lo creo, primo, lo que escribiste de mí, que fui la comidilla del pueblo, ¡y cómo se puso mi Juan cuando se enteró, que ya ni me quiere pasar la pensión!”

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María Dolores Pagán, consejera de Presidencia, en la reunión con los representantes de los empleados públicos. Foto: Arturo Manzaneque

Intento convencerla de que es el Gobierno, en un alarde de transparencia, quien ha decidido publicar en Internet los sueldos de todos los empleados públicos. Pero ella me contesta que los ha buscado y que no están. Claro, Pepa, claro,… es que ese mismo Gobierno se ha dado cuenta ahora de que quizá se ha pasado algún pueblo y ha retirado la publicación. Se ha dado cuenta, quizá, de que la difusión de tu sueldo, tus estudios o tu carné de conducir no aporta mucho a esa transparencia que nos quisieron vender. ¿Se habrá dado cuenta de que no era esa la transparencia que pedían muchos de los votantes? ¿Que eran otras cuentas, otros movimientos de dinero, los que exigían conocer en lugar de tu sueldo, Pepa? Pero eso no se lo digo, pobre, buena está ella para que encima le haga preguntas…

Y sigue sin dejarme hablar, me dice que miento, que tuvo que ir al médico atacada de los nervios y que le contó la causa. Y que don José, el facultativo, le respondió que no (casi sin inmutarse, sin sobresaltos), que nunca, que los cerca de 20.000 sueldos que dependen del Servicio Murciano de Salud nunca se harán públicos con nombres y apellidos. Y ahora yo me siento culpable.

Me siento culpable porque yo le dije que sí, prima, que sí, que el Gobierno lo ha prometido; que después de vosotros van los de la docencia y la sanidad. ¿Y quién me mandó a mí fiarme de ellos? Porque hoy esta vez soy yo quien sólo lo creo porque lo leo, porque leo que el Sindicato Médico se lo dejó bien clarito a la consejera de Presidencia: que se te vaya borrando de la cabeza, que nuestros datos no se publican. Y yo recuerdo no hace mucho, cuando los recortes, todavía con Valcárcel, que ese Sindicato Médico volvió a dejarlo clarito. Y no le salió demasiado mal la cosa.

Pero, bueno, ¿de quién se va a fiar ahora mi prima, de mí o del médico? ¿O del Gobierno, que dice que cumple la ley, que es una ley (traíganme una jofaina donde lavarme las manos) aprobada bajo la presidencia de Garre? Creo que de todos menos de mí, que soy un ‘cabecica’ loca y no dejo de pensar, entre reparto y reparto, en aquellos que se empeñan en hacer cumplir una ley que, quién dice que no, puede estar incumpliendo la Ley.

Y creo que he perdido a mi prima. Tuve la convicción cuando me dijo que mañana tiene una nueva cita con el médico, con don José, ése que a saber lo que gana… Porque me da a mí que nunca lo sabremos.

El sueldo de la Pepa

¡¡¡¡Juasssss!!!! Me parto y me mondo; voltereta, voltereta y vuelta atrás. Pues no que me acabo de enterar que mi prima, la Pepa, la que trabaja de conserje en San Cosme y San Damián, se levanta cada año más de 16.000 euros. Y eso no es casi nada si lo comparamos con la directora, que encima fue elegida a dedo (perdón, por libre designación), y que suma más del doble. Para que luego digan que no viven bien en Abarán.

Y lo más fuerte es que me enteré de todo esto gracias al Gobierno regional, que ahora es  transparente. Y yo que tantas veces llegué a creer que era invisible. Pero no, es transparente; por eso ha colgado en la web los sueldos de ocho mil de sus empleados (a otros cuarenta mil los ha dejado fuera de momento). Si no lo leo no lo creo. Llevo media tarde repasando uno a uno cada nombre; y a muchos los conozco; como a la Pepa; para que luego diga que no puede hacer regalos por Navidad. La he pillado a contrapié. Me lo ha dicho el Gobierno.

Y conozco a muchos más, el listado no acaba. De hecho he llamado a algún colega para comentarlo. Pues no que el Damián no debió terminar la carrera. Pero eso sí, tiene carné hasta de chófer. Y todo lo sé, una vez más, gracias al Gobierno regional. ¡Viva la transparencia! Que, la verdad, no sé si esto va a dar algún fruto; pero entretener, entretiene…

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Perdón, que a estas alturas aún no me presenté: soy Cayetano, Cayo Cuerva; los que me conocen me llaman Cayo. Y no aparezco en el listado. Ya quisiera yo: ganar lo que ganan algunos de esos que aparecen de libre designación. Yo no, yo voy con mi moto repartiendo paquetes y recados, y, a decir verdad, no me molaría un pelo que me metieran en un listado para pregonar lo que gano o lo que dejo de ganar. Bastaría eso para que la Juani, mi ex, me pidiera más dinero.

Pero la cosa es que a nuestro Gobierno regional le han entrado las ganas de la regeneración, de decir que, para limpios, nosotros. Y, mientras tanto, cuando tapa un agujero en una parte le salta un imputado en la contraria, como en el juego de la rana. Y, así, son de otro partido los que le marcan el paso. Pero nuestro Gobierno, cristalino, presume y nos dice que nos ha bajado el precio del agua, desalada. Cristalino.

Y me ha dicho Damián, que eso no lo sé yo, pero me lo ha dicho Damián, que tiene el carné de chófer, que abundan los altos cargos que cobran muchas prebendas, muchas dietas,… pero eso no, no aparece entre tanta transparencia…

Entre tanta transparencia, que les hace ser de cristal, aquí se ve cualquier cosa, y el sentido común existe; tan de cristal como un Licenciado Vidriera, temeroso de romperse; o como un desconsolado ciego, que lo veía todo hasta que alguien abrió de sol a sol las cortinas y se hundió, de tanta luz, en un pozo sin fondo.

Posdata: Y ahora yo me pregunto, poniéndome un poco serio, ¿qué tiene que ver mi prima, la Pepa, con el proyecto transparente de Pedro Antonio Sánchez?

Ensancha el alma, Pepe López, ensancha el alma

Leo. Releo. Vuelvo a leer. Y como ya va siendo habitual, no doy crédito. Y no me refiero al pregón del alcalde de Cartagena, un tal Pepe López, en las fiestas de Carthagineses y Romanos, sino a los debates, comentarios, eyaculaciones mentales y discursos de chalanes que se han levantado como espadas del ejército de un tal Escipión en eso que llamamos las redes sociales.

Y aclaro, soy Cayo, Cayetano Cuerva, y me he metido otra vez en el blog que creó este tipo con el dedo en la ceja, para darle uso más que nada. Y nací en Murcia, cerca, muy cerca de la paz, del barrio, con mayúsculas, del barrio de La Paz. Pero, vamos, que igual que nací en Murcia, podía haberlo hecho en Elche, o en Albacete, o en el norte de África, o vete tú a saber. Me contaron que la que fue mi madre viajaba mucho por entonces. Necesitaba dinero para levantar a un crío. Dicen.

Pero a lo que voy, que en cuestión de nada llegan a la oficina y si me pillan en el ordenador de Ramírez se me cae el poco pelo que me queda. Pues este tipo, el tal Pepe López, que me cuentan que está ahí en la alcaldía de Cartagena con el beneplácito del PSOE (qué malos son el ansia de poder y los repartos, siempre lo dije) hizo un discurso festero plagadito de rencores, llamémoslo sutilezas –nada sutiles-, hacia la ciudad de Murcia. Que si usurpadores de templos, que si roban corazones de reyes, que si encadenan, oprimen…

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Foto: Felipe García Pagán

Hasta ahí nada extraño. Totalmente previsible. Por ese pregón, nunca me hubiera puesto a escribir este artículo en un blog titulado ‘Si no lo leo no lo creo’. No me sorprende nada el discurso en boca del mismo -un tal Pepe López- que ya manifestó su deseo de que estuviera cerrado un hospital “la próxima vez que se queme la asamblea”.

Sí me sorprende, sin embargo, la tropelía de comentarios que tratan de justificar su ‘pregón’. Que no, hombre, que no, dicen, que él no se ha metido con Murcia, que hace un llamamiento a la igualdad de los pueblos. Y como a menudo presumo de estar equivocado vuelvo a leer de nuevo el pregón. Y no, este tipo, respaldado en la alcaldía por un partido político tan respetable como el PSOE, ha ido a saco.  A fomentar no se sabe qué, a alimentar no se sabe qué.

No entiendo las luchas cuyo objetivo está más o menos a la altura del ombligo del que las alimenta. Y no entiendo que la historia se utilice para rebuscar argumentos más o menos creíbles o, al menos,  convincentes en los que apoyarse. Si cualquier integrista islámico utilizara razonamientos similares a los que utilizó el alcalde de Cartagena para reivindicar Al Andalus –y podría encontrarlos, muy probados, muy documentados y muy históricos- nos tiraríamos de los pelos.

Pero al fin y al cabo son discursos primarios, muy lejos de la razón. Los oímos a menudo para defender los localismos, nacionalismos, corporativismos incluso. Sabino Arana, un santo para algunos vascos, llegó a hablar de la diferencia sanguínea. Cataluña también los emplea, aunque de trasfondo; en su discurso siempre predomina la ‘pela’. Los oímos en Serbia, en la Alemania que soñó Hitler y en la Gran Rusia de Catalina la Grande que quiso recuperar Stalin.

Frente a todos ellos me quedo con la utopía, con aquellos que llegaron a concebir que sus problemas como clase tenían mucho más en común que las diferencias transnacionales. Hablo de aquellos que dijeron “proletarios del mundo, uníos” (“pobres obreros”, cantarían mucho después los Clash), de aquellos que levantaron el puño para cantar La Internacional, sin feudos ni historias milenarias.

Al fin y al cabo es la apertura de mente frente a la cerrazón; frente a la estrechez de miras, acoger como si el pecho fuera inmenso. “Ama, ama, ama y ensancha el alma”, decía el poeta Manolillo Chinato. Y no es que yo lea poesía, pero es que escucho mucho a Extremoduro.

Y ahora me voy pitando, que veo desde la ventana que el ordenanza de la competencia ya está arrancando la moto. Y luego presume de que me da mil vueltas, que entrega más que yo. Y en mi empresa, claro, me echan la bulla. Sólo me consuela pensar, en el fondo, que tenemos el mismo sueldo de mierda. Pero algún día le demostraré que somos mejores, que ‘mi’ empresa fue la que impulsó el sector en esta región. Sólo hay que remitirse a la historia.

Los magos de La Paz

No he podido resistirme. Lo juro. Fue leerlo y no poder resistirme Y casi me da la risa. Por eso me colé de nuevo en este blog. Porque leer para creer. Porque la Policía no aprende. Y tiene problemas con la paz. Perdón, con La Paz, así, en mayúsculas, ese barrio murciano que no está muy lejos de La Fama. Bueno, me presento por si alguien no me recuerda: Soy Cayo, Cayetano Cuerva, trabajo de ordenanza y me crié en la paz, perdón, con mayúsculas, en el barrio de La Paz.

Leo sobre otra gran operación contra la droga alrededor de un bloque. Y lo estoy viendo: un furgón detrás de otro, y venga a bajar policías, unos a cara descubierta, los menos; otros con cascos, los más. Y varios de ellos con sierras y el ‘marro’ en la mano, siempre las mismas mazas.

Foto: Israel Sánchez

Foto: Israel Sánchez

En las viviendas todavía quedan muchos durmiendo la siesta. Pero siempre hay alguien asomado a la ventana. Las alarmas suenan sin necesidad de sirenas. Como si viajaran por tuberías. Un, dos, tres…, nada por aquí, nada por allá,… ¿Alguien dijo droga? No, señor policía,  aquí nunca hubo droga. Como en un truco de magia.

Y el policía, claro, pues se mosquea. Si no puede entrar en la casa, con rejas y puerta reforzada. Me imagino a los de dentro: “Anda, que ya nos han jodío el material otra vez”. Y el material vuela, o navega por las tuberías donde suenan las alarmas, se desintegra.

Y la Policía, eso sí, detiene a muchos, a muchos… Esta vez han sido unos treinta… hace cuatro meses llegaron a cuarenta… espectaculares fotos, impresionante despliegue… pero, ay, que no hay, que de droga ni el olor. Toca vuelta a casa, eso sí, con los furgones bien llenos, de los mismos que estarán en la calle mañana.

Pero es que no hay nada nuevo. No había nacido yo cuando, me contaron, se montó la primera gran operación contra la droga en el barrio. He visto las fotos y son de la prensa en blanco y negro. Y reconozco a un fiscal, al que ahora es el jefe, al López Bernal, que antes se ocupaba de este tipo de cosas. Y en las fotos se ven las mismas mazas, y los retretes, por donde escapaba el caballo, arrancados y en la calle. Un colega me contaba que parecía Navidad, que ese día nevó desde las ventanas de La Paz.

Pero lo de siempre. Fue la primera vez. La venta era tan obvia que hasta los yonquis formaban cola. Pero nada, la droga requisada, bien escasa. Años después, muchos, se celebró el juicio. Hubo que mudarse de sede. No cabían tantos detenidos en el Tribunal de Justicia. Fue en Alfonso X, en un edificio de usos múltiples. Y allí, tras la sentencia, me contaron, nadie pisó la cárcel.

Y la historia se repite cada cierto tiempo. Y muchos de los vecinos de ese barrio en cuestión creen que el asunto es de traca. Doy fe. No muy lejos de La Paz, en un bloque de La Fama, les despertó otra redada cuando no había salido ni el sol. A una secretaria judicial casi le tiemblan las piernas aún al recordar qué cerca le pasó aquella televisión que lanzaron desde una ventana. Y vaya motín que montaron, los secretarios judiciales, exigiendo a la Policía mayor protección en esos impresionantes despliegues contra la droga en La Paz, o en La Fama.

Pero nada, una vez más, la Policía se vuelve con las manos vacías. Habrá que hacérselo mirar. En La Paz no paran de reír, y las carcajadas llegan a La Fama. Y es que yo sé de alguno que, cuando va a esos barrios, así, caminando, sin sirenas ni furgones, con las manos vacías, vuelve mucho más cargado que todos los miembros del operativo especial desplegado esta semana. Nada por aquí, nada por allá.

A las puertas del Cielo

Como una travesía en el desierto después de que las aguas se abrieran, saltando de un continente a otro en embarcaciones maltrechas, decenas, cientos o miles de africanos se lanzan a la mar en busca de una tierra nueva. Y hay niños, embarazadas, familias enteras, tanto cuerpo contra cuerpo que casi se desborda.

Hasta que se dan cuenta de que están perdidos. Que las olas no avanzan. Que son decenas, varios cientos en una apretada barca. Y entonces llegan los nervios. Y los gritos y los llantos. El Mediterráneo es un mar que navega sobre muertos, pequeños huesos frágiles que esconden a los cangrejos, resaca de cadáveres, de chancletas y de zapatos gastados de tanto cruzar desiertos, de tanto caminar la arena.

Y en el horizonte azul se dibujan las siluetas de dos barcos, que son casi dos ángeles que los llevarán al Cielo. Los náufragos ven la luz, su sueño en cuestión de metros, bajo bandera extranjera. Y la ansiedad les pierde, y se arrojan como un todo, todos hacia el mismo lado. Y la embarcación maltrecha que no aguanta, no da más de sí y vuelca.Surviving migrants are seen aboard a life-rafts in the area where their wooden boat capsized and sank off the coast of Libya

Si no lo leo no lo creo. Los barcos que fueron ángeles se disfrazan de demonios. Y el mar es un hervidero de cientos de peces negros. Desde cubierta, como un juego de tragedias, van ‘pescando’ cuerpos empapados. Las olas, mientras tanto, han sacado sus guadañas. Chapoteo, gritos, lamentos… Los rescatadores no dan abasto.

Pero, ¿cuántos sois? ¿quinientos? ¿seiscientos? ¿quizá setecientos? Entre los dos barcos cuentan cerca de cuatrocientos. Eso los vivos. Los muertos suman varias decenas. Y los que se lleva el mar. ¿Cuántos cientos? Como un bulevar de Sabina, el Mediterráneo es un mar cargado de sueños rotos.

Cuando los barcos llegan a puerto, hay quien piensa bajo su manta que imaginó más bonito el Cielo; a su hermano, quizá a su hijo, se lo tragó la marea. Cerca de allí, sobre la arena, en una bonita playa, Europa sigue durmiendo, a la sombra de una sombrilla, con las chanclas en el agua.

¿Hacemos un ‘simpa’?

Le he pillado el gusto a esto de meterme en este blog a través del ordenador de Ramírez. Hoy seguro que no me descubre. Son las tantas de la noche, y yo, como ordenanza, tengo llaves de la empresa. Él debe de estar durmiendo ya en la cama de su madre. Y el autor del blog, ni me importa, ¿para qué lo crea si luego no lo cuida y permite que entre cualquiera? Es como levantar una casa, quitarle las puertas y no ir siquiera a dormir. Allá él. Yo soy Cayo, de Cayetano, Cayetano Cuerva. Y aunque parezca mentira, me preocupa Grecia.

Y en la moto, mientras voy con el casco enfundado desde el Tontódromo hasta el Polígono Oeste, no dejo de darle vueltas a la cabeza: Grecia, los griegos, Pericles, la democracia, la Venus de Milo, Micenas, espectáculos taurinos, el Partenón, con sus frisos en el centro de Londres

Y reconozco que no sé nada de política. Es que ni la entiendo. Juegos de intereses como si fueran tronos. Pero todo en peligro. Toda Grecia pendiente de un hilo porque el primer ministro quiere hacer un ‘simpa’. Y toda Europa alarmada. Como el dueño de un bar. Si se me van estos sin pagar, ¿quién me dice que después no lo harán otros, España, Portugal…?

Estate al loro, deben de decir en la troika, que esto se contagia, que mira a España, que a las barbas de Rajoy se le suben gente con coletas y con apellidos que parecen objetivos a quemar, con piercings, abuelas respondonas y murcianas a las que hace unos cuantos años les dio por mear en mitad de la Gran Vía. Radicales de izquierda. ¿Radicales? Sí, yo soy radical. Ni de izquierdas ni de derechas. Pero nada del centro. Radical.

A statue of Greek philosopher Plato is seen in central Athens

 

Pese a ello, y a los tres lunares de tinta azul que me marcan desde hace tiempo en mi mano derecha, he leído mucho. Y lo sigo haciendo. Entre fiesta y fiesta. Entre moto y moto, cigarro y cigarro. Paginillas de Chomsky, de Russell, de Keynes, de Galbraith, de Marco Aurelio y de Maquiavelo… Porque sí, porque si no leo no lo creo.

De la cultura del terrorismo y de la cultura del miedo. Y he visto mucho. Tanto como para describir la política del miedo. Esa que surge en cada campaña en cada uno de nuestros pueblos. Eso de “¡que vienen, que vienen!”, que te quitarán el pan, que violarán a tus hijas, que no tendrás reposo ni techo. ¡Ufff! Que vienen, que vienen. En Grecia, Murcia o Nicaragua. Siempre vienen, y lo alimentan, el miedo a que vengan, a que lleguen de una vez. Y yo eso, eso aún no lo he visto.

Séneca (a quien también he leído pese a llevar tatuado un ‘amor de madre’ en mi brazo izquierdo) vino a decir acerca del miedo: “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero en realidad son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.

Bueno, dejo esto que acabo de recibir un whatsapp de un colega, que están en El Botellas, y allí casi nunca pagamos.

Relajado

Perdonen, en primer lugar, por usar este espacio. Porque yo no soy José Alberto Pardo, ese tipo que aparece en la foto del blog, con un dedo estirado a lo largo de la cara, seguro que igual que él, un estirado. La gente que tiene cargos suele ser así. Se les suben a la cabeza. No, yo soy Cayo, de Cayetano, Cayetano Cuerva para más señales. Y trabajo de ordenanza.

Y a menudo, en mi empresa, pues qué queréis que os diga, me meto en algún ordenador para ver la internet. Que en casa no tengo. En realidad me pongo siempre en el mismo, en el de Ramírez, que está en un rincón tan gris como él, denso como el agua sucia; pero no voy a hablar de Ramírez, que seguro que es un funcionario ejemplar. Eso sí, en un rincón, alejado del resto y lleno de telarañas que atrapan todos los sueños, como si fueran moscas.

Yo venía a hablar de lo que he leído. Y escribo aquí porque sí, porque me vi identificado en eso del ‘si no lo leo no lo creo’. Parece ser que Ramírez sigue este blog. Lo tiene en sus favoritos. Y yo he aprendido a descifrar contraseñas de internet.

Pues decían en el artículo del que hablo que el heavy metal es un relajante. Y, claro, me sorprendió. Dicen que incluso el punk. Que todo es un relajante. Lo cuentan unos investigadores de la Universidad de Queensland, que, según la noticia, debe de estar en Australia. Yo no he ido nunca tan lejos; casi siempre, cuando no trabajo, me muevo entre El Progreso y La Fama. Y no, no tengo estudios.

Pero escucho mucho heavy, eso sí, y mucho rock. Y sólo me quedo con frases incendiarias. “Voy a empaparme en gasolina una vez más, voy a rasparme a ver si prendo”. Que va a ser que no, que relajado, relajado, no estoy. Pero, claro, si hay un estudio, y de la universidad de Queensland, que literalmente debe de estar en el culo del mundo, de nuestro mundo… ¿Quién soy yo para negarlo?

fuego

Y tan relajado me encuentro que me he pasado al punk, supongo que en un proceso evolutivo normal, y me pongo a bailar pogo en cuanto tengo ocasión. Patadas, codazos, los que llaman extremistas me quedan demasiado a la derecha,…

Lanzo escupitajos y leo a Zola, voy con pantalones de cuadros y casi nunca sé hacia donde. Pero, no, por más que lo lea, no lo creo. Yo no me relajo. Cada día me hago un piercing y sueño con partirle la cara a un profesor de Australia. Ya me veo dándole al puño de la moto de empresa. Quemar la ciudad. Siempre y cuando me dé la dieta para la gasolfa. Pero callo, yo, Cayo, silencio,… abren la puerta y, cómo no, es Ramírez, este tipo piensa que va a heredar la empresa… tengo que cortar aquí… Como me pille en su ordenador no sé qué va a pasar… Igual hasta me echan. Apago. ¡Qué estrés!

Pobre delegado

Las cosas no le han ido bien a este pobre delegado. ¿Cómo se iba a imaginar lo que se le venía encima, a él, que presidió desfiles tras desfiles de fuerzas de seguridad del Estado armadas hasta los dientes, cuadrándose a su paso? ¿Cómo no se iba a sentir fuerte, poderoso, respetado, con toda una carrera política que se abría al ritmo de sus pasos?

Primero aquellos trapos sucios, presuntos, que se remontaban a los años en los que se sentaba en el despacho de la consejería de Obras Públicas. Era junio del año pasado y el juez lo llamaba a declarar como imputado por un caso con un apelativo épico, Novo Carthago. Pobre Bascuñana, la carrera empezaba a ir cuesta abajo.

Pero no había de qué preocuparse. La sociedad estaba ya hecha a nombres y nombres de tramas y causas judiciales: Umbra, Biblioteca, Totem, Zerrichera,… Y además, aquí él no estaba solo. Le acompañaban en el listado de políticos señalados por Novo Carthago otros rostros conocidos como el de Antonio Cerdá y una nutrida representación de ex altos cargos del Gobierno regional. Hasta se le debió de dibujar una sonrisa cuando el juez apuntó después a Pilar Barreiro y, para más inri, al omnipotente y omnívoro Ramón Luis Valcárcel. Estos dos últimos salieron, por el momento, de rositas. Y el tiempo no jugó a tu favor, pobre delegado.

Cerdá, tu único compañero de cuitas en activo, fue devorado por su padre Saturno, omnímodo Valcárcel, en una estrategia de partido para allanar el camino de la nueva promesa, a quien se le dibuja, ladrillo a ladrillo, toda una esperanzadora carrera política. Y entonces te quedaste solo en Novo Carthago. Y las voces pidiendo tu dimisión no cesarían desde entonces de resonar en tu cabeza. Pero tú te aferrabas. Tú seguías siendo el delegado del Gobierno.

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Y para colmo aquel incidente. Mira que debió de ponerte nervioso. Si al fin y al cabo no fue nada, pensabas. Pero la prensa se había enterado. Y ahí sí, ahí tuviste que empezar a pensar por vez primera que aquella prometedora carrera que te construiste estaba en peligro. Por eso, cuando alguien de este periódico llamó a tu gabinete de prensa a preguntar por lo sucedido de madrugada en la rotonda de Isla Grosa tú movilizaste a tus altos cargos en la Guardia Civil. Fue uno de ellos, un muy alto cargo, el que respondió después al periodista. No pasó nada. No hay constancia. No existe informe de nada.

Pero tú sí sabes que existe informe. Y también sabes que te equivocaste. Pero cómo lo ibas a prever. Venías de Molina, de las fiestas patronales, un sábado dedicado al ocio. Y era ya de madrugada cuando os encontrasteis con el control de tráfico. Tú ibas de copiloto, sí, pero por qué tenías que suponer que el agente debía reconocerte de inmediato, cuadrarse y dejarte marchar. Eso no nos pasa a casi nadie, pobre delegado. Demasiados desfiles y caminos abriéndose a tu paso.

¿Alguna novedad?, le preguntaste. Y la cara del guardia civil se debió de quedar a cuadros. ¿Alguna novedad? Yo no tengo por qué darle novedades. Y tres amigos tuyos de testigo, y tú saliste del coche, esto lo arreglo yo. Soy Joaquín Bascuñana, delegado del Gobierno. Y el agente que te pide el dni. Y tú que no cedes y que insistes. Con lo fácil que hubiera sido, como todo hijo de madre. Pero no, páseme a un superior. Y al final los agentes acceden. Y llaman al capitán de tráfico. Y el capitán lo arregla todo y te deja ir. Y por eso acaba envuelto, como tú, en otra causa judicial. Él, por actuar mal a sabiendas; tú, por no obedecer las órdenes de la Guardia Civil, precisamente tú, pobre delegado del Gobierno.

Digamos que quizá pecaron de exceso de celo, o quizá de precavidos, porque nunca se sabe lo que puede pasar dentro del cuerpo en un incidente con el delegado. Pero el hecho es que, pese a que no se hizo referencia en el parte diario a lo ocurrido, al parecer por orden superior, los agentes sí relataron lo ocurrido en un informe interno. Y quizá se habló de otras cosas que no son delito, como lo de ir con alguna copa de más, pero que no ayudaban a tu imagen.

Al día siguiente, cuando llamó la prensa, cuando llamaron desde este periódico, comenzó la caza de brujas. Y el informe llegó a tus manos. Y lo leíste. Y se ordenó su desaparición. Y se buscó a los agentes. Y se les localizó. Y se les intimidó.

Y volviste a dejar pasar el tiempo. Hasta que la lucha política no te dejó más opción. Y fueron Novo Carthago y el nuevo mapa político los que te dejaron fuera de juego. No puede haber altos cargos imputados. De eso depende el nuevo Gobierno del PP. Eran demasiadas las voces pidiendo tu dimisión. Y tú, aferrado, postergando. Hasta que no hubo más vuelta de hoja. Pero eso sí, por la puerta grande, como el político que hubieras deseado llegar a ser de no encontrar tantas piedras en esa carrera que soñaste (¿qué tendrá el poder que el que lo prueba se engancha tanto?). Chafando las portadas de los diarios a todos los demás discursos con motivo del Día de la Región, el momento que elegiste para decir adiós. ¿Qué guardia civil te va a preguntar ahora quién eres? ¿Cómo no te va a reconocer?

Pero sigues empeñado en decir que no pasó nada en ese control de la rotonda de Isla Grosa. Y lo que es peor. En que los agentes nunca redactaron un informe contando lo sucedido. Sí no lo leo no lo creo. Es cierto que lo borrasteis de los ordenadores. Es cierto. Pero, ¿has pensado, pobre delegado, en que alguien hubiera guardado una copia, una copia que todavía duerme en un cajón de un domicilio particular?

¡¡¡Me siento vivo!!!

La capacidad de sorpresa puede ser un eficaz indicativo de la vitalidad de cada cual. Parece lógico pensar que aquel que ya no se sorprende, aquel para el que los días llegan a ser tan similares como las rebanadas prefabricadas de un paquete de pan de molde, ese puede estar más cerca de un cactus que de un mono con la promesa de conseguir evolucionar hasta convertirse en un hombre. Puede ser.

Y si este básico razonamiento fuera más o menos certero, que no aspiro a llegar a concluir que sea cierto, si partimos de esta hipótesis, últimamente debo de ser uno de los hombres más vivos del mundo. O al menos de esta bendita región.

No sé si se me llega a ver saltar por las calles, cruzar la Gran Vía de Murcia dando volteretas, regalando ramilletes de flores. No sé cómo se me puede ver desde fuera. Pero sorprendido, lo confieso, sorprendido estoy. De hecho, no hago más que leer y releer para comprobar que es cierto lo que veo. Porque sí, como dice el epígrafe de esta sección que nació más como un ímpetu que por una convicción: Si no lo leo no lo creo?

Y es que me cuesta asimilar que un partido como el PP, en el que su máximo líder actual en Murcia se encontraba hasta hace no mucho con el cartel de imputado colgado del cuello, como si se tratara de una foto policial; un partido que ha mantenido hasta hace bien poco en sus cargos a concejales, alcaldes o consejeros envueltos en causas judiciales con olor a podrido; un partido, en fin, que ha puesto en tela de juicio nada menos que a la Justicia; pues este partido acaba de llevar a cabo a contrarreloj una depuración que casi recuerda a una limpieza étnica.

Como si le faltara tiempo para aplicar la ética, para predicar con el ejemplo. Político imputado, político fuera. Somos los más honestos. Y es que sí que le faltaba tiempo. Porque las fechas estaban fijadas. Y esas causas judiciales que antes revoloteaban sobre las cabezas de sus líderes como moscas cojoneras se convirtieron ahora en impedimento absoluto para alcanzar poltronas, bastones de mando y despachos presididos con la foto del rey. Sorprendido me hallo.

Y la sorpresa aumenta cuando me detengo a contemplar al artífice del radical cambio, Ciudadanos, un partido que aprovechó el tirón del descontento, del cansancio de las mismas caras, del espectacular crecimiento de las formaciones emergentes, de la tradicional, consuetudinaria y casi perpetua desunión de la izquierda, y del temor al supuesto extremismo de alguna de estas nuevas agrupaciones.

Adalides de la ética, con una posición confusa, indefinida, Ciudadanos ha sido el espadachín que ha puesto contra la pared a cualquier político bajo sospecha. Y el PP no ha tardado en rendirse. Sus concesiones fueron, en algún momento, casi irreverentes. El poder de la poltrona.

Demos gracias pues a Ciudadanos, ese partido dirigido en España por un joven sofista, un experto de la dialéctica y la ambigüedad que presume en su currículo de haber sido campeón en las competiciones de debates (desconfía de aquel que te puede convencer de una cosa y de su contraria, aprendí de niño), secundado de un regimiento de frustrados políticos con pasado que no encontraron su trozo de pastel en otras formaciones. Adalides de la ética, del buen hacer.

Capacidad de sorpresa. Todo cambia y todo permanece. Al menos en ciudades como Murcia. Todo cambia: ni rastro de imputados en la corporación municipal. Todo permanece: el bastón de mando sigue en manos del PP. Todo cambia: nuevos rostros y nuevas formaciones que tienen a los populares en minoría dispuesto a hacer más y más cesiones. Todo permanece: ¡Me suena tanto la cara de este alcalde!

Y pese a todo, imbuido como estoy de carga positiva, me felicito, estoy vivo, vivo como nunca. Y no dejo de sorprenderme.

Que te quiero, verde

Verde, que te quiero verde. Que hace sólo unos días celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente. Y todos se pusieron sus mejores galas color de yerba. Daba igual que meses antes nos cortaran las palmeras, recalificaran terrenos o cementaran nuestras plazas… Verde, que te quiero verde.

Y yo monto un flashmoob, y yo un concurso de cuentos, otro de artesanía… La consejera se arremanga y se sube hasta El Valle. Se respira natural. Verde viento, verde rama. En Murcia nos regalan miles de flores en macetas. Todas ordenadas, casi nuevas. Paradoja del medio ambiente (“Arranqué un ramo de flores, se los regalé a mi amante; dijo que no las quería, que estaban mejor antes”, gritaba Extremoduro), como si bastara para querer el mar un pez en una pecera. Verde, que te quiero verde. El barco sobre la mar.

Pero como algo premeditado, planeado (no podía ser de otra forma tratándose de la Guardia Civil), ellos nos dieron el mejor regalo en el Día Mundial del Medio Ambiente. Con sus camisas verdes, su Seprona, las gorras que reemplazaron a los tricornios, nos destaparon que toneladas y toneladas de residuos tóxicos se escondían bajo la tierra en Escombreras. Feliz Día Mundial del Medio Ambiente. Los líquidos se vertían directamente a los caudales públicos. Verde, que te quiero verde. El barco sobre la mar. Y la mierda en Escombreras.gtyui

Pero hasta aquí nada me inquieta. No me hace falta leerlo para creerlo. Busco, rebusco, y cuanto más busco más me sorprendo. Pues no que a los detenidos por los hombres de verde los vinculan a una empresa. Pues no que esa firma, que esconde la basura bajo la alfombra, resulta que se dedica a la gestión de residuos. Y más me sorprendo, y aquí sí, si no lo leo no lo creo, cuando dice en su publicidad que se trata de “una compañía internacional que aporta soluciones tecnológicas innovadoras en la gestión de residuos industriales, teniendo muy presente su responsabilidad para contribuir a crear un mundo sostenible”.

Deme una flor, señor alcalde, aunque sea en una maceta€ Que lo de Escombreras es muy fuerte… Menos mal que estuvieron ellos… esos señores de verde.

Imputado Juan Carlos

Él, que llegó a soñar despierto con encabezar la candidatura regional del Partido Popular, recibiendo visitas incluso en un flamante despacho de San Esteban… y lo que son las cosas, como si de una extraña Justicia Divina se tratase, un juez mucho más terrenal ha acabo imputando a Juan Carlos Ruiz. Y eso que ese mismo juez ya le había apuntado cerca, señalando a miembros de su equipo y metiéndolos en la trama del caso Púnica.

Pero el consejero de Industria no se dio por aludido y participó de forma activa en ese batalla que parecía entre hermanos dentro del PP por auparse hasta el número uno. Ruiz no contaba con el apadrinamiento de Valcárcel, pero a su favor, o eso pensó él, mostraba un expediente limpio de cualquier imputación judicial. Y lo utilizaba frente a su competidor, el delfín del expresidente, Pedro Antonio, que todavía se hallaba envuelto en líos judiciales a cuenta de un auditorio en Puerto Lumbreras que todavía no se sabe muy bien si está acabado o se encuentra en obras.

¡Cómo cambia la vida, Juan Carlos! ¡Las vueltas que puede dar una tortilla! ¿Quién te iba a decir que tus aspiraciones dentro del PP acabarían tan mal para ti y, para colmo, que algunos jueces limpiarían el expediente de Pedro Antonio mientras que otro se ha cebado contigo? Y ya no te queda otra. Tú pedías gobiernos sin imputados. Y Pedro Antonio no lo está. Y tú sí.

Por si fuera poco, el PP actúa ahora sin contemplaciones. No hay perdón para el imputado (Uy, Bascuñana, cuando las barbas de tu consejero veas cortar…). Y de eso no tiene culpa tu partido popular, Juan Carlos, que ha paseado imputados por gobiernos y ayuntamientos de toda España sin el menor rubor.

Los verdaderos culpables de esta oleada ética que invade ahora a todos los partidos no son otros que las formaciones emergentes con las que se ve obligado a pactar el PP.

Y de rebote, Juan Carlos, quienes han ganado un poder que casi habían olvidado son los jueces. Una decisión suya hace retumbar ahora los cimientos de las sedes políticas. Yo imputo, tú desapareces. Y Pedro Antonio seguirá sin dormir tranquilo hasta que el Supremo no se pronuncie sobre el envío de su caso a los juzgados de Lorca. ¿Quién lo iba a decir? Leer para creer.