Imputado Juan Carlos

Él, que llegó a soñar despierto con encabezar la candidatura regional del Partido Popular, recibiendo visitas incluso en un flamante despacho de San Esteban… y lo que son las cosas, como si de una extraña Justicia Divina se tratase, un juez mucho más terrenal ha acabo imputando a Juan Carlos Ruiz. Y eso que ese mismo juez ya le había apuntado cerca, señalando a miembros de su equipo y metiéndolos en la trama del caso Púnica.

Pero el consejero de Industria no se dio por aludido y participó de forma activa en ese batalla que parecía entre hermanos dentro del PP por auparse hasta el número uno. Ruiz no contaba con el apadrinamiento de Valcárcel, pero a su favor, o eso pensó él, mostraba un expediente limpio de cualquier imputación judicial. Y lo utilizaba frente a su competidor, el delfín del expresidente, Pedro Antonio, que todavía se hallaba envuelto en líos judiciales a cuenta de un auditorio en Puerto Lumbreras que todavía no se sabe muy bien si está acabado o se encuentra en obras.

¡Cómo cambia la vida, Juan Carlos! ¡Las vueltas que puede dar una tortilla! ¿Quién te iba a decir que tus aspiraciones dentro del PP acabarían tan mal para ti y, para colmo, que algunos jueces limpiarían el expediente de Pedro Antonio mientras que otro se ha cebado contigo? Y ya no te queda otra. Tú pedías gobiernos sin imputados. Y Pedro Antonio no lo está. Y tú sí.

Por si fuera poco, el PP actúa ahora sin contemplaciones. No hay perdón para el imputado (Uy, Bascuñana, cuando las barbas de tu consejero veas cortar…). Y de eso no tiene culpa tu partido popular, Juan Carlos, que ha paseado imputados por gobiernos y ayuntamientos de toda España sin el menor rubor.

Los verdaderos culpables de esta oleada ética que invade ahora a todos los partidos no son otros que las formaciones emergentes con las que se ve obligado a pactar el PP.

Y de rebote, Juan Carlos, quienes han ganado un poder que casi habían olvidado son los jueces. Una decisión suya hace retumbar ahora los cimientos de las sedes políticas. Yo imputo, tú desapareces. Y Pedro Antonio seguirá sin dormir tranquilo hasta que el Supremo no se pronuncie sobre el envío de su caso a los juzgados de Lorca. ¿Quién lo iba a decir? Leer para creer.

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