Semana del 24 al 30 de octubre

VIERNES 24 / Memoria

Te levantas con dolor de cabeza aunque enseguida se te pasa. Antes de ponerte a escribir acabas de leer Los huérfanos, de Jorge Carrión. Te ha acompañado las dos últimas semanas y anoche dejaste unas páginas para poder terminar hoy la lectura con tranquilidad. La historia de los supervivientes “bunkerizados” de una tercera guerra mundial te lleva directamente al imaginario de ciertas series televisivas. No puedes evitar pensar en  la escotilla de Perdidos, entre otras cosas. Sin embargo, rápidamente la novela se mueve hacia el ámbito del lenguaje. A pesar de lo que cuenta, de la cantidad de imágenes que pone en circulación, lo que más te llama la atención es la reflexión sobre el propio acto de escribir y recordar, sobre el problema del lenguaje y la memoria. Es, en realidad, un libro acerca de cómo uno puede o debe recordar. Las reflexiones de Carrión sobre la memoria, la historia, la narración y el lenguaje son tremendamente lúcidas y dan de lleno en el centro de las prácticas artísticas que más te interesan. En un momento de hipertrofia de la memoria –donde incluso algunos momentos y acciones del pasado se vuelven a realizar a través de lo que en el libro se llama reanimaciones históricas–, los personajes, tras sus años de aislamiento en el búnker, viven al límite del olvido. El lenguaje es lo único que queda cuando ya no queda nada. Es la única memoria del mundo. El diccionario, aunque deje de significar afectivamente, es el disco duro de una civilización.

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A lo largo del día escribes el “Presente continuo” y logras terminar el texto sobre el video arte en la obra de Mieke Bal. Lo envías todo y descansas. Sabes que mañana empieza todo.

 

SÁBADO 25 / El instante decisivo

Te encierras a escribir desde bien temprano. Has decidido darle el empujón definitivo a la novela. Ha llegado el momento. Te sientas frente al ordenador y percibes cómo fluye la escritura. Ya nada te va a parar.

Haces un pequeño descanso para ver el Madrid-Barça. Y continúas las escritura. Sigues hasta bien tarde. Casi no duermes.

 

DOMINGO 26 / No respiras

Desayunas y te sientas a escribir. Tienes la historia en los dedos. La sientes salir, casi como si te fueras vaciando de algún fluido consistente. A media mañana, haces una pequeña relajación para visualizar el final de la historia. Lo ves. Por la tarde sigues, no hay pausa. La intensidad de trabajo es brutal. Casi ni respiras. Te levantas para cenar y te sientas de nuevo.  Cuando te vienes a dar cuenta son las tres de la mañana y al incorporarte de la silla notas cómo te crujen las rodillas.

 

LUNES 27 / Acabando

Te levantas temprano y te sientas a escribir. Es la rutina. Ahora no hay otra. Esta semana el “Presente continuo” es un continuo de escritura. Estás absolutamente inspirado, drogado por la literatura. Casi en trance. Avanzas en un día lo que antes avanzabas en varias semanas. No existe el mundo exterior. Haces planes para acabar capítulos y los terminas antes del tiempo imaginado. Es un subidón literario. Percibes cómo todo se va acabando, poco a poco. Por supuesto, tendrás que volver, y corregir, mil veces quizá. Pero esto ya va siendo una historia, cerrada, legible.

Acabas el penúltimo capítulo ya en la madrugada. Cambias cosas en el último instante. Sólo te queda el final.

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MARTES 28 / Fin

Por la mañana escribes el último capítulo. Hay momentos en los que tienes que levantarte y saltar. Te tiembla el cuerpo. Es como si una fuerza sobrehumana te hubiera poseído y tuvieras que sacártela de encima. Intentas hacer una meditación en la cama, pero el cuerpo te palpita; son pequeñas convulsiones. Notas que la historia está saliendo de ti. Imaginas el proceso casi como un exorcismo. Y hay algo en el interior de tu cuerpo que no deja a la historia salir del todo. Quizá sea porque al dejarla ir la pierdes un poco. Escribir, piensas, es perder la intimidad con las historias. No se van para siempre de ti, pero al plasmarlas sobre el papel, al ser compartidas, pierden algo de esa magia de lo clandestino, de esa secreta solidaridad que comparten con el escritor.

Antes de comer acabas el capítulo. Te queda la coda final, las últimas dos páginas, el momento en que la historia toma sentido.

Llevas por la tarde a R. al médico a que le hagan unas punciones en el brazo. No puedes dejar de pensar en esas páginas por venir. Caminas como un zombi, con el piloto automático. Tu cabeza está en otro lugar. Pides perdón a R. por no estar en tu totalidad. De hecho, estos últimos días no has estado allí. Tu mente ha habitado la novela. Por completo.

Tras la cena le dices a R. que ahora sí necesitas estar solo. Es la última página, los dos últimos párrafos. Sabes lo que va a ocurrir, estaban escritos prácticamente desde el principio. Había una frase final. Pero tienes que darle forma para encajarlo dentro del gran puzle que has escrito. Es el cierre perfecto.

En las páginas finales todo se ralentiza. Cesan los temblores. El final no es como el orgasmo sino que quizá es más parecido a un acabamiento lento y pausado. Toda la última parte es en sí un momento de placer, un sentimiento de satisfacción expandida. El punto final, la última frase, la sientes no como una explosión de júbilo, sino como si algo que se pierde en la distancia, sonando cada vez más flojo, casi en fade out, desvaneciéndose como un susurro.

Es así como acabas la novela, aflojando la cadencia de escritura, relajando la presión con la que tecleas, respirando profundamente, como cuando uno deja de correr y lo hace poco a poco, en fase de enfriamiento. Así llegas a la última frase, así la escribes con los ojos humedecidos, así pones el punto final, así levantas la mano del teclado.

Tomas aire y lo retienes. Cierras los ojos. Te levantas de la silla. Te apoyas en la estantería junto a la mesa del ordenador. Miras con distancia la pantalla. Y comienzas a expulsar muy lentamente el aire, consciente de que ahí, en ese último soplo ha salido de ti lo que aún quedaba de historia.

Es después cuando te sientas y escribes “FIN”. Y lo fotografías. Y compartes tu alegría. Pero eso es sólo después. El momento bello e inexplicable es el del último párrafo, la última frase, el último momento de intimidad absoluta con algo que has llevado dentro de ti prácticamente un año y medio.

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MIÉRCOLES 29 / Nube

Cuando te despiertas vuelves a ver la foto que has subido a Instagram y te das cuenta de que no es un sueño. Preparas la clase que tienes en apenas dos horas. Comenzar a leer sobre el concepto de “Estilo” te lleva de vuelta a la realidad. Hablas en clase del concepto y comienzas a trazar la importancia de lo visual. Después, empiezas a preparar las clases del día siguiente. Este día has vivido alejando del mundo. Miras los periódicos y ves que la que hay montada. Todo sigue rumbo peor. Es necesario que algo cambie. Y estás convencido de que en el fondo algo va a cambiar. Aunque no sabes qué, ni cómo, ni cuándo.

Comes con E. y le cuentas que has acabado la novela. Sigues en la nube. Por todo. Por tantas cosas que aún no sabes cómo asumir.

Por la tarde, en el MUBAM, asistes a un encuentro con los lectores de Intento de escapada. S. hace una introducción lúcida y tú te encuentras muy cómodo hablando. Firmas algunos libros y acabas contento.

Llegas a casa y, casi sin cenar, y preparas las clases del día siguiente hasta las tres de la madrugada.

 

JUEVES 30 / Punto final

Dos horas seguidas de clase. Hablas del formalismo y de la obra de Riegl, un historiador del arte que te sigue pareciendo fundamental. Cuando acabas, llevas el USB a la fotocopiadora para imprimir unas copias de la novela y te dicen que pases a por ellas en unas horas.

Por la tarde, te recortas la barba y vuelves a tu estado normal de estos años. Ahora sí, un cambio visible. Después recoges las copias y tienes por fin la novela encuadernada en las manos. Es un momento de felicidad. Ves ahí, en esas doscientas y pico páginas, todos los desvelos de estos últimos meses. Tendrás que trabajarla, claro, pero ya hay algo que crees que funciona. Te falta distancia, por supuesto; todo son inseguridades. Pero el gran trabajo está terminado. Y estás satisfecho.

Pasas un momento por la casa de los chicos de La Mano Robada, que preparan su exposición para la siguiente semana. Le das las frases que prometiste. Te despides de ellos y te dicen que será la última vez que lo hagas en esa casa. Se mudan.

Cenas con L. y J., que ha vuelto de viaje. Os cuenta experiencias y te entran unas ganas tremendas de volver a los Estados Unidos. Tomáis unas copas en el Bizz’art. Esta vez la noche no se alarga demasiado.

Mientras vuelves a casa sientes que todo suena a conclusión, a clausura de algo, a colofón de un periodo especial. Y percibes entonces el fin de este presente continuo. Lo habías intuido en las últimas semanas, pero ahora estás convencido.

Durante este año y tres meses, la única constante ha sido la escritura de la novela, las preocupaciones, los fallos, los bloqueos, las sesiones de escritura, las procrastinaciones… En el fondo, el presente continuo ha sido una especie de making-of. Tiene sentido que el fin de la novela sea también el fin de este diario íntimo en segunda persona.

Te recuestas junto a R., la besas en la frente y apagas la luz. Cierras los ojos y haces recuento de estos últimos meses. Esta será la última noche. Piensas en cómo será el último párrafo.

Las historias acaban. Todas. Y después siguen su camino. Continúan en otro lugar. Quizá tengan otra vida, en el futuro, con aire fresco, con otras preocupaciones. La vida sigue, claro. Pero en algún momento hay que dejar de contar. Y ese momento ha llegado. Es ahora. Te despides. Escribes las últimas frases. Das las gracias a los lectores por todo este tiempo. Sientes un picor en los ojos. Pones punto final.

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Semana del 17 al 23 de octubre

VIERNES 17 / Demasiado tarde

Resaca. Otra vez. Aunque menos de la que esperabas. No has dormido apenas, pero el dolor de cabeza se evapora cuando piensas en la intensidad y la belleza de las emociones de la noche anterior.

Te llaman de Suecia para ofrecerte colaborar en un proyecto académico. Te sientes muy honrado por que haya pensado en ti, aunque no sabes si vas a estar a la altura.

Escribes el “Presente continuo”, con un tono cada vez más crepuscular, de acabamiento, sintiendo que se acerca el momento de dejar paso a esta sucesión de eventos que quizá ya comience a ser reiterativa y que siempre comienza igual: viernes, resaca.

Por la noche cenas con L. y B. en el Mundano. A B. lo conociste en Madrid. Has leído sus libros y sus artículos. Admiras su humildad y su inteligencia. Y sobre todo su humor. Es curioso cómo tu mente se activa cada vez que estás cerca de él. Esa noche habláis de Houellebecq y del comportamiento de algunos artistas o escritores. Dice que en ocasiones el artista tiene que performar su rol de artista, hacerse el estupendo y simular que no es un tío normal. A veces el artista tiene que ser un gilipollas, dice. Es necesario. Pero no todos pueden permitírselo, ni tampoco en todo momento. Se os ocurre el título para un artículo: «El artista como gilipollas». Lo dejas anotado. Quizá vuelvas en serio sobre el tema, te gusta. Despedís a B. y te quedas un momento con L.

Después, ya tarde, cuando los bares cierran, recibes un mensaje de N.; tienes pensado tomar la última con él. Sin embargo, cuando llegas te sucede algo extraño: te sientes mayor. Te ves desde fuera, entre los chiquillos, con la barba llena de canas y decides que es hora de irse a casa, que mañana tienes que escribir y que hay cosas que hacer.

Perdiste tu juventud estudiando. Tus noches de fiesta las pasaste con el joven Werther y otros personajes de novela, encerrado en tu habitación casi sin contacto con el mundo. Ahora estás viviendo una especie de segunda etapa. Estás haciendo las cosas que no hiciste en el pasado –porque no pudiste, porque no supiste o porque no quisiste–como si el tiempo no hubiera pasado. Pero hoy te has visto en el espejo. La puerta del Revólver llena de muchachada ha funcionado como una especie de espejo de Dorian Grey que ha revelado que ya no eres tan joven, que tu mundo está en otro lugar, que tu segunda juventud también tiene fecha de caducidad. Es hora de retomar también una segunda madurez. Al menos eso es lo que piensas. Es lo que te pasa por la cabeza mientras vuelves andando a casa. Es tarde. Demasiado tarde.

 

SÁBADO 18 / Procrastinar

Pasas la mañana leyendo los suplementos de los periódicos. De nuevo, el arte te importa menos que la literatura. Intentas escribir, pero por alguna razón no te concentras demasiado. Así que decides leer. Y continúas con El idioma materno.

Ves el Madrid en la siesta, casi lo dormitas. Por la tarde procrastinas un poco más. Vuelves a leer. Buscas excusas para no sentarte a escribir. Por la noche la procrastinación hace que veas los últimos tres episodios de The Strain. Te convences de que es mala, casi serie Z. Comenzó bien, pero ha ido convirtiéndose en una suerte de disparate narrativo. Aún así, la disfrutas. Hay momentos en los que si logras entrar en el juego puedes perdonar los errores y fallos de guión. Y esta serie lo ha conseguido contigo.

 

DOMINGO 19 / Proceso

Sale tu entrevista y compras el periódico. Te hace gracia leerla. Siempre piensas que has dado las respuestas erróneas y que si hubieras pensado dos minutos antes de hablar habría salido todo mejor.

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Antes de acostarte le das una vuelta a la cuarta parte de la novela. Un capítulo, el del divorcio, crees que no está bien situado. Lo cambias de lugar. Planificas la semana de escritura. Es lo que más te gusta, planificar, esbozar, cambiar, situar, cortar y pegar. Más incluso que escribir. Escribir es una tarea costosa. La satisfacción está en haber escrito, en sacarte las cosas de encima. Pero el proceso…, el proceso te cansa.

 

LUNES 20 / Nostalgia

Escribes toda la mañana. El primer capítulo de la cuarta parte. Lo terminas más rápido de lo que imaginabas. Hay momentos en los que, a pesar de todo, la escritura fluye.

Tu vecina J. hace de comer y le llevas la entrevista para que la lea. Sabes lo que alegra ver que has salido en el periódico. Es la misma alegría que embargaba a tu madre, que tenía una pequeña carpeta con todos los recortes, casi una especie de archivo portátil de los éxitos de sus hijos. Allí ponía todo lo que salía de la ermita, de tu hermano escultor, del pueblo, de ti… “Cosas de mi Miguel” se llamaba tu apartado. Aquel archivo quedó incompleto. El objeto de estudio sobrevive siempre al archivero.

Por la tarde devoras lo que te falta por leer de El idioma materno. Es primer libro de Fabio Morábito al que te acercas. Y es todo un descubrimiento. Una joya llena de páginas que no cesas de subrayar. Reflexiones sobre el lenguaje y la escritura llenas de afectos y anécdotas. Es uno de esos libros que te habría gustado escribir.

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Cuando lo acabas, comienzas a ver Twin Peaks. No recuerdas nada porque eras demasiado joven. Pero sí el ambiente, la música, el misterio. El salón se llena de nostalgia con la banda sonora de Angelo Badalamenti y el nombre de Laura Palmer.

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MARTES 21 / Sudor

Escribes toda la mañana. Segundo capítulo de la cuarta parte. Lo reescribes casi todo. Pocas cosas sirven de lo que tenías. Cuanto más avanzas más precario está todo y más trabajo te cuesta adecentarlo y ordenarlo.

Antes de comer vas al gimnasio. Llevabas tiempo sin ir y te cansas rápido. El sudor no se va en todo el día.

Comienzas a preparar las clases del día siguiente. Lees sobre Taine, el determinismo y la Historia del Arte positivista. Te das cuenta de que hay muchas cosas que aún no han cambiado del todo. La disciplina sigue anclada en presupuestos decimonónicos.

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Por la tarde os reunís para el concurso de relatos de la revista Magma. El ganador es bueno. Después, en AB9 ves el montaje de la exposición que se inaugura mañana y tomas unas cervezas con los artistas y algunos amigos. Lo saboreas todo y adviertes que estás poseído por una libido extraña, un deseo que no se llega a calmar del todo. Tu cuerpo sigue siendo una fábrica de sudor. La noche no se alarga demasiado porque al día siguiente tienes clase.

 

MIÉRCOLES 22 / Homenaje

Apenas has dormido tres horas. Te levantas zombi y acabas el power point que vas a proyectar. La clase es breve. Tan sólo te da tiempo a hablar de cómo el positivismo influye en las humanidades en el siglo XIX. A las once es el homenaje a cuatro profesores del departamento. Se jubilan. Es emotivo, sobre todo en algún caso. Después, comida con los compañeros. Te sientas con J., A., F., N. y C. Os reís. Hay cosas de las que es necesario reír. Reír por no llorar. Le dices a A. si ya es tarde para hacerte medievalista o aún tienes posibilidades de poder decir algo sobre una época en la que no eres especialista. Lo cierto es que aunque sois todos compañeros de departamento, historiadores del arte, en el fondo compartís pocas cosas. Vuestro campo de estudio es tan distinto que apenas tenéis en común el término «arte».  Y en cada caso su significado es completamente diferente.

Al acabar la comida, tomáis unos gin-tonics en La Ronería. Recibes un mensaje y te pones nervioso. Ya estás inquieto toda la tarde. Asistes a la inauguración de A través de la mirilla. Y después sientes que te estás muriendo. Estás muy cansado. El día está siendo intenso. No ves el Madrid. Le regalas a E. un libro de Vila-Matas.

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En un bar junto a la Plaza de Europa bebes una coca-cola y tocas un piano desafinado. Improvisas lo primero que se te ocurren mientras todos te escuchan en silencio. Dices que mañana los acompañarás a la noche murciana, pero que esta noche no puedes más. Llegas a casa como si una apisonadora hubiera pasado sobre ti.

 

JUEVES 23 / Perfección

Temprano, a clase. Dos horas seguidas hablando sin cesar de Taine, Semper y del atribucionismo. Intentas ver en todos los casos lo que hay debajo de la disciplina. Acabas cansado físicamente. Dar clase agota.  Es un trabajo físico. Al salir, te encuentras con E. y te dice que lo que tienes que hacer es usar micrófono.

Tomas un café con L. y habláis de su tesis. Sigues nervioso por el mensaje de la tarde anterior. Llega la llamada y a partir de ese momento te cuesta trabajo pensar en otra cosa.

Te centras un poco e intentas terminar de editar un texto para una retrospectiva que Mieke Bal tiene en México el próximo enero. Quizá viajes también. Tienes muchas ganas de hacerlo. Lees de un tirón las últimas cincuenta páginas de Los huérfanos, de Jorge Carrión. Cada vez te gusta más. Justo cuando te quedan sólo cuatro páginas para acabarlo y te das cuenta de que llegas tarde a Murcia y dejas el libro sin acabar. Mañana leerás esas páginas con tranquilidad y degustarás el final como se merece. Así podrás escribir también algo en condiciones para el próximo Presente continuo.

En AB9 Ángel Manuel Gómez Espada presenta su poemario. Lo organiza la revista La Galla Ciencia, que no paran de hacer cosas en Murcia. La sala se llena. Hay actividad cultural en esta ciudad para parar un tren.

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Después, cenáis y tomáis unas copas. Tú estás exultante, rebosas felicidad. Pocas noches como esta. Parece que los astros se han alineado hoy y todo es perfecto; por momentos incluso te da miedo esa perfección. Cuando regresas a casa R. se acaba de levantar. Es también una buena manera de poder desayunar juntos, viviendo a contratiempo.

 

Semana del 10 al 16 de octubre

VIERNES 10 / Cansado

Te levantas en Madrid con resaca. Como todos los viernes. Es el día del dolor de cabeza. Escribes rápidamente el “Presente continuo” mientras desayunas en La Central. Compras tres libros sobre Hopper para la conferencia del próximo martes. Acabas justo para llegar a la comida con L. en Sudestada. L. te había hablando tantas veces del restaurante que estabas deseando encontrar una excusa para almorzar allí. Merece la pena. Aunque pedís demasiado y salís cansados y hasta arriba de comida. También algo hasta arriba de Caipiriñas.

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Descansáis unos minutos en el hotel y asistís a la presentación del libro de A. en Tipos Infames. Allí te encuentras con A., N. y J. y más amigos. Tenías ganas de verlos. Y te alegra mucho estar con ellos. Pero rápidamente te das cuenta de que esta no es tu mejor noche. Estás cansado. Más de la cuenta. Tu cuerpo tiene límites. Tomáis unas copas  en La Realidad y después acabáis en el Wurli. De nuevo, te ves rodeado de barbas. N. dice que esto parece Islamabad. Y no le falta razón. Te vas pronto a la cama y antes de dormir te tomas una pizza que sabe a gloria.

 

SÁBADO 11 / Regreso

Despiertas bien. Conforme abres los ojos agradeces haber sabido irte temprano –las cuatro; temprano para ti– a dormir. Siempre te quedas hasta el final. Pero a veces también hay que saber irse. Al día siguiente el cuerpo lo agradece. Eso es lo que ocurre hoy. Apenas te duele la cabeza y estás pletórico. Desayunáis rápido y pasáis por el aperitivo de la editorial Salto de Página. Allí conoces a varios autores de la editorial. Coméis un sándwich rápido y tomáis el tren de vuelta a Murcia. En el trayecto lees de un tirón el libro sobre Hopper escrito por el poeta Mark Strand. Es un libro bello, que estaba esperando a ser leído en este momento. Tan bello como las obras de las que habla. Llegas a las nueve, sudado, cansado y con el tiempo justo para llegar a casa de tu hermano E. a una cena familiar con tus sobrinos y resobrinos. A las doce y media ya no eres persona. Cuando vuelves a casa caes redondo a la cama. Ni siquiera sueñas.

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DOMINGO 12 / Palacio de cristal

Por la mañana te cuesta abrir los ojos. Te pesas. Tres kilos más. Demasiada comida has metido al cuerpo estos días. Por la tarde lees. Sigues con Los huérfanos, de Jorge Carrión. Te gustan sobre todo las reflexiones sobre la memoria y la representación del pasado. Vas subrayándolo casi como si fuera un ensayo. Seguirás varios días más con él y escribirás aquí con más detenimiento.

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En la televisión, las noticias sobre el ébola han cambiado de signo. Ahora todo va a mejor. Al menos para España. Parece que el brote está controlado. Imaginas que en breve el ébola desaparecerá de las noticias, de Twitter y de las conversaciones. Y sin embargo seguirán muriendo miles de personas en África. Pero eso será una anécdota. Como siempre. Aquellos muertos duelen menos. O simplemente no duelen nada. Están lejos. Son invisibles. Sólo importan si nos afectan. Si son peligrosos. Si se acercan y trastocan el equilibrio perfecto de nuestro palacio de cristal.

 

LUNES 13 / Virus

Te levantas temprano y escribes. Consigues terminar la tercera parte de la novela. Por fin. Te ha costado más de lo que imaginabas. Ya te vas acercando más al final. Queda el treinta por ciento.

R. ha pillado un virus y no para de vomitar. Tiene que venir el médico a casa para atenderla. Mientras la trata haces un chiste y le dices que si no será el ébola. No parece hacerle ninguna gracia y te mira con mala cara. Poco a poco la fiebre le va bajando y el vómito se contiene. Y entonces empiezas tú. Diarrea y dolor de cabeza. Y también algo de fiebre. Duermes mal y tienes pesadillas que no recuerdas.

 

MARTES 14 / Dormitar

Te levantas con fiebre. R. está mejor y ahora eres tú el que se queda todo el día en la cama. No te duele demasiado el estómago, pero te duele todo lo demás, sobre todo la cabeza. Y no te concentras para hacer nada. Cancelas la conferencia sobre Hopper. No estás en condiciones ni de hablar ni de poder acabarla dignamente. Al llegar la noche te das cuenta de que el día de hoy ha sido absolutamente en blanco. Ni una línea de escritura ni de lectura. Acabas frustrado.

 

MIÉRCOLES 15 / Espeso

Aunque no estás del todo bien, vas a clase temprano y hablas sobre Winckelmann y los inicios de la historia del arte moderna. Estás espeso. Lo notas. Nada te sale. Después, varias tutorías y una entrevista en La Opinión sobre el premio Ciudad de Alcalá. Sientes que tampoco estás muy lúcido y hay ciertas cosas que dices que luego piensas que tendrías que haber dicho de un modo diferente. Te hacen fotos e intuyes que tampoco saldrán demasiado bien.

Comes solo en casa y duermes una siesta. Parece que te hubieran pegado una paliza. Te quieres poner a revisar la novela cuando te levantas, pero te das cuenta de que tienes que preparar las clases del día siguiente. Y lees varios libros sobre Winckelmann y su relación con el deseo homoerótico.

Ves un episodio de The Strain. A R. ya le ha cansado. A ti te sigue gustando. Es casi un guilty pleasure, pero te lo permites. Antes de dormir, lees unas páginas de El idioma materno, de Fabio Morábito y te quedas fascinado. Un descubrimiento de libro, lleno de reflexiones hermosas sobre la escritura y los libros.

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JUEVES 16 / Lo que a nadie le importa

Despiertas cansando y aún con algo de fiebre y pesadez en el estómago. Confías en que se pase a lo largo del día. A las nueve, dos horas de Teoría de la Historia del Arte. Te demoras en Wincklemann y observas cómo en un principio la subjetividad del historiador, su deseo, estaba presente en el texto y sólo más adelante fue eliminado progresivamente de la escritura, convirtiendo al historiador del arte en una especie de engendro mecánico objetivo. Abogas por una Historia del Arte subjetiva, afectiva, que incorpore el deseo y la nostalgia, que haga presente al sujeto que está detrás del texto. Hace tiempo que acabó el tiempo de la impostura. Hay que mostrar la cartas desde el principio.

Tras las clases, estás de tribunal en un trabajo de fin de grado que has tenido que volver a leer. Después, tienes varias tutorías de prácticas y atiendes varias solicitudes de alumno interno. Terminas a las doce y media y te encuentras con S., que presenta su libro esta tarde. Tenías muchas ganas de que viniera a Murcia y de volverlo a ver. Es uno de los escritores que más admiras. Y su último libro es gran literatura. Lo que a nadie le importa es una de las mejores novelas que se han escrito en este país en los últimos años. Así de taxativo te muestras. Porque sabes que es verdad. Conociste a S. en Venezuela después de haber leído La hora violeta y acabar con los ojos humedecidos y el corazón encogido –es un libro terrible y bello–.Y allí te pareció un gran tipo. Querías abrazarlo desde el primer momento. Inteligente, lúcido, divertido, buena gente de verdad. Te alegras de que los buenos libros los escriban de vez en cuando buenas personas. No siempre ocurre esto, pero cuando sucede es algo muy digno de celebrar.

Coméis con L. en el Pura Cepa y F. os prepara un arroz caldero tremendo. Tomáis un vino que probablemente es de lo mejor que has probado nunca. El Sequé. Delicioso. La botella cae como si fuera agua. Habláis de libros, premios, agentes y editores. S. es lúcido y fino. Aprendéis. Y también os dais cuenta de lo lejos que está Murcia del mundo de la literatura.

Después, S. sale a una charla previa a la presentación y tú vas a casa unos minutos a recoger el material para el evento. Es a las ocho en AB9. Te pones el chándal bolivariano como homenaje a S., a Venezuela y al papel que este bello país tiene en su novela. Hace calor, pero lo soportas. Todo sea por la performance.

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En la presentación te encuentras cómodo. Es más densa que en otras ocasiones, porque le formulas preguntas de contenido teórico y literario que no pueden ser respondidas a la ligera. Pero S. siempre llega a la respuesta precisa. Al final se te pasa la hora volando y cuando te vienes a dar cuenta ya hay que clausurar el acto. Tomáis después unas cervezas en la puerta con más amigos y cenáis en el Parlamento Andaluz. Se une al grupo más tarde B., que viene de Madrid para el congreso del Cendeac. Tras la cena, J. os lleva un momento a la Fundación Newcastle y disfrutas viendo a S. fascinado. Os tomáis allí unas botellas de vino y os dirigís a por las últimas copas al Bizz’art. R. os deja subir al reservado y allí, sin el bullicio de la música, seguís la conversación con la copa en la mano. Cuando os venís a dar cuenta el bar está vacío y están cerrando.

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Hoy el tiempo se pasa demasiado rápido en todo momento. Y sin embargo es denso; intentas apresarlo. Al despedir a S. también adviertes que todo ha sido un instante, apenas nada; pero que han quedado huellas, y que las huellas reverberan. Como todo lo que sucede después, en la nebulosa de la ebriedad, donde los tiempos y las imágenes se convierten en fogonazos que perforan la retina y se quedan ahí para siempre, en una especie de lugar mítico al que algún día quizás tengas que acudir para recordar que hubo tiempo en el que vivir mereció mucho la pena.

 

Semana del 3 al 9 de octubre

VIERNES 3 / Distopía

La cabeza te explota. Anoche mezclaste demasiado. El último vodka sobraba –quizá no sólo el último–. Como puedes te levantas y escribes el “Presente continuo” con las persianas bajadas, como si fueras un vampiro. Te cuesta horrores acabarlo y sientes que no estás nada lúcido.

Por la noche, en el Centro Párraga asistes a la inauguración de la exposición de Juanli Carrión. Es un trabajo sobre los espacios de memoria y la banalización y espectacularización del pasado. Una instalación brillante que muestra cómo la memoria acaba convertida en plató, en pura escenografía. El pasado como narración visual.

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Cenas con R. un pizza en una terraza y después ves Torrente 5. No te avergüenza reconocerlo. Las has visto todas. Y crees que esta, junto a la primera, es la mejor. Más allá del disparate de cameos y chistes fáciles, la visión distópica de la España del futuro te parece muy inteligente. Por momentos te recuerda a cosas que leíste en 2020, de Javier Moreno, sobre todo el momento en el que aparece el billete de 10.000 pesetas con la cara de Felipe y Letizia. Como en la novela, la película es una torsión temporal. El futuro se parece demasiado al pasado. Es una pura ruina que nos hace mirar nuestro presente como un tiempo en el que se está fraguando la gran demolición.

 

SÁBADO 4 / Premio

La noticia ya es oficial: tu novela ha resultado ganadora del Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa. Si ya era una gran alegría estar entre los finalistas, esto te supera. No puedes estar más feliz. Cuando comenzaste a escribir Intento de escapada no podías imaginar todas las alegrías que te iba a dar. Lo más extraño de todo es que no llegas a estar contento del todo con la novela y que ahora la escribirías de modo diferente. Puedes entender que tiene cosas que no están mal, pero aún te sigue sorprendiendo que haya llegado así a los lectores, que se traduzca o que reciba algún reconocimiento. Es algo que, lo confiesas, escapa a tu comprensión. Lo piensas sinceramente y ahora lo escribes: no es para tanto; no lo es.

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Intentas escribir pero con las felicitaciones apenas puedes hacer algo. Quieres continuar la mañana como si nada, escribiendo tu nueva novela, perseverando, pero es imposible concentrarse. Llegan tuits y comentarios a tu estado de Facebook. Enhorabuenas que tienes que contestar. Así que al final decides no agobiarte y disfrutar del momento, experimentar la alegría.

Vas con R. al gimnasio y mientas corres en la cinta comienzas a asumirlo todo, poco a poco. Por la tarde, veis el nuevo episodio The Big Bang Theory, una serie que os fascina desde que hace años os la descubrió L. En una escena, los personajes están comiendo una hamburguesa con patatas y os entra el antojo. Le dices a R. que esta noche, aunque sea rápido, os comeréis una en el Tommy Mel’s. Lo hacéis. Y la disfrutas, como si la visión primera en la televisión hubiera incrementado el deseo.

Después, te quedas solo y vas a la semifinal del Creajoven. M. toca el teclado y la batería en uno de los grupos y quieres acompañarla. Te sorprende lo que escuchas. Las canciones, las letras, la instrumentación y la propuesta. Tienen muchas posibilidades de ganar.

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Cuando acaba el concierto, os dais una vuelta y en el Trémolo os encontráis con más amigos. N. se ha recortado la barba. A., el chico de M., también lleva una gran barba. Miras a tu alrededor y te das cuenta de que eso del pelo en la cara es el denominador común. Barbas y camisas de cuadros. Llega E. y, más tarde, el estado de ebriedad lo sume todo en una nebulosa, en un aire denso que deja miles de imágenes borrosas. Imágenes que es difícil quitarse de encima. Imágenes, olores y sabores que te acompañan en tu regreso a casa. Mientras caminas, vuelve a tu cabeza el premio, estos días, estos meses, estos años, esta vida, y das gracias por todo, porque no puedes pedir más, porque todo esto te haya sido ofrecido como un regalo.

 

DOMINGO 5 / Miedos

La cabeza te explota, una vez más. Dos resacas demasiado seguidas. Por la mañana escribes un poema. Te das cuenta en ese momento de por qué abandonaste la poesía. Te falta ritmo, sonoridad, poesía. Aun así, la última frase te convence. En la siesta, sexo extraño, una vez más.

Por la tarde comienzas a ver The Strain. Te gusta tanto que ves varios capítulos e incluso te pierdes la segunda parte del partido del Madrid. Sueñas con vampiros, zombis e infectados. Te despiertas varias veces a lo largo de la noche. Es por la serie; lo tienes claro. Te ha devuelto a los miedos de la infancia. Ninguno mayor que el que sentiste al ver El misterio de Salem’s Lot. Aquel rostro blanco asomado a la ventana todavía te perturba.

 

LUNES 6 / Paranoia

Escribes por la mañana. No llegas a estar lúcido del todo pero vas completando etapas. Casi acabas la tercera parte. Después, vas al gimnasio e intentas ordenar la cabeza. Por la tarde, todo se eclipsa con el ébola. La sanitaria madrileña contagiada colapsa la red y las noticias de los periódicos. Se desata la paranoia. Enseguida se ponen en evidencia las negligencias cometidas, los protocolos obsoletos, el disparate de la cutrez española que, como no podía ser de otro modo, también está presente en el modo de abordar la enfermedad. Al principio, haces chistes con el virus, como si fuera algo lejano e imposible, pero al poco la cosa comienza a darte bastante miedo. Ha tomado realidad. El mundo lejano está a la vuelta de la esquina.

 

MARTES / Estilo

Respondes mails uno detrás de otro, algunos atrasados varias semanas. No quieres ver las noticias ni leer los tuits sobre el ébola. Todo va a peor. Por la noche acabas de leer Así empieza lo malo, de Javier Marías. Te hace gracia que el título señale lo que está pasando con el virus: así empieza lo malo. Más allá de eso, la novela no te ha desagradado. No es su peor novela, pero está muy, muy lejos obras maestras como Corazón tan blanco. Se te hace algo larga y cuesta arriba, pero es indudable que Marías es un grande. Y eso lo ves en las digresiones, en cómo te “contagia” el modo de escribir o el modo de pensar mientras lo estás leyendo. Eso es algo que sólo pasa con los maestros.

 

MIÉRCOLES / Arte doméstico

Te levantas temprano y vas al gimnasio antes de ir a clase. Sientes que esa rutina le viene bien a tu cuerpo y que llegas a clase con más fuerzas. Hoy hablas del concepto de genio y de la crítica marxista a una Historia del Arte que entiende a los artistas como seres excepcionales y separados de la realidad. Es necesario bajar al arte del pedestal. En un momento haces a los estudiantes pensar en Miguel Ángel defecando y limpiándose al culo antes de subir, con olor a sobaco, a pintar la Capilla Sixtina. El arte es algo mucho más doméstico de lo que parece.

Después de clase, recoges el traje que te has comprado para la entrega de premios. En fotografía es traje es precioso; en tu cuerpo parece otra cosa. Nunca te han quedado bien los trajes. Y esta vez no va ser la excepción.

Por la tarde, tomas aire, recargas las baterías, aunque sea un instante, y asistes a la inauguración de la exposición “Desapariciones” en la Fundación Newcastle. Está repleto de amigos. Te ilusiona el proyecto y no dejarás de apoyarlo en todo lo que esté en tu mano. J. es uno de esos locos necesarios para que las cosas funcionen. Sin locuras así, el mundo sería mucho más aburrido.

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JUEVES / Felicidad

Sales a correr antes de tomar el tren para Madrid. Llegas justo para ducharte y vestirte. En el tren viajas con L. Intentas leer, pero al final apenas haces nada y se os va el tiempo en la conversación. A medio viaje, salta la noticia del Nobel de literatura. Patrick Modiano. Te alegras. Lo has leído y te encandila, aunque su nombre jamás se te había pasado por la cabeza para un premio así. Ahora lo releerás con más ganas.

En Madrid, coméis una hamburguesa en Alfredo’s. Está tan deliciosa que incluso perdonas la mala educación y la displicencia de los camareros. La comida os revive. Te das una ducha rápida y te pones el traje para la entrega de premios. Viajáis a Alcalá de Henares en taxi con F. y L. Al llegar, conoces a los premiados y os aleccionan sobre el protocolo de la gala. Conforme se acerca la ceremonia comienzas a ponerte nervioso. Estáis sentados en el escenario, frente al teatro a rebosar. La cosa es seria. Cuando te nombran y tienes que decir unas palabras te quedas en blanco. Improvisas algo, das las gracias al Ayuntamiento de Alcalá y a los miembros del jurado, y dedicas el premio a R. y a la memoria de tus padres. Quieres acabar con algo lírico pero sólo te sale un “muchas gracias”. Eres más elocuente en la página que en la realidad.

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Después del acto tomáis un vino en el parador de Alcalá. Llueve a mares. Tú sigues en una nube, absolutamente feliz. Quizá por eso todo te parece perfecto y maravilloso. La conversación agradable con los miembros del jurado, con los otros premiados, con todo el mundo. Te hacen mil fotos. Regresáis en taxi a Madrid y cuando llegáis te das cuenta de que estás reventado. L. está igual. Pasáis un segundo por el hotel y casi sucumbís a la tentación de iros ya a la cama. Sin embargo, dices que es necesario celebrar, aunque sea mínimamente. Estás feliz por el premio y hay que brindar en algún lugar. Decidís ir al Cock a tomar un Dry Martini. Siempre recuerdas allí a JLB. No puedes evitarlo.

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Después de dos copas, el cansancio se ha esfumado. Aun así pensáis en tomar una más e iros al hotel. Pero, de camino al José Alfredo para tomar la última, recibes la llamada de J. e inmediatamente sabes que la noche se va a hacer algo más larga. Se une a vosotros y llega con E. Os abrazáis con cariño y amistad verdadera. Tomáis varias más y después entráis al “Wurli”. L. se va al hotel y tú te quedas un poco más. El Wurlitzer te trae muy buenos recuerdos. Memorias dulces que se activan cada vez que entras. Aguantas allí media hora más. Regresas al hotel satisfecho, dando gracias de nuevo por todo esto, por los amigos, por la gente que te rodea. Te das cuenta de que eso –y no otra cosa– es el verdadero motivo de felicidad.

 

Semana del 26 de septiembre al 2 de octubre

VIERNES 26 / Intimidad

Dormitas por la mañana. La noche de ayer fue larga. Escribes el “Presente continuo” antes de comer. Hoy te cuesta algo más. Estás poco lúcido. Hay semanas en las que se te atraganta. Estás viendo, a lo lejos, su fin.

Te encuentras en las redes con la noticia de que Intento de escapada está entre los finalistas del Premio Ciudad de Alcalá de narrativa. Simplemente estar ahí ya es importante. Más de lo que te habrías podido imaginar. Te alegra el día.

Por la noche, yincana cultural. Comienzas en la presentación del vídeo de Juanli Carrión en AB9. Es una obra sobre la teatralidad y la pomposidad de los grandes discursos políticos. Sutil e inteligente. Desde allí vas a la sala Verónicas a la inauguración de la exposición de Nico Munuera. Su pintura siempre te ha parecido elegante y bella. Iba siendo hora de que en Murcia tuviera una exposición como esta. Las obras funcionan tremendamente bien con el espacio. Llevarás a tus alumnos. Es un momento de reencuentro. Amigos y profesionales del arte. Antes de salir, el padre de M. dice que te lee los domingos y no sabe cómo se puede llevar eso de exponer tu vida al público. Él no viviría tranquilo. Tú le respondes que, al contrario de lo que pudiera parecer, contarlo todo es una manera de blindar tu intimidad, de crear una intimidad aún mayor. La transparencia absoluta es una ilusión; hay cosas que se quedan fuera, que no podrías decir, cosas que te callas, que te reservas para un espacio más íntimo, un presente alterno invisible.

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Desde Verónicas sigues la ruta con apenas tiempo de entrar a T20 y ver las obras de FOD. También es un artista que te interesa y que en ocasiones te sorprende. Te das cuenta de que entre ayer y hoy todo lo que se ha inaugurado en Murcia es pintura abstracta. La pintura y lo abstracto siguen vigentes y aún tienen muchas cosas que decir.

Acabas cansado, casi como si hubieras terminado un maratón. Cenas con R., L. y M. en el hindú de la Plaza del Cristo del Rescate. Tomáis de nuevo el picante agresivo. Y una vez más os deja sin palabras. R. prueba apenas la punta del tenedor y dice que estáis enfermos por comer eso. Es probable que tenga razón. Después, os tomáis una copa rápida y volvéis a casa en la moto.

 

SÁBADO 27 / Jugar

Pasas la mañana leyendo los suplementos culturales de los periódicos. Es un vicio. Lees las críticas de libros y pasas por encima de las críticas de arte.

Por la tarde vas con R. al gimnasio y compráis después unos regalos para vuestro ahijado en el centro comercial. Se te van los ojos detrás de los juguetes. Es de las cosas que echas en falta de no tener hijos, no poder comprar juguetes para jugar con ellos –no con los hijos, sino con los juguetes–. Te quedas prendado de todo tipo de chismes y cachivaches que te gustaría tener y utilizar. Sientes que nunca has dejado de ser niño del todo.

Llegáis a casa y cenáis una pizza. Intentáis ver varias películas y ninguna os satisface. Así que decidís leer, uno en cada lado del sofá. Ésa también es la felicidad del sábado por la noche. Tu comienzas Así empieza lo malo, de Javier Marías, y rápidamente te vuelve a poseer su forma de escribir, aunque, también enseguida, tienes la sensación de que es una novela menos potente que sus grandes obras.

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DOMINGO 28 / Nombrar

Escribes toda la mañana. No logras concentrarte del todo. Aun así avanzas algo la novela. Te dedicas a ser más realista y a revisar menos cantidad de texto. Por la tarde sigues leyendo a Marías y notas que su tono y sus divagaciones, su ritmo, acaba influyendo en lo que escribes –al menos tus retoques se hacen algo más líricos–.

A las doce la noche es tu santo. San Miguel. No importa el tiempo que pase, recuerdas que a esa hora siempre te llamaba tu madre. El nombre era importante para ella y para tu familia, más incluso que el cumpleaños. Lo escribiste el 29 de septiembre del año pasado en este mismo lugar y lo sigues pensando. Somos sujetos porque tenemos nombre, estamos “sujetados” a él, sea cual sea. Miguel, Marcos, Martín –seis letras, como los protagonistas de tus novelas–. Nombrar es reconocer. Nombrar tres veces, M., M., M.

 

LUNES 29 / Promesas incumplidas

Por la mañana llevas a R. al traumatólogo. La derivan al jefe del equipo. Esperas que por fin él encuentre la solución al enigma de sus brazos. Pasáis toda la mañana en el centro de salud. Te da tiempo a leer más de cien páginas del libro de Marías.

A la vuelta, os caláis enteros en la moto. Entráis a casa empapados. Nada más llegar, deja de llover. Después vas a arreglarte un poco la barba. Acabaste el último Presente Continuo diciendo que prometías no recortártela hasta que acabases las novela; aunque también decías que la vida está llena de promesas que uno no puede cumplir. Esta es una de ellas. Sales de la barbería contento y algo más cómodo. Has topado esta vez con profesionales de la barba. Es algo que admiras, la profesionalidad, la gente que es buena en lo suyo, la gente que conoce y ama su profesión.

Después, vas al gimnasio y acabas reventado. Llegas a casa ya casi sin fuerzas para comer y duermes la siesta. Te levantas y por la tarde escribes tremendamente inspirado. Hoy fluye el texto. Entras al tercer capítulo de la tercera parte. Justo la mitad de la novela. Y además, la escena más importante. Tenías ganas de volver a ese lugar y al mismo tiempo tenías miedo de que no funcionase como recordabas. Pero la relees y la retocas y acabas muy satisfecho con ella. Es una escena de sexo. Sin embargo es un sexo extraño que no logra excitar. En tu novela anterior las escenas de sexo sí que excitaban, al menos lo pretendían. Te recuerdas escribiéndolas y parando de vez en cuando para masturbarte; ésa era la clave para saber que funcionaban. En este caso, es un sexo mental, más sutil. Y la excitación es extraña. Desde luego, no conduce a la masturbación, aunque no deja de ser sexual. Llevas varios días con esas imágenes de la novela en la cabeza y adviertes que se mezclan con la realidad, con una realidad que era necesario vivir ahora. Es curioso cómo a veces la vida imita sin saberlo a la ficción.

 

MARTES 30 / Escribir

Escribes todo el día hasta finales de la noche. Después de cenar, comienzas a preparar las clases del día siguiente y del jueves. Te acuestas tarde .

 

MIÉRCOLES 1 / Novela

Vas al gimnasio sin desayunar y notas que tu cuerpo lo agradece. Te duchas allí y vas directo a clase. Sigues con Vasari y el método biográfico. Te sientes cómodo, aunque no seas experto en la materia. Después, mañana de tutorías y reuniones.

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Por la tarde, el tiempo se frena y la novela se transforma en realidad. O no sabes si es la realidad, que se está transformando en novela con el tiempo cambiado, al revés. Algún día lo contarás. Algún día lo entenderás.

Cenas, ves un poco el partido del Madrid y te duermes antes de que acabe. Te despiertas después, a las once –una hora después–, y comienzas a preparar las clases del día siguiente sabiendo que probablemente no vayas a utilizar todo lo que estás leyendo. Aun así, acabas a las tres de la mañana y te cuesta dormir.

 

JUEVES 2 / Libros extraños

Clases a primera hora. Acabas con Vasari y comienzas a analizar el concepto de “genio”. Estás construyendo la materia de modo transversal, utilizando referencias poco comunes para los historiadores del arte. Sabes que no es fácil y que quizá para muchos pueda resultar algo árido y cuesta arriba. Lo tienes en cuenta. Eres consciente del terreno en el que estás jugando. Tras las clases, de nuevo, tutorías y reuniones. Este año no te libras ni un segundo.

A las dos, comida con L. Entre otras cosas, celebráis algo de lo que aún no puedes hablar y por lo que estás rebosante de alegría. Al terminar, visitáis la Fundación Newcastle y te vuelves a quedar fascinado por cómo un espacio tan pequeño puede ser tan potente. Menos es más, desde luego. El tamaño no importa cuando la ilusión es tan grande. El arte es algo que también ocurre en lo portátil. Quizá sea ahí donde suceda lo más verdadero, en lo mínimo, en lo apenas visible, en la más pura intimidad de lo doméstico.

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J. se une a vosotros y tras tomar unas copas entráis al Plaza Tres en plan antropológico. El ambiente da para escribir varios cuentos. Lleváis con vosotros algunos libros y discutís sobre literatura. En un momento, una camarera se acerca y os dice que le llama la atención que tengáis libros, que si los habéis robado de una biblioteca o algo. Libros sobre la barra; es como un elemento subversivo en ese contexto. Tus amigos dicen que sois escritores y editores. Ella parece no creerlo hasta que ve tu foto en la solapa de uno de los libros que, además, está en alemán –la traducción de tu novela–. Se queda un momento sin saber qué pensar y le sale invitaros a un chupito de Jack Daniel’s. Es un momento absolutamente surrealista, “el encuentro de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones”, que decía el Conde de Lautréamont.

Después, lloviendo, vais a la inauguración de una exposición en la sala de la universidad. Se une más gente al grupo, cenáis y seguís un poco más. Acabáis al final L. y tú en el Bizz’art, cansados y casi sin poder pestañear. Recuerdas un tuit que escribiste antes de comer: “Jueves que a estas horas ya sabes que se te van a ir de las manos”. Un tuit profético. Regresas a casa feliz.

 

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Semana del 19 al 25 de septiembre

VIERNES 19 / Metáforas que abren mundos

Mañana de resaca. Dormitas toda la mañana dando vueltas de un lugar a otro y con la cabeza aún en la luna. Logras leer algo, aunque no llegas a concentrarte del todo. Por la tarde llevas a R. al tren. Se va a Madrid a ver una exposición y te quedas el fin de semana solo en casa. A la vuelta de la estación escribes el “Presente continuo” y lo entregas a última hora. Cenas lo primero que encuentras y ves la segunda parte de Nymphomaniac. Te parece, como la primera, burda, zafia y fallida. En todos los sentidos.

Antes de dormir, continúas con la lectura de Lo que a nadie le importa, de Sergio del Molino. Estás degustando el libro muy poco a poco, a pequeños sorbos, consciente de que se trata de una novela magistral, alta literatura, de las mejores cosas que has leído en tiempo. No cesas de subrayar. Cada frase es un mundo, cada metáfora abre un espacio para el pensamiento. Mientras lo lees te das cuenta de que jamás podrás escribir así, con esa lucidez y dominio del lenguaje, con esa potencia para crear imágenes que condensan experiencias. En el fondo, aunque no lo dices, lees el libro con una mezcla de admiración y desencanto. Admiración por ver algo extraordinario. Y desencanto por darte cuenta de que Sergio ya está a años luz del lugar al que tú puedes llegar. Su literatura muestra que hay cosas que son posibles y que tú sin embargo no sabes hacer, ni crees que puedas aprender. No acabas la lectura esa noche, sigues demorándola, como si no quisieras nunca que el libro se alejase de ti. Por la noche, las frases se meten en tu sueño. Te despiertas varias veces y una de ellas no sabes ni siquiera dónde estás.

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SÁBADO 20 / Día completo

Te levantas temprano y sales a correr en ayunas. Sabes lo que le vas a meter al cuerpo y quieres hacerle sitio. Con L. y tus hermanos almorzáis en El Yeguas. El plato de morcillas, magra y morro es tremendo. Las morcillas están deliciosas. Como todo lo demás. Salís de allí cerca de las dos del mediodía, absolutamente doblados. Como podéis, llegáis el restaurante hindú de la plaza del Rescate e intentáis culminar allí la gesta. L. pide el plato más picante de todos. La camarera os mira raro y dice que ella eso no lo puede tomar. Durante unos minutos ni siquiera podéis hablar. Los ojos se te llenan de lágrimas y dejas de sentir la lengua. Pasarán varias horas hasta que la recuperes del todo.

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Después de dormir un poco y hacer malabares para salir del pueblo entre el desfile de carrozas, te encuentras de con L. y M. y os dais una vuelta por Pérez Casas. Nada más llegar te das cuenta de que no vas vestido con propiedad. Tu look hipster guarro no pega de ninguna de las maneras. Os tropezáis con J. y P., que están de despedida, y se unen a vosotros. Cenáis un poco y seguís bebiendo. A las once y media pasáis por el cumpleaños de M. y ves allí a varios exalumnos que se han convertido en amigos. Intentas mantener el tipo pero ya no puedes seguir bebiendo. Estás tan cansado y has comido tanto a lo largo del día que ya ni siquiera estás borracho. A las tres y media, mucho antes de lo que esperabas, tu cuerpo te lleva al lugar en el que habitan los sueños, tu cama. Ha sido un día completo. De eso no cabe duda.

 

DOMINGO 21 / Pleno

Despiertas resacoso con un pasacalles a las nueve de la mañana. El pueblo sigue en fiestas y aquí no se respeta nada. La calle se llena de gente haciendo la ruta de la tapa y ya no puedes volver a dormirte. Te levantas y lees los periódicos mientras desayunas. Extrañamente no te duele la cabeza. Así que estás lúcido para contestar mails y continuar la escritura del texto sobre la obra de Prudencio Irazábal que tienes que entregar cuanto antes.

A mediodía ni comes. Tu estómago parece estar en huelga. Por la tarde recoges a R. del tren. Te gusta que te cuente el viaje. Te resulta curioso estar en el otro lado. Al llegar a casa, el cansancio desaparece durante un tiempo y el deseo hace acto de presencia. Sudas tanto que tienes que ducharte dos veces.

Por la noche veis el último capítulo de Extant. Fin de temporada. No puedes explicar las razones por las que te gusta esta serie, pero ha logrado convencerte y meterte dentro del juego.

Antes de dormir, de nuevo surge el deseo. Tienes que dejar el libro sobre la mesilla y posponer la lectura. Duermes feliz, pleno, relajado, como si se hubiera dado fin a una semana memorable.

 

LUNES 22 / Buenos propósitos

Te levantas descansado y con ganas de hacer cosas. Dedicas la mañana a la novela y adelantas bastante, más de lo que habías previsto.

Llevas a R. al médico en la moto y a la vuelta nos os pilla la tormenta por menos de un minuto. Aparcáis, y justo en ese momento comienza la lluvia torrencial. . Mientras llueve, vas al gimnasio. Está lleno. A rebosar. Septiembre y principios de semana. Demasiados buenos propósitos. Cuando vuelves sigue lloviendo y comienzan los truenos. Apagas el ordenador, todavía crees que puede caer un rayo y romperlo todo si sigues trabajando. Así que te metes en la cama y lees un rato. Después te levantas y continúas la escritura del texto de Irazábal hasta la madrugada. Lo acabas. Es más extenso de lo que habías imaginado. Justo antes de dormir, accedes a un presente alterno y te excitas leyéndolo.

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MARTES 23 / Belleza blanda

Escribes desde temprano. Decides poner imágenes en la novela. Lo habías barajado en varias ocasiones pero hasta ahora no lo habías tenido tan claro. Hay momentos en la novela en los que la imagen es necesaria, no sólo para ahorrar descripciones, sino para completar y enriquecer la trama. Así que lo haces. Y superas tus reservas. No porque eso sea algo nuevo, sino todo lo contrario, porque es demasiado manido. Te suena a déjà vu. Aun así, crees que aquí funciona. Al menos hoy lo crees.

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A mediodía vas a la radio a hablar sobre la belleza de las mollas. Apenas hay tiempo para decir nada. Y dejas muchas cosas en el tintero. Querías decir, por ejemplo, que te encanta lo blando, que te pierde, que gusta morder y lamer la parte interior del muslo, las carne de las caderas, los mofletes, el antebrazo, la barriga, las nalgas, los pechos y los pezones. Y, por supuesto, la molla suprema. Tu madre llamaba así al órgano femenino, “la mollica”, “el repisco”. Te encanta pellizcarlo, asirlo, apresarlo. Te gusta hundir tus dedos en la carne, crear claroscuros en la piel como en El rapto de Proserpina de Bernini. Te cautivan las curvas, te fascina que el cuerpo de la mujer sea un lugar para perderse como quien se de adentra en un océano inmenso cuyo fin nunca puede conocer. Un cuerpo infinito, lleno de recovecos para guarecerse, un mundo para habitar toda la eternidad. Quizá sea un recuerdo de la infancia, de la plenitud de la madre, de aquel cuerpo que lo era todo y en el que uno estaba a salvo de cualquier peligro. Quizá sea esto, sí, quizá por eso para ti el cuerpo de la persona que amas es un refugio, un abrigo blando, suave, esponjoso, dúctil y maleable.

 

MIÉRCOLES 24 / Acontecimiento

En ayunas vas al gimnasio. Creías que no ibas a encontrar a nadie a las siete y media pero está repleto. A las nueve ya lo tienes todo hecho y llegas a clase pletórico, con la moral por las nubes. Acabas la introducción a la disciplina con una especie de arenga contra la Historia del Arte tradicional y en defensa de una Historia del Arte crítica y posicionada, realizada desde el presente, en constante movimiento, más allá de lo disciplinar y lo supuestamente científico. La Historia del Arte como narración afectiva. Un acontecimiento en el presente.

Después, tienes la mañana llena de reuniones con doctorandos que te piden consejo para organizar el trabajo. De nuevo, confían demasiado en tu criterio. Conforme avanza el día, comienza a llegar el cansancio y el cuerpo empieza poco a poco a apagarse. La tarde con E. pasa en un suspiro. El tiempo se vuelve a expandir. Allí eres otro tú, un tú diferente, aunque no ajeno, un tú del otro que, sin embargo, sigue siendo tú. Eres más consciente que nunca de que los sujetos son seres múltiples y la autenticidad es una construcción. Lo que sucede es auténtico en la medida en que sucede, en que está ocurriendo. Buscar debajo de eso una verdad absoluta no tiene sentido. Lo único que importa es que las cosas suceden. Ésa es la única verdad innegable, la del acontecimiento irrepetible que tiene lugar en el presente.

 

JUEVES 25 / Esbozos

Por la mañana escribes. Has comenzado la tercera parte de la novela y tienes que volver a escribir unas páginas para completar algo cuya forma no te gusta del todo. Decides volver al cuaderno y la pluma. Es curioso, en ocasiones te sale todo directamente frente al ordenador, y otras veces tienes que esbozar y escribir a mano. Te das cuenta de que el cuaderno, en este estado de la novela, se ha quedado para arranques de escritura. Bosquejos, frases, búsquedas del tono preciso hasta que saltas al ordenador. Si alguien llegase a mirar esos cuadernos en el futuro se daría cuenta de que esas páginas son en el fondo trampolines para el salto, afinadores de tonos de escritura, pequeños fracasos, espacios de transición.

Por la tarde asistes a la inauguración de la exposición de Prudencio Irazábal en Art Nueve.  Es uno de los pintores que más admiras. Estás familiarizado con su obra, no sólo porque hayas escrito sobre ella, sino porque su concepción de la pintura, como un proceso de descubrimiento y como una plataforma de relación, se encuentra muy cerca de tu visión del arte. En la inauguración te encuentras de nuevo con amigos que hacía tiempo que no veías. Una vez más, todos hacen referencia a tu barba. Es excesiva, lo sabes. Has hecho la promesa mental de no recortártela hasta que acabes la novela. No sabes si vas a poder cumplirlo. Como tantas otras cosas. Vivir, en el fondo, es prometer cosas que nunca pueden ser cumplidas. Es intentar llegar a lugares imposibles. Es fracasar, una y otra vez. Aunque cada fracaso sea un pequeño logro, un paso adelante hacia otro fracaso mejor. Por supuesto, resuenan aquí las palabras de Beckett. Es su “fracasa otra vez, fracasa mejor”. Por alguno de esos fracasos, por alguno de esos presentes inesperados ante los cuales no sabemos muy bien qué hacer, merece la pena vivir, sentir, experimentar un ahora que ya jamás volverá a repetirse.

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Semana del 12 al 18 de septiembre

VIERNES 12 / Espacios de libertad

Tribunal de fin de grado por la mañana. Tienes que evaluar un trabajo sobre las estrategias de la postpornografía contemporánea. La pantalla se llena de penes, vaginas y posturas imposibles. La sala está casi llena. Nadie mueve un músculo de la cara. Habláis y discutís sobre sexo, deseo, normalidad y hegemonía. Hay mil cosas que cambiarías de la universidad, es cierto, pero en días como este te das cuenta de que sigue siendo uno de los pocos espacios para la libertad y el conocimiento. Hay momentos en los que estás orgulloso de formar parte de ese lugar.

Acabas en Espinardo y bajas a Murcia a celebrar que L. ha leído el trabajo de fin de master y todo ha ido bien. De camino te encuentras a E. y se suma a la celebración. Poco a poco va uniéndose gente. Os sentáis en La cueva de la cerveza y pruebas por primera vez la Martin’s. Te enamora. Después de varias jarras, todo fluye. También las miradas cómplices y la conversación. A media tarde entráis en el Parlamento y os tomáis unos gin-tonics. No todos los días se lee un trabajo así. Allí llega más gente. Otros se van. Estáis en una nube. Flotáis. Se percibe en el ambiente.

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A las nueve recoges a R. con el tiempo justo para cenar un pastel de carne en la confitería y del pueblo y salir hacia el cine a ver El niño. El pastel te sabe a gloria, la película la sufres. Es pretenciosa y fallida. Luchas durante una hora y media para no quedarte dormido. Cuando llegas a casa caes rendido a la cama y todo te da vueltas.

 

SÁBADO 13 / Crecer

Escribes el “Presente continuo” por la mañana. Tenías que haberlo hecho ayer pero con la celebración no tuviste un minuto libre. No sabes cómo poner ciertas cosas. La escritura alegórica y codificada se hace cada vez más difícil.

Por la tarde quedas con J. y L. en el Parlamento a ver el partido. Pierde el Madrid. Cenáis rápidamente una hamburguesa, cogéis el autobús y llegáis al B-Side justo cuando acaba de comenzar la actuación de Love of Lesbian. Te cansan. Tú quieres escuchar a Dorian. Disfrutas del concierto tarareando casi todas las canciones. Volvéis en taxi a Murcia y ya están cerrándolo todo. Pedís una pizza casi más por ritual que por otra cosa y acabáis tirándola porque no tenéis hambre. Vuelves a casa andando y te encuentras amigos por la calle cada dos o tres esquinas. Todos te dicen algo sobre tu barba. Decides seguir dejándola crecer unas semanas más.

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DOMINGO 14 / Sudar

Te despierta por teléfono tu vecina J. temprano para decirte si quieres que te haga de comer. La cabeza te explota. Intentas volver a dormir. Y a la media hora un remolque lleno de altavoces se pone bajo tu ventana con la música haciendo temblar incluso los cristales. Son las fiestas del pueblo. El estruendo no se va en toda la mañana. Se te clava en las sienes.

Por la tarde sales a correr por el río hacia la ciudad. A mitad del recorrido te encuentras con la feria. Comienzas a cruzarla creyendo que encontrarás la posibilidad de salir por alguna esquina, pero enseguida te ves atrapado por una multitud de algodones de azúcar, tómbolas, niños con peluches y padres con carricoches, un gentío que apenas te deja moverte. Además, has salido sin gafas y ya no sabes si la gente te saluda, te mira mal o simplemente se pone allí para hacerte tropezar. Cuando consigues salir sientes una extraña liberación y corres como si huyeras de algo, buscando algún lugar para refugiarte de ese conato de pesadilla. Llegas a un espacio blanco. Sientes entonces el cuerpo sudado, el agua recorriendo la piel y las piernas temblorosas. Las imágenes tardan tiempo en desaparecer.

 

LUNES 15 / Cielo

Despiertas contento, con lágrimas en los ojos. Has soñado con tus padres. Tu padre estaba muerto pero no sabía cómo salir del lugar en el que se había perdido, como si estuviese vagando por una especie de limbo infinito. Tú llegabas para ayudarlo y encontrabas allí a tu madre. Recuerdas perfectamente tus palabras: “llévate al papá al cielo que no sabe que está muerto”. Después de intentar convencerlo de varias maneras, ella conseguía sacarlo del lugar en el que estaba varado y los se elevaban en una luz amarilla hacia las nubes, desapareciendo en la lejanía. Tú te quedabas mirándolos y comenzabas a llorar desconsolado. Y en ese momento escuchabas la voz de tu madre: “no te preocupes hijo, el cielo es maravilloso, están dando chocolate”. Entonces tus lágrimas dejaban de ser tristes y te sentías liberado, como si algo se hubiera cumplido. Has despertado feliz, pleno, rebosante de gozo. Es sólo un sueño, lo sabes, pero la sensación de bienestar no se va en todo el día. Además, si el cielo existe, probablemente estén dando chocolate y seguro que tu madre tendrá una taza en la mano.

Por la tarde continúas la escritura de la novela. Todo se ha ralentizado. Pero aun así consigues terminar la revisión de la segunda parte. Son cinco. Aún te queda camino por recorrer.

 

MARTES 16 / Llueve

Por la mañana vas al gimnasio. Hoy comienzas una nueva rutina de ejercicios y sientes que has metido más peso de la cuenta en las máquinas. Intuyes lo que va suceder al día siguiente. Por la tarde llueve. La Fuensanta ha obrado el milagro. Llueve de varias maneras. Y caen también varios muros. Por la noche comienzas a leer Lo que a nadie le importa. La escritura de Sergio del Molino te fascina desde la primera página. Está llamado a ser un grande de la literatura; no tienes la menor duda.

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MIÉRCOLES 17 / Agujetas

Te levantas con unas agujetas terribles. Apenas puedes mover los brazos. Te vistes como puedes y sales para la universidad. Hoy empieza todo. La asignatura. “Teoría de la Historia del Arte”. La presentas. Te gusta, aunque sabes que es árida. Textos, textos y textos.

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Tras la clase, tienes varias tutorías por la mañana. De nuevo, la gente confía en ti más de la cuenta. Si te conocieran realmente no lo harían. Después encuentras a E. y tomáis un café mientras habláis de distancias, respiraciones e imágenes. Comes con L. M. y J. y te quedas toda la tarde con L. en el Parlamento. Allí te llaman “profesor” y eso te gusta.

Llegas a casa reventado y después de cenar caes en la cama. A las dos horas te despiertas y te das cuenta de que no has terminado de preparar la clase del día siguiente. Te levantas y lo haces. Te acuestas a las cuatro de la madrugada y ya no eres capaz de conciliar el sueño.

 

JUEVES 18 / Escribir

Has dormido apenas dos horas. Las agujetas son tremendas.

En clase estás bastante espeso. Dos horas seguidas. Los ojos se te cierran. Tienes momentos de lucidez y momentos de cansancio extremo. Pones el atril como si fueras un cura o un político. Te gusta hablar de pie y apoyado. El dolor desaparece mientras estás frente a los estudiantes, pero todo vuelve al bajarte del estrado.

Después, sin dormir y al límite del dolor, regresas al gimnasio creyendo en la absurda leyenda urbana de que las agujetas se quitan volviendo a hacer ejercicio. Al acabar de hacerlo eres consciente de que te has equivocado y casi no puedes mover los brazos. En la siesta no paras de quejarte y gemir. Imaginas que los vecinos –sobre todo los que leen este presente continuo– pensarán que estás teniendo sexo salvaje. Pero esta vez no es así. Al menos no del todo. Te duelen hasta las pestañas.

Te levantas de la cama incluso con algo de fiebre y vas a la inauguración del ciclo de vídeo que organizas con 1er Escalón en AB9. Cuando estáis a punto de poner los vídeos, I. se da cuenta de que los ha dejado en casa. Falta media hora para la inauguración y sólo es posible llegar si vas en moto y a toda prisa. T. se sube en el asiento de atrás y te guía hasta el Espinardo. Llegáis justo a tiempo cometiendo todo tipo de infracciones y con el motor de la moto a punto de explotar. Luego, en la sala te encuentras con amigos que no veías desde el verano. Es grato, aunque todo te sigue doliendo. Afortunadamente, la cerveza contribuye a que las agujetas desaparezcan durante un momento. El alcohol es, como no podía ser de otro modo, el analgésico más eficaz. Después, una vez más, la noche se alarga.

Inventas cuentos, frases y poemas pero no los escribes, como el cuento de dos amantes que se respiran mutuamente y acaban convirtiéndose en aire. Lo piensas, lo dices, lo compartes, pero no lo escribes, al menos no en ese momento. Quizá algún día. Seguro. Algún día. Porque sientes que escribir es también demorar, esperar, dilatar la experiencia del presente y convertirla en literatura. Sentir es escribir. Pasear es escribir. Mirar es escribir. Recordar es escribir. Escribir una escritura posible, transformar la vida en obra de arte.

 

Semana del 5 al 11 de septiembre

VIERNES 5 / Reencuentro

Te cuesta trabajo abrir los ojos. Todo el cansancio del mundo ha caído sobre ti. Y ahora hay que volver a la normalidad. Vas por la mañana al gimnasio e intentas sacarte de encima alguno de los litros de cerveza que has bebido durante el viaje. Corres un poco en la cinta y sientes que el cuerpo te responde. La normalidad también llega a la biología.

Escribes el “Presente continuo” durante la siesta, lees un poco de La tía Julia y el escribidor y decides abandonar el libro. Lo pones junto al último de Pamuk. Quizá lo retomes más adelante. Por alguna razón, no tienes la paciencia suficiente para seguir.

Por la tarde llevas a R. al fisioterapeuta y, mientras está en la sesión, entras en la librería y compras La fiesta de la insignificancia, de Milan Kundera. Tiene pocas páginas y la letra muy grande. Eso te gusta. Sabes que es banal y prosaico fijarse sólo en la extensión. Pero ahora para ti el tamaño sí importa. No tienes en estos momentos la cabeza para demorarte demasiado tiempo en mundos ajenos. Ya volverán esos días. Los de ahora prefieres experimentarlos. Hay tantas cosas que tienen tu mente eclipsada que difícilmente te concentras en algo distinto al presente.

Cenáis con L. y M. en Murcia. Como siempre, la conversación es agradable y pasáis un rato muy a gusto. R. se resiente un poco del pie y la llevas a casa. Después, regresas a la ciudad y acompañas a L. y M. al Lemon Pop. Allí te encuentras con J. y con media Murcia. Escribes un tuit: “El Lemon  Pop es la vuelta al cole de los modernos”. Es un momento de música y reencuentro. En esta ocasión el reencuentro es real. Como dejaste Facebook a principios del verano, no sabías nada de la mayoría de amigos a los que saludas. No has visto las fotos de sus vacaciones, de sus libros, de las películas que han visto… Ese no saber te inquieta y al mismo tiempo te produce una nostalgia de los viejos tiempos, de esos en los que nadie sabía nada de nadie, en el que apenas conocías dos o tres cosas acerca de la gente con la que te encontrabas, esos tiempos en los que todos erais anónimos y desconocidos. Ahora ya nadie cuenta nada directamente. Tienen miedo de ser redundantes. No dicen “he ido de vacaciones a Madeira”, porque ya han colgado las fotos del viaje y si no las has visto te has perdido el momento en que esa experiencia fue compartida. Nadie ya cuenta nada en privado. Nadie repite al oído de los otros eso que ya han puesto en su estado de Facebook. Las experiencias ahora se recuerdan una sola vez, en público. Y nunca más.

En el festival querías escuchar sobre todo a The Pains of Being Pure at Heart. Su canciones han sido tu banda sonora durante la última semana y no te las sacas de encima. Sin embargo, en directo no llegan a emocionarte. Lo ves todo con distancia. De nuevo, estás fuera de la escena. Estás en otro lugar. En una luna que poco a poco comienza a situarse sobre la ciudad. Una luna que más tarde acompaña tu flânerie nocturna por las calles solitarias. Una luna que después se queda en tu retina incluso después de mil parpadeos.

 

SÁBADO 6 / Demasiados libros

Resaca importante. Dormitas por la mañana y mientras desayunas te ves desbordado por los suplementos culturales de los periódicos. Demasiados libros por leer. La réentrée te causa estrés y excitación.

Por la tarde, vuelves al gimnasio. Esta vez la carrera es corta. Los excesos de ayer te pasan factura. Con el cuerpo sudado y la cara roja, te encuentras con E. y habláis del viaje a Alemania. Y de Stoner. Y de lo que no está escrito.

Después, compras un kebab y te sabe a gloria. Ves un episodio de Extant y sigues fascinado con la serie. Antes de dormir, intentas leer algo pero se te cierran los ojos. El cuerpo también tiene sus límites.

 

DOMINGO 7 / Nostalgia

Comienzas hoy a escribir el texto sobre la pintura de Prudencio Irazábal. Es uno de los pintores que más te interesa, pero poner tu mente en “modo crítico de arte” te cuesta horrores y notas que lo que antes habrían sido unas horas, ahora va a ser más de una semana.

Por la tarde, lees los trabajos de fin de grado que evalúas mañana. Después, vas con R. a ver la reposición en pantalla grande de Cinema Paradiso. Casi empiezas a llorar desde los títulos de crédito. Es una película llena de recuerdos. Está en el límite de lo fácil, pero no puedes evitar que te toque directamente. Conforme avanza la película empiezas incluso a temblar en el sillón y a sollozar. Es la emoción por lo que ves, pero sobre todo por el recuerdo de la primera vez que te emocionaste al verla, una especie de nostalgia de la nostalgia. Te das cuenta de lo que has cambiado y de cómo algunas cosas a las que antes no diste importancia ahora te hacen arder por dentro. Ocurre sobre todo en la parte final, la del regreso, ocurre en los ojos del protagonista al volver a casa, en el avión, el reflejo de su rostro en el cristal, en la añoranza, en la imposibilidad de recobrar el paraíso perdido, en esa sensación de que algo del pasado permanece para siempre en el mismo lugar, y que nosotros siempre estamos partidos, divididos, escindidos entre eso que hemos llegado a ser y eso que se quedó allí, en ese lugar, varado para siempre. Son estos momentos los que ya no te sueltan en toda la noche. Especialmente, la escena final, la de los besos que no pudieron ser dados, que, en acción diferida, se consuman en el presente, como si la historia de amor con el cine acabase también con un beso; con un beso pospuesto, demorado, aplazado, sólo posible en un tiempo diferente. Pocos finales en la historia del cine tienen esa poesía y esa capacidad para cerrarlo todo. Cerrar la película, cerrar la historia, cerrar la distancia entre dos labios, cerrar ese vacío entre fotogramas que había quedado truncado como un hueco en el tiempo. Un anudamiento de la memoria que aparece bajo la forma del entrelazamiento entre dos cuerpos. Una historia de amor.

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LUNES 8 / Inquieto

Tribunal de trabajos de fin de grado durante toda la mañana. No estás convencido de que sirvan para mucho. No tienes confianza alguna en este sistema universitario. Por la tarde terminas el texto de Irazábal para el tarjetón de la inauguración y lo envías. No sabes si estás contento con el resultado. Te ha costado encontrar el tono preciso.

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Conforme avanza el día te notas inquieto y ansioso. Abres el frigorífico cada dos por tres. Comes sin hambre. Es la luna, te dicen. La luna llena. Será eso, piensas. Eso y la vuelta a la normalidad, la vuelta a la rutina. Reuniones, trabajos, papeles…, y tú sólo quieres terminar tu novela.

 

MARTES 9 / Alterado

Sigues inquieto y alterado. No has dormido bien. Por la mañana, en el consejo de departamento, se te cierran los ojos. Al terminar, lees como puedes el trabajo de Fin de Máster sobre el diseño y la estética que tienes que evaluar por la tarde. Comes y rápidamente sales para el campus de Espinardo. El calor es insoportable. A la vuelta, visitas a E. y el tiempo se para durante un momento. Respiras y tomas aire.

Por la noche, comienzas a traducir tu curriculum para el proyecto de Cornell y preparar un archivo con una bibliografía previa para tu proyecto. Acabas de madrugada.

 

MIÉRCOLES 10 / Libros a su tiempo

Mañana de reuniones en la universidad. Casi no haces nada. Otra mañana en blanco. Tienes que aprender a dosificar el tiempo en el despacho.

Por la tarde vas al gimnasio. Acabas reventado y con agujetas.

Por la noche terminas de leer La fiesta de la insignificancia. Kundera nunca ha sido uno de tus autores. Es cierto que La insoportable levedad del ser te marcó la adolescencia. Nunca le has visto esas virtudes que otros describen. De adolescente, ese libro fue para ti como El lobo estepario, de Hermann Hesse, un libro generacional, que parecía escrito para ti en ese momento. No has vuelto a ninguno de los dos, pero tienes la sensación de que no te gustarían ahora. Cada libro tiene su momento. Y quizá se que este último de Kundera no te haya cogido en su momento. Es cierto que hay momentos de sabiduría, pero poco más.

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JUEVES 11 / Luna

Por fin, esta mañana escribes. Vuelves aunque sea momentáneamente a la novela. Planificas. Miras el calendario. Dos meses, quizá tres para tener una versión relativamente legible.

Tienes agujetas del gimnasio, pero extrañamente te han subido la libido. En la siesta, con R., no puedes reprimirlo.

Por la noche hablas de literatura con A., cenas con J. y luego dais una vuelta por la ciudad. Hace un calor tremendo y la belleza femenina te deja fascinado. Después os encontráis con N. y os tocáis las barbas. La tuya está en el límite de ser excesiva y ya va pidiendo un recorte. Pareces un oso, casi un hombre lobo. Antes de volver a casa, das un breve paseo por las calles de la ciudad. La luna sigue ahí arriba. La miras de reojo. Apenas unos segundos. Contienes la respiración. Ha comenzado a menguar y al final no te has convertido en lobo. O eso, al menos, es lo que crees. Aunque muerdas y arañes, tus colmillos son de leche.

 

Semana del 29 de agosto al 4 de septiembre

VIERNES 29 / Hamburgo

Sales para Alemania temprano. Hamburgo, Berlín y Dusseldorf. Tres ciudades en las que presentarás la edición alemana de tu novela. Estás nervioso, entusiasmado, inquieto y lleno de responsabilidad. En el viaje escribes el “Presente continuo” y lo envías desde Hamburgo. Nada más llegar, caminas hacia la librería en la que mañana será la presentación. Has quedado con el librero para dar una vuelta por la ciudad y preparar el evento. Por el camino te encuentras con una especie de feria cerca del Alster llena de gente comiendo salchichas y bebiendo cerveza. Parece una estampa típica que alguien ha puesto allí para ti.

La librería Sauttier + Lackmann es una especie de paraíso para perderse. Comienzas ya en ese momento a darte cuenta de la cantidad de libros en alemán que no han sido traducidos a ningún otro idioma. Todo un mundo de teoría e historia que quisieras leer. Te sientes absolutamente frustrado por no entender nada y empiezas a barajar la idea de estudiar alemán cuando vuelvas. Es falso que el inglés sea la herramienta para todo.

F. te da una vuelta por la ciudad y habláis del libro, del arte contemporáneo y de la situación de las librerías. Después de cenar te lleva al barrio de Sankt Pauli y te enseña los sitios míticos del underground. Intuye, por lo que ha leído en tu novela, que te interesan los lugares más oscuros y sucios. Y te muestra algunos de ellos. Cuando llegas al hotel, no cabe en tu cuerpo una gota más de cerveza.

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SÁBADO 30 / Lectura

Tienes la mañana libre. Das una pequeña vuelta por la ciudad, paseas en torno a esa especie de lago que parece formar el río Alster de camino hacia el Elba. Te sientas en un banco y una cabeza te interroga. Intentas leer pero no puedes. Tienes la mente distraída. Estás es una especie de luna de la que no quieres bajar.

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Por la tarde es la lectura. Antes, te entrevistan para un programa de radio sobre crímenes y literatura. Te hace gracia cómo la novela cambia de interpretación según el contexto. Para el entrevistador, Intento de escapada es una novela negra sin cadáver.

Después, la lectura funciona bien. Lees unos fragmentos de la novela en español y F. lee otros en alemán. Luego, M. pregunta y traduce tus respuestas en el debate. Es un formato típico en Alemania. La gente paga una entrada para escuchar a un escritor leer trozos de su obra, casi como si asistiera a un concierto. Eso sería impensable en España. Ni gratis.

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Tras la lectura, cenas con J., J. y A. en un barrio cool de Hamburgo. Mientras lo hacéis, una manifestación pasa cerca de vosotros, comienzan a llegar coches de policía y por un momento temes que se vaya a montar algo peligroso. Al acabar la cena, te acercas a la Literaturhaus, donde se clausura “La noche de los libros”, el evento en el que has participado. Allí te encuentras de nuevo con F. y, antes de despedirse, dice: “tomamos la penúltima”. Bebéis varias cervezas junto al río. Se juntan dos alemanes más. Uno de ellos es un sindicalista importante. Bebéis por la amistad. Y en un determinado momento crees incluso comprender el idioma.

 

DOMINGO  31 / Berlín

Tomas el tren hacia Berlín. En el viaje intentas leer pero no puedes. Corriges un poco la novela, quitando erratas y poco más. Llegas justo para una entrevista con la radio. La haces en inglés. Un desastre. Afortunadamente sólo será el ruido de fondo, con el alemán superpuesto. La periodista ha leído el libro. Le han impactado las imágenes duras y tenía miedo de encontrarse contigo. Es curioso cómo muchas veces aún confundimos al escritor con sus personajes.

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Tras la entrevista, tienes apenas cuatro horas antes de la cena con tu editor. Decides ver una sola cosa: el Altar de Zeus en Pérgamo. Casi sufres un Stendhal. Aunque enseguida te sacan de ahí las multitudes sedientas. Es imposible andar, absolutamente imposible. Las cámaras de los móviles lo inundan todo. Lo más difícil en un museo es ahora no estar dentro del plano de una fotografía. Casi tienes más cuidado con eso que con tropezar con una escultura.

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Luego apenas dispones de unos minutos para ir al Reichstag y a la puerta de Brandemburgo. Aunque sea testimonialmente. Tienes que volver, sin duda.

Llegas justo a tiempo para la cena con M., el editor de literatura hispana de Wagenbach. Habláis de literatura y de libros, y de lo mal que está el negocio para las editoriales independientes en todos los lugares; no es algo propio de España. Hablas constantemente. Hablas demasiado. Quieres agradar y te das cuenta que estás en el límite de ser pesado. Te pellizcas en el muslo cuando te das cuenta.

Te quedas en el hotel relativamente temprano y das una pequeña vuelta solo. Es una manera extraña de estar en la ciudad. Cuando te acuestas intentas elegir la cabecera perfecta. Entre tantos cojines y cabeceras siempre te equivocas y conforme avanza la noche comienza a dolerte el cuello.

 

LUNES 1 / Historias vivas

Das una vuelta por varias librerías. De nuevo, el paraíso. Y de nuevo, la frustración. Todo en alemán.

A las doce M. viene a buscarte para llevarte a la editorial. Allí conoces a todo el staff. Conoces a S., la directora, a las chicas de prensa y a la gente de administración. Coméis en la propia editorial. Escuchas la entrevista en la radio y te hace gracia cómo pronuncian tu nombre. En todo momento tienes la sensación de estar en un lugar histórico, un espacio mítico de la edición independiente. Cuando ves tu libro entre los demás, se te saltan por un momento las lágrimas. Jamás habrías imaginado algo así.

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Por la tarde es la lectura. Sientes, mientras lees algunos fragmentos, que te gusta lo que hay escrito. Te emocionas con algunos pasajes. Es la primera vez que te pasa. La primera vez que crees que ahí hay cosas que quizá merezcan la pena. La primera vez que adviertes que las historias ya no te pertenecen y han tomado cierta vida. Lo percibes cuando te preguntan por Omar, por Montes, por Helena, por Marcos, por lo que ocurre en el libro. Sólo en ese momento te das cuenta de que escribir es crear mundos que a veces habitan lo real.

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MARTES 2 / Dusseldorf

Viajas con M. a Dusseldorf. Tardáis cuatro horas y media y habláis de literatura, de arte y de vida. Antes de la presentación tomáis unas cervezas en la plaza del mercado. Parece Murcia, repleta de gente en la calle a la hora del aperitivo.

La presentación también funciona bien. Firmas algunos libros sin saber muy bien en qué idioma hacerlo. R. os lleva a comer a un restaurante japonés y os dice que allí son tan típicos como los alemanes –no en vano, en la ciudad reside la mayor colonia de japoneses de Europa–. Despides a M. en el tranvía, le vuelves a dar las gracias por todo y le reiteras que para ti todo esto sigue siendo un sueño. Al llegar al hotel, entras un poco en Internet y compartes tu felicidad. Te duermes con la sensación de que esta experiencia es más de lo que mereces.

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MIÉRCOLES 3 / Vagar

Hoy es tu primer día libre. Te lo tomas con calma. Visitas museos sin ningún tipo de prisa, como si tuvieras todo el tiempo del mundo. En el K20 tienes una especie de reencuentro con el arte contemporáneo. Te emocionas delante de un cuadro de Pollock y te quedas casi una hora en la sala del expresionismo abstracto. Después, en el K21 también disfrutas de las obras y te sientas a experimentar Art must Be Beautiful de Marina Abramovic sin pensar en nada más.

Comes en una terraza. Llevas contigo un libro pero, de nuevo, no lo lees. Simplemente piensas, divagas, miras a la gente pasar. Repasas una y otra vez estos días. Quieres apresar todos los detalles, guardarlos en la memoria, retenerlos para poder evocarlos en el futuro, para ser consciente entonces de que un hubo un tiempo en el pasado en el que fuiste feliz.

Por la noche cenas con unos españoles. Te cuentan cosas sobre Dusseldorf y sobre los alemanes. Desmontan mitos. Aprendes. Te llevan al bar más antiguo de la ciudad y te hacen tomar un chupito picante que se clava en la garganta. Después, te quedas sólo y tienes que beberte varias cervezas para que se te vaya pasando el escozor. Paseas solitario por la ciudad con la cerveza en la mano, con extrañeza y familiaridad, como si lo que ves estuviera cerca y lejos al mismo tiempo, como si ese paseo fuera una rutina más de tu vida pero sabiendo, sin embargo, que va a ser muy difícil que lo vuelvas a repetir.

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JUEVES 4 / Regresar

Llegas al aeropuerto temprano. El viaje es cómodo. Logras salida de emergencia en los dos aviones. Lees un poco de La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa. Te das cuenta de que es lo primer que consigues leer estos días. Tu cabeza vuelve momentáneamente a la normalidad.

De camino a casa, en el coche desde Alicante, sientes que poco a poco vas entrando en la realidad. Mañana se acaba el sueño y comienza la rutina. Mails, lecturas, textos, papeles. Lo necesitas también. La vida es eso. Te conformas pensando que los sueños hacen que todo lo demás se vuelva más dulce.

R. te espera y te enseña un fotograma de La gata sobre el tejado de zinc. No hacen falta las palabras. Después, habláis hasta más de medianoche. Hay tanto que contar y tantas cosas sobre las que meditar. Cierras los ojos tranquilo, feliz, reposado, con una conciencia de fin y de principio, con un sentido de “tiempo por venir” que se adueña ya tu presente.

Justo en ese momento, te acuerdas de que hace un año que comenzaste este “Presente continuo”. También estabas de viaje, en un congreso en Finlandia, y desde entonces esta escritura te ha acompañado todas las semanas. A veces te resta algo tiempo, es cierto, pero ya te has acostumbrado y se ha convertido en una especie de rutina de la que no puedes escapar. Ha modificado incluso tu visión del mundo, tu manera de experimentar las cosas. Ahora lo analizas todo, lo miras con cierta distancia pensando en escribirlo y dejar constancia de este presente. Sabes que cuando eches un vistazo hacia atrás encontrarás aquí la memoria de un año. El año que viviste continuamente. Un año del podrás reconstruir cada uno de sus días. No sabes cuánto más vas a poder seguir grabándolo todo. Quizá unos pocos meses, no más. Todas las vidas acaban por aburrir.

 

Semana del 22 al 28 de agosto

VIERNES 22 / Espacios innombrados

Terminas temprano el “Presente continuo” de la semana y te pones directamente con la novela. Necesitas como sea acabar la revisión del capítulo que tienes atragantado. Le has dado todas las vueltas posibles y por fin hoy consigues sacarlo adelante. Cuando lo concluyes te sientes liberado, como si hubieras coronado una cima que se te resistía. Respiras un momento y tomas aire para continuar. El camino es largo y todavía te queda bastante tramo por recorrer. Y siempre, en todo momento, tienes en la cabeza el final, la última escena, la última frase incluso. La has escrito ya, sabes cómo acaba todo. Aunque hay un momento de vacío hacia final, un pequeño giro que aún no has pensado cómo solucionar. Ese espacio en blanco que media entre el lugar en el que estás ahora y el lugar al que quieres llegar es el que te guía, el que da fuerza para seguir, como si en el fondo escribieras para saber qué es lo que ocurre, cómo se soluciona todo. Escribir para descubrir, para conocer por qué la historia acaba en ese lugar que ya has escrito, por qué así y no de otro modo.

Por la tarde vas al gimnasio. Cada vez te sientes mejor. Aún miras tu cuerpo en el espejo y no acabas de reconocerlo del todo, aunque la mirada se ha acostumbrado antes de lo que imaginabas. Mucho antes que el tacto.

Por la noche ves la Supercopa en casa de L. Pierde el Madrid, pero no te afecta demasiado. Tienes la cabeza en otro lado. Por alguna razón estás eufórico. Es posible que sea el gimnasio, o que has superado el escollo de la novela, o quizá sea simplemente que comienzas a reconocerte, que regresas, que has vuelto a la normalidad.

Tras el partido, salís a dar una vuelta y os encontráis a M. y E. Percibes algo particular en el ambiente en Murcia, en los bares, en el alcohol, en la gente. Una alegría compartida, una sensación de fin y, a la vez, de regreso, de conmemoración de algo que no se sabe muy bien qué es.

La noche se alarga y te quedas con E. Cuando ya ha cerrado todo, os dejan entrar en un bar después de tocar varias veces a la puerta e inventar una excusa para convencer al portero. La conversación fluye. Libros, amistad, más que amistad, imágenes verdaderas e instantes de peligro. Bebéis y sin embargo la ebriedad es extraña, llega como a ralentí, a destiempo. Al menos a ti. Porque todo es distinto esta noche. Paradójico. Es como estar desdoblado y sin embargo presente. Y se todo se transforma en puro existir, mero estar, para nombrar vacíos que aún no habían recibido nombre, para habitar lugares que habían permanecido ocultos, espacios para detenerse, frenar el tiempo y convertir el presente continuo en elipsis, en imagen verdadera que no cesa de reverberar.

 

SÁBADO 23 / Cuerpo expandido

La resaca es monumental. Y sin embargo es mucho menor de lo que habías imaginado. Todo el día dormitas y divagas. Sigues ahí, en el mismo lugar. Por un lado está tu cuerpo y, por otro, tu mente, que intenta poner las cosas en orden sin demasiado éxito.

Poco a poco, a lo largo del día vas recuperando la normalidad. Y la normalidad entra a través de la novela. Comienzas a revisar el siguiente capítulo y te reencuentras en la escritura.

Por la tarde empiezas a leer Tocarnos la cara, de Belén Gopegui. Te interesa la idea de crear un espejo humano. Te recuerda por momentos a  La habitación oscura y a las novelas de Isaac Rosa. Sientes que ambos comparten un universo común, un interés por las emociones localizadas en lo social.

Extant sigue siendo tu serie favorita en estos momentos. Te gustan los dos nuevos capítulos. Por la noche, sueñas con extraterrestres y fines del mundo. Te despiertas sobresaltado y te vuelves a dormir. Y entonces sueñas que vuelas y puedes ver la tierra desde las alturas. Pero en el sueño no tienes cuerpo; no hay un lugar concreto en el que estés situado. Eres el viento, la atmósfera, las nubes, como si te hubieras convertido en pura consciencia, como si la materia se hubiera expandido y ya no hubiera dentro ni fuera, interior ni exterior, sólo un continuo infinito más allá de cualquier límite. Cuando despiertes lo recordarás todo. Y cuando lo escribas lo volverás a experimentar.

 

DOMINGO 24 / Historias de verdad

Escribes toda la mañana hasta la tarde. Es el cumpleaños de tu sobrino y lo celebráis en familia. Seis años ya. Apenas hace nada y, sin embargo, recuerdas aquel momento como perteneciente a un tiempo muy lejano. Han cambiado tantas cosas desde entonces… Algunas quizá regresen –ojalá– algún día; otras se han ido para siempre.

Después del cumpleaños, visitas a J. Está enferma y siempre te dice que no la llamas, que no vas a verla, que la tienes abandonada. Ella es como tu madre. Y tú siempre buscas excusas. Siempre hay tiempo para los demás, dice, para los libros, para el fútbol, pero no para ella. Y es verdad. En parte es verdad.

Te sientas en el patio junto a ella. Estás allí un rato. Le dices que la semana que viene te vas a Alemania. Y ella, como siempre que viajas a algún lado, no lo entiende. Que vengan a verte aquí, dice. ¿Es que no puedes dar la conferencia por teléfono?, pregunta. Te hace gracia su visión de las cosas. Pero quizá haya algo de razón en su ingenuidad. A veces hay que viajar, le dices. Hay que ir a los lugares. Estar allí es necesario, le explicas. Y le preguntas entonces por su gran viaje, cuando era joven. Tres años estuvo en Alemania, volviéndose los veranos. En tren. La primera vez que salía del pueblo, sin hablar ni una palabra de otra cosa que no fuera español, sin conocer ni siquiera el nombre del lugar al que iba, «sin saber nada de la vida, hijico».

Todavía relata el viaje como algo mítico. Y mientras lo cuenta con sus palabras, con sus propias metáforas, con sus giros, con sus elipsis, piensas que ahí también hay una historia. Una historia más potente que todas las que tú puedas contar, porque está llena de vida, porque es real. Porque es una historia verdadera. Y piensas entonces que todo el mundo tiene historias que contar, que no somos otra cosa que los relatos que nos damos, que la vida es pura narración, que la verdadera novela está siempre más cerca de lo que creemos.

 

LUNES 25 / Proyectos

Comienzas hoy el proyecto para solicitar una estancia en la universidad de Cornell para el año que viene. Un año académico. Si todo sale bien será un gran cambio en tu vida. Aún no lo tienes claro y, sin embargo, estás dispuesto a hacerlo, aunque al final no se dé la coyuntura para poder irte. Tienes que presentar un proyecto de investigación y el programa de una asignatura para un semestre. Pasas la mañana esbozando posibilidades e intentando concretar el tema. Sólo hay una cosa clara: tiene que girar en torno al tiempo. No se podría ajustar más a tus intereses.

Llega un regalo anónimo de Amazon. Un reloj de cocina. Te desconcierta. Piensas en que pueda ser una obra de arte. Y recuerdas las obras de On Kawara o las de Valcárcel Medina, la idea del arte como regalo, la idea de la vida como regalo. Sigue siendo extraño dar sin pedir nada a cambio. El don sigue siendo subversivo. Ofrecer, darse, entregarse. Te hace pensar. Te hace entregarte.

Las redes siguen llenas de gente tirándose cubos de agua en la cabeza. «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha», o algo así. Qué lejos estamos de eso. La solidaridad y la publicidad son ahora  la misma cosa.

 

MARTES 26 / Distracción

Al gimnasio, temprano. Se te va la mañana en gestiones y compras. Por la tarde intentas escribir pero no te concentras demasiado. Tenías la cabeza en modo novela y ponerte ahora en «modo académico» te está costando demasiado. Mientras escribes el proyecto, notas que no funciona, que no avanza, que no hay manera. Demasiadas cosas por venir.

Por la noche ves el nuevo capítulo de The Leftovers y te reconcilias con la serie. Sólo al final ha conseguido remontar y tener sentido.

 

MIÉRCOLES 27 / Magia

Por la mañana, continúas con proyecto. Encuentras, al fin, la solución. Después de dar varias vueltas, optas por el camino más fácil: continuar con tu investigación sobre las prácticas de historia en el arte contemporáneo e intentar ampliarla hacia algunas cuestiones que te han interesado estos años y que están cerca de esa línea, la obsolescencia y el anacronismo. Así que eso es lo que planteas: anacronismos del arte contemporáneo. Comienzas a redactarlo. Te cuesta encontrar el lenguaje preciso y la estructura justa, pero consigues dejarlo trazado.

A mediodía te encuentras la sorpresa. Un ejemplar de Fluchtversuch, la traducción alemana de Intento de escapada, ha llegado por correo. Cuando abres el paquete y tomas el libro en tus manos sientes algo que no sabes realmente cómo expresar. Es tan especial, tan inimaginable, tan cercano a estar soñando, que paradójicamente lo experimentas con distancia, con frialdad, como si no fuera contigo, como si lo vieses desde fuera y te hubieses ido lejos para observarlo desde el otro lado. Luego, poco a poco, vas cayendo a la realidad y empiezas a ser consciente de lo que significa. Una especie de embriaguez extraña se apodera de ti y comienzas a estar de nuevo ahí, dentro del cuerpo, sintiendo la hechizo del instante. Hay algo de magia en todo esto, piensas. En esta vida, en estos momentos. Y en los que siguen. En que sean posibles, en que puedan ser experimentados, en que tengas el privilegio de vivirlos, de compartirlos, de habitarlos. Quisieras retener esta dicha para siempre. Algo permanecerá, sin duda. Algo tiene que quedar de este presente.

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JUEVES 28 / Preparación

Terminas el proyecto de investigación y el programa del curso y lo envías para traducir. El resto del día lo dedicas a planificar el viaje a Alemania: planchar camisas y pantalones, decidir qué meter en la maleta, ver dónde están los hoteles en los que te vas a alojar, apuntar cómo ir del aeropuerto a la ciudad, saber cuántas horas libres vas a tener para ver algo, cuándo y dónde son las presentaciones y las entrevistas, cómo vas a plantear las lecturas o qué libros vas a llevar contigo. Acabas, como siempre, a última hora. Ves un episodio de Extant, te tomas dos pastillas de Serenia y te vas a la cama. Te acurrucas junto a R. Mañana vuelve a ejercer de Penélope. Y tú vuelves a viajar solo, una vez más. Estás nervioso. Ilusionado y lleno de ganas, sí, pero muy nervioso. En el fondo sientes que todo esto te supera.