La acústica de los iglús

Almudena Sánchez (1), Caballo de Troya, 2016

IglúsLos diez relatos con que Almudena Sánchez se estrena en el cuento constituyen un atractivo primer libro, donde el lenguaje despliega, como muestra su propio título, resonancias líricas.

A lo largo de sus páginas vamos a encontrarnos con situaciones y temas originales, con personajes extraños, con referencias kafkianas (El artista del hambre) o beckerianas (Murphy), que Sánchez inserta en atmósferas melancólicas y, a pesar de la tristeza que impregna la mayoría de sus relatos, dulces y cálidas al mismo tiempo.

El descubrimiento de la vida de unos protagonistas, adolescentes o en la primera juventud, se expone a través de situaciones que a veces rozan el absurdo, singulares, como si la autora hubiese adoptado una perspectiva cósmica e integradora, que conecta a través de un personalísimo hilo conductor los microorganismos y los objetos más variados con el océano y con el universo todo, y donde el catalejo de Sánchez (como el de uno de sus personajes), situada en alguno de esos planetas que merodean por este libro, se dedicase a seguir ese hilo mostrándonos escenas que transcurren en un mundo propio, ni real ni irreal, donde el comportamiento, los pensamientos y emociones de sus protagonistas, se nos transmiten con observaciones desbordantes de una candor podríamos decir que universal, pues los lectores podemos reconocernos en esa mirada joven y “original” –en el sentido de origen, de principio, de inicial enfrentamiento con el mundo–.

Atmósferas extrañamente íntimas y universales, que incluyen rápidamente al lector mediante una especie de ternura amarga, de decepción infinita, de pérdida y de melancolía.

… las imágenes de mis lágrimas se confunden con las del espacio. Como si la Tierra fuera mi ojo. Como si la Vía Láctea fuera mi córnea (pag. 153).

La autora despliega así un mundo poblado de seres que buscan lo maravilloso (un eclipse, un viaje relámpago en teleférico en el que el tiempo se apresura y se detiene); empeñados en tareas sisíficas, como la de un ciego que nada ininterrumpidamente en la piscina del Hotel Minerva, observado por una niña que es testigo, también, del divorcio de sus padres; seres expulsados a la periferia de la tierra, como la joven parada y posterior astronauta que no puede olvidar un desamor; personajes en constante movimiento, como la madre que huye con sus hijos de las arenas movedizas que engulleron a su marido.

Aunque en algunos párrafos encontramos reiteraciones e imprecisiones que, de ser intencionadas, no alcanzan el nivel general de la prosa de Almudena Sánchez, contiene sobre todo este libro imágenes inesperadas, sinestésicas, que lo enriquecen, y convierten esos descuidos en anecdóticos.

Así es el verano. Es como si el sol estuviera desnudo y estallara en mil gritos amarillos (pag. 148).

Observaciones curiosas que son metáforas de otra cosa, como:

Es todo un misterio lo del boomerang. En otros tiempos, se utilizaba como arma arrojadiza para cazar animales pequeños y ahora se ha rebajado a la categoría de juguete. Esas cosas pasan. Los objetos también pierden su estatus (pag. 74)

O también:

Es una forma –la rigurosidad musical – de ir quitando horas a la infancia, de trasladarlas a la etapa adulta. (pag.75).

He disfrutado más de los primeros seis relatos que del resto. Quizás mis favoritos sean El frío a través de los engranajes, Apuntes desde la bóveda celeste, El nadador del Hotel Minerva y El arte incrustado, aunque me ha interesado seguir la evolución del conjunto, y dejarme llevar por la voz de una autora que ha logrado mantener desde principio a fin mi interés.

1 Almudena Sánchez presentará su libro en Murcia, en Librería Educania, el 25 de noviembre, viernes, a las 19,30h.

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