Traduttore/traditore: la traducción de Lolita en España hasta 2003.

LolitaUna no pudo imaginar nunca que el traductor de una famosa novela escrita originalmente en inglés confundiese a un chico con una chica, es decir, boy con girl. La diferencia en inglés es tan enorme que ni siquiera un error ortográfico podría explicarla.

Y sin embargo sucedió.

¿Se trata de un acto voluntario, de una reescritura intencionada del tradutore/traditore? No lo sabemos.

Sucedió aquí mismo, en España, pues el traductor de Lolita, la novela escrita originalmente en inglés por Vladimir Nabokov, Enrique Tejedor (seudónimo del escritor, editor y traductor argentino, asesor literario de la editorial Sudamericana, Enrique Pezzoni (1.926-1989) confundió o quiso confundir girl con boy, y atribuyó el sexo masculino a la que era, en realidad, la hija de Lolita, que murió junto a su madre durante el parto, como figura ahora en las traducciones posteriores (Galaxia Gutenberg y Anagrama) de otros.
De esa forma, Lolita dio a luz un hijo y no una hija para los lectores que leímos la novela durante los años 1980 hasta el año 2003, pues las sucesivas ediciones de la obra –la primera en Editorial Sur (Argentina, 1959), luego en Grijalbo (1980), Seix Barral (1983), Anagrama (1986), El Mundo (1999)–, por citar las ediciones que conozco, fueron todas ellas contratadas con el mismo traductor o sus herederos, repitiendo así para miles de lectores de habla hispana que no la leímos en inglés, una historia que no era la que el escritor ruso quiso escribir.
Seguramente, las cosas hubieran seguido así sin advertirlo, pero en diciembre de 2001, la revista Letras Libres, en un artículo firmado por Ernesto Hernández Busto, llamado Lolita censurada, lanzó la voz de alarma sobre la falta de rigor de la traducción de Enrique Tejedor. En el artículo, Hernández Busto hacía alusión a una serie de omisiones deliberadas del traductor cuyo común denominador atribuye más a la censura de alguna connotación sutilmente obscena (en Nabokov todo es sutil y sofisticado), que a otra cosa, pero ni aún allí se advirtió en ese artículo el cambio de sexo del niño/a muerto, una cuestión casi anecdótica si no estuviésemos hablando de alta literatura, puesto que se trata de una sola frase en el original:

“ Mrs. “Richard F. Schiller” died in childbed, giving birth to a stillborn girl”

Cada nocheSiempre que leí la novela, pues, tuve entre mis manos ejemplares traducidos por Enrique Tejedor. No leo inglés e, insisto, nunca hubiera podido imaginar un error tan largamente inadvertido.
Al escribir mi novela Cada noche, cada noche (Siruela, 2016), cuya protagonista, Dolores Schiller, es hija de Lolita, comienzo diciendo que Humbert Humbert mintió, que Lolita tuvo una hija y no un hijo, y que esa hija es el personaje central de mi historia.

La idea de que Lolita tuvo una hija y no un hijo, contradiciendo la traducción al español de la novela, se me apareció como un imperativo cuyos orígenes creo poder reproducir aquí.

En distintos pasajes de la novela de Nabokov, Humbert Humbert confiesa que desearía que algún día Lolita diera a luz una niña para seguir disfrutando de ella cuando su madre se haga adulta. Una maldad tan enorme que quedó grabada en mí, obligándome a darle voz a esa hija.

Y fue a partir de ahí, a pesar de que para mí, la joven Dolores Haze tuvo un hijo – tal y como había querido Enrique Tejedor que lo tuviera –, donde comencé a inspirarme para diseñar a mi protagonista, Dolores Schiller.

De esta forma, en mi novela rectifico el error de la traducción, pero a partir de ese mismo error.

Así fue como lo expuse:

“Empezaré por el principio. Mi madre se llamaba Dolores Haze, pero ustedes, de conocerla, seguro que la conocerán por Lolita. Aunque nací mujer, soy el hijo que Lolita tuvo en la novela homónima, el niño que supuestamente murió en el parto, como sí que lo hizo ella al darme a luz. Pero en esto, ya lo ven, como en tantas otras cosas, el tío Humbert mentía. Dolores Haze tuvo a su hija a los diecisiete años, en la Navidad de 1952, pero no nació muerta ni fue varón.”

Me hubiese gustado saber desde el principio que la hija de Dolores Haze fue siempre una niña para, sencillamente, resucitarla en el personaje de mi protagonista, pero no pude hacerlo. Creí que fue un niño como, durante veintitrés largos años, así lo creímos los lectores de las traducciones españolas.

Mi novela se publicó, pues, con ese comienzo, y fue un lector amigo muy atento, Antonio Galiano, que manejaba la edición inglesa y otra de Galaxia Gutemberg, con un traductor distinto, quien me advirtió de una confusión que me atormentará el resto de mis días. Le pedí urgente, incrédula, la foto de la página de la edición inglesa, y allí estaba, clarito como el agua, ese “girl” que Enrique Tejedor convirtió en “niño” en español.

Un ejemplo más de que la intuición literaria corrige lo que la realidad se empeña en distorsionar.

Por suerte, “Cada noche, cada noche” ha tenido una segunda edición donde he podido corregir esa innecesaria transmutación del género del hijo muerto de Lolita:

“Empezaré por el principio. Mi madre se llamaba Dolores Haze, pero ustedes, de conocerla, seguro que la conocerán por Lolita. Soy la hija que Lolita tuvo en la novela homónima, la niña que supuestamente murió en el parto, como sí lo hizo ella al darme a luz. Pero en eso, ya lo ven, como en tantas otras cosas, el tío Humbert mentía”

Espero que mis lectores sepan perdonar mi confianza en la traducción de Tejedor. La lección la he aprendido. Las cosas, ahora, vuelven a estar en su sitio.

Puede participar escribiendo su comentario a esta entrada o bien conectar con RSS y seguir cómodamente las futuras entradas de este Blog.

Comentarios

Aún no se ha comentado esta entrada. Sea el primero en hacerlo!

Escribir Comentario

(required)

(required)