La condición animal

Valeria Correa Fiz, Páginas de Espuma, 2016

VAleria CorreaNunca me había sentido tan satisfecha con la lectura de un primer libro de relatos como con este de Valeria Correa Fiz, donde forma y contenido se dan la mano en una inusual demostración de talento.

La autora ha dividido su entrega en cuatro partes: Tierra, Aire, Fuego y Agua, compuestas de tres relatos cada una, de distinta extensión y temática. Todos nos sorprenderán por su originalidad y por su fuerza.

Aunque me han gustado más los relatos de mayor extensión, en todos ellos se evidencia la maestría a la hora de narrar, de elegir las elipsis, de conducir la narración con firmeza, contando lo importante, lo necesario para que la historia se perfile en la mente del lector con toda su grandeza.

Valeria Correa ha elegido episodios llenos de intensidad, personajes singulares, ambientes claustrofóbicos y amenazantes, creando una tensión que crece y se expande, y te mantiene atenta al menor detalle, alerta, deseosa de llegar a un final que no defrauda nunca.

Las historias se articulan con eficacia en Una casa en las afueras, el relato que abre el volumen; al terminarlo, el lector no puede dejar de pensar: es el primero, ha dado mucho, a ver si mantiene el listón en los demás, y la sorpresa llega cuando la intensidad que nos regala no cesa hasta el último.

Hay un misterio oculto en el corazón de cada uno de estos relatos, un misterio que no se deja descifrar. ¿Qué le ha pasado a Esteban en las manos?, nos preguntamos en Nostalgia de la morgue; ¿de dónde procede esa plaga de ranas?, o mejor: ¿se trata realmente de una plaga de anuros o también es una metáfora de lo viscoso, lo informe, la invasión de unas criaturas que hacen casi imposible la vida?, seguimos preguntándonos en Criaturas:

Hacía meses que tu país se había poblado de ranas y otras criaturas con piel de anfibio (pag. 143).

Y una vez más, ¿se trata del mismo país asesino que en Leviatán?
El país era ancho, el país era largo, el país era alto en la frontera con Chile (pag. 135).

Misterios cuya solución, finalmente, no importa demasiado, porque lo que sí importa, y mucho, es el modo de plantearlos, el desarrollo de la acción narrativa, los hallazgos poéticos con que nos sorprende la prosa de Valeria Correa Fiz a cada paso.

En el relato Las invasiones, por ejemplo, el hallazgo es tan inesperado que el lector tiene que cerrar los ojos e imaginar la escena, las escenas, para, después, agradecer a la autora que haya tenido esa intuición, esa genial solución que no se olvida.

Hay poesía en esta escritura, una poesía que no solo se expresa en la prosa misma, sino en el modo de seleccionar las anécdotas, de crear las atmósferas y, sobre todo, en los sentimientos que se nos muestran, en el carácter de los muchos personajes que desfilan por estas páginas, en la ternura, en una visión de la literatura que incluye distintos recursos, lo fantástico (Las invasiones, Leviatán) o el realismo descarnado (Perros, Deriva), en un todo armónico y eficaz.

En Nostalgia de la morgue, la morosidad de la acción está medida al milímetro para contarnos sobre la soledad, la enfermedad, la reclusión hospitalaria, el desprecio de un padre por un hijo, pero también, la generosidad y el amor, la vida que se abre paso en cualquier circunstancia, el don, la necesidad que tenemos los unos de los otros, la vulnerabilidad y la fortaleza.

Pocas veces he sentido recomendando un libro que nada de lo que yo dijera o escribiera podría dar cuenta de su calidad, que se desborda por fuera de las palabras; pocas como en este caso. Leer este conjunto de relatos es abrirse a un universo distinto, lleno de observaciones y de sabiduría narrativa, una sabiduría inesperada en una autora que nos ofrece su primer conjunto de relatos, cuyas nuevas producciones esperamos ya con interés.

Mi enhorabuena más sincera a Valeria Correa Fiz.

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