Parece que cicatriza. (Miguel Sanfeliú, Talentura, 2014)

Parece-que-cicatriza

Esta novela de Miguel Sanfeliú narra la vida de Roberto Ponce, desde el momento que decide ser escritor hasta su edad madura.

Aunque la primera parte me parece más vacilante, en ella se vislumbran ya los hilos que se desarrollarán en la segunda, que se alza con una voz cada vez más sólida. La novela aborda los sueños irrealizables, las ilusiones, la vida que desearíamos vivir y que, demasiado a menudo, no puede ser vivida.

El mod

o en el que Sanfeliú plantea esta historia es sencillo, en el mejor sentido de la palabra, esto es, con episodios muy bien elegidos que avanzan linealmente en el tiem

po y nos hablan de los protagonistas desde una cercanía cómplice, con una enorme “humanidad”; acariciando la vida, que representa y amplía Sanfeliú con eficacia narrativa, sin alardes, a través de unos personajes tan de carne y hueso que nos resultan cercanos; antihéroes en los que todos podemos reconocernos y reconocer a otros.

Roberto Ponce vive una vida apagada, pero sueña con ser escritor, y asistimos a sus intentos de llevar adelante diferentes novelas, que no avanzan según desearía. Su día a día transcurre más en la ficción que en la realidad, ofreciendo a su familia una cotidianidad plana, subordinada a su retiro de escritor que no encuentra su voz para contar.

Cuando era joven soñaba que la literatura sería como un transatlántico de lujo, pero ahora resulta que no es más que un simple salvavidas. Escribe para limpiar la conciencia, escribe porque lo necesita, para no saltar desde la terraza del edificio. A eso se reduce todo, escribir para sobrevivir (pag. 112)

La pregunta sobre las ilusiones, el talento para llevarlas adelante, el precio que hay que pagar por mantener los ideales o abandonarlos en pro de un éxito fácil que pervierte la inicial vocación, están presente en esta novela en la peripecia vital de algunos de sus personajes, cuyo destino es peor que el del protagonista. Cuidado con las pasiones, con las vocaciones y las entregas totales, parece decirnos Roberto Ponce, si bien es el lector el único que puede juzgar o no cuál es, en última instancia, el destino o la elección apropiada. Pues, por otra parte, ¿estamos seguros de que se puede elegir cómo vivir un sueño?

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