No quise bailar con lo que tocaban

Pilar(Pilar Aguilar Carrasco, Almud ediciones, 2014)

Un furor sin resignación posible

Nos encontramos, según lo presenta la editorial, ante un libro de memorias de la crítica de cine y ensayista Pilar Aguilar Carrasco. Según la teoría literaria al uso, las memorias son un género autobiográfico que establece con el lector un pacto de verdad, no solo de verosimilitud, como sucede con la ficción. No son un diario, no dan cuenta de la vida íntima del/la protagonista-autor/a, sino de su vida más pública, digamos de lo que se puede compartir. En las Memorias, el autor y el protagonista coinciden en el nombre  y en los avatares de sus vidas. En el libro de Pilar, sin embargo, la protagonista se llama, la primera y única vez que es nombrada, Lolita. Estableciendo así un pacto distinto, híbrido, a caballo entre lo autobiográfico y la ficción. Un territorio de frontera, caracteriza que, como veremos, atraviesa de cabo a rabo la historia que nos cuenta. Las fronteras, es bien sabido, producen fenómenos sorprendentes, sujetos enriquecidos por el trasiego de culturas de un lado a otro, y la protagonista se caracteriza por ser una mujer de frontera.

El libro de Pilar Aguilar aporta, además, elementos generacionales, compartidos por algunos de quienes vivieron ese tiempo al que alude, junto a otros más íntimos, singulares, que atañen solo a la protagonista. Casi siempre que las mujeres reflexionan sobre su vida han privilegiado el habla secreta e individual por encima de lo colectivo, mientras que Pilar ha sabido unir los dos ámbitos y, partiendo de sí misma, ofrecernos un fresco de lo que afectaba a tantas otras, así como los elementos de reflexión para pensar el tránsito que supuso para varias generaciones de mujeres el abandono de la educación en el nacionalcatolicismo para ahondar en la construcción de una subjetividad reflexiva y emancipada. Que es como decir, el tránsito de objeto a sujeto. Otra vez, se instala en un territorio fronterizo.

Pilar nos ofrece el relato de iniciación, de aprendizaje de una niña nacida en los años cuarenta, en plena postguerra española, que consigue, a partir de unas cualidades bastante excepcionales entre las mujeres educadas en el catolicismo y el patriarcado más feroces, deshacerse de las normas sociales y convertirse en una luchadora antifranquista. Este libro es la historia en primera persona de su lucha en la clandestinidad, la represión en la cárcel, el exilio en París, hasta convertirse en una mujer de treinta años.

Antes de conocer personalmente a Pilar, había leído su espléndido “Mujer, amor y sexo en el cine español de los 90” (Fundamentos, 1998), y quedé impresionada por los descubrimientos que allí se me ofrecía, ya que el libro pone a disposición del lector los instrumentos para no volver a mirar nunca más una película con otros ojos que no sean los que aporta la perspectiva de género, investigando las huellas que deja el patriarcado en la filmografía contemporánea.

Si tuviera que destacar, de los muchos valores contienen estas memorias, uno solo, destacaría su sentido del humor, el indescriptible tono en el que está contado, que te lleva a la sonrisa en muchos momentos. Hay una distancia irónica respecto al pasado, revisitado por una mujer madura, que va dejando aquí y allí comentarios de “actualidad”, comparativos con aquel entonces, como  muestra este párrafo:

Así, centímetro a centímetro, color a color, poco a poco, de manera imparable, nos iba invadiendo la relajación moral de los tiempos modernos. Fue un proceso larvado que yo no sabría describir en todos sus vericuetos. Duró muchos años (como no teníamos Internet ni redes sociales no pudimos acelerarlo como en Túnez o Egipto) (pag. 98)

Una prosa, además, cercana a la oralidad, precisa, diría casi que “natural”, que no deja por ello de adentrarse en determinados pasajes en aspectos muy íntimos, sobre todo en la relación con la madre de la protagonista, que marca su trayectoria y su vida, si bien como un antimodelo.
Es como si la autora se hiciese reiteradas veces la pregunta, ¿cómo fue que me hice así? E intentase responderla dando cuerpo a esta narración.

¿Quién es esta niña a la que la autora le dedica más de la mitad del libro?
Hija de una madre convencional, analfabeta, que ha perdido a una preciosa hija de 4 años justo un año antes de nacer nuestra protagonista, la autora no duda en afirmar en varias ocasiones, más que como una justificación para constatar cómo fueron las relaciones con esta madre:

Si no me quería, pues no me quería. Querer a los hijos no es de obligado cumplimiento. Y menos cuando llegan contra tu voluntad.
Que mi madre no me quisiera es, desde luego, un dolor al que no me he resignado…
La ira mutua nos acompañó siempre.
(pag. 70).

Llevo mucho tiempo escribiendo sobre la hostilidad hacia las hijas de algunas madres y sus efectos. El relato que nos proporciona este libro abunda en esta agresividad y las marcas que produce.
A partir de esta relación, y en un pueblo dominado por los señoritos (las castas) y el cura, nuestra niña no puede identificarse con el modelo de mujer que se le proponía. Ni de mujer ni de adulto, porque a ella le asustaban todos, le asustaba mirarlos (pag. 53).

Sin embargo, las cosas no eran igual para uno y otro género, ni en la generación de sus padres, a la que observa con curiosidad, ni entre sus iguales. De ahí que se afirme lo siguiente:

Siendo niña no se podía ni siquiera soñar con el porvenir, porque las mujeres, en sí mismas, no teníamos ninguno.
… Sentía crecerme un enorme desdén que era la manifestación de mi orgullo herido. Un furor sin resignación posible (pag. 24).

Esta desigualdad la lleva a desear de mayor ser un hombre como, por otra parte, han deseado tantas mujeres educadas en las restricciones del patriarcado franquista. Pero ser un hombre, no por lo que Freud llamó “envidia de pene”, sino porque los hombres gozaban de más libertad, menos tiempo de luto, de mayores posibilidades para estudiar y para andar a sus anchas.
Pero nuestra niña no se resignó a la suerte que le esperaba. Se opuso con un furor sin resignación posible.

¿Dé dónde sale la fuerza de esta criatura?
Ella nos facilita la respuesta: de un padre que la quería, de unas ausencias que eran casi un síntoma del deseo de esa niña de huir de ese lugar claustrofóbico, en el que solo su curiosidad y su disfrute de la naturaleza (correr) le compensaba. Ausencias para cuyo tratamiento hubo de marcharse primero a Madrid y luego a París, donde cambiaría su destino. Y, por último, la fuerza surge también de un carácter indomable.
Quizás su rechazo a la autoridad que dominaba su pueblo de una forma que ella sentía como arbitraria, se mostró en su rechazo a la lectura. Todo un NO a incorporar lo dado. Lolita aprendió a leer a los 9 años, de repente… y en Madrid.  Lejos de la represión, allí donde las cosas parecían ser de otra manera. El cine también estuvo presente en sus primeros años,  mostrándole a la niña inconformista que había otros mundos y, también, como arma de resistencia contra la voluntad represiva del cura Don Vicente, temido por todos.
Como dijo Amelia Valcárcel:
El feminismo es el hijo no querido de la Ilustración, porque trajo a las mujeres la lectura y la escritura, y la posibilidad de individualizarse.

El encuentro con la lectura le desvela a esa niña inteligente un mundo lleno de posibilidades que, posteriormente, su estancia en París ampliará si cabe aún más.

Una mujer de frontera, decimos, a caballo también entre dos culturas, la rural y la urbana, la española y la francesa, la revolucionaria y la puramente franquista de sus orígenes.
Será en Francia donde aquella niña encontrará la primera mujer libre que pueda servirle de modelo, en la madre de la familia que la acoge. Y allí se producirá también, como parte de su metamorfosis, el cambio físico de su pubertad: de la niña delgaducha a la joven atractiva que fue. La promesa del conocimiento permite a la adolescente acceder a una identidad marcadamente independiente, que la caracterizará en adelante.

Las memorias de Pilar son también la crónica de una época, el relato necesario para no olvidar aquellos tiempos oscuros, en los que se formó la generación que luego trajo la esperanza. De hecho, Pilar las llama, ya al final, “mi crónica”. Y como tal puede leerse, porque lo particular es aquí universal, y los lectores podemos reconocer escenarios, motivos, historias comunes, más allá de lo específico.
Pero sigamos con su periplo.
De chiquilla inquieta a adolescente taciturna, desinteresada por su medio, encerrada en sus libros que llegará, por fin a la universidad. Donde ha depositado unas expectativas que se vieron rápidamente frustradas. Su ánimo era enérgico, atrevido, alegre, aventurero, se afirma, similar al pirata de Espronceda:

Que es mi barco mi tesoro,
    Que es mi dios la libertad,
    Mi ley, la fuerza y el viento,
    Mi única patria, la mar
Póngase mente en lugar de barco, póngase el saber y el pensamiento en lugar de fuerza y viento, póngase el conocimiento en lugar del mar… (pag. 166).

Sin embargo, se trataba de una universidad que exigía una presencia adecuadamente femenina,  obsoleta, a la que debía responder de algún modo, como también debía responder al mundo, inexplorado hasta entonces, de los hombres.
La decepción que le ocasiona  la universidad provocó la primera y única vez que nuestra protagonista piensa en el suicidio. Algo, por otra parte, nada excepcional en la adolescencia, máxime cuando se tiene como modelo una madre que, según nos cuenta con humor, era una suicida inminente, pues amenazaba con suicidarse sin cesar.
Mientras tanto, la virginidad resulta un problema que hay que resolver, y nuestra protagonista lo hizo “programáticamente”.

Me lancé descaradamente (al chico que había elegido para ese menester)  y le dije: “Que si te vienes a la playa este sábado”. Se quedó un poco confuso porque antes ni siquiera habíamos tonteado. Es que a mí no me interesaba tontear, la verdad. Me interesaba resolver “aquello”. (pag. 183).

Los movimientos estudiantiles antifranquistas ocupan un importante lugar en este libro, como lo ocuparon en la vida de Pilar.
Cuando llevaba tres años en la universidad, durante el curso 66/67, conoce a Manolo, un joven inteligente y comprometido del que se enamora. Militaba en el Partido del Trabajo, en la clandestinidad, organizando el aparato de propaganda, y su multicopista. La clandestinidad ocupa todo su tiempo, es exigente.
Los últimos capítulos los ocupa su detención, el matrimonio con Manolo (también en prisión), la cárcel, de la que tiene buen recuerdo porque leía, la salida de la misma, el exilio en Francia,  la terminación de la carrera, el retorno del exilio a los treinta años, la especialización en cine, la promiscuidad y, lo que me ha parecido, una promesa de contar lo que sigue hasta hoy, de la que no la eximirán sus lectores.
Quizás lo más interesante de este libro, en su proyección más universal, sea que nos permite hacer el viaje de vuelta, desde la joven a la niña, para encontrar, no las causas de la sumisión, sino las de la rebelión de las mujeres. Pues a pesar de todo el corsé patriarcal (político y religioso), algunas de nosotras pudimos romper con la identidad impuesta y hacernos con una propia. Como se narra en este libro.
La mirada retrospectiva, de la mujer madura hacia el pasado ha despojado quizás la narración de incertidumbres, temores, y otras vicisitudes que, a buen seguro, debieron perturbar el ánimo de la niña y la joven, para construir un relato cuyo eje central es la valentía, despojándolo de rencor y poblándolo de sentido del humor y de benevolencia.
Para concluir, diré que el tono de esta narración me recuerda en muchos sentidos al desenfado de la escritora inglesa Jeanette Winterson, en su autobiografía: ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? Frase que no se cansaba de repetirle su madre. La resignación impuesta a las mujeres, que las madres reproducen también como síntoma de su propia “resignación”, no conoce fronteras religiosas, ni geográficas ni culturales. Una resignación que intenta que bailemos al son que nos toca, y que la autora de estas estupendas páginas combatió con éxito con uñas y dientes.

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Comentarios

Gracias a Lola López Móndejar por traer a este blog, este libro, desde ahora, indispensable, a juzgar por la crítica rigurosa de Lola, en la que confío plenamente.
Es domingo y las librerías están cerradas. Pero, la magia digital, me permito encargarlo ya, para tener el placer de leerlo lo antes posible.

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