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Un protocolo municipal en precario

Alfonso Yagüe, miembro de la Asociación Española de Protocolo en la Región de Murcia

Hace ya casi cinco años, publicaba un artículo en el que me hacía eco de algunas de las conclusiones de la Asamblea General de la Asociación Española de Protocolo (AEP). En concreto, de la entonces preocupante situación de muchos profesionales de protocolo de la administración pública y el ataque continuado al que someten a estos departamentos en su conjunto.

Además de destacar el recorte que se había producido en los gastos destinados a la organización de actos, me centraba en la situación de los profesionales que trabajan en los departamentos de protocolo institucional. Se estaba produciendo el despido de profesionales, la amortización de plazas, o la contratación de servicios externos de protocolo.

Pues bien, cinco años después, la situación de estos profesionales no ha mejorado, sino todo lo contrario. Sin ir más lejos, se continúa produciendo la eliminación de los complementos que cubren parcialmente su especial dedicación.  Era previsible, porque a estos locos del protocolo no los defiende internamente casi nadie.  De poco sirve explicar que la cobertura informativa y protocolaria de los actos, la organización de eventos, y las diferentes funciones asignadas a los departamentos de comunicación o protocolo, “no entienden de horarios”. En la inmensa mayoría de los casos, se desarrollan por la tarde o por la noche; en el transcurso de un fin de semana, o en días festivos. Y en muchas ocasiones, no se pueden planificar con la suficiente antelación.

Y sin embargo, la presencia de estos profesionales resulta fundamental para conseguir un correcto desarrollo del evento previamente planificado, coordinando los diferentes profesionales que intervienen, atendiendo a los medios de comunicación, supervisando la correcta ubicación de autoridades e invitados. Si todo funciona en el acto, logramos articular una potente herramienta de comunicación, fundamental para la imagen de la administración municipal que lo organiza.

Juan Orozco, publicaba hoy un artículo bajo el título “Protocolo en términos de futuro” en el que recordaba la necesidad de crear dentro de las instituciones o empresas “una cultura protocolaria -de imagen pública creíble- que permita, a largo plazo, influenciar en los públicos objetivo de manera que el impulso que proporcionan los adeptos a la causa minimicen las voces de los rivales”. Sin olvidar, como bien señala Orozco que “la valoración que la sociedad tiene de un dirigente, de una institución o de un producto es tan importante que puede hacer perder un puesto importante, caer a un gobierno o arruinar una empresa”.

 Y naturalmente, nadie puede pensar que todo esto es fruto de la improvisación sino de un trabajo minucioso de profesionales preparados. El futuro del protocolo también pasa por reivindicar la importancia de contar con buenos profesionales en la organización de los actos, que permita cumplir los objetivos marcados.