Solo son platos…

Uno de los recuerdos más gratos de mi infancia y que siempre rememoro en estas fechas es ver y recordar como mi madre vestía la mesa en los días señalados de la Navidad, todos y cada uno de los detalles donde la vajilla y cristalería contaba como una de las principales protagonistas.
Todas las horas que se pasaba cocinando para ese día tenía su recompensa al ser servido en esa mesa, que solo con verla enaltecía el sabor del menú aunque ya se hubiese degustado en otras ocasiones.

Como es sabido experimentamos los alimentos de una manera multisensorial y no sólo se torna importante el material en el que los degustamos sino incluso el tamaño y color.
Por eso cuando en una de esas cenas se optó por poner el menaje de cartón, no tuve más remedio que expresar mi disconformidad con la idea aún estando a favor de cuidar el medio ambiente y ser una defensora del reciclaje.

El cartón por muy reciclado que sea no lo concibo sino es para fiestas tipo picnic o infantiles donde con la gran variedad de motivos existentes se puede dar un toque chic y temático a cualquier pequeña celebración que hará las delicias de los más pequeños.

 

Pero para estas fechas no lo veo adecuado por mucho que me hablen de los grandes beneficios de poner platos de cartón alegando la comodidad de recoger en cinco minutos cuando has ocupado toda una mañana en la elaboración de los productos presentados.

Tampoco me persuade cuando alegan que como se juntan muchas personas es más fácil poder tener servicios iguales para todos por poco dinero.
¿Dónde quedan las vajillas con historia?, las del ajuar de la abuela o esas que se han ido quedando huérfanas por el uso pero que nos permiten poner una mesa con servicios diferentes que nos den pie a un buen tema de conversación.

No sólo por deformación profesional sino como amante de la buena gastronomía, la que considero uno de los grandes placeres de la vida puedo asegurar que para que un evento gastronómico sea completo hay que tener en cuenta todos los detalles, es decir es imprescindible que se dé un confort ambiental que se traduce en una buena temperatura, un espacio suficiente para cada comensal, la iluminación idónea, la ausencia de ruidos y un olor ambiental agradable o mejor aún, neutro y en todo ello los elementos de la mesa de buena calidad y en perfecto estado hará las delicias de los invitados.

Por ello y que aunque me tilden de perfeccionista para mí !no solo son platos!

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