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Yo controlo

Yo controlo mi forma de bailar porque es total…..” relataba una vieja canción de moda en los años 90 (aunque quizás decía no controlo…) y acto seguido nos movíamos en la pista de la discoteca, pub, local o concierto que se preciara de la forma más endemoniada, estrambótica o histriónica posible.

A mayor desinhibición corporal mayor era la llamada de atención del personal, cuanto mayor se presentaba nuestro desparpajo de extremidades acompasadas mejor éramos reconocidos como miembros de la tribu de crápulas y noctámbulos de la movida……; y cuando más especial era nuestro descontrol escénico cuan mejor era nuestro icono modernillo y de estatus.  Resumiendo a un alto zigzagueo corporal ajustado al zumbido musical le correspondía más alto éxito grupal. Y  dicho disfrute  místico-musical es maravilloso si  es consecuencia del perfecto uso racional y emocional de nuestro ser, si no es producto de agentes extraños a nosotros.

Después llegaron épocas de altas horas de marcha o movida acompañadas de la música machacona o bakalaera unidas al alcohol; y eso trajo consigo que el reloj  alargara su presencia hasta alcanzar el “abierto hasta el amanecer” y superarlo con creces, pero siempre con la movida de fondo, la fiesta, la noche, el buen rollo, las fiestas rave, los macros, fiestas electrónicas, Chemsex, etc…

Siempre hemos elegido el grupo como comunidad de intereses, anhelos, ilusiones, ocio, divertimento y familia no congénita; hemos deseado ser miembros activos y considerados, elementos de pleno derecho y hemos adaptado y adoptado nuestro comportamiento al alma o señal característica del grupo. La propia supervivencia de relaciones sociales y la comunión de estilos, gustos o hobbys han sido la razón justificativa precisa para que ello sucediera.  Pero  unos jóvenes con menor fuerza de carácter o autoestima, han perdido parte de ellos mismos   y sufrido el impacto de la presión grupal  para poder ser admitidos y pertenecer a ese grupo de referencia.

En la presión del grupo radica la explicación al sometimiento de los adolescentes al emblema conductual del mismo; y cuando el líder o lideres derivan en consumo y abuso de drogas legales y no legales, acaban por absorber al jovencito o jovencita de turno que no sabe decir no a ciertas conductas que intuyen serán malas consejeras en el futuro. Y todo por no ser excluidos.

Cuando nuestro autoconcepto es débil, nuestra personalidad se resiente y precisamos cualquier aderezo o suplemento químico que nos dé lo que la naturaleza nos ha privado; sin caen en la cuenta que los valores humanos son tan diversos como sujeto habitamos este mundo.  No hacer frente a nuestras limitaciones o asumir nuestras carencias de forma natural y serena es estar sumido en la despersonalización o el teatro de marionetas que supone ingerir sustancias que nos aportan la simpatía, verborrea, imaginación, locuacidad, valentía con el otro sexo, emociones virtuales o deformaciones que en realidad no forman parte de nosotros.

Cuando despertamos de la burbuja nuestra conciencia nos descubre constantemente a la realidad y nos resulta difícil digerir la falta de personalidad que tenemos cuando no  disfrutamos de nuestro carácter o rasgos  personales y los enmascaramos en el fragor de la batalla nocturna y en aras de la modernidad exigida.

El consumo de sustancias de diseño (pastillas, rulas, pirulas, ketamina , GHB y éxtasis, demás derivados),opiáceos (heroína, krokodil metadona, naltrexona,..) estimulantes ( cocaína, anfetas, speed ,cristal, etc..) , alucinógenos (LSD, cannabis, flakka, spike,  hongos , etc.) y demás sustancias farmacológicas de uso no terapéutico ; todas ellas bañadas en alcohol y tabaco, consiguen que nuestro cuerpo (por nacimiento equilibrado) sufra las transformaciones químicas suficientes para que progresivamente se deteriore hasta que no tengamos soluciones a nuestro alcance y nos invadan las lesiones cerebrales, fisiológicas, psicológicas y por supuesto conductuales.

El siempre mencionado y excusante “YO CONTROLO”, se transforma en “yo descontrolo, necesito, preciso, no puedo abandonar y es superior a mis fuerzas”. El craving o deseo hace todo lo demás… El principal efecto de todas las sustancias adictivas es el mismo que las define: crear dependencia física y psíquica para conseguir con posterioridad conducir al sujeto al máximo desamparo que no es otro que tocar fondo como ser biológico, personal y social.

Si nuestro organismo dispone de una química exacta para la supervivencia ¿por qué modificar nuestras estructuras y circuitos neuronales y neurotransmisores?  ¿Puede ser una sustancia como la ketamina o el ghb (anestésico de animales o  el éxtasis líquido) algo inocuo o sin efectos para nuestro organismo?  ¿A quién se le pasa por alto que componentes de las drogas de diseño de añadidura como la estricnina, talco, yesos, fármacos de diferente índole mezcladas o cortadas con estimulantes o alucinógenos puede acarrear consecuencias positivas para nuestras neuronas?

Anular nuestro sistema nervioso es producto de este consumo, pero anular nuestra voluntad es el efecto más grave que nos puede acarrear; ES LA  MUERTE EN VIDA.

Hoy gracias a los medios de comunicación de masas disponemos de toda la información posible sobre los efectos de las sustancias denominadas drogas (legales o no) y no es de recibo ignorar las consecuencias evidentes y videntes que acarrean. No podemos cerrar nuestra vista y nuestra mente a nuestro entorno de ocio….¡ no consiste en no disfrutar del momento! Consiste en permitir que esos momentos seamos nosotros mismos, sin aditivos, y sepamos explotar lo mejor que poseemos sin buscar ropajes que no poseemos. Tristemente podemos perder la más autentica y explosiva de las emociones: SER FELIZ CON NUESTROS PROPIOS RECURSOS, y mejorar las carencias que presentamos.

Alejarse de la realidad, la despersonalización, la ilusión mental artificial, la elucubración química psicoactiva es sin más remedio la “defecación mental” inducida por la masa, la moda, la presión del grupo, la falta de autoconcepto suficiente y  la pérdida de la autoestima.  Si valoramos en algo nuestra naturaleza mental y biológica y lo que es más crucial, el ser un sujeto con identidad propio y no un simple borrego; debemos conservar y desarrollar nuestras capacidades y no anularlas con vestimentas de ficción.

Controlar es no verse desbordado por la realidad, es ser inteligente emocional y socialmente, es disponer de los recursos precisos ante nuestra existencia social. El “yo controlo y nada pasará pues lo dejo cuando quiero” puede ser el comienzo del mayor de los sucesos: perder la vida biológica, mental, familiar, judicial, penitenciaria, laboral y además nuestra dignidad.

MANUEL ILLERA  psicólogo-educador Social

Los nacionalismos y la maleta


El insigne literato Pío Baroja afirmó con seguridad que el problema del provincionalismo se subsana con un par de maletas, y no es otra cosa que afirmar con rotundidad que cuando dejamos de ser egocéntricos y no nos miramos siempre nuestros ombligos acabamos comprendiendo que los demás existen y sobre todo que los demás también tienen ombligo y necesidades.

Observando la ruleta cíclica e interminable que supone la civilización humana desde su origen podemos discernir diferentes épocas, edades o periodos históricos; pero siempre con un denominador común:  “Como nuestro pueblo ninguno”, “Como se vive en mi ciudad en ninguna”, “No existe región más bella que esta”, “Todo el que conoce este país no se va de él”, “Como nuestro territorio no hay parangón en el mundo”, “Nuestro pueblo tiene un ADN especial”, etc..

Nos hemos desfondado en guerras y batallas luchando por un trozo de tierra, que no es más que eso tierra inerte que permanece ahí sean quienes sean los moradores. Hemos destrozado una y mil veces obras de arquitectura, poblados, murallas, castillos o moradas de supuestos enemigos en causas o cruzadas banales.

 Se nos ha pasado el tiempo en intrigas, luchas, conspiraciones, golpes de Estado y terrorismo inhumano; en pro de luchas territoriales, rasgos culturales, mayorías naturales y banderas multicromaticas. Y todo por seguir expresando el grito más despreciables  del ser humano: “esto es mío y sólo mío”.
Las muchedumbres han caído en las redes del adoctrinamiento arcaico, rancio y bisoño a base de promesas de paraísos nacionales o étnicos que nunca han existido y que para desgracia de los sufridos luchadores nunca existirá; pues los paraísos son sinónimos de lugares idílicos, celestiales o cuasidivinos, mientras que los seres humanos tenemos rasgos terrenales y  nuestra esencia nos impide dejar de lado el egoísmo, la vanidad, la lucha por el poder y la defensa de un territorio hasta la extenuación.
Estos rasgos no son los preconizados precisamente por ningún dios se llame Alá, Yhavé, Buda o Dios Padre.

Me produce tremenda tristeza e impotencia analizar como los niños son succionados por la maquinaría pedagógica hasta lavar la materia gris y convertirla en un recipiente craneal que rezuma odio, venganza y desprecio a la bandera ajena, al territorio vecino y a las gentes que lo pueblan; sin más motivación que un despecho histórico de falacias panregionalistas.

Si echamos una mirada a nuestro planeta azul mezclado con rojo del sufrimiento humano, divisamos innumerables heridas y desgarros por todas partes. Los volcanes provincianos, étnicos o nacionales expulsan constantemente lava de dolor solidificada postreramente en mutilaciones irreversibles. No dejan de correr ríos de llanto amparados en pugnas cainitas. ¡Amaros los unos a los otros nos han enseñado!….hoy parece que nos hemos olvidado y lo hemos transformado en ¡Armaros los unos contra otros!

Proliferan por doquier grupos de liberación, frentes de insurgencia, pelotones para la revolución, ejércitos para la libertad y bloques para la salvación nacional; y bajo el eje similar del odio al otro, la lucha por la tierra y en pro y para el pueblo ¿ pero nadie preguntó al pueblo si desean las luchas, las armas, el dolor , las violaciones masivas, los atentados bombas, las artimañas mafiosas o los estados de sitio?

 Se atribuyen la esencia de su pueblo, ciudad o nación cuasi por designación divina. “Nosotros los defensores de la patria” “Nosotros  como  garantes de la pureza racial”.. y así repitiendo una y otra vez hasta la saciedad: nosotros, nosotros , nosotros y seguimos mirándonos el ombligo.

Cuando seamos capaces de transformar el nosotros por todos, el yo por el tu y el nuestro por del de todos, empezaremos a cambiar un mundo que tampoco es el único que posiblemente exista y menos el mejor de los posibles.
Si somos capaces de levantar nuestra mirada y cambiar la visión de nuestro ombligo por la barriga de los demás observaremos que poseen una barriga como nosotros, brazos como los nuestros, corazón como los demás y pensamiento similar al resto de los humanos de cualquier parte del planeta.

El mejor antídoto a la lucha fratricida por un trozo de tela pintada, a la descarnizada batalla por fronteras,  dioses o ADNs o a la infantil pugna por lenguas, idiomas, vocablos o dialectos es adquirir un par de maletas y asomarse por otras tierras, pueblos, etnias, idiomas o costumbres para empaparse de amor, tolerancia, aceptación de lo diferente, relativización de los vocablos, insignificancia de la etnia y por supuesto de inundarse de cooperación, solidaridad y fertilidad compartida.

Cuando somos capaces de justificar la muerte de un ser humano como herramienta para perseverar o anexionar un pedazo de tierra o costumbres , no percibimos lo esencial de la lógica y ética mental: la tierra seguirá ahí a pesar de nuestra insignificante permanencia en la vida, y las costumbres (aunque inherentes al pueblo) cambian.

Si retomamos nuestro viaje por otros pueblos comprenderemos que nada tiene mas importancia que ser ciudadano del mundo, de cualquier lugar, sin bandera que nos marque como el ganado; sin territorialidades opresoras, sin leyes exclusivistas, sin ciudadanos de segunda y con un único objetivo: que las maletas se vuelvan viejas de tantos lugares conocidos y sin pegatinas diferenciales; solamente cargadas de emociones, sensaciones, olores, paisajes, sueños y deseos de cada uno de los miles de rincones que cohabitan en la tierra.

Así se podrá declamar a los cuatro vientos: “mi pueblo es uno más de esta tierra compartida, mi ciudad otro grano de arena en la playa mundial y mi lengua es una muestra más del deseo de compartir experiencias.”
En resumen, ¡ levanta tu vista, sal de tu entorno y pisa otros barros y  descubrirás otro prisma para vivir y además  con amplitud de miras tu mente evolucionará.!
¡Buen Viaje, desgasta muchas maletas y a disfrutar!

MANUEL ILLERA. PSICOLOGO Y EDUCADOR