Platón en el periódico

Uno se levanta una mañana de domingo, atraviesa el centro de la ciudad en bicicleta, en las calles semivacías sólo están quienes no pudieron irse o quienes se quedaron voluntariamente, caminan despacio a la sombra de los árboles, se sientan en los bancos de las plazas, en las terrazas de las heladerías hay parejas de jóvenes que conversan sin prisas, acogidos por el silencio de la ciudad. Uno compra el periódico en un kiosco y por poco más 2 euros se lleva consigo las obras completas de Platón, y se sienta en una terraza, rodeado de otros como él que leen los suplementos o le dan potitos a sus bebés, mientras se toman una cerveza o un vermut. Uno pide un limón granizado y despliega el periódico sobre sus rodillas y se encuentra, por ejemplo, con una crónica enviada desde Amsterdam que dice que Holanda elige Parlamento…
De no haber sido por Grecia, es muy probable que los holandeses se hubieran visto forzados estos días a profundizar aún más en el interminable debate sobre la identidad nacional y racial, tema común a todos los países europeos y que ellos han analizado más y mejor que todos. Pero no hay nada como el miedo a perder los beneficios económicos y sociales para que las tensiones étnicas queden en segundo plano…
Unas páginas más adelante, este comienzo de otra noticia:
La máxima nietszcheniana, según la cual lo que no me destruye me fortalece’ fue evocada durante la jornada de ayer en los aledaños del poder política socialsita…
Uno se entera también de que ha muerto Jack Harrison a los 97 años, el último superviviente de ‘La gran evasión’; y mientras en una página se le explica las últimas noticias del conflicto entre Israel, Turquía e Irán, en otra encuentra el relato del fracaso de la huelga de trabajadores públicos, etc.
¿Qué posibilidades hay de que en un mundo sin periódicos uno se entere de que hay elecciones en Holanda? Nadie se levanta un día y piensa, sentado frente a su ordenador: voy a ver qué pasa hoy en Holanda. Con Internet uno se expone al azar, que a veces resulta instructivo, pero sobre todo encuentra lo que busca. Con el periódico uno se expone al encuentro con lo que otros han buscado para él. Nadie hace tan bien como el periódico las cosas que hacen los periódicos por nosotros cada mañana.
Viene la camarera y uno le paga la cuenta, se coloca el periódico debajo del brazo y se va. Ahora sólo falta que el periódico le explique por qué el minúsculo vaso de granizado de limón cuesta 2 euros y 30 céntimos. Pero, claro, nada es perfecto.
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