Emociones y periodismo
¿Qué papel juegan las emociones en la percepción e interpretación de los acontecimientos políticos? ¿Qué peso tienen en el proceso de formación de nuestras opiniones? ¿Puede la deliberación racional inspirarse o guiarse por las emociones?

La sensibilidad guía nuestra atención hacia aquello que importa, afila nuestra percepción sobre las cosas a las que damos valor. Aunque a veces pueda confundirnos, a menudo ilumina la razón porque nos informa sobre la verdadera naturaleza de una situación práctica.
Las emociones no son arrebatos ciegos, sino que están ligadas a las creencias: a nuestra concepción de cómo es el mundo y qué nos parece importante. Son, por lo tanto, componentes de nuestra estructura ética, que nos facultan para percibir matices que profundizan en el razonamiento intelectual y agudizan nuestro juicio racional.
Las emociones no garantizan la verdad ética, pero es indudable que la relación entre sentimiento y juicio es más rica de lo que parece. Una buena deliberación requiere una compleja percepción y una respuesta emocional adecuada que capte no solo las ideas abstractas sino lo concreto de los afectos implicados en las situaciones sobre las que se piensa. Captar la verdad exige en ciertas situaciones un equilibrio entre la reflexión y la emoción.
Y si esto es así, el periodismo, que es un registro de acciones humanas, no puede descuidar esa faceta de la sensibilidad como un modo ético de percepción. Pero el hecho de que estén las emociones tan ligadas a las creencias es lo que las convierte tan a menudo en agentes distorsionadores de la percepción. Cuando nuestras creencias se alejan de la virtud, o son indiferentes a una idea del bien, corremos el peligro de alentar a dirigentes que ocultan tras sus discursos y banderas la semilla de la destrucción.
Somos responsables de nuestras emociones y deberíamos asumir la responsabilidad de aquello que nos infunde simpatía. Fomentar una imagen amable de personajes como Chávez y Castro, aunque sólo sea por lo extravagante de sus indumentarias de boina roja o chándal, es un error intelectual en el que todavía se sigue cayendo.
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