Archivos mensuales: enero 2018

Escobas de los frailes de la Luz

Recordarán, los más mayores, que fueron muy populares “las escobas y el chocolate” que elaboraban los frailes del eremitorio de la Luz como medio de subsistencia dentro de la precariedad de su economía. Muchos murcianos, hasta hace relativamente poco tiempo, subían hasta la cercana sierra, al eremitorio allí ubicado, en busca de las preciadas tabletas de chocolate puro y otros también compraban las célebres escobas de palma que tanto usaban nuestras abuelas en la limpieza de las casas.

Pues bien, esas escobas, se venían fabricando en el convento desde el siglo XVIII. También el chocolate se elaboraba en las cocinas frailunas de manera artesanal, siempre, y hasta bien entrado los años setenta del pasado siglo XX seguían vendiéndolo. Si bien, cuando el convento cayó en horas bajas y muchos de sus moradores fallecieron, por la edad, el chocolate dejó de hacerse, aunque parece que, hoy en día, se ha recuperado aquella costumbre, aunque la fama de las célebres tabletas no sea la misma de antaño. Pero si nos llama poderosamente la atención el tema de las escobas pues, a lo que parece, se hacían desde hace más de tres siglos.

Hemos encontrado un dato muy revelador que habla de su origen. En el año 1709, los llamados “Hermanos del Desierto de la Sagrada Congregación de la Virgen de la Luz” se dirigieron al Concejo, consta en las actas capitulares, para pedir autorización y “poder cortar las cañas en terrenos comunales al objeto de hacer escobas” Esos terrenos, donde se levanta el eremitorio, eran y son propiedad del Ayuntamiento de Murcia y en aquellos años el Concejo era el patrón de la ermita y el pequeño monasterio de ahí que, los frailes, pidan la debida autorización para cortar las cañas, ya que no tenían derecho alguno sobre los terrenos, y podían así fabricar escobas para sanear su pobre economía.

Profanación del Santuario de la Fuensanta

La noche del 12 de enero de 1873, según refieren las crónicas, el Santuario de la Virgen de la Fuensanta fue profanado y robadas todas las joyas que portaba la Patrona de Murcia. Por este motivo al día siguiente, la sagrada imagen, fue trasladada de manera secreta en un coche hasta la Catedral para celebrar una gran función religiosa de desagravio. Acto que tuvo lugar el domingo día 26 de ese mismo mes. Tuvo lugar una procesión claustral con la imagen de la Patrona y una misa “mayor” a gran orquesta. Ya, por la tarde, hubo predicación a cargo del misionero jesuita Santiago Fernández.

Ante aquel suceso, los murcianos, se volcaron con la Patrona y así queda registrado que, el Ayuntamiento, dio mil reales para la reposición de joyas. La Marquesa de Corvera un bastón de general ya que el que llevaba la imagen había sido robado. Con todas las limosnas recogidas el platero oficial del Cabildo Catedral, José Gascón, hizo de nuevo una corona, rostrillo, corona para el niño y un cetro. Los dibujos y diseños de las coronas fueron realizados por el pintor madrileño Eduardo Rosales ayudado por el arquitecto murcianoJosé Marín Baldo.

Como dato al margen dejamos constancia del agradecimiento de Eduardo Rosales a la Patrona de Murcia a la que dedicó un magnifico dibujo del que, después, se hicieron numerosas copias del mismo. Rosales estaba enfermo de tuberculosis y alguien le recomendó el clima de Murcia para curar su mal. Vino a nuestra ciudad en 1872 y residió en las casas aledañas al Santuario pues, le dijeron, que el clima de la Sierra le vendría muy bien a su dolencia. El célebre pintor realizó todos estos trabajos de manera gratuita y altruista pues estaba muy agradecido a la Fuensanta ya que decía encontrarse muy bien de su enfermedad desde que vivía “a su lado”.

Tristemente, el artista, falleció en septiembre de ese mismo año, 1873, y nunca vio terminada la corona que había dibujado a nuestra Patrona. Eduardo Rosales, cuando murió, no había cumplido todavía los treinta y siete años.

Crimen por celos en la plaza de Santo Domingo

En la segunda mitad del siglo XVIII, durante unas fiestas en honor a la Virgen, sucedió en Murcia un crimen que tuvo a la ciudad en vilo durante todo el mes de diciembre hasta que se consiguió atrapar al asesino.

Los hechos sucedieron en la plaza de Santo Domingo donde se había levantado un tablado para que las autoridades presidieran los actos. El triste protagonista de la noticia se llamaba Pedro López Lozano hijo de un tal Maturres. Era éste un conocido soldado tambor del Regimiento de Murcia. Pedro, se escondió debajo de la tribuna de autoridades y mató de numerosas puñaladas a un soldado del Regimiento de Caballería de Alcántara que hacía la guardia junto a la tribuna. Por motivos, según se supo, de “celos y amores con otra mujer”.

Tras cometer el crimen, el tal Pedro López, escapó corriendo aprovechando el tumulto y se refugió en Santa María. Entró en el recinto catedralicio, en un descuido del sacristán, ya que las puertas estaban cerradas al celebrarse la fiesta de la Virgen en otro lugar, pero burló su vigilancia y pudo acceder al interior del templo. Al ser lugar sagrado los justicias no podían entrar a apresarle. Allí se mantuvo refugiado durante gran parte del mes de diciembre sin que el clero pudiera hacer nada para convencerle y que se entregara.

Al final salió, pasados veinte días, y fue detenido y lo llevaron preso a su Regimiento que estaba en Valencia. De allí pasó al Puerto de Santa María, en donde por orden del General de su Regimiento, fue ahorcado el día primero de octubre de 1776.

Motín en la cárcel de Murcia

Tal día como hoy un 23 de enero de 1779, hace 239 años, se originó un motín en la cárcel de Murcia al querer escapar mas de cuarenta personas que se encontraban en aquel establecimiento penitenciario.

Los hechos, por su gravedad, fueron recogidos en las actas del Concejo que lo explicaban así: “A las siete de la noche del pasado sábado 23 de enero intentaron los presos de la cárcel real de Murcia fugarse por el calabozo grande, que llaman del hierro, agujereando el cimiento de una vara de ancho de la pared frontera de la calle, enfrente del postigo del Menchirón.

Cuando ya tenían un tercio del agujero hecho, fueron descubiertos, sobre las ocho de la noche, por un hombre que estaba orinando en la calle y que dio cuenta al carcelero y al señor Corregidor de guardia, que era don Ignacio Retama, y acudió toda la justicia, soldados y otras gentes de orden para impedir su fuga.

Se cercó la cárcel y los presos se hicieron fuertes en dicho calabozo donde se amotinaron cuarenta personas. Comenzaron con gran violencia a tirar piedras y ladrillos, sin respetar al Corregidor e hiriendo a varios soldados que le protegían.

Al día siguiente, domingo 24, a las nueve de la mañana se entregaron viendo que era imposible poderse escapar de la cárcel. Los aseguraron de dos a dos con grillos y esposas. Se les tomó declaración y quedaron a disposición de los señores justicias para que decidan.” Desconocemos las penas que se les pudo imponer a los amotinados porque ya, a partir de ese día, no encontramos referencia alguna sobre este suceso, en las actas del concejo, y que tuvo lugar en la cárcel murciana en aquel año de mil setecientos setenta y nueve

Belluga crea fundaciones en Murcia y el Rey las apoya con donaciones de la Corona

Tal día como hoy hace 293 años, fue el 22 de enero de 1725, el Cardenal y Virrey del Reino de Murcia Luis Antonio de Belluga y Moncada, Cardenal Belluga, por escritura que otorga en este día ante Miguel de las Peñas, escribano público, crea una serie de Pías Fundaciones para la Diócesis de Cartagena, siendo además las primeras fundaciones que bajo su amparo y patrocinio nacen en el viejo reino de Murcia. Se crea una casa de niños y niñas huérfanos y expósitos desamparados de toda la diócesis para cuyo efecto, según consta en las escrituras “su Eminencia Reverendísima tenía ya edificada la casa”.

Se crea también una casa para el recogimiento de aquellas mujeres “de moral escandalosa” que se hallasen en la Diócesis de Cartagena para lo cual compró una casa y le aplicó varias posesiones en los aledaños al templo de San Nicolas de la ciudad de Murcia. Así mismo, por escritura fechada en este día, se crea una congregación del oratorio de San Felipe Neri, en una casa ya construida para tal fin pero que no estaba terminada en el momento de firmar este documento.

Recién otorgada esta escritura y a propuesta de la ciudad de Orihuela, se hace cargo el Cardenal de desaguar y reducir a cultivo un dilatado terreno que existía sin que se utilizara en aquella jurisdicción oriolana cuya donación al Cardenal fue aprobada y confirmada por el rey Felipe V, que declaró que “lo hacía para si y por todos sus reales sucesores en el trono de España” Donando, el monarca, cuantas tahúllas tuviese el terreno inculto para que una vez desaguado, desmontado y puesto en cultivo pudiese servir de ayuda económica a las Pías Fundaciones ya establecidas y creadas por el Cardenal.

La Real Cédula firmada por Felipe V lleva la fecha del 15 de diciembre de 1725. Once meses después de la creación de las fundaciones que, Belluga, había realizado al comienzo de aquel año.