Archivos mensuales: febrero 2017

Restos romanos en La Alberca

Encontramos en El Diario de Murcia una curiosa información sobre los restos hallados en La Alberca en el siglo XIX mientras se pretendían remover terrenos de monte bajo para el cultivo del olivar. El hallazgo, según refleja el periódico, fue de manera casual y resultó de enorme interés porque aportó a la historia de Murcia detalles fundamentales para datar la presencia de los romanos en nuestro suelo.

Esas excavaciones no estuvieron exentas de problemas pues una sociedad que se formó para tal fin parece ser que fracasó, aunque siguieron trabajando en aquellos terrenos y según el Diario de Murcia aportaron extraordinarios elementos que hablaban del pasado señorial de este lugar en las faldas del monte que rodea la ciudad.

La noticia da cuenta de lo siguiente: «Con motivo de las excavaciones que para plantar un olivar se venían haciendo desde 1833 en sitio denominado Llano de la Alberca, fueron hallados fragmentos de columnas romano- visigodas en los años 1871 a 1873. Una columna de dos trozos que el señor Fuentes depositó y colocó a su costa y su dinero en el Museo.

Capiteles, ídolos y restos de cerámica que el propietario de la finca, don Mariano Palarea, conserva en su casa de esta ciudad. En 1892, don Manuel Mora, solicitó del señor Palarea un permiso para explorar la finca y buscar más restos y le fue concedido a condición de ir a medias en los hallazgos.

El pacto entre ambos señores únicamente duró cuatro meses y aquella sociedad que habían formado, con un pacto de caballeros, se disolvió. En el transcurso de aquellos cuatro meses fueron descubiertos dos mosaicos romanos, uno de ellos con una figura de mujer junto a varios animales coronada por las letras IRIVS, parte y restos de una destruida leyenda que tenía dicho mosaico.

Relacionados con aquellos restos aparecieron cimentaciones de paredes, canales, piso y área de habitaciones y fundamentos de fuertes muros que en la época romana serian del recinto del ‘Impluvium’ o patio jardín. Este nombre en árabe cuando estuvieron por estos territorios el llamado patio jardín romano pasó a llamarse estanque o ‘la alberca’ que quizá dio su nombre al hoy pequeño pueblo porque Alberca en árabe y hebreo significa estanque o piscina.

Pero lo importante fueron los restos romanos encontrados en el olivar del señor Palarea, ya que se puede asegurar que el pasado romano de Murcia fue muy importante, pues se trataba de casas palaciegas de la alta sociedad de la época que buscaron aquellos tranquilos lugares cercanos al monte donde se respira el aire puro de los hermosos pinares que los rodean».

Murcia regaló al ejército dos aeroplanos

Una noticia, publicada en El Liberal llama poderosamente nuestra atención pues recoge un hecho sin precedentes.

La entonces ‘provincia de Murcia’ donó al ejercito de España dos aviones aeroplanos construidos por suscripción popular para contribuir, de ese modo, a la modernización de la aviación española.

Estos aeroplanos se donaron en nombre de todos los murcianos a excepción de los de Cartagena que, según recoge la noticia, habían contribuido a la mejora del ejército, pero por separado.

Aquellos históricos aviones llevaban nombres muy murcianos. La noticia dice así: «El 30 de septiembre de 1921 Murcia, ofreciendo alto ejemplo de su amor al Ejercito de España, le donó dos aeroplanos que se habían hecho por suscripción popular y pública en toda la provincia, con excepción de Cartagena, que hizo su aportación y donativo a nuestro Ejercito de manera separada.

Dichos aparatos fueron bautizados y designados con los nombres de ‘María de la Fuensanta’ y ‘Juan de la Cierva’.

El acto de entrega en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos fue grandioso y conmovedor. Asistió la familia real, representaciones del Ejército con el Ministro de la Guerra, don Juan de la Cierva.

Fueron todas las autoridades de Murcia y sus representaciones parlamentarias. Se pronunciaron entusiastas y patrióticos discursos y los aparatos diestramente pilotados realizaron notables vuelos.

Actuó de madrina la excelentísima señora doña María Codorniu de la Cierva, que rompió una botella de dorado champagne sobre uno de los aeroplanos que fueron bendecidos por el reverendísimo señor obispo de Sion».

Plan de abastecimiento de agua para Murcia y Cartagena

Curioso artículo firmado por Ramón Blanco y Rojo de Ibáñez, decano de los periodistas murcianos, que en 1923 publicó este documento dando cuenta a sus lectores del abastecimiento de aguas para las ciudades de Murcia y Cartagena, así como el proyecto que en su momento se presentó al rey Alfonso XIII para su conocimiento.

«Sobre el abastecimiento de aguas a Murcia y Cartagena nuestras personalidades están tomando gran interés para que sea un hecho la construcción de los pantanos Caridad (del Taibilla) y Fuensanta, tan es así, que contiene trabajos curiosos y documentados de los señores Martínez del Campo, Guardiola, Malo de Molina, Gómez Quiles, Tortosa, Arroniz Ordoñez, Panés, Fernández de Velasco, Torres y Muñoz Palao.

Todos demuestran en sus escritos las ventajas que obtendríamos con el aprovechamiento de las aguas de dichos pantanos, para nuestra ciudad y la de Cartagena, y las mejoras que con ellas se podían obtener en cultivos y ganadería.

A la memoria precede la exposición razonada a Su Majestad don Alfonso XIII. El Rey ha puesto a este asunto un digno epílogo porque al hablar con la Comisión murciana, que estuvo en Madrid, dijo que conocía este asunto detalladamente y que desde luego estaba dispuesto a que se realizase tan justa aspiración».

Ginés de Rocamora

Entre la innumerable pléyade de murcianos desconocidos hoy en nuestros días, pero que aportaron enormes trabajos y conocimientos en su época hasta el punto de ser reconocidos para su mayor gloria, se encuentra Ginés de Rocamora Torrano. Este nombre, para la gran mayoría, no deja de ser el de una calle ubicada frente a la barriada de Santa María de Gracia. Pero nadie conoce más de este personaje clave entre los siglos XVI y XVII que incluso gozó de los favores del rey Felipe II de quien era consejero en temas de ciencias. El monarca confiaba en el murciano y le consultaba dudas especialmente en el campo de las matemáticas y la astronomía. Hoy, como decíamos, es un gran olvidado por todos. Estos son algunos datos biográficos del personaje. Nació en Murcia en 1551.

Era hijo de Jaime de Rocamora y Luisa Torrano. En 1588 fue regidor en Murcia y caballero de la Orden de Santiago. Fue durante su época de regidor cuando Francisco del Águila pintó, adecentó y doró el túmulo funerario de la Catedral de Murcia donde se encuentran los restos del rey Alfonso X el Sabio. Así mismo, por orden suya como regidor se añadieron las dos figuras de los heraldos que hacen guardia permanente junto a la arqueta funeraria. En el año 1591, cuando tenía cuarenta años de edad, se traslada a Madrid pues desempeña la función de procurador a Cortes por el viejo Reino de Murcia.

Durante su estancia en aquella ciudad, animado por compañeros y apoyado por la sociedad madrileña que valoraba sus conocimientos, explicaba en su casa la ciencia y la descripción astronómica del universo. Así mismo era un estudioso de la Filosofía Natural. Un tiempo después escribió su gran obra ´Esfera del Universo´ que se publicó en Madrid en 1599. El libro es resumen de las explicaciones que dio en Madrid en la casa en la que residió durante su estancia en la Corte. En la introducción, Rocamora hace un elogio de las matemáticas destacando sus múltiples aplicaciones.

Expresa el estado floreciente en que se hallaba la Academia de Matemáticas que Felipe II había establecido en Madrid. El monarca español que supo de los conocimientos y fama del murciano le llamaba con frecuencia a su lado para realizarle consultas sobre matemáticas, el universo y su concepción e incluso temas de filosofía. Ginés de Rocamora murió en Madrid el 14 de agosto de 1612 a los 61 años de edad.

Hoy este matemático, estudioso del universo y la filosofía, es un gran desconocido para Murcia y los murcianos cuando fue una persona influyente y valorada, incluso por el rey, durante los siglos XVI y XVII.

El alcalde mayor de Cartagena y el Marqués de los Vélez

El año 1656 fue muy conflictivo en lo que a las relaciones personales se refiere entre el Marqués de los Vélez, nombrado Adelantado Mayor del Reino de Murcia por Felipe IV, y el alcalde mayor de la ciudad de Cartagena. Estas inquinas y enfrentamientos dieron lugar a varios episodios donde, incluso, tuvo que tomar parte la Justicia pues tanto el marqués como el regidor cartagenero nunca se avenían a razones. Y el diálogo nunca existió entre ellos. Uno de los muchos enfrentamientos que tuvieron ambos personajes fue con motivo de las fiestas de San Roque que, en aquellos años, eran celebradas con gran regocijo por la población. Como se sabe, la festividad de este santo es en el mes de agosto y teniendo en cuenta la dureza del estío cartagenero y la proximidad del mar era durante la noche el momento elegido para el solaz y la juerga.

Era costumbre celebrar la festividad del santo con disparos de mosquetes en las inmediaciones de su ermita. La víspera de San Roque, aquel año de 1656, se hallaban presentes algunos soldados que no dudaron en sumarse al jolgorio general y hacer uso de sus armas para celebrar la solemne festividad. Pero pasó por allí el alcalde mayor de la ciudad, que ya se encontraba en pleitos con el adelantado, y mandó de inmediato a un emisario que les prohibiese disparar. Pero ellos no hicieron caso alguno a la prohibición diciendo, en su defensa, que no hacían agravio a nadie y que además tenían licencia del adelantado.

Y cita textualmente la crónica: «Enfureciese el alcalde mayor y los ultrajó con muchas palabras de desprecio y amenazas que obligaron a que los soldados fuesen a quejarse al marqués y a decir que querían vender los mosquetes y retirarse de los ejercicios militares, pues por ser soldados y estar a sus órdenes eran maltratados por el alcalde mayor y ellos no reconocían más autoridad que el señor adelantado». Este asunto que hoy llamaríamos de ´competencias´ tuvo que ser puesto en conocimiento de la justicia para que fuera esta quien decidiera que parte llevaba la razón si la milicia o el alcalde mayor.