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La extraña fuga de Giuliano Velo

Unos disparos permitieron descubrir en 2011 una alijo de cannabis que Velo tenía a su cargo. Ahora la Guardia Civil sospecha que él puede estar detrás de otros disparos que causaron la muerte a un compatriota suyo relacionado con la ‘Ndranguetta.

El primer capítulo de este caso fue el homicidio de Giuseppe Nirta. El segundo tuvo lugar hace unos días en el juzgado número 3 de Lorca. Varios detenidos pasaron a disposición judicial. Habían sido arrestados  por la Guardia Civil en relación con ese asesinato. Son miembros del entorno social del principal sospechoso, que es otro italiano que está preso en Albania. Sí, es Giuliano Velo.

Dos agentes toman fotos tras el asesinato de Nirta.

Ya hablamos aquí en junio sobre las implicaciones de la mafia italiana en la Región de Murcia, lo que llamamos la cosica nostra. Vivimos en un mundo globalizado, y el crimen también lo es. Las redes internacionales operan atravesando cualquier territorio y, a veces, asentándose en el nuestro.

Giuliano Velo, nacido en la bella Cittadella, cumplió los 58 en septiembre. Había salido de permiso por segunda vez de la cárcel de Campos del Río. Por narcotráfico y blanqueo.  Pero no pensaba regresar al talego. Así que compró un billete de autobús y se fue al extranjero. Fue detenido en la frontera de Albania. Llevaba un pasaporte falso, una identidad falsa… pero no era la primera vez.

LA MARIHUANA DE ÁGUILAS

En 2001 se hacía llamar Rodolphe Argucia, cuando le echan el guante en el litoral cartagenero con 833 kilos de hachís.  Pero también era Jean Pierre CerveauAntonio Quaranta. La vida de Giuliano Velo daría para muchos guiones cinematográficos.

Llega a España en el 94, pero nunca ha tenido ingresos legales según Hacienda. Va ganando requisitorias y causas varias en los juzgados de Baza o Marbella.  La Audiencia Nacional lo quiere expulsar ya en el 95. Se trae a su mujer e hijo a Andalucía en el 97. Comienza a entrar y salir de la cárcel hasta que le pillan con el alijo de hachís. Le refunden (le arrejuntan) las condenas y en parte las cumple en Italia, pero en 2005 sale de la cárcel, y en 2006 vuelve a estar en España.

En 2007 enviuda, y se trae a su madre, Giuliana. Desde esos años comienza a comprar fincas y casas por la Región sin que se sepa cómo lo pagaba salvo vagas alusiones a una herencia paterna nunca confirmada. Vigilancia Aduanera y la Agencia Tributaria sospechaban que todo vendría del narcotráfico.

Es por estos años que comienza a usar hombres de paja y testaferros, incluyendo a su hijo, su madre y otros conocidos, como arrendadores de propiedades: fincas del paraje aguileño de Garrobillo, que luego usaría unas como invernaderos de marihuana en la Majada del Moro, y en El Charcón como lugar para su manipulación de la droga.

La noche del 28 de septiembre de 2011, cinco tipos (incluyendo un Román de Águilas) intentan darle un palo de droga, robársela, pegan tiros, no lo consiguen, allí que se presenta la Guardia Civil justo cuando llegaba también aparece el propio Velo, y todos a correr monte a través.

Guardias recogiendo bolsas de ‘maría’ tirados por Águilas en septiembre de 2011.

El relato de aquella noche es confuso, pero sí se sabe que los agentes estuvieron recogiendo sacos de marihuana por ahí tirados por los casi-ladrones y los dueños-a-la-huida. En total 2.600 kilos de cogollos de cannabis. Tenían un valor en la calle de 2.646.800 euros. Esa noche escaparon algunos, dos colombianos y un italiano, pero no así Giuliano, que junto a su madre y su hijo fueron condenados.

Giuliano Velo cumplía seis de los casi ocho años de cárcel cuando va y se fuga en un permiso penitenciario.

LA EXTRAÑA FUGA

Pero ¿por qué lo hace? Su abogado en Murcia (Velo, recuerden, está preso en Albania), Manuel Maza, concluye que la culpa la tiene el anterior director de la cárcel de Campos del Río, Felipe Burgos. En 6 años y 3 meses no le habían dado ningún permiso. “Algo nunca visto por ese letrado”, dice  Maza. La fuga se debe, entonces, a que en la cárcel era muy tacaños con los permisos y éste ya no quiso regresar.

El abogado Manuel Maza en su despacho.

Pero Velo tuvo dos permisos. El primero fue justo el fin de semana del asesinato de Nirta. “Tenemos testigos, porque cenó con muchas personas, y tickets, hasta del peaje, de que Giuliano estaba en otro lugar de Águilas esa noche”, explica el abogado.

¿Qué relación tienen Velo y Nirta? Eran vecinos. Finca con finca, en El Charcón de Águilas, y también estuvieron involucrados en un caso en el que Velo, apunta Maza, fue absuelto. Vamos, que se conocían de sobra. Si Velo no fue autor material del crimen  ¿pudo inducirlo? No sería el primer italiano en esa tesitura, pero ¿y por qué?

A Giuliano le queda una paradita en los juzgados de su Padua natal, por otro tema de drogas, y después, tendrá que explicar en Lorca por qué cogió un autobús camino a Albania.

El retorno del pasado

Cuando aún estábamos sorprendidos por verle la cara a José Rabadán llega a nosotros un nuevo episodio en el caso Carotenuto, el parricida de Santomera que decapitó a su madre. Hay casos que nunca acaban, incluso cuando han acabado.

¿Qué convierte a un suceso en un caso paradigmático? La magnitud de sus consecuencias y la falta de explicación. La mayoría de los delitos de sangre dejan siempre varias víctimas: quien sufre la agresión, y hasta puede perder la vida, y los que le rodean, cuyas vidas cambian tan radicalmente que también se podría decir que han muerto un poco. En segundo lugar, el móvil del delito nos ayuda a entender las motivaciones de una persona cuando comete un acto criminal.

En la historia reciente de Murcia hay tres crímenes que cumplen a la perfección estos axiomas: el asesino de la catana, el parricidio de Carotenuto y Paquita la parricidia de Santomera. Dos de los tres nos han dado titulares esta misma semana. Y del tercero lo podemos buscar nosotros.

ASESINO DE LA CATANA

  1. MAGNITUD: La magnitud fue tal en su caso que no dejó a nadie. Mató a sus padres y a su hermana. Le quedó una hermanastra.
  2. EXPLICACIÓN: Siempre dijo que quería una nueva vida y sus padres le estorbaban. A su hermana la mató para no sufriera sin sus padres

José Rabadán en la actualidad.

Esta semana le vimos la cara y le escuchamos hablar. El crimen es tan atroz que duele solo recordarlo. Sorprende más que él lo rememore. Tanto los que antes del documental pensaran que es un monstruo, como los que no lo creyeran, tendrán argumentos.

Llama la atención que su hermanastra, Rosario, se reuniese y le perdonase y sea feliz paseando con su sobrina, o que Rabadán sea “un padre cariñoso”, en palabras de su esposa, Tania. Ahora el asesino de la catana tiene otra familia, la de su esposa, una familia de etnia gitana y credo evangelista. Lo que es increíble para el común de los mortales, no lo es tanto para los hombres de Dios.

Como católico creo en el perdón y la redención. Como ciudadano, creo en la reinserción. Como periodista, he visto cosas que no creeríais, y he visto a los quinquis volver a delinquir y no escarmentar. José Rabadán no ha recaído.

De su relato de los crímenes, puedo aceptar la obnubilación adolescente y estúpida que le llevó a empuñar una catana sobre la cabeza de su padre. Y en un ejercicio paroxístico de resignación, puedo asumir que le diera un catanazo a su progenitor. Lo que no entiendo es que diera casi setenta más sin saber lo que hacía… sobre todo porque en días posteriores lo recordaba todo al detalle.

ÁNGELO CAROTENUNTO

  1. MAGNITUD: Mató a su madre, Teresa Macanás, el 14 de abril de 2008, después de años de malos tratos y que la madre pidiera ayuda en televisión.
  2. EXPLICACIÓN: Diagnosticado de “trastorno esquizoafectivo y
    politoxicomanía, que anulaba por completo sus facultades de comprensión y
    autodeterminación”. Con brotes desde 1996.

Teresa Macanás pide ayuda en 2001

Dice el TSJ que el SMS actuó bién, y que Carotenuto no estaba médicamente mal atendido. La familia no lo creía así. Entendía que los médicos podían haber hecho más, y pidió 600.000 euros como compensación. El fallo judicial en cambio dice que “la única causa del fallecimiento de Dña. Teresa fue la grave enfermedad de su hijo, quien además no tenía conciencia de ella”. Encarna Carotenuto, la hermana de Ángelo, explica que lo que quieren es que “esto no se vuelva a repetir” y se asuman responsabilidades. La nueva sentencia, de noviembre de este año, además condena a la familia a pagar las costas de este proceso contencioso administrativo, lo que aún les indigna más como reconoce el abogado de los Carotenuto, Gonzalo Bellón de Aguilar, por el mensaje que lanza a la ciudadanía: “¡ojo con pleitear contra el Estado!”

PAQUITA LA PARRICIDA

  1. MAGNITUD. Acabó con la vida de dos de sus tres hijos. Tecnicamente es un filicidio.
  2. EXPLICACIÓN. “Tenía que darle una lección a su marido” le dijo a un testigo.

Francisca ‘Paquita’ González, en los juzgados.

La mujer que por un “arrebato de celos”, según la sentencia, mató a sus hijos Francisco Miguel, de 6 años, Adrian Leroy, de 4 años, estrangulándolos para herir al marido fue condenada a cuarenta años de cárcel. Cumplirá veinticinco, y ya disfruta de permisos penitenciarios. Ahora mismo se los han denegado, por un positivo por cocaína al regreso del último.

En el juicio se demostró que su marido la llevaba a una sala de intercambio de parejas, y de ahí los celos por infidelidades. Pero como el crimen no descansa, en la actualidad esa sala estaba siendo usada como invernadero de marihuana, pero fue desmantelada por la Policía Nacional en la Operación Coliseum. Hay que joderse. En los jacuzzis donde se fraguó el oscuro rencor de Paquita luego florecía el cannabis sativa.

Respecto a la polémica sobre si vamos a convertir a Rabadán en una estrella mediática, seguro que ya hay quien piensa en hacer un documental de estos otros dos casos.

 

El asesino de la catana

Porque es eso. Un asesino. Confeso. Y de sus propios padres. Y de su hermana con síndrome de Down, la misma que le dijo “A mí no, José”, cuando se dirigió hacia ella tras matar a los padres de ambos. Pero como le dijo a la Policía “lo tenía así planeado y lo ejecuté”.

Yo he visto el vídeo. Era la primera cámara de vídeo que tenía la Policía Nacional de Murcia. Y me cuentan que fue el primer vídeo de una escena del crimen que grabaron. En él se escucha a los agentes que, mientras dicen “se llama catana”, procuran no pisar la sangre. También he visto la primera parte del documental de Rabadán.

Llevo muchos días pensando en cómo dirigirme a ustedes sobre este caso. Lo cierto es que nunca me gustó. Es obsceno. A mí lo que me gusta de los sucesos es la investigación que resuelve un crimen y se engrilleta a un culpable. Con un móvil definido y asumible… dinero, celos, odio, etc. Blanco o negro. Pero existe el gris,  en muchos matices, además. Lo que hizo José Rabadán carece de explicación, hasta para él.

José Rabadán recién detenido llega a la comisaría.

No hay cronista de sucesos que no haya tratado antes o después este caso, y no hay cronista que no haya deseado enfrentarse al asesino e interrogarlo. Por ello, el anuncio de que había hablado en una entrevista es un aldabonazo a nuestra hemeroteca.

La Opinión de Murcia el pasado miércoles 22 de noviembre.

Desde la trinchera profesional aplaudo a los que han conseguido este testimonio. Por eso invité a Israel López a venir a Murcia para entrevistarlo yo a él. Es el periodista que localizó a Rabadán, obtuvo su confianza y lo sentó ante una cámara. Por eso, como periodista murciano de sucesos, he dirigido una cobertura especial sobre el caso, para que los murcianos tengan datos, argumentos y herramientas para encarar ese testimonio que se va a hacer público.

Entrevista al periodista Israel López.

1.- ¿ESTÁ LOCO?

Los doctores que le trataron dijeron que era un joven consciente y frío. Le diagnosticaron una psicosis epiléptica idiopática, que en román paladino es “se le va la pinza y no controla”. El doctor Manuel Nombela lo compara con Stalin, por obsesivo y paranoico. Fue Nombela quien le detectó un fallo estructural cerebral que le impedía enviar las señales eléctricas al córtex donde está “el control de la voluntad”. Sin embargo, el inspector que lo arrestó, ahora comisario, Alfonso Navarro, cree que no está loco porque “lo planeó al detalle” y “recordaba lo que hizo”.

2.- ¿POR QUÉ HABLA?

Es una incógnita. “Porque ahora está preparado”, me dicen. Le aconsejaron a Rabadán que no lo hiciera. Quizá es una purga personal. Quizá es fruto del narcisismo que le achacan. Quizá es para promocionar su autobiografía. Quizá…

Fotograma del documental ‘Yo fui un asesino’.

3.- ¿ESTÁ REHABILITADO?

A efectos administrativos, lo está. Cumplió su condena. Estuvo menos de seis años internos y luego cuatro de libertad vigilada. Sí, ésa fue la condena. Ahora es José Rabadán el buen cristiano, el padre, el esposo, el yerno. No ha delinquido, y si ha vuelto a empuñar una arma blanca habrá sido en una cocina para hacer la merienda a su hija. Yo achaco mucho de su rehabilitación a la comunidad de evangelistas con la que convive. Lo tienen arropado y controlado, imagino. Pero la fe no es algo cuantificable en un informe médico. Algunos ven la luz, y otros sólo la bombilla.

4.- ¿ESTÁ ARREPENTIDO?

Los que le tratan ahora… dicen que sí. Los que le trataron en su etapa de internamiento, lo dudan. En su piel lleva tatuadas tres cruces. Pero en un hombro también se tatuó una alegoría cadavérica de la Muerte, guadaña incluida. Otra cosa muy distinta es que la sociedad  le perdone.

5.- ¿ES JUSTO DARLE VOZ?

Sí, si lo hace como hombre rehabilitado y reinsertado para pedir perdón y ser ejemplo para otros criminales. ¿Es justo que haya lucro?  Claro que no, es parte de su expiación. Para los que encienden los focos y pulsan rec en la cámara, sí, porque los materiales cuestan. ¿Podría la prensa incurrir en una espiral de entrevistas pagadas con el asesino de la catana? Podría, pero sería otro crimen añadido, que podría tener efecto llamada en otras personas. E intuyo que no serán muchos lo que quieran pagar o quieran oírlo una vez haya hablado ya. El que pregunta primero, pregunta dos veces. Pero desde una óptica pedagógica y social, sí es apropiado escuchar a un asesino rehabilitado. La recuperación y reinserción de los delincuentes es el objetivo de las instituciones penitenciarias y nuestro estado de derecho. Pero ¡ojo!: puede que tras escuchar a Rabadán tampoco se obtengan todas las respuestas ni explicaciones. Eso es lo desconcertante de este caso.

El accidente de la A7

José Joaquín tenía 39 años y falleció, junto a otras personas, en el terrible accidente de la A7. Su madre le envía un mensaje al conductor del camión y presunto responsable: que reza por él para que recapacite y no lo vuelva a hacer

Era un lunes sencillo por la tarde. La noticia llegó a la redacción como suelen hacerlo al principio las más importantes y graves, como una minucia. Alguien comentó:

-Me dicen que hay atasco en la A7, que ha tenido que haber algún accidente.

En pocos minutos, y un par de llamadas, alcanzamos a entender la tragedia. No era una accidente cualquiera. Un camión arrolló a los vehículos que estaban parados en una retención. Fue como si un terremoto sacudiera una estantería de cristal. Salvo que los cristales rotos eran de carne y hueso.

Detalle de los dos vehículos, entre ambos camiones, cuyos ocupantes fallecieron.

LAS VÍCTIMAS

Dicen la diligencias de la Guardia Civil de Tráfico que “a la altura del kilómetro 581,8 de la citada vía, tramo recto de buena visibilidad, donde existía retención de vehículos por accidente de circulación previo”, el camión homicida entra en colisión con todo lo que había parado en la calzada.  Nueve turismos, dos furgonetas y otro camión. Contra todo eso, el camión “continúo su marcha, arrollando a los vehículos”.

Los  cinco fallecidos tienen dos cosas  en común. Todos venían de Almería, y sus coches estaban cerca de un camión marroquí, que fue el vehículo final que frenó al camión que arrollaba. Fue el yunque que frenó al martillo.

En un Seat Toledo falleció Josefa, de 48 años, su hija Laura, de 16, José Vicente, y su hija Elena, de 14. Los mayores, cuñados. Las menores, primas. Hay una familia en Elche que ha perdido inesperadamente a cuatro de sus miembros. Y una persona en concreto, Concepción, que ha perdido a su marido, su hija, su hermana y su sobrina. El infierno en vida debe ser algo así y no puede haber consuelo posible. Demoledor. Excesivo tanto dolor y fatalidad.

José Joaquín en una foto de estudio cedida por la familia.

El quinto fallecido es José Joaquín Pérez Ortiz. Era murciano. Tenía 39 años. Deportista y lector empedernido. Trabajaba en seguridad privada. Había sido miembro de la Legión en Viator (Almería). Voluntario en intervenciones humanitarias en Kosovo o quitando chapapote del Prestige. “En dos palabras: humildad y lealtad”, lo define su prima Natalia Venegas.

En un ejercicio de catarsis, valentía y dignidad, Natalia me permitió entrevistarla para conocer quién era este joven y por qué es querido por tantos. A través de sus labios conocimos un mensaje de Concepción Ortiz, madre de José Joaquín, que quería enviar al camionero: “Mi tía reza por él -por el propio camionero-, para que sea consciente de lo que ha hecho, que equilibre la situación. Si alguna vez en el futuro vuelve tener la opción de cometer esa imprudencia, la que haya sido porque aún no tenemos novedades de eso, que por favor… recapacite, que son muchas las familias que se han quedado destrozadas”.

Nos quedamos todos embelesados escuchándola, sobrecogidos.

EL CAMIONERO

Ése 9 de octubre, ‘el Poli’ como le apodan al conductor del camión, se comió un asado de cordero. Con dos coca-colas. No sabía que era el último asado de su antigua vida. Sea cual sea el final del proceso judicial abierto, nunca será la misma persona.

Panorámica del accidente desde un puente cercano.

Es veterano conductor profesional de camiones, lo hace desde hace “ocho o diez años”. Ese día había cogido el volante apenas media hora antes. Tenía que ir a Santomera. Explica que, de pronto, la furgoneta de delante suyo clavó los frenos, no pudo esquivarla, y chocan. Que intenta cambiar de carril, pero él mismo concluye que “se los llevó a todos por delante”.

Niega que hubiera consumido cocaína antes de sentase en la cabina, pero sí que le “pegó dos caladas a un cigarro de cocaína sin consumir más” el viernes anterior. Que no se explica cómo le dio positivo el narcotest el lunes tarde.

De lo que tampoco se conoce explicación es sobre si hacía algo o no con su móvil. Por eso el abogado de la familia ilicitana fallecida, Pedro López Graña, ha pedido al juzgado que pregunte a Google y Whatsapp por el número de Poli, a ver qué hacía a las 18:25 de esa funesta jornada.

He intentado hablar con él, por si quiere expresar algo, disculparse o defenderse, o responder a Concepción, pero no he tenido suerte. Los que le conocen dicen en su barrio que es buena persona. Pero hasta la mejor persona puede despistarse.

¿Quién mató a Manuel Vidal?

La Región ha vivido una semana de dramáticos acontecimientos. Episodios aún no acabados y de consecuencias imprevisibles. Pero mientras la sangre se calma en las venas y se limpia en las aceras, les quiero hablar de Manuel Vidal.

En la biblioteca de mis padres hay un libro cuyo título siempre me llamaba la atención. ¿Quién mató a Palomino Molero? escrito por Mario Vargas Llosa. La descripción del hallazgo y estado del cuerpo del pobre Palomino es brutal y la he releído, esas primeras páginas, en varias ocasiones. No hay que ser un Nobel de Literatura ni viajar al Perú de hace unas décadas para narrar una historia con un cadáver destrozado y un proceso extrañamente torpe en su resolución.

LA VÍCTIMA

“Manuel era el alma de cualquier reunión, muy dicharachero, simpático, muy buena persona”, dicen sus amigos de Manuel Vidal, de 57 años, administrativo del IMAS (estaba en Valoraciones). Era ovolacteovegetariano y le encanta viajar. Lo había hecho mucho, por ejemplo, a Polonia, y tenía previsto un viaje a Londres.

Foto de Manuel Vidal

Manuel era muy de practicar couchsurfing, algo así como navengando por sofás, un concepto yanqui basado en darse de alta en una plataforma y viajar por ahí, alojándote en casas particulares, y luego los anfitriones pueden (o no) viajar a tu casa.

Manuel era amante de los animales en general y de su perro en particular, Gorka, un shar pei que aún lo busca olfateando por las estancias con las que compartió años de amistad y convivencia. Ahora tiene otra casa.

Gorka, la querida mascota de Manuel

EL HALLAZGO

Fue el domingo 27 de agosto cuando se descubrió la tragedia. Una limpiadora no pudo acceder a la casa. Debió de alzar la mirada desde la calle y lo vio. Un reguero rojo y sanguinolento que no podía señalar nada bueno.

El macabro rastro en la casa de la víctima

El dormitorio de Manuel, en la calle Antonio Rocamora, daba con una ventana a un lavadero. Por ahí dejaron el cuerpo caer, boca abajo, hacia el lavadero, con los pies aún en alto. Esa posición y la natural salida de aguas del lavadero obraron el macabro detalle de que goteara un fluido rojizo.

Su cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Tenía marcas de haber sido atado en vida con bridas en muñecas y piernas.

EL SOSPECHOSO

Se llama Nauris P., y es súbdito letón. Uno se imagina a un burraco grande, pero tiene pinta de ser de tamaño normal y complexión atlética. De 25 años, afirma no tener domicilio fijo, ni en España ni en Letonia, y que ¡vive viajando!.

Es un usuario de eso de ir de sofá en sofá ajenos. Ya estuvo, hace tiempo en el sofá de Manuel. Terminaron mal, Manuel lo denunció por robo, pero luego le retiró la denuncia y este agosto lo volvió a acoger (¡¿?!) en su sofá. En esta ocasión Nauris vino acompañado de una joven, también de Letonia.

Puerta de la casa del fallecido tras la inspección policial.

Para cuando se descubre el cadáver, no está ni Nauris, ni la chica, ni la moto blanca que Manuel guardaba en su trastero. El primero de septiembre lo pillan en Carlet, un pueblecito de 15.000 habitantes, en Valencia. Nauris hacía autopstop y llevaba las llaves de la casa de Manuel. Ni estaba la moto ni estaba la chica. Lo envían a prisión provisional por un supuesto homicidio.

EL PROCESO

Se ha apuntado a un posible crimen pasional porque “celebraba fiestas con gente joven”, pero esto tampoco dice mucho. ¿Pudo Nauris -y la chica- hallar el cadáver, asustarse y huir, y por ello parecer culpable? Puede, pero también podría llegar el fin del mundo mientras usted lee esto. Como poder…

A finales de septiembre los forenses explican en el juzgado número 6 de Murcia, que lleva el caso, que la descomposición del cadáver impide saber de qué murió. Sospechan asfixia, pero no pueden concretarlo. Hallan sustancias tóxicas en el cuerpo de Manuel pero están pendientes de exhaustivo análisis en Madrid. No descartan una muerte accidental o natural en circunstancias extrañas, pese que las bridas se las pusieron en vida.

Total,que la Fiscalía pide que dejen en libertad al preso, y Su Señoría se lo concede.

El sospechoso es un ciudadano del espacio Schengen, pero en el último rincón de allá arriba, y sobre todo, si no tiene domicilio en ningún lado, le dices que no salga de España y que comunique un domicilio aquí en Murcia.

Esto fue un viernes. El lunes no se presentó al juzgado como se le ordenó, ni después. Ahora se ha ordenado su búsqueda, captura e ingreso en prisión.

La familia de Manuel, dolida, decepcionada, exige avances y lo tiene claro: el autor de la muerte es el letón.

¿Ha llegado el fin del mundo? Pues eso.

El Blue Diamond

Dos personas murieron a manos, supuestamente, de un hombre ciego de alcohol, cocaína e ira, que vació el tambor de una pistola Llama.  El 21 de este mes se cumplirán tres años de la macabra noche.

El nombre Diamante Azul alude a una joya medieval de origen indio verdaderamente extraordinaria. Salvo porque llevaba asociada una legendaria maldición. Llevaba a la muerte o ruina a los que la tenían y codiciaban.

El local Blue Diamond, en el Polígono Industrial Oeste es hoy también una triste maldición. Su fachada ahora se descascarilla con carteles de se alquila. En su puerta tuvo lugar el brutal asesinato que mezcla por igual fatalidad y heroísmo.

La Fiscalía ya ha concretado su relato de lo ocurrido. Hay dos acusados. Establece seis delitos. Pide en total 58 años de cárcel. Ahora le toca a las defensas y acusaciones particulares (familias de los fallecidos) pronunciarse.  Después, se señalará juicio. El caso, aunque conocido, no deja de apabullar en sus detalles del fatal crimen.

LOS ACUSADOS

1.- MARIANO EL CHINO

Foto de Mariano tras su arresto.

Acusado de dos delitos de asesinato, dos tentativas de asesinato y tenencia ilícita de armas. La Fiscalía le pide 56 años de cárcel. Su abogado José María Caballero Salinas afirma que hay elementos para defender que no era dueño de sus actos.

Ese día estaba de fiesta. Da igual ya el motivo. Recalaron allí desde que empezaran a beber en el Hogar del Pensionista a las 14 horas. La Fiscalía explica con elegancia que, como “no encontró que el servicio que le daban las camareras del local era el adecuado comenzó a quejarse”. Pero en verdad estaba “amenazante y agresivo” profiriendo lindezas como “te voy a cortar el cuello” al hijo del dueño del local. Y al dueño un “te voy a cortar el cuello a ti también”.

Momento del hallazgo del revolver (otra vez cargado).

Esperaban que Carlos Jesús, el portero, pudiera “disuadir a los clientes y finalizar el incidente sin mayores  problemas”. Pero también fue amenazado y éste tuvo que echar a Mariano y sus acompañantes. Furioso, echando espumarajos por la boca, se fue en su coche Mercedes Benz y regresó a los 20 minutos con un arma.

El Mercedes del Chino, de techo negro, en la huida.

Se acercó a la puerta y al portero con la pistola a la espalda. Vacío el tambor. Seis disparos (se recogieron seis vainas). Mató al portero y a un cliente que, ajeno a todo el pobre desafortunado, entraba al local a tomarse algo. El Chino se montó en su coche y se las piró. Llamó a su primo para pedir ayuda.

2.- FEDERICO EL FEDERO

El Federo, detenido

Acusado de un delito de encubrimiento . La Fiscalía pide para él un año y seis meses de cárcel.

Momento en que el Federo, en otro local, recibe la llamada de su primo

Había estado esa tarde y noche de fiesta con Mariano y otros, pero estaba en otro local (se habrían separado dentro de los avatares etílicos del jolgorio) en el momento de los disparos. Siempre según el relato fiscal, acudió a la llamada de su primo, le ayudó a deshacerse del arma (hallada junto a una rotonda), le alojó en su casa de Espinardo y allí les sorprendió el despliegue policial que los arrestó al día siguiente.

En su casa se hallaron 16 gramos de cocaína y un par de balanzas de precisión. Con la defensa del abogado Pablo Martínez fue absuelto del delito de narcotráfico pero, hay que joderse, ahora está preso tras el macroproceso contra Los Pijetes.

LAS VÍCTIMAS

Durante 28 minutos trataron en vano de reanimarlos. Fallecieron por “parada cardiorrespiratoria y shock hipovolémico”. Se les paró el corazón y se quedaron sin sangre. La data de la muerte es a las 23:26 horas del 21 de noviembre.

1.- CARLOS JESÚS MONTIEL PEÑALVER (30/04/1989, 25 años)

 Carlos Jesús en uno de sus habituales entrenamientos.

El dueño del local, Jesús Ortiz, dijo que, cuando estaban en la puerta, cuando comenzaron los disparos, Carlos Jesús “le aparta/arrastra para de este modo recibir él los disparos o evitar que cualquiera de los dos -Jesús o su hijo Juan David- recibiera cualquier impacto, cogiéndolo fuertemente e introduciéndolo en el local, para después caer desplomado”.

 Fotos del informe balístico reconstruyendo los disparos en la puerta del Blue Diamond.

La autopsia revela que tenía siete orificios de bala en el cuerpo. Cuatro de entrada. Tres de salida. Tres balas le atravesaron. La cuarta se le quedó fragmentada dentro del brazo izquierdo.

Tenía 25 años. Quería ser bombero.

2.- PEDRO RUIZ  SAURA (12/01/1961, 53 años)

 Un sonriente Pedro en la foto de su DNI.

En el peor lugar y el peor instante. Entraba por la puerta cuando se desató el infierno. Murió a causa de dos balas que atravesaron a Carlos Jesús y le impactaron. Así lo dice un informe policial.

Qué puta es la vida a veces.

La banda de los moteros

Fotografa captado en un robo de ‘La banda de los moteros’

Unos tipos duros van en moto recorriendo su país, viviendo del crimen y viviendo aventuras. Es el argumento de la película Easy rider. Buscando mi destino, y lo hacen al ritmo de Born to be wild. En la Región de Murcia,  un grupo teóricamente desarticulado ha vivido aventuras y crímenes subidos a motos robadas. Los periodistas, que a todo le ponen nombre, les bautizó como La banda de los moteros.

 Imagen obrante en el atestado policial de uno de los robos

Un amigo me señalaba la peculiaridad del nombre.

– Llamarles moteros y no motoristas, denota algo

-Claro, la chulería y la mala leche de ir por ahí apuntando con pistolas.

Son cinco, tres chicos y dos chicas. Españoles. Hijos de la democracia, lo han tenido todo para dedicarse a ser buenos ciudadanos, pero se han dedicado a ser buenos ladrones. O no tan buenos. Están identificados,  detenidos,  y dos de ellos en prisión preventiva.

 El atracador, con casco y pistola, en otro de sus ‘golpes’.

Modus operandi
  1. Usan motos para moverse,  pero igualmente usan coche. Eso sí, suele ser un vehículo robado un poco antes, del que luego se deshacen.
  2. Usan cascos integrales de motorista (de ahí el nombre) para ocultar su rostro. Al principio se tapaban la cara con prendas, pero era extraño ver por ahí a alguien huir como un cuatrero. Es menos llamativo ver a un motorista con un casco.
  3. Usan armas, se desconoce si simuladas o de fuego, para intimidar a sus víctimas. Tampoco dudan en hacer apología de Albacete al usar cuchillos.  En ambos casos, usan calcetines en las manos para evitar huellas. ¿Recuerdan al presunto ladrón por escalo Kaéfe (por cierto, ya en libertad)? ¿Recuerdan los guantes que usaba: marca Patacho? Un calcetín en un bolsillo es menos delictivo,  en apariencia, que un guante pero igual de efectivo para evitar huellas.
  4. Uno roba. Otro/otra espera.
  5. Suelen tener vigilados los lugares donde dan los palos. Y planifican la huida. Pero tiene capacidad para adaptarse. Si un golpe les sale mal, improvisan otro.  Cometen los atracos con empleados y dependientes. No son de reventar persianas.  Tardan sesenta segundos en actuar. Son rápidos, y guasones. En un robo se llevaron “dos botes grandes de cerveza”. Para brindar.

Para muestra, un robo. Asalto a una gasolinera de Molina. El ladrón usa una llamativa sudadera a cuadros. Como el vesturio de la selección croata de fútbol: con cuadros rojos y blancos. Es como un puñetazo a la vista. Y lo hace porque, en su huida, se deshace de la prenda tirándola desde el coche en el que huye. Denota premeditación.

El atracador de la sudadera ‘croata’ empuñando un arma de fuego.

Todo el mundo recordará la sudadera croata. Sin embargo, el vehículo empleado en la fuga lo han estacionado en otra calle, al ladico de un portal que tiene una hermosa cámara de seguridad (bendita ciberseguridad) que lo filmó todo, y que no pasó desapercibida para los investigadores.

Situación del caso

El sumario es un maravilloso batiburrillo. Se suman denuncias de Policía Local y Guardia Civil y Policía Nacional. Cada una con su estilo y forma. En todas, es cierto, se leen descripciones muy similares sobre el autor de los robos: “un individuo varón, español, con acento murciano, portando casco integral de color azul claro, de unos 180/184 centímetros, de complexión atlética, de unos 25 años, vistiendo ropa deportiva”. Y también se repite mucho el escaso diálogo del que hacían gala:  “¡Sacar el dinero, dadme el dinero, u os pego un tiro a cada uno!”.

Fotografa 1: el atracador agarra al dependiente y, a punta de cuchillo, lo mete en la tienda.

El ámbito de actuación de este grupo es amplio. Desde San Javier a Molina de Segura, pasando por Santomera y sobre todo Murcia. La dispersion geográfica, en los primeros compases, también les beneficia ¿Qué juzgado se va a quedar con el caso? ¿Cada juzgado investigará cada robo?

El atracador, sin soltar al empleado de la gasolinera, coge el dinero de la caja.

A primeros de septiembre cayó uno de los líderes y los demás estudiando su entorno y relaciones. De los cinco arrestados no todos tienen el mismo papel. Hay dos principales, los que más robos se creen que han ejecutado. Luego hay un tercer tipo que ha participado en algunos robos y luego están las chicas, parejas sentimentales de los primeros y que ejecutaban la mayoría de veces labores de logística sobre conducción y huidas.

El atracador ‘motero’ emprende la huida y se aprecia el cuchillo.

 

La defensa de los líderes del grupo, llevada a cabo por el abogado Jorge Novella, mantiene que “no hay datos identificativos sino indicios, y que la atribución de los delitos es por el patrón”, vamos, que si son robos parecidos se los han metido a los mismos.

De momento, que se sepa, han cesado los robos con casco. Que, además, les daba un aspecto humanoide abracadabrante.

La denuncia de España

Hubo un tiempo donde los cronistas de sucesos hacíamos el trabajo fundamentalmente en el callejón donde tenía lugar el crimen. Después, en el puerta a puerta. Esta verdad sigue siendo universal ayer y hoy, pero no mayoritaria. La era digital te puede regalar un caso en un email.

Cualquier periodista se frota las manos cuando en ellas le cae un sumario, una instrucción, una investigación.  Hace una década por ejemplo tenías que ir a la casa, el despacho o a la oficina de alguien para ello. Te llevabas un cartapacio de papel recién imprimido o fotocopiado. Hace un lustro, te lo llevabas en un CD. !Ay! Si los Verbatim hablaran. Una acumulación tal como el que apila periódicos leídos sobre el escritorio. En altas torres. Ahora, basta con un envío por Wetransfer. Si hay escuchas telefónicas, o es cosa gorda, en un pendrive. Digital o analógico, nos seguimos frotando las manos ante un sumario.

EL COLOR DE LAS LETRAS

Yo a cada texto le veo un color. Por encima del negro de la tinta la conjunción de palabras, estilos e ideas se me asocian a un color. Por ejemplo, los párrafos informativos son eminentemente grises, casi asépticos. Los de opinión, varían del rojo colérico al verde bilioso. Lo económico, es naranja. Lo deportivo, verde césped. Las predicciones meteorológicas tienen un blanco lechoso, etéreo. En literatura, la novela histórica es para mi marrón-cuero-gastado-Alatriste. La literatura erótica es color rosa ensalivado. La novela policíaca es de color azul. El relato futurista, neón plastificado.

Encabezamiento de distintos tipos de denuncias.


A un sumario me cuesta encontrarle color. Más bien parece un código de barras. Y esto es así por lo ortopédico de ciertas escrituras. El ordenamiento de hechos, datos y citas de leyes hace que sea una sonrisa mellada. Me obliga a saltar líneas para ir al meollo. Tras las primeras doscientas páginas, uno ya identifica el tipo de diligencia que tiene en la pantalla y va más rápido.

Como el que mucho ve, termina por imitar, hagamos un ejercicio de funambulismo. Será más ficción que crónica, pero, cuando concluya, posiblemente sea más crónica que ficción. Por desgracia.

ESPAÑA DENUNCIA

Acta de declaración de denunciante d/dña ESPAÑA. DNI 00000001

En La Opinión de Murcia, con la fecha arriba expuesta, se procede a tomar en manifestación a D/Dña ESPAÑA, cuyos datos de filiación son: en un lugar del Mediterráneo. Hija de Miles de Años de Historia, y de Cientos de Pueblos Mezclados. Domicilio: al Sur de Francia, junto a Portugal y al Norte del Estrecho. Teléfono: cualquier cabina pública.

La Fuerza Instructora de las presentes procede a informar a/el declarante la obligación legal que tiene de decir verdad (art. 433 Ley de Enjuiciamiento Criminal) así como la posible responsabilidad penal si, con temerario desprecio hacia la verdad, miente sobre personas o hechos (Art. 456-457-458 Código Penal)
Que en las últimos años, meses y semanas viene siendo víctima de un caso de lesiones,  de coacciones, de estafa, que le quieren quitar la vida y que todo es fruto de un gravísimo problema de violencia en el ámbito familiar. Que cree que el móvil es por dinero, pero que no tiene más que indicios.

Que sí tiene pruebas de que todo esto está organizado, y no ha sido fruto del azar, sino de 40 años de desatenciones, malediciencias y silencio cómplice.

Que actualmente no puede salir a la calle sin sentir el acoso y derribo por parte de muchos hacia su persona y nombre sin haber deseado mal a nadie. Refiere que tiene un miedo real y palpable sobre el futuro de sus nietos y de la integridad de su propiedad. Que sufre amargamente cuando ve a sus hijos pelear entre sí en el seno de su hogar.

Vecinos de Alcantarilla celebrando el día de la Hispanidad. Foto: Apanochados

Que, además, afronta otras situaciones que hacen impredecible la resolución del actual conflicto: volatilidad de los ingresos, baja renta de mucho de los dependientes de ella, terribles problemas ambientales, sequías, incendios, presión migratoria y cierta incomprensión internacional.

Preguntada para si aporta partes médicos o psicólogicos. Manifiesta que no hay diván lo suficientemente grande.

Preguntada para saber si puede describir a los causantes de su mal. Manifiesta que son muchos y a todas horas.

Izado de la bandera de España en Alcantarilla. Foto: Apanochados

Preguntada si conoce a Puigdemont y Junqueras. Manifiesta que sí, pero que no son los responsables sino los últimos en llegar.

Preguntada si conoce al Artículo 155, Manifiesta que no, pero que sospecha que es un mal necesario.

Preguntada si tiene algo más que añadir. Manifiesta que le duele España.

Firma de la Víctima del delito.

Yo España.

Firma de la fuerza instructora.

Yo España

 

 

El club Topacio

Durante mucho fue la quintaesencia del negocio nocturno. Una nave, junto a la carretera nacional, en Molina de Segura, trufado de mujeres y joyas en su fachada, y vicio y explotación en su interior. Ahora está cerrado. Ahora los responsables deberían estar ante la justicia, pero están en paradero desconocido.

El prostíbulo más grande, exitoso y comentado. En su desarticulación, ocho personas fueron arrestadas en relación a las actividades que allí tenían lugar. Todos rumanos menos un español apodado ‘el Mortadelo’. Tenían una cita el pasado 6 de octubre. El juicio debía durar siete sesiones. Solo asistió el intérprete de rumano.

EL NEGOCIO

Era un emporio económico. Era un microcosmos de neón, alcohol y perversión. Allí faenaban muchos grupos y cada uno a lo suyo.

Mujeres y un gran topacio en la fachada del prostíbulo.

Entrevisto a Victoriano Martínez. Victoriano tiene un nombre largo, pero él lo es aún más. Ahora luce barba que se le torna entrecana. Entonces tenía el rostro lampiño. Hace diez años era uno más en la Brigada metiendo hombro. Hoy es el Inspector Jefe de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía, y anda más que atareado de aquí para allá con la invasión de inmigrantes llegados en patera (hemos batido récords, oiga).

“Aquello estaba abierto desde 1997 -justo hace ahora 20 años-, y yo estuve trabajando en eso desde 2002”, explica el inspector jefe mientras bucea en su memoria. “Hicimos infinidad de registros y entradas, que fue la base para cerrar aquel antro que era un vergel de delincuencia. Tenían a las mujeres prostituidas y degradadas. Había muchos delitos en ese lugar: tráfico de drogas, falsedad documental, lesiones, extorsiones… era un lugar tenebroso…”.

Relata entonces cómo funcionaba: “Había muchos grupos dedicados a la trata dentro de ese local. En el último operativo allí había 152 mujeres, doscientos y pico clientes, un montón de trabajadores… ¡un imperio! Aquellas 152 mujeres no pertenecen al club, al grupo empresarial… no, el grupo empresarial se dedicaba a beneficiarse de aquel negocio. En aquel tiempo, se llegaba a pagar 70 euros al día por la plaza, por tener allí una chica. ¡Imagínese 152 mujeres! Más, luego, una parte de las copas a las chicas, más todo el mercado secundario de preservativos, sábanas, tabaco, tragaperras, taxistas… ¡Había médicos que iban a hacer citologías! Todos pasaban por caja”.

El inspector jefe Victoriano Martínez.

Uno de los grupos criminales que operaban entonces allí, el que era quizá más fuerte, es el que estaba este mes llamado a juicio.  “En aquellos años predominaban la prostitución de los países del Este, de Rumanía -detalla Martínez-, que entonces no era país europeo, y las mujeres eran más vulnerables. Les hacía pagar por todo”.

Le pregunto por este no-juicio al que no se ha presentado nadie. “A mí no me sorprende, pero me siento orgulloso de lo que fue un éxito policial, en parte judicial y sobre todo administrativo, porque tuvo mucho que ver el Ayuntamiento de Molina de Segura, que concluyó con el cierre de este antro”.

EL CIERRE 

“Nos tenían amenazados. Incluso nos espiaban. En mi casa pillaron a dos subidos a la valla. Tenían información sobre nosotros”, recuerda Luis Gestoso, que fue concejal en aquella época de Aperturas, Medio Ambiente e Industria, y luego Urbanismo. Y es que el consistorio, avergonzado de tener “uno de los mayores prostíbulos de España”, y ante la indesición judicial, les retiraron la licencia.

“La Policía nos hizo un informe muy completo en el que, entre otras cosas, ponían que allí tenían a niñas, a menores de edad”. Una incluso contrajo una enfermedad venérea y se le tuvo que amputar todos los dedos de los pies. “Por todo ello -prosigue Gestoso-, les revocamos las licencia de hotel y cafetería”.

La sillas de los acusados vacías en el juicio del caso Topacio.

Cerrar aquel local fue una odisea, y fue en dos tiempos. Pero se cerró. Lo que no parece tan claro es que se cierre el caso. Siete rumanos conformaban un grupo que captaba a la chicas en Rumanía, las traía y mantenía con documentación falsa, las escondía en una red de pisos-patera, las movían en un taxi conducido por el único español implicado, ‘el Mortadelo’, y las explotaban en el club. Allí contaban con mujeres que las vigilaban. Les piden en conjunto penas de prisión que superan las 40 años. Para el 27 de octubre el tribunal les han vuelto a citar (a los que están localizados. A los que no, no. ¿Dónde enviar la citación?). A ver si entre los que se presentan llegan a un acuerdo. O algo. Así vamos.

El pacto de Cala Cortina

El caso Cala Cortina es una metáfora para los días convulsos que vivimos: saber llegar a un acuerdo en el que todos pierden, todos ganan, ninguno está satisfecho del todo ni jodido del todo.

En nuestra historia reciente hay pactos muy importantes. Los de La Moncloa, en 1977, que articularon la Transición, o el Acuerdo de Floridablanca, mucho menos conocido pero más cercano, un pacto  firmado en el hotel Floridablanca de Murcia en enero de 1979 y que nos trajo la autonomía a nuestra Región. El pacto de Cala Cortina será también histórico por lo que deja y, sobre todo, por lo que nos quita.

Para muchos, Cala Cortina es sinónimo de crimen. Para mí no. Yo conocía de antes la Cortina. Yo me he bañado en Cala Cortina. Es una playa urbana estupenda.  Es un dolor que se haya convertido en el escenario de un crimen no esclarecido pero sí con final pactado.

LO QUE NOS QUITA

Es un fraude que se haya llegado a una conformidad. Que se nos haya hurtado la posibilidad de llegar a conocer, hasta donde da la ciencia policial, qué cojones le pasó a Diego Pérez Tomás la noche del 11 de marzo de 2014.

Una de las muchas manifestaciones pidiendo justicia por la muerte de Diego.

Los que saben mucho de informaciones judiciales, como el periodista cartagenero Carlos Illán, me dicen que es un buen acuerdo, que todos ganan. Cada palabra se ha cincelado, se ha esculpido a base de llamadas telefónicas e intereses a corto y largo plazo. Para que todo encaje, incluso cuando la fórmula para encajar sea tan ambigua que pueda tener distintas interpretaciones. Conclusiones contrapuestas escuchadas a pie de Palacio de Justicia. Francisco Belda, abogado de los hermanos: los policías acusados “son homicidas confesos”. Raúl Pardo-Geijo Ruiz, defensor de uno de ellos, “es claro, meridiano y paladino, que ellos no son asesinos, sino que faltaron a su deber de garantes” porque la muerte se produjo por “acción u omisión”. Como escribía Juanjo Lara,  “el caso Cala Cortina se cierra con esa ‘u’, la vocal que, precisamente, queda turbadoramente abierta”. Parece una greguería de Gómez de la Serna.

Pero es que los propios hermanos de Diego, no parecen tampoco tenerlo claro. Manuel llega a decir en la sesión en la que declaró que lo mataron, y otro de los defensores, Mariano Bo, se niega a admitir el término “Protesto enérgicamente, señoría” le espeta al juez para que quede constancia.

Pastora Pérez, otra hermana, en un rapto de sinceridad o dejando hablar al subconsciente, protagonizó un momento que da mucho que pensar.

Fiscal: -¿Reclama usted entonces el dinero?

Pastora: -Yo reclamo algo más -llorando ante el tribunal-, una persona no vale dinero, no lo vale.

OTROS FLECOS

Luego está el tema de las indemnizaciones. Otro lío en el que el abogado del Estado, Nicolás Valero, hacía pedagogía en cada esquina para explicar que él responde por el dinero de todos los contribuyentes y no se puede dar tan a la ligera… máxime cuando no todos los hermanos cuidaban por igual a Diego, y los policías (¡suspendidos de empleo y sueldo desde 2014!) a lo mejor no pueden pagar los casi 90.000 euros cada uno, que es la parte que les toca apoquinar para alcanzar los 450.000 euros de indemnizaciones. La pela es la pela, que dirían los catalanes. Vaya si mueve montañas y cierra acuerdos.

-¿Acaso no sufrieron los hermanos?

-Muchísimo. Un trauma y una ausencia que llevarán para siempre. Pero otra cosa es que el Estado tenga que pagar.

Manuel, hermano De Diego, se dispone a declarar.

Y ¿cómo olvidar que fueron 6 los acusados y llegaron solo 5 al estrado? Gregorio Javier es un agente que lamentablemente falleció por pancreatitis cuando estaba en prisión provisional por este caso. Por si faltaba dramatismo al asunto. En la Jefatura de Policía Nacional en Murcia miraban con recelo el juicio. Había preocupación. No iban a escucharse lindezas precisamente. Y hasta en la comisaría de Cartagena, me decía un responsable policial, costó mucho levantar la frente y superar el shock de ver a los compañeros esposados. Pero había que hacerlo, y salir a patrullar.

Luego está la prensa. Que todo lo convierte en un espectáculo, y a los que se nos ha acusado de aumentar el sufrimiento de la familia de Diego. Pero parecen olvidar cuando se nos llamaba para acudir a tal o cual pública manifestación de dolor y búsqueda de justicia (ya).

Hay margen de sorpresa aún con la sentencia, que se fijará en unas semanas. Pero la verdad de lo que ocurrió no la conoceremos. Claro, que luego te pueden hacer un Rabadán: al cabo de los años, por mala conciencia o golpe de talonario, vaya usted a saber, ir a contarlo todo en un documental. A lo mejor dentro de un par de decádas nos toca Cala Cortina.