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Las andanzas del Gorreta

Si los atentados de Barcelona y Cambrils no nos hubieran herido en lo más hondo y elevado nuestro umbral de la sorpresa y del dolor, habríamos flipado mucho con las andanzas de este mozo de 21 años que es todo un portento en acumular delitos. Lleva medio agosto dando titulares a los sucesos.

J.D.G. es natural del Barrio de San Andrés, en Murcia. En su corta vida adulta ya acumula ocho detenciones, la mayoría por robo en vehículo. Los agentes que lo han perseguido le llaman ‘El Gorreta’. Sólo con el arresto del pasado domingo, ha ganado la acusación de cuatro delitos más: robo con fuerza, allanamiento de morada, coacciones y atentado a la autoridad.

J.D.G. camino de los juzgados tras su arresto. Foto: Israel Sánchez

ATROPELLO Y FUGA

Eran las 7 de la mañana del domingo 6 de agosto. Puerto de la Cadena. Autovía A-30.

El Gorreta iba en moto. Dirección Murcia. Debió de ver a lo lejos las luces giratorias y azules, reverberando en el asfalto, generando sombras en la pinada circundante. Un control de la Guardia Civil. Tiró para adelante. Un agente de los Linces se adelantó para darle el alto. Le arrolló. Intentaron darle alcance pero se perdió con las primeras luces del día. El agente herido resultó policontusionado, está de baja y aún se recupera.

BENIAJÁN Y FUGA

Fue identificado. J.D.G. El juzgado de Lo Penal número 4 había ordenado su búsqueda, detención e ingreso en prisión a primeros de mayo por robo con fuerza. Por eso se saltó el control. Llevaba más de tres meses huido.

Al día siguiente hubo una oportunidad para cazarlo. En otro control preventivo de GC y Policia Loczl de Murcia, en Beniaján, iba en un coche con otros tres tipos. Aparcaron unos metros antes y se metieron en un bar. Los guardias sospecharon y fueron dentro también.  De nuevo, cuán Chapo Guzmán, cuán ibérico Lute, se escapó por entre los dedos. Pero los otros sí fueron arrestados. En el vehículo, los agentes hallaron un arma de fuego, una pistola del calibre 22, y un marro.

J.D.G. debía de estar muy necesitado, porque se buscó a otro colega de andanzas y se fue al poco a robar en un ático que tendrían controlado en su barrio.

Foto de detenido de un joven J.D.G.

INTENTO DE ROBO Y ARRESTO

Es medianoche del 19 al 20 del agosto caluroso y tranquilo en una Murcia medio vacía. Dos siluetas se cuelan en un ático de la calle Ericas. Una persona vecina del inmueble llama a la Policía Nacional. Va un furgón de la UPR.

La historia es rocambolesca, chunga y violenta. Los tres agentes consiguen subir a la terraza comunitaria y ven la ventana forzada. Hay herramientas en el suelo. Habían accedido por una terraza contigua. Los policías sacan las linternas y al enfocar hacia dentro del ático ven a dos tipos. Uno de estos, corre hacia la ventana y la intenta cerrar. Uno de los agentes lo intenta evitar. El ladrón rompe deliberadamente los cristales hiriendo al policía e hiriéndose también él, y huye hacia el interior de la casa.

Los agentes se meten a buscarlos. No los encuentran, ni a los dueños. Mientras avisan al propietario para que venga, sigue la búsqueda. Se percatan que una ventana da al patio de luces y está abierta, junto a un gran tubo del aire acondicionado por donde podían haber podido huir.

Llegan más agentes, Policía Científica y hasta el dueño del ático. Pasan los minutos. Los ladrones… ¿dónde estaban? Era un rompecabezas. Una colmena de pisos. Pero un agente se percató de una ventana abierta más abajo siguiendo el tubico de la fuga.

Llaman a la puerta que corresponde a esa ventana. Es una familia china. Son las 2 de la madrugada. Le dicen que buscan a unos ladrones. Los chinos dicen que no hay nadie allí. Pero están muy nerviosos y no paran de hablar en chino entre ellos. Consienten en que los agentes inspeccionen la vivienda y cuando van hacia una habitación, el hijo les dice que dentro hay dos tipos, que llevan allí una hora y que les tenían atemorizados.

Los policías entran. Allí estaban. Pero aún intentaron fugarse otra vez. A hostia limpia. A puñetazos. Lanzando objetos. A la carrera. Pero no corrieron mucho. Fueron reducidos y engrilletados.

Al que acompañaba a J. D. G., por cierto, le buscaba un juzgado de Alicante por robo con violencia, y en el cacheo le pillaron un porro de marihuana que conllevó una nueva acta-denuncia.

Dos agentes, además de los ladrones, resultaron heridos. Y así termina la más extraña madrugada de esa comunidad de vecinos. Ahora el Gorreta tiene otros vecinos. De celda.

 

La Bastilla de Fortuna

El 14 de julio de 1789, los parisinos tomaron por la fuerza la Bastilla, un antigua fortificación reconvertida en terrible cárcel y símbolo de la opresión de una monarquía caduca e ineficaz. Arrancaba la Revolución Francesa.

Luis XVI y María Antonieta no tuvieron en su guillotinado final mucha fortuna. Donde también se agolparon las turbas violentas es en Fortuna. Digamos que en el municipio conocido históricamente por sus aguas termales, las aguas se salieron de cauce, y en el techo de la Cueva Negra se puede escribir ya un nuevo verso sobre este episodio de violencia y odio.

 

ORIGEN

Desde hacía tiempo, varias familias de etnia gitana y naturales de Guadahortuna (Granada) se habían instalado en unos adosados que construyera el otrora empresario de las basuras, Ángel Fenoll, implicado en el caso Brugal y ya lejos de los negocios.

Los vecinos reiteran que “en Fortuna hay muchos gitanos, pero estos son muy agresivos”. Afirman que sufrían continuos robos, que estas familias “hacían lo que querían, y si les decías algo te amenazaban con sacar la navaja”.

La gota que colmó el vaso fue al parecer un altercado que hubo en la piscina municipal, donde un pequeño de estas familias defecó en la piscina, fue recriminado por el socorrista y los padres se le encararon malamente, que le amenazaron.

Al contrario que los parisinos de finales del XVIII, los fortuneros de hoy sí tienen Whatsapp, y por ahí se convocó una protesta vecinal cuyo objetivo era trasladar una enérgica queja al Consistorio. El primer edil les atendió, pidió calma pero reconoció estar atado de pies y manos para forzar la salida de nadie, porque eso era lo que se pedía. Echarlos.

La multitud, cientos de vecinos cabreados, tomaron entonces el camino hacia los dúplex ilegalmente ocupados. Como en la toma de la Bastilla, transcurría todo en una calurosa tarde de julio.

ESTALLIDO

No fue una marcha estudiantil ni una manifa por agua. Fue una jornada venezolana de protestas e ira. Era gente sencilla, humildes, hartos y exaltados por la situación que arrastraban. Estaban fuera de toda cordura y civismo. Estaban hasta los cojones. Algunos iban con el rostro tapado. Llegaron coreando consignas contra los okupas.

Seis agentes  (4 guardias y 2 municipales) les esperaban. Ese fue todo el cordón policial. Nadie esperaba un giro así de los acontecimientos. Los protestantes llegaron increpando, vociferaban desde un solar contiguo. Los agentes se esforzaban, con la defensa ya en la mano, para mantenerlos a raya. Mucho empujón, mucho grito a cara de perro.

Secuencia de un vídeo del apaleamiento a un okupa.

Como no podían acercarse, muy al estilo bíblico, comenzaron a lanzar piedras a la viviendas. El gentío seguía gritando “¡Cobardes! ¡A ver si salís ahora!”. Por allí apareció, vaya usted a saber por qué, uno de los okupas, que se encaró con los protestantes y estos arremetieron contra él. Hombres y mujeres, pateando en el suelo al gitano, que fue rescatado por un guardia que se lo llevó volando. Se vio tal cual en los noticiarios. Todo muy versallesco, muy rococó.

 

RESULTADO

Se marcharon. Se asustaron. Las familias de okupas cogieron sus bártulos y se piraron. El consistorio les puso un autobús y un camión para trasladar sus pertenencias. Y a la par que salían, albañiles tapiaban las puertas de acceso.

Si van a Fortuna, mírenles con asombro y respeto. Son vecinos bravos. Han conseguido lo que querían, cuan victoriosa legión imperial de Roma. Pero tomando la justicia por su mano. Por ello, a catorce les han arrestado. No se puede tener todo, y la Benemérita no iba a quedarse de brazos cruzados después de tener que usarlos tanto en la jornada de marras.

Les denuncian por desórdenes públicos: “quienes actuando en grupo o individualmente pero amparados en él, alteraren la paz pública ejecutando actos de violencia sobre las personas o sobre las cosas”. Esto no ha sentado bien en el vecindario. Respecto a los okupas se les investiga por usurpación de bienes inmuebles, defraudación del fluido eléctrico y estafa.

Estos días, la localidad ha vivido sus festejos patronales en honor a San Roque, y la celebración de las Fiestas de Sodales Íbero-Romanos. Curiosamente, entre los grupos participantes no existen Sodales de Marte, dios de la Guerra. Será porque lo celebraron a finales de julio.

 

El nombre de las operaciones

Como investigadores, gente pragmática, terminan por poner un nombre relacionado.  Siempre gira alrededor de tres cosas: el tipo al quien investigan, el delito que persiguen o el lugar donde ocurre.

Hubo hace tiempo una operación contra un grupo que vendía droga en Espinardo y Aljucer. Se les detuvo y se les incautó diverso material. Los policías le dieron la nota informativa al responsable de comunicación del CNP, entonces era Paco Blas. Aquel operativo todavía no había sido bautizado.

-A ver -dijo Paco muy resolutivo- ¿qué le habéis pillado?

-Pues, por ejemplo, setas alucinógenas -dijo uno de la UDYCO.

-Se llamará Operación Chamán -sentenció.

Por aclamación popular, hoy hablamos de cómo los agentes eligen el nombre de las operaciones que llevan a cabo.

Uno de los registros en la Op. Coliseum

No hay un protocolo. Podrían lanzar un moneda la aire y elegir. Incluso bautizarla mientras entregan el atestado una vez ya concluida, como hemos visto en el ejemplo de antes. Pero como investigadores, son gente pragmática, y terminan por poner un nombre relacionado. Siempre gira alrededor de tres cosas: el tipo al quien investigan, el delito que persiguen o el lugar donde ocurre.

Antes, en todo esto decidía mucho ‘el de prensa’. En concreto, el cabo Félix en Guardia Civil, y Paco Blas en Policía Nacional. Éste último explica que el nombre de una operación debe ser “fácil, entendible, discreto y una referencia para las diversas áreas que investigan”, pero remarca que “suele salir del grupo que investiga”.

Hay otras normas no escritas de obligado cumplimiento: sin palabras malsonantes, ni insultos, ni excesivamente identificativas.  Esto último es por pura supervivencia. Si persiguen a Fulano y le ponen Operación Fulano “cualquiera que pueda oír el nombre cuando vamos a por un mandamiento puede dar el aviso”, me resume un agente. Del típico comentario:

-Pues ayer Mengano fue al juzgado a no sé de una operación que se llama como tu cliente, ¿cómo era…?

-¿Fulano?

-Ése

Y ya le dan el agua sin quererlo. En otras ocasiones, traducen un apodo al inglés. Operación Fulanation. Y el susodicho, como no suele no saber idiomas…pues no se da por aludido.

El arresto en Molina el 19 de julio de la operación sin nombre.

A veces, pocas pero las hay, no tienen nombre, como el arresto de unos ladrones vecinos de Molina y Torrevieja con 40 robos a sus espaldas. Y los periodistas no se percatan. En otras muchas ocasiones, un nombre ha generado intensísimos debates en la Redacción para dilucidar su origen.

En contados casos, con suerte y cierta sutilidad, uno puede captar el fino humor de los agentes. Y es en ese momento cuando uno puede meterse en la mente de los investigadores mientras ellos día tras días intentaban localizar al pájaro en cuestión. 

Almacario: arrestan en San Pedro del pinatar a un importante delincuente reclamado por Murcia y Alicante. ¿Cómo apodaban al tipo? Macario.

-Compañeros: dónde vais?

-Al Macario.

Pitón: detención del Karateca. La pitón es una de las serpientes más grandes que hay. Además es constrictora. Mata usando la fuerza. 

Spinakas I y Spinakas II: detención por Guardia Civil de un grupo de ladrones en Bullas. Al líder del grupo le llamaban Popeye ¿Y qué comía el popular personaje marinero de dibujos animados ?, pues sí, espinacas.

Búho: Desarrollada en 2008 y con otros flecos en 2009. Desarticulación del clan denominado Pijetes, dedicados al narcotráfico de cocaína colombiana.  47 fueron al final a juicio, celebrado en 2015. En la primera sesión 44 de los 47 aceptaron los cargos. Se llamó Búho porque es el nombre que la Polícia Nacional da a las unidades suyas de vigilancia (ojos como búhos) en la calle. Se le puso así como reconocimiento.

Cantiga: Desmantelamiento a cargo de la Benemérita de un punto de venta de droga en una calle llamada Alfonso X El Sabio. Las Cantigas de Alfonso X. Tiene musicalidad la elección.

Droga incautada en la Op. Cántiga


Pedanía: detención de Juan Pedro González, el mejor falsificador de Beniaján. Cólo hasta 2 millones en billetes falsos. Un jefazo de Madrid venía a Murcia a seguir la investigación. Hubo que explicarle la geografía murciana, y que Beniaján es una pedanía.

Juan Pedro durante el juicio por falsificación en el que fue condenado a 8 años y medio de cárcel.


Motogopro: nombre no exento de cierta retranca. Detuvieron a dos conductores que se grababas con cámaras GoPro sobre sus motos conduciendo a más de 250 km/h.

Coliseum: 26 detenidos por CNP por narcotráfico de marihuana. 13 registros simultáneos y 70 agentes participantes en una operación colosal.

Soplanucas: Operación llevada a cabo en 2008 por Guardia Civil contra cuatro tipos que robaban por el método cogotero. Las víctimas salen del banco con su dinerico, y estos les siguen el cogote, les soplan en la nuca, les dan el palo rápidamente y huyen.

La lista podría ser infinita. Pero ahora, con cada operación policial, ya tienen ustedes otro misterio que echarse al coleto ¿Por qué azar le habrán puesto ese nombre?

Regalo de boda (FICCIÓN) #cuentosdeverano

El bofetón había sido un golpe brutal que le giró la cabeza, le contorsionó el cuello y la tiró al suelo. Ya se había acostumbrado a recibir una hostia de vez en cuando, a los insultos, a ser denigrada, ninguneada… pero aquel golpe era superlativo.

Él le gritaba mientras ella se hacía un ovillo en el suelo de la cocina, se cubría la cabeza con las manos y con los brazos. Los hijos, todavía pequeños pero no cómo para no saber lo que ocurría, ya sabían que no debían salir de sus dormitorios.

Nadie en los alrededores oiría sus quejidos de dolor, ni sus gritos de bestia iracunda. El dúplex en la sierra le pareció a Ella el cénit palaciego de su vida social y familiar, con piscina, pero en verdad fue un castillo de terror donde siempre estaba aislada. Por eso empezó a fumar, a ahogar en nicotina sus penas y sus ansias de sexo.

Entonces vino la patada. No lo esperaba. Confiaba en lo de siempre. Que Él se cansara de gritar, que se le pasara la borrachera. Que luego viniera llorando a pedirle perdón (cada vez lo hacía menos). Pero aquel disparo de rugby en el abdomen la vació de aire y de esperanza, la estampó contra la pared y le abrasó los intestinos.

Aquello era un paso (una patada) más en su particular escalada de violencia diaria. Y volvió a sentir miedo como lo sintió la primera vez que le abofeteó. Un miedo que te revuelve la sangre, que hace que desaparezca el suelo bajo tus pies, que te obnubila al replantear toda tu existencia. El miedo por ti y por los tuyos.

Y fue entonces, desde el suelo, estampada contra la pared, cuando un brillo le incidió en los ojos. Mientras Él seguía vociferando groserías, un resplandor metálico desde lo alto del mueble-despensa de la cocina le llamó la atención. Le costó reconocer lo que era.

Se conocieron en la secundaria. Pero no se dieron más importancia. Hasta que volvieron a coincidir en la Facultad. Preñados de juventud y belleza, se enamoraron perdidamente. Todo fue romántico, frenético y perfecto. No necesitaban más. Tras acabar la carrera y encontrar trabajo, se casaron.

Los amigos eran comunes, todos de la primera generación adolescente que creció con móviles, todos conocidos. Ellos se lo llevaron de despedida a Mojácar. Ellas los superaron: se la llevaron a Mallorca en avión.

La boda, por la Iglesia (la familia de Ella no aceptaría otra cosa, a la de Él no le importó), fue estupenda. La celebración, todo un acierto gastronómico y festero. De hecho, una pareja de amigos que se enrollaron esa noche llegaron a casarse años más tarde (luego se divorciaron).

A la hora de partir la tarta, el mâitre les hizo entrega de una espada estilo toledano, sin filo, claro, como recordatorio del restaurante. Era de larga hoja, ancho mango y elaborada guarda con gavilanes.

-Es para ustedes, regalo de boda.

Ambos se sonrieron y con los dedos entrelazados, partieron las siete alturas de la tarta y se olvidaron de la espada y de la tarta, y de todos, y se fueron a bailar a la pista.

El amigo que les llevó en coche hasta el hotel (regalo de todos los colegas de la Facultad) cayó en la cuenta, vaya usted a saber por qué pijo, de coger la espada y echarla la maletero, junto con las maletas de los novios.

No recordaba Ella desde cuándo estaba ahí la espada de la boda. Sobresalía entre cuadros viejos y dos jarrones nunca utilizados en la parte superior del mueble. Él iba y venía del pasillo a la cocina gritando y amenazando, chocando con las paredes.

Él comenzó a quitarse el cinturón. Y Ella sabía que no era para hacerle el amor. De un respingo, se levantó del suelo. Se subió a una silla. Empuñó el regalo de boda. Él se abalanzó hacia ella. Ella se tiró desde la silla esgrimiendo el arma, apuntándole a su pecho.

Le atravesó. Aulló de dolor durante uno segundos. Se quedó sin aliento. Aún la miró desde el suelo. Más sorprendido que dolorido. Dejó de vivir. Boquiabierto. Cinturón en mano. 

Se encendió un pitillo. Exhaló dos bocanadas. Pensaba ya en el peso de las maletas. Apagó la colilla en uno de los ojos del muerto. Decidió que tomarían el tren mientras lo contemplaba ensartado en el regalo de boda.

 

 

 

La cabeza de la Pitón

31 de julio. Levantan el secreto de sumario de la Operación Pitón. Feliz agosto.

El caso de Pedro Sánchez Guirao, alias el Karateca, no deja de sorprender. Absuelto de un terrible asesinato, prisión provisional por presunto narcotráfico. Pobre resumen de quien acumula 11 arrestos, incluyendo algunos como malos tratos en ámbito familiar o atentado a la autoridad. Escuálido perfil de quien tiene una efigie propia a la entrada de su local para que todos pasen bajo su entrepierna.

Pedro Sánchez Guirao, alias el Karateca.

A finales de abril se encontraba en el garaje comunitario del edificio de su vivienda, en Puebla de Soto. Según un llamante a la Policía, cargando marihuana. Llegan los agentes y lo pillan manipulando una furgoneta en compañía de otros. Dentro de la misma hallan los agentes 14 baúles con “diverso material referente al montaje de escenarios, y que en los dos últimos baúles al final de la furgoneta se intervienen CUATRO BOLSAS NEGRAS con cogollos de marihuana”.

Una de las plantaciones que la Policía le atribuye al Karateca.

Los agentes, que debieron de conocerle, podrían haber salivado con lo que habían
descubierto. Lo tenían cazado.

A raíz de ahí se armó un amplio dispositivo con 7 detenidos y 4 registros (tres viviendas y un trastero) que se llamó Op. Pitón. El resultado fue 281 kilos de marihuana, 330.000 euros y 11 armas de fuego. Y 46 relojes. Y cultivos indoor. Y un machete de 25 centímetros.

Instantánea tomada durante el registro de su domicilio.


Afirman los investigadores del CNP que El Karateca “sería la persona encargada, una vez recolectados los cogollos de marihuana, de proceder a su recogida y posterior traslado a un domicilio de seguridad donde envasarían al vacío dicha sustancia para su posterior transporte a países de Europa”. En concreto a Reino Unido. Y algo de eso anotan en un registro.

Acta manuscrita del registro en la Op. Pitón.


Aquí, los agentes se permiten una reflexión personal en las diligencias 34805/17 que es un bofetón al legislador: “la marihuana al estar considerada una droga que no perjudica gravemente la salud, tiene un castigo casi simbólico para los traficantes. Es de uno a tres años de prisión, pero si las partes pactan y se conforman, acaba quedando en meses”. Toma ya. Y por si a alguno se le escapa el detalle. “España se ha convertido en el vivero de marihuana de Europa (…): un gramo en España cuesta 5,52 euros, mientras que la media europea está en 11,84 euros”.

Pero ojo, no vale todo lo que tienes, sino también cómo lo has conseguido.

Aquí la gracia del caso va a ser cómo conectar un eslabón con otro, cómo demostrar la organización jerárquica, el clientelismo, el tráfico de estupefacientes (siempre se pueden alegar beneficios otros negocios opacos que no ilegales) y la relación de Pedro con el resto de viviendas. Cómo demostrar que están bajo su égida. Y que lo que hay dentro era porque él lo quería. Y aquí serán muy importantes algunos testimonios. Algo que a veces fluctúa con mucha facilidad. Davides contra Goliath.

Entrada al local de copas de Pedro Sánchez, en Alcantarilla.


Entonces (el juicio con jurado por asesinato) como ahora (casi 300 kilos de cannabis) le defiende José María Caballero Salinas y su bufete. Ya anuncia que va a pedir las nulidades de los registros. Y que algunos “culparían a Pedro de la muerte de Manolete”. Y que “lo han trasladado a la cárcel de Villena, justo ahora”, cuando tras el levantamiento cabe suponer más fluidez con el susodicho para aclarar los detalles que vayan aflorando. Argumenta que gran parte de la arquitectura de su supuestamente delictiva organización se basa en quiénes aparecen con él en las fotos del Photocall de su local de copas. “Sales con Pedro, traficas con droga”, resume con sorna.

Y aquí volvemos a otro punto no menos llamativo. Esa megalomanía. Ese mirar directamente a las cámaras. Lo sabe y lo exhibe. Lo demuestra en su local de copas, ahora cerrado, erigido para monumento de sí mismo. Si hasta se ha retratado como gánster de los años 20s (lo fotografían todo los agentes) en el interior. O hace apología o tiene un gran sentido del humor.

Imagen obrante en la causa, tomada del interior del local de copas.


Los que no le quitan ojo son los policías. Nos espera un otoño candente. Y no solo por la climatología. Es lo que tiene ser la cabeza de la Pitón.

Una, grande y libre. (FICCIÓN) #cuentosdeverano

Me habían dicho que era un tema de máxima urgencia. Con tres cadáveres.

Mi agencia de detectives no iba mal. Me dedicaba a descubrir infidelidades, que eran muchas, y a destapar a antiguos falangistas represores, que no eran pocos. Estábamos en la nueva España tras Franco, y un universo de delitos no morales se abría con la llegada de rubias noruegas a las costas murcianas.

Llegué sin mucho ánimo al despacho. Lancé el sombrero a la percha y cuando iba a subir los pies a la mesa entró Josefina con su sempiterno moño y una carpeta que nunca llevaba nada.

– Hola jefe. Le esperan. Hotel Floridablanca. Triple asesinato. Los cadáveres aún goteando.

– ¿Tres? Eso es demasiado. Que vaya la Policía.

– Eso es lo que no quieren, que vaya la Policía.

Reflexioné unos segundos.

-No me van a dejar hacer nada, y si lo hago, dirán que escondí pruebas y que protegía a alguien.

– Esto… jefe, mmm… el que ha llamado ha dicho que era de la Diputación Provincial.

– Pues ahora sí que estamos jodidos.

Crucé el río Segura, escuálido como nunca, verde como siempre,  y me planté allí en pocos minutos. Un tipo me abordó.

– Usted es el detective, ¿verdad?

– Sí, ¿y usted?

– No, yo no. Pero eso no importa. Lo importante es que no le vea la prensa gráfica.

-¿Prensa? ¡Qué carroñeros! Qué rápido se han enterado.

– Se equivoca, no lo saben aún.

No entendía nada pero le seguí. Entramos por la puerta de servicio. El Floridablanca es un hotel serio y relativamente céntrico. Muy señorial. No se usa como picadero, y si lo fuera, sería muy caro. Subimos varios pisos también por la escalera de servicio. Luego me introdujo en una sala sin que nadie me viera en el pasillo.

Había tanto humo en el ambiente que me golpeó en la cara como un puñetazo.

Pero los que tenían la cara desmayada eran los de ahí dentro. Todos, de traje y corbata aflojada,  se callaron y apretaron sus dientes, sus bigotes y sus cigarros.

– Señores, el detective –me presentó pomposamente.

El silencio se masticaba,  como el humo.

Se abrió la puerta. Entró un hombre orondo con el mostacho finicorto a lo Gutiérrez Mellado, aperturista pero comprometido con el régimen establecido.

– La prensa se está poniendo nerviosa, y no sé si voy a poder ocultarlo más.

– No se preocupe -dijo uno de los señores que había pasado la madrugada en vilo y vestía traje Magenta-, ya ha llegado el detective y él lo va a solucionar – y dirigiéndose a mí-: Vaya con el gerente y vea el problema que tenemos.

El Magenta mandaba. Salí como entré. Sin abrir la boca y sin ver nada claro.

De nuevo escaleras. Bajamos al sótano. Una especie de despensa de alimentos y material del restaurante. La escena estaba guapa. El gerente gordo se santiguó tres veces.

Era un caos de estropicio, desorden y sangre. Los tres cadáveres estaban en el suelo. Formaban un extraño triángulo perfecto. Los brazos de cada uno sobre las piernas del siguiente. Uno teniendo un cuchillo junto a la mitad de su cuello rebanado.  Otro un tenedor en un ojo.  El tercero un plato de cerámica partido por la mitad y encajado en el corazón.

Con un pañuelo en mi mano empecé a interrogarlos. Muchas pesetas, los tres eran funcionarios y eran de Albacete, Almería y Alicante.  La triple A. Fui a encenderme un cigarro y…

– ¡No, aquí no! Pues sí señor. Bastante lío tengo yo. Se me van a ahumar los jamones. Admití que se hiciera en mi hotel esta reunión,  que sabía que no podía traer nada bueno la política,  pero me decían “Será una cita histórica, todos los recordarán”, y los muy atrevidos me cegaban con frases como “vendrán al Hotel Floridablanca en peregrinaje, tendrás que poner una placa de recordatorio”. Y yo, venga, habilito el salón primero, y organizo la comida con los periodistas para después del acto, que se tenía que hacer casi ya, tras la firma del documento –yo le miraba boquiabierto, cigarro sin encender en la mano-,  y luego me dicen que vendrían estos señores de fuera de Murcia para participar y dar el sorpresón,  y la sorpresa me la he llevado yo, bueno, y ellos, pero a ellos que están muertos, pues ya les da igual.  ¿Ha hecho usted lo que tenía que hacer? Pues subamos, fume usted allá arriba con todos los demás, pero denme una solución a este entuerto.

Escaleras arriba. Otra vez. En un rellano me escapé.

– ¡Oiga! ¡No puede! No le pueden ver….

Di un portazo rápido, eché la llave y me quedé en un pasillo de habitaciones. ¿Quién no puede verme? Subí a la planta donde estaba la reunión de señores preocupados. Entré por otra puerta. Allí estaban. La canallesca. Los señores periodistas. Desaliñados. Sin parar de fumar. Sin parar de masticar. Sin parar de hablar. Me pegué a la puerta. Los escuché mientras no me veían.

-Yo digo que algo ha pasado. Tenían que haber firmado ya el estatuto del ente preautonómico. Nos dijeron que podríamos tomar unas instantáneas de recuerdo y luego tendríamos un almuerzo –dijo uno con gafas de montura redonda.

– Como siga así,  será una cena –dijo otro cargado con una cámara.

– Llevan meses con esto –apuntaba un tercero con un lápiz-. Hay que llevarlo cuanto antes al Ministro de las Regiones.  Murcia no se puede quedar atrás

– A lo mejor es que corren demasiado. Me han dicho…. –de nuevo el de gafas.

– Ya estas con tus fuentes secretas –le atajó otro que lucía pajarita.

– Secretas y bien informadas.

– No te hagas el interesante y desembucha –le espetó el del lápiz señalándolo con la punta afilada.

– El retraso –explicó, ajustándose las gafas- podría deberse a un magistral golpe de efecto de los ucedistas.

– ¡¿Cómo?! –se interesaron todos.

El de las gafas, se las ajustó, y también el pantalón. Paladeaba el momento de saberse centro de atención.

– Se llamará Región del Segura, y quiere agrupar a todo el sureste peninsular. ¿Os imagináis?  Una región con cuatro provincias. Y no está mini-región que es la provincia.

– O sea –recapitulaba el del lápiz-: Murcia y Albacete, como siempre ha sido, más… ¿Alicante y Almería?

– Pero ¿y la capital?  -preguntó el de la pajarita.

– Murcia, por supuesto.

– Por supuesto –asintieron varios.

– ¿Y cómo lo van a hacer?

– Se espera la llegada de emisarios de las provincias limítrofes, para firmar. La gracia es que con un pacto así bajo el brazo creen que en sus respectivas diputaciones se decidirán a seguirnos, o al menos tendrían más difícil bajarse del carro.

– Con Albacete hay que reconciliarse –decía el del lápiz rascándose con él la frente-, y si se les hace una buena oferta a Alicante y Almería, podrían sumarse. Pero no es fácil.

– Para unos el parlamento autonómico, para otros una nueva universidad, para otros la Delegación del Gobierno y a los cuartos… pues les organizamos gratis un bando de la Huerta.

Rieron al unísono, los muy canallas.

– Y si no –concluyó el de las gafas-, el plan pasaría por dejar el texto del estatuto abierto con una fórmula con así como “… y los que quieran unirse a nosotros serán bien recibidos.” Y Sanseacabó.

– Seguro que todos se suman. ¡Cuatro provincias! –dijo el fotógrafo-. La de kilómetros que tendríamos que hacer para hacer fotos.

– Una, grande y libre –dijo el del lápiz.

– ¡Schsssst! ¡Calla! –le espetó el de la pajarita-. No mentes a la bicha.

Volvieron a reír. Tras un silencio retomaron.

-Seguro que firman.

-Eso, si han venido.

-¿Y usted quién es?

Se dirigían a mí.

Levanté la mano a modo de tímido saludo. Crucé la estancia, abrí la puerta de la sala de los señores políticos, y dejé a los señores periodistas con sus dudas y sus elucubraciones.

– Aquí está el detective –decía el orondo dueño-, y ¡viene de estar con la prensa! ¡Inaudito! –le faltó abanicarse por el sofoco.

– Da igual –dijo Magenta, señalando a otro que hablaba por teléfono- esto está solucionado.

El del teléfono era un barrigón de traje azul Celeste. Colgó el auricular. Celeste y Magenta se miraron. Y asintieron.

– Hemos recibido una importante llamada, y nos han dado permiso para tapar el asunto. Esto nunca ha ocurrido –explicó Magenta.

– Pero, entonces ¿quién los ha matado? –preguntó un barrigón de traje Azulón.

-Eso da igual –atajó Celeste-. Lo que importa es el Proyecto.

-Eran unos simples fontaneros de la Nueva Política. Sus familias recibirán una Gratificación y un palmadica en la espalda –sentenció Magenta-. Murieron por la Transición.

Después de tanta grandilocuencia y letras en mayúsculas, me miraron.

– Sus servicios aquí ya no son necesarios. Aunque… –Magenta se me acercó reforzando sus palabras con el dedo índice amenazador-  le exigimos confidencialidad so pena de prisión por revelar secretos de Estado.

– Bueno, secretos de Autonomía –rectificó Azulón apoyando las manos en su barriga.

-Sí, eso. De Autonomía.

Les hice un leve saludo de cabeza y giré sobre mis talones. Atravesé a los periodistas (“¿Es usted de Albacete? ¿De Almería? ¿Quizá Alicante? ¿Cuándo almorzaremos?”) y volví al despacho.

Nada más verme, Josefina abrazó más su carpeta.

– Ya estás aquí –suspiró-. Esos que no te han dado el caso.

– Te equivocas –hablé por fin-. Ya está resuelto.

– Pues vaya. ¿Quién fue? ¿Un militar descontento? ¿Un banquero arruinado?

– Ellos mismos –dije sentándome-. A tenor de los visto… se han matado entre ellos. De pura avaricia. Estaban encerrados en una despensa. Discutirían sobre política. Pero van a echar tierra sobre el asunto.

– Será tierra sobre los cadáveres.

– También. Da igual. El meollo será que nos quedamos solos para tratar nuestros asuntos, y ya veremos si estamos preparados.

Josefina no dijo nada y salió del despacho.

Subí los pies a la mesa. Lance el sombrero a la percha. Me fijé en el calendario de al lado, en la pared: Lunes 27 de marzo de 1978. Me encendí por fin el pitillo, y dije en voz alta:

– No me va a faltar el trabajo en esta nueva España.

Me recliné en la silla. Eché el humo. Sonreí.

El Seco

Le decían El Seco. Y era verdad, era de complexión delgada. Era barrendero, y lo conocían en muchos sitios. Falleció de un infarto tras una semana de terribles dolores por quemaduras. Ésta es su historia.

El Seco era barrendero en Murcia

Lunes, 3 de julio. 20:30 horas. Calle Plátano de Los Rosales, barriada de El Palmar. No se escuchó explosión alguna, pero lo que sí recuerdan los testigos fue verlo salir envuelto en llamas y dando gritos. Entre lamentos, consiguió decir “Llevadme a la Arrixaca que me estoy muriendo”.

Alguien le echó una manta por encima. Lo montaron en un coche junto a otros 3 amigos, que sufrieron también quemaduras, y lo llevaron al hospital.

Domingo, 9 de julio. 20:54 horas. Tras una semana hospitalizado con quemaduras de segundo grado, El Seco sufre una parada cardiorrespiratoria. Su historial clínico señala que sufría una cardiopatía isquémica aguda, pero el efecto del fuego agravó la situación.

La familia pierde los nervios. Se produce un altercado con los sanitarios. Llaman a la Policía Nacional.

Llega un Zeta de la Comisaría del Carmen. Dos agentes. Ponen paz y comienzan a preguntar.

-¿Y el fallecido cómo se quemó?

-Pues no lo sabemos -dijeron-, pero en otra planta hay otro quemado que vino con él.

Ahí arrancó la investigación. No es un trasunto de Breaking Bad ni de Pulp Fiction. Es un caso triste de muerte por accidente.

El Seco y tres colegas más están en casa de uno de ellos. En El Palmar. Tiene marihuana y va a fumarla. Pero de una manera distinta.

Va a hacer aceite de hachís, o resina, o BHO que son las iniciales de Butane Hash Oil. Se trata de procedimiento que busca potenciar el tetrahidrocannibol (THC) mediante un proceso químico de destilación basado en un aplicar gas butano a la hoja triturada en un tubo metálico. El gas es de los botes para rellenar encendedores. Metes gas por un lado y sale resina líquida por otros. Luego se cuece. Queda una sustancia gelatinosa y cobriza con la que se impregna el papel de fumar. Y a volar por los mundos de Yupi.

El aceite de hachís obtenido tras la aplicación del gas al cannabis.

Existe todo un submundo donde se difunde y explican cómo hacerlo. Asusta lo cerca que está todo eso. En un click.

El Seco está ahí, erre que erre con el gas. Uno de los colegas le dijo: “Deja de hacer eso que yo ya me quemé una vez”. Pero lo que hace es pensar que se va a echar un pito mientras termina el proceso.

Nadie sabe con exactitud lo que pasó. Pero uno de los testigos dijo que escuchó el sonido de un mechero, y luego todo fue llamas.

Los cuatro resultaron heridos con quemaduras en brazos y piernas. Uno incluso llega a saltar por la ventana para huir de las llamas. Se arma un pitote gordo. Luego El Seco sale envuelto en llamas a la calle y lo demás ya lo conocen.

Tras las primeras pesquisas, realizadas por los del Zeta en el hospital, la Policía Científica se presentó en la calle Plátanos a inspeccionar la vivienda. No había nada. Lo habían limpiado todo, pero es que tampoco había nada más. Ni una plantación indoor de cannabis ni un laboratorio. No hay narcotráfico. No hubo detenidos. No se incautó nada. Pero se esclareció el caso gracias a que un Zeta hizo una pregunta. Tan solo era un tipo que se iba a fumar un porro y tuvo mala suerte además de una imprudencia. Y da que pensar en la trascendencia de todos y cada uno de los actos que realizamos.

Al Seco se le hizo una misa funeral muy comentada entre algunos compañeros barrenderos. Y una misa de recordatorio a la semana siguiente. Ahí acaba su historia.

La persecución en coche de Molina

A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

Ocurrió el 11 de julio. Eran las seis y veinte de la tarde. Los dos policías concluían su patrullaje a bordo de un coche 4×4. Son agentes de la Policía Local de Molina de Segura. Están en Avenida Gutiérrez Mellado. Se dirigen a su cuartel. Llevaban las ventanillas bajadas para que les entrase algo de brisica. Y lo oyeron.

¡YYYYIIIIIIIIIEEEEEAUUUUUNNNRRRRRRRR!

Es un Seat Ibiza blanco. Derrapando como la madre que lo parió. En sentido contrario. Invade, de hecho, el carril del coche policial. El poli que conduce da un volantazo y consigue evitar la colisión. El Ibiza sigue como si lo persiguiera el Demonio. Pero los que se ponen a perseguirlo con los prioritarios y todo el ulular de las sirenas son los agentes.

Recorrido de la persecución policial en Molina de Segura.

El huido hace caso omiso a los agentes. Lo persiguen y le indican que se pare de una vez. Lo siguen a distancia. El Ibiza vuela casi a 100 kilómetros por hora. Culebrea sobre el asfalto. Puede pasar cualquier cosa y ninguna buena.

En materia de persecuciones policiales a coche estamos contaminados por el cine hollywoodiense. A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

En una ocasión, un agente me dijo que “en una persecución de este tipo no puedes ir muy encima. Hay que dejar distancia”. Si frena te lo comes, pero sobre todo porque “si lo pongo nervioso es capar de subirse a una acera” y la tragedia está asegurada.

A lo que íbamos. A casi 100 por hora. Detrás de un Ibiza blanco. Miren el mapa y no pierdan detalle. Que se las trae. Tras el derrape al final de Gutiérrez Mellado, el huido tira por García Lorca, gira por calle Paraje del Panderón en dirección Sur. Vuelve a Gutiérrez Mellado. Llega a una rotonda. La hace por la izquierda. ¡La hace por la izquierda!. Gira por C/Eduardo Linares.  Los viandantes van señalado a los agentes por dónde se mueve el Ibiza que derrapa. El policía copiloto, mientras, va informando de todo por radio y pidiendo ayuda.

En su atolondrado circular se mete por calle Severo Ochoa. Pero en sentido contrario. De frente, un camión. Frenazos. No se tocan pero quedan no pueden avanzar. Detrás, entra por la calle el 4×4 policial. La vía está bloqueada. El conductor atrapado abandona el coche y echa a correr. Los agentes también. Con un par.

Otros dos policías locales han escuchado el aviso desde la cercana calle Serrerías y comienzan también a perseguirlo. Lo atrapan.

Le ponen las pulseras de plata mientras todos recuperan el aliento. Y como el cuartel está cerca, dicen que, después de tanto coche y tanto correr, lo llevaron a pie. El Ibiza blanco fue recogido por una grúa.

El tipo que ha protagonizado una persecución de casi 4 kilómetros por el centro urbano de Molina circulando en sentido contrario es un varón español de 26 años.

-A ver, chaval, pero ¿a ti qué te pasa?

“-Iba fumando un porro, y se me ha ido el coche. Cuando he visto que me han puesto las luces me he puesto nervioso. ”

El entrecomillado es porque dijo eso.  Además, se le hizo un drogotest con resultados no concluyentes que fueron remitidos a laboratorio.

Quedó en libertad. Al día siguiente debía acudir a un juicio rápido en Molina por un presunto delito contra la seguridad vial.

Ahora viene lo mejor. Fue y quedó absuelto. Ni el resultado del test estaba listo para el juicio ni los agentes intervinientes fueron citados. Así que no quedó probado que pusiera en riesgo a nadie.

La suerte es que no se topó con nadie a quien arriesgar.

A la salida del juicio, nuestro Fernando Alonso urbano se dirigió ufano, feliz, casi altanero, a recoger su coche a la Policía Local. No se lo pudo llevar, estaba aún siendo registrado.

Se libró de la condena penal, pero dicen los que de esto saben que le caerán, vía administrativa, 1.200 euros de multa y 14 punticos del carné. Por conducción temeraria, sin cinturón y desobediencia.

Dios nos libre de pasear por ciertas aceras en ciertos momentos.

Los robagallinas de pueblo

Ser agente de la ley en un pueblo es muy jodido, como ser periodista: todos te conocen, no te toman en serio y hasta te hacen el vacío. Pero cuando el agente saca las esposas y el periodista la grabadora todos se ponen tiesos como una estaca.

Siempre he dicho que prefiero un caso del robagallinas de pueblo a cualquier otro de mafia internacional. Hay una belleza arcaica en el pequeño delito común y callejero frente a las frías e impersonales bandas profesionales. Hay que luchar contra ambos tipos de crimen. Se lo voy a decir en clave literaria: prefiero a Plinio, el jefe de la Policía Local de Tomelloso, antes que a James Bond.

Yo defiendo el producto regional, y el robagallinas actúa en las pedanías que yo piso. Hay más complejidad e ingenio destilado en atrapar al ladrón con tus manos que en todas las divisiones contra el ciberdelito del mundo. Ser agente de la ley en un pueblo es muy jodido, como ser periodista: todos te conocen, no te toman en serio y hasta te hacen el vacío. Pero cuando el agente saca las esposas y el periodista la grabadora todos se ponen tiesos como una estaca.

Hoy les voy a hablar de algunos casos ocurridos en Mula (aunque el verdadero caso para los muleños es la recuperación de su castillo ¡Mula por su Castillo, pero ya!) resueltos satisfactoriamente al alimón entre Guardia Civil y Policía Local.

EL TIRONERO

1.- EL HECHO: Ocurrió a las 11 del 16 de junio. Calle Elvira. Una señora que cumplió los 69 años este mes de mayo  caminaba cuando dos zangalotinos se le abalanzaron. La señora se resistió. Pero valiéndose de la violencia, intimidación y el forcejeo “le agarraron el monedero que portaba y dándole un fuerte tirón, lograron sustraérselo”.

2.- LA CLAVE: Los testigos. El suceso fue visto por algunas personas. Un vecino en concreto pudo describir la indumentaria de los susodichos individuos. Es más, de uno sabía el desdentado mote por el cual conocen a su familia.

3.- EL ARRESTO: Una pareja municipal halló a dos jóvenes de similares características un rato más tarde. Estaban varias manzanas más al sur. No portaban el monedero de la señora, pero el testigo los reconoció. Uno de  ellos, fue finalmente procesado por la Guardia Civil como el autor material.

EL EXHIBICIONISTA

1.- EL HECHO: Era tarde, pero había que bajar al perro. Como hacía bueno, la mujer lo sacó en compañía de sus hijos. Cuando se recogían, junto al portal, un tipo se masturbaba. Además, llamó la atención de los chavales para que le miraran. Subieron a casa, y el onanista insistió en llamar a la puerta para ser lúbricamente visto de nuevo. La señora llamó para denunciarlo. El tipo se montó en una moto negra, se puso un casco integral negro y huyó.

El onanista y exhibicionista arrestado.

2.- LA CLAVE: La rapidez. Una patrulla de locales se presentó muy pronto. Tomaron nota de todo y pusieron un pie detrás del otro por el medieval casco urbano muleño.

3.- EL ARRESTO: El suceso había tenido lugar en la Calle de las Monas. Una manzana más arriba, por Calle Campoy iba el motorista exhibicionista. Los agentes echaron a correr. Con dos cojones. Lo pillaron en calle Espinosa. La Guardia Civil, además, pudo relacionar al arrestado con algo más grave, un abuso sexual cometido el mismo día en la localidad de Pliego. Persiguió a una joven, la introdujo en un portal y le hizo tocamientos.

EL AGRESIVO

1.- EL HECHO: 6 de la madrugada. 23 de junio. Dos amigos se separan en esquina de calle San Miguel con Póstigos tras una noche de juerga. Regresan de una discoteca. Uno de ellos tiene una ligera deficiencia, por eso el otro amigo lo acompaña cerca de su casa. En cuanto el primero queda solo de las sombras sale un tipo. Dice la Benemérita que “le agarró por el cuello y le agredió de forma continuada”. Indefenso y en el suelo, le robó 30 euros. Como las monedas de plata que se llevó Judas.

El violenta ladrón con pulseras de plata.

2.- LA CLAVE: La coordinación. Este robo genero cierta alarma social. Robar con esta agresividad a un chico con una discapacidad. Las pesquisas de la Guardia Civil y Policía Local llevaron hasta una persona que se hallaba en la puerta de la discoteca cuando la víctima salió. Por eso sabía que iba de recogida y con algo de dinero.

3.- EL ARRESTO: El agresivo ladrón se sabía en el punto de mira, hasta el punto que “consiguió ponerse fuera del alcance de los agentes que le seguían el rastro”. Pero no pueden correr todo el rato. Se quedan sin aliento. Y como con lo que sí se quedan es con los antecedentes, si los tienen, debido a su “abultado historial delictivo” y las heridas causadas, fue enviado a Villa Candado.

LOS GALLOS QUE CACAREAN

Por la boca muere el pez, y por el pico los gallos cacarean. Pero a algunos les interviene la Policía los cacareos telefónicos. Es el caso del que les vengo a hablar. De la Operación Gallos. Esto es lo bonito de Murcia, y lo malo. Que aquí nos conocemos todos.

“D: ¿Quién ha sido?

C: Han sido LOS TOREROS DE LO CAMPANO, con dos K 49, una 9 mm y otra pistola más. Han venido buscando a un payo, y se han liado a tiros. Estaba buscando a un tal …, que se había f… a la mujer de uno de los Toreros”

En román paladino, un gallo cacareando.

La gallera o reñidero de gallos de Sangonera.

MIRANDO LA PANTALLICA

Hubo una época en este país en que a todos los maleantes los pillaban por los pinchazos telefónicos. Caían como moscas. Los hay, soberbios, que no se lo pueden callar. Ahora procuran ser más discretos o encriptar comunicaciones. Algunos no lo consiguen.

Cuando un investigador consigue autorización judicial para una intervención telefónica, comienza un baile cósmico, satelital y sonoro de consecuencias imprevisibles. Igual oye procacidades dichas a la amante, que la organización de un alijo de droga o la preparación de un delito distinto del esperado. No todo vale, pero todo se oye.

La petición judicial llega a SITEL, que es un organismo del Ministerio del Interior encargado de las telecomunicaciones. Pincha el número solicitado, y lo envía al ordenador del grupo que investiga. Y entonces, a mirar la pantallica, a echarle horas y horas. A escuchar.

Imaginen la morbosa curiosidad y el soporífero aburrimiento al que se puede llegar así.

Un agente me contaba que, cuando investigas a ese nivel a alguien, “lo sabes todo de esa persona. Sabes más de ése que nadie”. Y es que lo escuchas todo. Llamar a su pareja para contar sus problemas o las ganas que tiene de echarle un polvo. La llamada de su madre, que está enferma, que nada sabe de sus trapicherías, y solo quiere que la visite de vez en cuando. “Lo sabes todo, pero no lo vas a contar. Somos profesionales, solo interesa lo que se investiga”, concluye mi amigo, la duda ofende.

Imaginen ahora la sonrisa de oreja a oreja y la mirada de tensión del escuchante cuando el escuchado suelte algo de lo que investigan. O una propina de otro asunto. Un cacareo.

LAS ESCUCHAS

La historia tiene su gracia. Y quien la conoce aún se sonríe. La Policía Nacional en Murcia investigaba a unos tipos por marihuana. Estos comentan un altercado con armas de fuego en Sangonera. El tiroteo comienza a investigarlo la Guardia Civil. Lo protagoniza un grupo que, a su vez, estaba siendo investigado por cocaína en Cartagena. La repanocha, oiga.
Mientras el 22 de abril, la Región entera estaba pendientes del Entierro de la Sardina, otros estaban en una gallera o reñidero de gallos. 25 peleas habían previstas.

Una de las escuchas telefónicas de la Operación Coliseum.

Ahí hay unos de Alicante, que le dicen a uno de Cartagena que se pire, que no lo quieren ver. Y éste, que se las tiene jurada por lúbricas sospechas, llama a los suyos. El Clan de los Toreros.

“C: Hemos saltado por la ventana, el Gordo y todos, y los otros se han ido a buscar a los de Cartagena, porque han llegado con metralletas.

F: ¿Pero así? ¿sin ton ni son han empezado a disparar?

C: Han llegado, nos pensábamos que era la Policía, han dicho todos ‘¡La Policía, la Policía’! Pues ya ves, ahí todos tirando las cosas, y han llegado Los Toreros, ¡PAM, PAM!, han empezado a tirar y al… le han pegado un tiro y ya pues, se ha liado. Al Gordo también le han puesto la pistola en la cabeza, y han dicho ¡que me da todo igual!

F: Madre mía”

Es para pensarlo, la que se tuvo que liar.

Cuando la Benemérita identificó a los autores, la Policía Nacional los tenía también enfilaos por narcotráfico de cocaína. GC y CNP se dijeron:

-Usted primero.

-No, le ruego, usted.

Y le metieron dos buenos palos en dos fases. Trece detenidos.

Los de las conversaciones fue tangencial. Pero hizo mucho ruido. Como el de un gallinero.