El secuestro exprés

Estos días se ha juzgado a un vecino de San Javier que se llevó a su ex a la fuerza desde Cartagena. Quería que retomaran su antigua relación o la iba a “amarrar y a encerrar un año o 15 meses”. Se salvó por un whatsapp.

Al final no se le ha condenado por secuestro, sino por coacciones, y al final no pisará la cárcel, que es un entorno conocido para este individuo, y aún tiene sobre sí una espada de Damocles. Vayamos por partes, no nos adelantemos.

De todo lo que ha pasado esta semana…. menores parturientas, redadas antidroga a tutiplén, brutales accidentes… ¿por qué me centro en este asunto? Porque es una muestra de que no hace falta una organización criminal para pasar miedo. La tranquilidad se puede perder en un momento y el suelo desaparece bajo nuestros pies. Y por la resolución del caso. Es un ejemplo de la escondida humanidad que hay en la fría y burocrática administración de la Justicia, de la cual solo nos llegan los titulares sobre retrasos y errores, que los hay como todo en toda ciencia humana. Hay también mucho acierto, casi paternalismo, para buscar el mejor fin y hacer eso que se lleva en el nombre: justicia.

Perfil del acusado durante su declaración.

HECHOS INVESTIGADOS

El tipo es de rostro cetrino. Tiene la mirada concentrada. Está dentro de un Renault Megane. Está aparcado en una calle de Cartagena. Es el 24 de abril de 2016. Son las seis de la tarde. Ella volvía a su casa, ajena a todo. En cuanto la vio subir por la acera hacia su casa salió del vehículo.

-Vente, hablemos -le diría él.

-No, no tenemos nada de qué hablar -respondería ella.

“Le dio un fuerte empujón y la introdujo en el asiento posterior, cerrando a continuación las puertas con el cierre centralizado con un seguro antipuerta interior y se dirigió a un descampado cercano”, reza el relato provisional de la Fiscalía. Allí estaciona el coche, lejos de la vista de todos. Suelta el volante, él se gira, intentaría ponerle la mano en un hombro, y le diría “volvamos”, y ella, que nones.

Entonces se le mudaría el gesto y el galán se convirtió en verdugo porque le dijo que “mataría a su hermano y que prendería fuego a su domicilio, y al de su hermano, vertiendo gasolina bajo la puerta y que la iba amarrar  y a encerrar un año o 15 meses para que no estuviera con otro hombre y para que supiera lo que era estar privado de libertad, como lo había estado él en la cárcel.”

Cubriéndose el rostro durante la vista oral.

Metió primera y salió del descampado derrapando. Tiró para San Javier, para su casa. Hay que imaginarse cuán largo y angustioso debió de ser ese trayecto para ella. Según la investigación, antes de llegar a casa, el tipo paró donde su cuñada para pedir una cuerda. Cuando llegaron por fin a su casa, encontraron a varias personas, incluyendo la madre del acusado, pero ella no dijo ni pío. Quizá por miedo, quizá porque supuso que no la creerían, quizá porque pensó que todos estaban compinchados.

Lo que sí hizo fue pedir permiso para entrar en el aseo. Echó el pestillo. Cogió el móvil con dedos temblorosos y escribió a una amiga “llama a la policía x favor ma traio a la fuerza manoño y me va amarrar”.  A las 20:27 la Policía Local de San Javier se llevaba a la mujer de esa casa.

EL RESULTADO

Los jueces siempre se sitúan al fondo de la sala. No sonríen. Visten de negro. Toman silenciosas notas. Algunos, hasta tienen campanilla, que es como los jueces españoles mandan en la sala, y no con el martillo como en las películas yanquis. La gravedad del ambiente puede llegar a ser asfixiante.  Pero los jueces no son tan distantes como lo muestra el espacio.

El acusado ante el tribunal.

El juicio  a este hombre se ha celebrado ahora casi dos años después. No es mucho, para lo que se ven en otros casos. Entonces, era consumidor de estupefacientes. Ahora, el acusado parece estar algo más tranquilo. Está limpio de drogas y no ha vuelto a molestar a la mujer. La confesión del acusado y algunas contradicciones de la víctima obran el milagro: se llega a un acuerdo. Se le condena pero por coacciones a 23 meses de cárcel. No tendrá que entrar en prisión, pero tiene que cumplir unas medidas cautelares. El magistrado-presidente Álvaro Castaño se arma de tacto  para que el pacto le quede muy claro al acusado. Parece un profesor con un alumno díscolo y despistado.

El magistrado Álvaro Castaño.

-Tiene que seguir durante cuatro años con su tratamiento -detalla el juez

-¿Lo de la droga? -responde el acusado con voz aguardentosa.

-Sí,  durante 4 años no puede cometer delitos y seguir con su tratamiento.

-Sí, lo de la metadona…. -se aclara él mismo.

-También -incide Castaño- se mantiene vigente la orden de alejarse y de comunicarse con ella

-Llevo tiempo que no…

-Pues debe usted seguir como hasta ahora, en esa línea, como… como si ella no existiera -le remarca el magistrado – ¿de acuerdo?

-Sí, sí… yo a ella ni me acerco.

La abogada de la acusación particular, Laura Plata, explica a los periodista que, pese al acuerdo, la mujer “teme por su integridad física” y la situación aún reviste peligrosidad, porque acusado y víctima tienen un hija en común.

La condena queda suspendida en aras, también, de la buena racha y rehabilitación del hombre. Casi sería peor meterlo en Villa Candado. Contraproducente. Si la vuelve a liar, le caerán los 23 meses y alguna propina. No podrá decir que no se lo dejó claro su señoría.

Un comentario en “El secuestro exprés

  1. Aunque se lo dejó muy claro…a algunos se le olvida apenas pisan la calle. El esfuerzo del descorbatado magistrado es loable. El oído de algunos a veces le faltan pilas. Ojalá el de rostro cetrino pase página y la vida le dé otra oportunidad. A veces las circunstancias hacen difícil cambiar la senda de la vida y se van por la misma autopista sin salirse en las múltiples alternativas que concurren , sin verlas.

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