Archivos mensuales: febrero 2018

Los reincidentes impenitentes

Dos individuos, uno arrestado por segunda vez en un mes por presunto narcotráfico, y otro, como autor señalado de dos robos con intimidación, han tenido una suerte desigual, pero les une su fe en el trabajo… delincuencial.

Los hay que cincelan su currículum vitae a golpe de antecedente policial. Que se obstinan en seguir metiéndole la gubia a sus vidas a base de arrestos. Hay que reconocerles el don del compromiso laboral. O no saben hacer otra cosa, o no quieren cambiar. A veces les sale bien, durante un tiempo, y en otras pasean las pulseras de plata en sus muñecas.

Algunos de los detenidos en Torre Guil, y también en Molina de Segura

Me recuerdan a los malhechores de las novelas Simenon sobre Maigret. Allí los cacos eran personas que se levantaban de la cama para ir a trabajar, entendiendo el crimen como un oficio. En nuestra Región pasa algo parecido.  Hay currantes de los que sudan llevando abono, pero para cultivar marihuana, porque son jardineros de interior. Hay avispados malabaristas de la chirla, de la faca, de la navaja siempre sedienta en el bolsillo, de los que se apostan en una esquina y esperan a ver a sus clientes.

PEPICO

Es de noche. Un joven de 25 años anda distraído por la calle Ceuta de Murcia, centro urbano puro. Puede que hasta fuera silbando. Es 27 de diciembre. Es Navidad. Pero entra en el radar de otro individuo. Pepico. Es conocido en su zona de actuación. Es uno de nuestros impenitentes. Tiene 27 años pero su historial ocupa varias páginas.

-Hola -le dice- ¿tienes un cigarro? -pregunta Pepico.

Luego le pide fuego. Parecen dos amigos compartiendo nicotina. Una vez ya relajado, le saca una navaja.

-Dame el móvil y todo lo que lleves.

Le entregó el Galaxy y trece euros (escaso botín), y Pepico echó a correr. Pero como estuvieron unos minutos hablando, la víctima pudo leer el tatuaje que lleva nuestro chirlero… Debería ir en manga corta, porque en pleno diciembre pudo leer el nombre de un familiar muy querido para él que lleva en el tatuaje.

Cinco días más tarde (no sabemos si en manga corta o más abrigaíco) Pepico ve a otros clientes. Un chaval de 18 años con una bici en compañía de otro amigo. Verano azul, pero en invierno y paseando por La Fama

-Veniros conmigo, que si no os doy una paliza que os mato -les espetó.

Debió de ser muy convincente porque se los llevó a otro barrio cercano que controla más. Los metió en otro parque y los cacheó a placer. Se llevó dos móviles, una mochila y  20 euros. ¡Ah! Y la bici. Por si había dudas se lo volvió a explicar que si lo denunciaban “su cara sería lo último que verían”.

Sin embargo, su cara, su tatuaje, su historial, también era conocido por los agentes de la Policía Nacional, que lo identificaron y se lo cruzaron esta semana. Fue arrestado. Intentó justificarse diciendo que es consumidor de estupefacientes y como que no recuerda, pero el juzgado número 6 lo ha enviado a prisión provisional.

CETÉ

Ceté le ha cogido el gusto a esto de las detenciones, pero ha tenido más suerte que nuestro impenitente anterior. Ceté esta semana ha sumado otro arresto. Y por los mismos motivos que hace un mes… fue en Molina de Segura Connection, cuando la Policía Nacional lo invitó a un registro de un inmueble a su nombre. Allí había una plantación de 300 plantas de marihuana.

Pues esta semana hemos tenido Torre Guil Connection. Yo a ésta no llegué a tiempo de verla porque no tengo tantos amigos en tan exclusivo vecindario como en otras zonas. Porque uno, como reportero dicharachero, va de un lado para otro ante el más mínimo rumor de noticia y tal, y estos avisos nos llegan cuando alguien ve algo anómalo, noticioso: “¡Acabo de ver llegar cuatro furgones de la Policía en la calle de arriba de mi casa!”. Unas veces se acierta, y otras (¡no saben ustedes cuántas!) nos quedamos con una falsa alarma y un titular a medio.

El cannabis de Molina de Segura.

Las plantas de Torre Guil

Ceté. Eso. Que lo han vuelto a pillar. Su nombre aparecía relacionado con dos plantaciones halladas en dos viviendas de Torre Guil donde hallaron 150 plantas de cannabis. Según la portavoz policial Lucía Mallada, los nueva arrestados “se dedican a exportar marihuana de España a Europa. Estas organizaciones -las europeas- tienen el dinero y la infraestructura necesaria para mover la droga, que compran a cultivadores locales”, o sea, los de aquí.

Ceté, de nuevo, detenido.

El juzgado número 4 de Murcia, en cambio, los dejó a todos en libertad con cargos este miércoles. El motivo lo hemos denunciado aquí en muchas ocasiones: este fenómeno como es una invasión verde y  Murcia la narcohuerta de Europa. Es demasiado barato traficar con cannabis. Algunos son impenitentes hasta que se les acaba la suerte.

El secuestro exprés

Estos días se ha juzgado a un vecino de San Javier que se llevó a su ex a la fuerza desde Cartagena. Quería que retomaran su antigua relación o la iba a “amarrar y a encerrar un año o 15 meses”. Se salvó por un whatsapp.

Al final no se le ha condenado por secuestro, sino por coacciones, y al final no pisará la cárcel, que es un entorno conocido para este individuo, y aún tiene sobre sí una espada de Damocles. Vayamos por partes, no nos adelantemos.

De todo lo que ha pasado esta semana…. menores parturientas, redadas antidroga a tutiplén, brutales accidentes… ¿por qué me centro en este asunto? Porque es una muestra de que no hace falta una organización criminal para pasar miedo. La tranquilidad se puede perder en un momento y el suelo desaparece bajo nuestros pies. Y por la resolución del caso. Es un ejemplo de la escondida humanidad que hay en la fría y burocrática administración de la Justicia, de la cual solo nos llegan los titulares sobre retrasos y errores, que los hay como todo en toda ciencia humana. Hay también mucho acierto, casi paternalismo, para buscar el mejor fin y hacer eso que se lleva en el nombre: justicia.

Perfil del acusado durante su declaración.

HECHOS INVESTIGADOS

El tipo es de rostro cetrino. Tiene la mirada concentrada. Está dentro de un Renault Megane. Está aparcado en una calle de Cartagena. Es el 24 de abril de 2016. Son las seis de la tarde. Ella volvía a su casa, ajena a todo. En cuanto la vio subir por la acera hacia su casa salió del vehículo.

-Vente, hablemos -le diría él.

-No, no tenemos nada de qué hablar -respondería ella.

“Le dio un fuerte empujón y la introdujo en el asiento posterior, cerrando a continuación las puertas con el cierre centralizado con un seguro antipuerta interior y se dirigió a un descampado cercano”, reza el relato provisional de la Fiscalía. Allí estaciona el coche, lejos de la vista de todos. Suelta el volante, él se gira, intentaría ponerle la mano en un hombro, y le diría “volvamos”, y ella, que nones.

Entonces se le mudaría el gesto y el galán se convirtió en verdugo porque le dijo que “mataría a su hermano y que prendería fuego a su domicilio, y al de su hermano, vertiendo gasolina bajo la puerta y que la iba amarrar  y a encerrar un año o 15 meses para que no estuviera con otro hombre y para que supiera lo que era estar privado de libertad, como lo había estado él en la cárcel.”

Cubriéndose el rostro durante la vista oral.

Metió primera y salió del descampado derrapando. Tiró para San Javier, para su casa. Hay que imaginarse cuán largo y angustioso debió de ser ese trayecto para ella. Según la investigación, antes de llegar a casa, el tipo paró donde su cuñada para pedir una cuerda. Cuando llegaron por fin a su casa, encontraron a varias personas, incluyendo la madre del acusado, pero ella no dijo ni pío. Quizá por miedo, quizá porque supuso que no la creerían, quizá porque pensó que todos estaban compinchados.

Lo que sí hizo fue pedir permiso para entrar en el aseo. Echó el pestillo. Cogió el móvil con dedos temblorosos y escribió a una amiga “llama a la policía x favor ma traio a la fuerza manoño y me va amarrar”.  A las 20:27 la Policía Local de San Javier se llevaba a la mujer de esa casa.

EL RESULTADO

Los jueces siempre se sitúan al fondo de la sala. No sonríen. Visten de negro. Toman silenciosas notas. Algunos, hasta tienen campanilla, que es como los jueces españoles mandan en la sala, y no con el martillo como en las películas yanquis. La gravedad del ambiente puede llegar a ser asfixiante.  Pero los jueces no son tan distantes como lo muestra el espacio.

El acusado ante el tribunal.

El juicio  a este hombre se ha celebrado ahora casi dos años después. No es mucho, para lo que se ven en otros casos. Entonces, era consumidor de estupefacientes. Ahora, el acusado parece estar algo más tranquilo. Está limpio de drogas y no ha vuelto a molestar a la mujer. La confesión del acusado y algunas contradicciones de la víctima obran el milagro: se llega a un acuerdo. Se le condena pero por coacciones a 23 meses de cárcel. No tendrá que entrar en prisión, pero tiene que cumplir unas medidas cautelares. El magistrado-presidente Álvaro Castaño se arma de tacto  para que el pacto le quede muy claro al acusado. Parece un profesor con un alumno díscolo y despistado.

El magistrado Álvaro Castaño.

-Tiene que seguir durante cuatro años con su tratamiento -detalla el juez

-¿Lo de la droga? -responde el acusado con voz aguardentosa.

-Sí,  durante 4 años no puede cometer delitos y seguir con su tratamiento.

-Sí, lo de la metadona…. -se aclara él mismo.

-También -incide Castaño- se mantiene vigente la orden de alejarse y de comunicarse con ella

-Llevo tiempo que no…

-Pues debe usted seguir como hasta ahora, en esa línea, como… como si ella no existiera -le remarca el magistrado – ¿de acuerdo?

-Sí, sí… yo a ella ni me acerco.

La abogada de la acusación particular, Laura Plata, explica a los periodista que, pese al acuerdo, la mujer “teme por su integridad física” y la situación aún reviste peligrosidad, porque acusado y víctima tienen un hija en común.

La condena queda suspendida en aras, también, de la buena racha y rehabilitación del hombre. Casi sería peor meterlo en Villa Candado. Contraproducente. Si la vuelve a liar, le caerán los 23 meses y alguna propina. No podrá decir que no se lo dejó claro su señoría.

El corto camino de los prófugos

Una niña de dos años recibe 62 puntos de sutura en la cabeza por culpa de su padre, que sufre un accidente de tráfico en Alcantarilla cuando huía de la Policía Nacional en un control.

La niña está bien. Dice su madre que “ha recibido el alta hospitalaria, pero no la médica, pero está bien”. Le han hecho pruebas para descartar daños cerebrales, y faltan los últimos resultados.

Hace un par de semanas conocíamos la historia de Fermín, un hombre que embiste a la Policía Nacional para huir de un seguimiento, es perseguido y finalmente detenido en la otra punta de Murcia. Le encontraron 3,5 kilos de cocaína. Todo un festival. Su abogado Alí Martínez, dice que creyó que eran ladrones disfrazados de policías, y que no sabía nada de la droga.

Lugar del accidente segundos después de la colisión de Eseleté.

Éste prófugo de corta andadura está en prisión provisional. Allí coincidirá con otro prófugo de dilatada experiencia y también de corta andadura en sus persecuciones. S.L.T., al que llamaremos Eseleté, es el padre de una niña de dos que salió disparada de su sistema de retención infantil, ubicado en el asiento trasero del coche, se golpeó en el asiento delantero y se abrió literalmente la cabeza.

A ver cómo le explican cuando la cría crezca los motivos de su cicatriz.

EL SUCESO

Son las cuatro y pico de la tarde del 9 de enero. Una pareja con un bebé salen de un centro comercial de Murcia. Son jóvenes, son guapos y le han comprado ropa a la chiquilla. Van discutiendo entre ellos. Lo propio de la fogosa mocedad. Él tiene 23 años. Ella 20. El Hunday es de ella, pero tras recogerlo del lavadero mientras compraban, lo va a conducir él, por el gusto, imaginamos, de llevar a su familia de aquí para allá.

Estado en el que quedó el Hunday tras el choque.

Se dirigen a su localidad, Alcantarilla. En verdad no son una familia tradicional. Están separados. Él le pasa una paga para la manutención de la niña, y puede que a veces se les pasara la idea de intentar retomar la relación, pero en el fondo no quiere ella. De hecho, en 2015 Eseleté tuvo una orden de alejamiento hacia ella.

-¡Coño! ¡Un control de la policía! –escupe Eseleté mientras agarra con más fuerza el volante.

Circulan por el Camino del Vado. Al fondo, varios agentes y coches de policía. Control preventivo. Filtro.

-Y ¿qué pasa? ¿Qué problema hay? –dice ella extrañada.

-Que no tengo el carné –dice dando un volantazo.

El Seat Córdoba que quedó en la acequia.

A 100 metros del control, el Hunday gira 180 grados derrapando y regresa por donde ha venido, pero circulando en dirección prohibida. Los policías se percatan de la maniobra y salen tras él. Eseleté circula aún entre 500 y 600 metros hasta que se estampa de frente contra otro coche, un Seat Córdoba que hunde su morro en una acequia y queda medio en el aire. Dentro del Hunday la cría en su sillita ha salido despedida y se ha estampado contra el respaldo del copiloto. Sangra abundantemente por la cabeza. Eseleté está fuera del coche cuando un policía lo reduce porque se resiste e intenta huir. Hay una confusión de la hostia pero la cría sigue sangrando. La meten junto a su madre en un coche policial K y un Zeta va abriendo camino con los prioritarios y las sirenas. La llevan a un ambulatorio y de ahí a la Arrixaca por la gravedad de las heridas.

Eseleté está tan agresivo que hasta rompe la bombilla de los calabozos. Los policías hace foto de todo.

Restos de la bombilla que supuestamente rompió en dependencias policiales.

LAS CONSECUENCIAS

A Eseleté le quitaron el carné de conducir el 30 de mayo de 2017. Y ni se lo ha vuelto a sacar ni ha dejado de conducir por ello. Le arrestaron dos veces por delitos de tráfico en 2017. Pero tampoco era nuevo en esto. El informe policial es duro y extenso: “El detenido, ampliamente conocido por los servicios policiales como de Guardia Civil, no solo en la Región de Murcia sino también de otras comunidades autónomas limítrofes, comenzó su actividad delictiva entre los años 2009 y 2012, siendo menor de edad fue detenido en cuatro ocasiones por robo y otros delitos”. Acumula ya 19 arrestos. Afirman que “son constantes las persecuciones policiales” tras él, y que se observa “un temerario desprecio hacia su propia vida, la de los agentes y la del cualquier ciudadano”.

El conductor del Seat Córdoba está bien: el coche (de su padre) estropeado, molestias en una mano, un susto del copón y una baja laboral que aún le dura.

En cuanto a la madre de la niña, culpa de todo a Eseleté. Dice que le tiene miedo y que ni tiene y quiere tener relación sentimental con él. Apunta a que habrían sido los del lavadero los que desengancharon la sillita de los hierros que la fijan, y que con la discusión no se percató de que iba suelta. Ella no llevaba el volante, pero iba de copiloto.

El detenido está preso. Afirma su abogado Jorge Novella que “está muy arrepentido, niega que se resistiera a la detención y que se despreocupara de su hija. Nos alegramos de la mejoría de la menor, y por ello hemos solicitado su libertad”.

La sillita que no estaba anclada y se desplazó del asiento.

En cuanto a la menor. Faltan pruebas médicas, pero parece que el mayor riesgo ya ha pasado. Este mes cumplirá tres añitos. Su padre posiblemente siga en prisión y no podrá acompañarla.  ¡Por fortuna! la vida sigue para ella, y soplará la vela del número tres con su cabecita con 62 puntos de sutura.