Archivos mensuales: enero 2018

Muerte en Nochevieja

Llevamos unas Navidades de aúpa. Si trágico fue el amanecer de Nochebuena con la muerte de un repartidor del pan durante la huida de unos ladrones, tras las uvas hubo acuchillamientos, disparos, y otra persona fallecida.

Las primeras horas de 2018 a la Región llegaron cabalgando a lomos del alcohol, la violencia y la sangre. En Lorca, un hombre le arreó a otro con una botella durante una etílica fiesta. En Murcia, un gorrilla acuchilló a otro enviándolo al hospital, posiblemente para marcar su territorio y de paso marcarle la piel.

Pero el caso más trágico, el que ha costado una vida, es el ocurrido en Nochevieja en Alguazas. Una historia de fatalidad y violencia donde los que han pagado el pato han sido, mayormente, los padres de los intervinientes. Ya les hablé aquí del frío pasillo donde esperan los padres. En unas fechas en que los Reyes Magos dejan regalos a los pequeños, a los padres a veces se les hace regalos envenedados con cicuta. O con plomo.

LA VENTANA INDISCRETA

No llega a ser mediodía del 1 de enero de 2018, pero la zona denominada como los pisos de Galisan de Alguazas está plagada de guardias civiles. Hace sol y buena temperatura. El día se mueve con pereza y resaca, pero los agentes no paran ni un momento. Hay un coche destrozado al fondo de la calle San Luis. El audi de Leo, un joven de origen rumano que vive allí. Hay sangre en el portal. Pero los investigadores están, extrañamente, en la calle de atrás, la calle San Lorenzo. Todas las de la zona tienen nombres de santos, vaya. Los agentes miran el suelo, frotan bastoncillos, hacen fotos. Todo bajo una ventana alrededor de la cual pueden hallarse respuestas. ¿Quién disparó? ¿Cuántas veces se dispararon?

La noche anterior, Leo paró en San Luis, de sentido único, para coger una barbacoa y  cuchillo, para seguir la fiesta de nochevieja. Cuando marchaba, otro coche impedía la salida. El Seat de José alias el Paletas. A partir de aquí difieren las versiones. Según el detenido, iba a atropellar a su hija, que bajaba del vehículo. Según la madre de Leo, solo dio “unos acelerones ya que le estaba obstaculizando la salida”.

Se pelean. El Paletas golpea con su coche el de Leo y se va. Horas más tarde, el padre de Leo se despierta. Valerica G. se había tomado las uvas y se acostó. Era temporero del campo que vivía allí desde hace 4 años. No se había enterado de lo ocurrido. Se lo cuentan. Se lleva las manos a la cabeza. Son altas horas de la madrugada, y justo por la ventana, el hijo ve o escucha al Paletas. Aquí de nuevo, se contradicen las versiones. Según el detenido, Leo dice que va a hacer daño a la hija de José y además le dispara. “Mi cliente asegura que le dispararon y él se defendió”, reafirma el abogado Jorge Novella. Según Verónica Ene, abogada de la familia de la víctima, ni hubo disparos ni provocación, solo le dijeron que lo iban a denunciar. Añaden que el Paletas iba con dos tipos más y abrió fuego. Dos disparos. El  segundo le da a Valerica en la cabeza, arco supraorbital izquierdo. Muere casi en el acto. En brazos de su familia mientras intentan sacarlo.

EN EL JUZGADO

Su llegada al juzgado fue explosiva. José salió del furgón de la Guardia Civil iracundo, a gritos. Los periodistas tendemos a dar más la razón a los que gritan más fuerte. Esto no significa que sea la verdad, sino lo que más fuerte se ha oído. Si se lee atestado, se completa mejor la historia. Si hablas los familiares, también.

José alias el Pelotas

El padre de José estaba frente al juzgado. Tomaba café y mantenía la compostura. “No he dormido en tres días”, me dice. En estos casos, uno nunca sabe cómo actuar bien, por no molestar, pero siempre se tiene que intentar hablar con los familiares de quienes protagonizan este tipo de luctuosas historias. Me acerqué a charlar con él sobre lo ocurrido.

Fue este hombre el que tuvo que buscar a su hijo la mañana del día 1 de enero, informarle, “porque él no lo sabía”, explica, que había matado a uno hombre, al padre de Leo. Manuel  tuvo que acompañar a su hijo a entregarse por la muerte de Valerica. “Lo lamento, siento lo que ha ocurrido. Mi hijo no es un santo. Pero si le dicen que van a violar a su hija, pues mira cómo se pone, y más si iba mareado porque ha tomado dos rayas … imagina lo que pasaría por su cabeza”.

Los guardias salen de los juzgados con José. Va algo más tranquilo. Grita a los suyos que “os quiero mucho”. Lo llevan a la cárcel. Menudas Navidades.