El retorno del pasado

Cuando aún estábamos sorprendidos por verle la cara a José Rabadán llega a nosotros un nuevo episodio en el caso Carotenuto, el parricida de Santomera que decapitó a su madre. Hay casos que nunca acaban, incluso cuando han acabado.

¿Qué convierte a un suceso en un caso paradigmático? La magnitud de sus consecuencias y la falta de explicación. La mayoría de los delitos de sangre dejan siempre varias víctimas: quien sufre la agresión, y hasta puede perder la vida, y los que le rodean, cuyas vidas cambian tan radicalmente que también se podría decir que han muerto un poco. En segundo lugar, el móvil del delito nos ayuda a entender las motivaciones de una persona cuando comete un acto criminal.

En la historia reciente de Murcia hay tres crímenes que cumplen a la perfección estos axiomas: el asesino de la catana, el parricidio de Carotenuto y Paquita la parricidia de Santomera. Dos de los tres nos han dado titulares esta misma semana. Y del tercero lo podemos buscar nosotros.

ASESINO DE LA CATANA

  1. MAGNITUD: La magnitud fue tal en su caso que no dejó a nadie. Mató a sus padres y a su hermana. Le quedó una hermanastra.
  2. EXPLICACIÓN: Siempre dijo que quería una nueva vida y sus padres le estorbaban. A su hermana la mató para no sufriera sin sus padres

José Rabadán en la actualidad.

Esta semana le vimos la cara y le escuchamos hablar. El crimen es tan atroz que duele solo recordarlo. Sorprende más que él lo rememore. Tanto los que antes del documental pensaran que es un monstruo, como los que no lo creyeran, tendrán argumentos.

Llama la atención que su hermanastra, Rosario, se reuniese y le perdonase y sea feliz paseando con su sobrina, o que Rabadán sea “un padre cariñoso”, en palabras de su esposa, Tania. Ahora el asesino de la catana tiene otra familia, la de su esposa, una familia de etnia gitana y credo evangelista. Lo que es increíble para el común de los mortales, no lo es tanto para los hombres de Dios.

Como católico creo en el perdón y la redención. Como ciudadano, creo en la reinserción. Como periodista, he visto cosas que no creeríais, y he visto a los quinquis volver a delinquir y no escarmentar. José Rabadán no ha recaído.

De su relato de los crímenes, puedo aceptar la obnubilación adolescente y estúpida que le llevó a empuñar una catana sobre la cabeza de su padre. Y en un ejercicio paroxístico de resignación, puedo asumir que le diera un catanazo a su progenitor. Lo que no entiendo es que diera casi setenta más sin saber lo que hacía… sobre todo porque en días posteriores lo recordaba todo al detalle.

ÁNGELO CAROTENUNTO

  1. MAGNITUD: Mató a su madre, Teresa Macanás, el 14 de abril de 2008, después de años de malos tratos y que la madre pidiera ayuda en televisión.
  2. EXPLICACIÓN: Diagnosticado de “trastorno esquizoafectivo y
    politoxicomanía, que anulaba por completo sus facultades de comprensión y
    autodeterminación”. Con brotes desde 1996.

Teresa Macanás pide ayuda en 2001

Dice el TSJ que el SMS actuó bién, y que Carotenuto no estaba médicamente mal atendido. La familia no lo creía así. Entendía que los médicos podían haber hecho más, y pidió 600.000 euros como compensación. El fallo judicial en cambio dice que “la única causa del fallecimiento de Dña. Teresa fue la grave enfermedad de su hijo, quien además no tenía conciencia de ella”. Encarna Carotenuto, la hermana de Ángelo, explica que lo que quieren es que “esto no se vuelva a repetir” y se asuman responsabilidades. La nueva sentencia, de noviembre de este año, además condena a la familia a pagar las costas de este proceso contencioso administrativo, lo que aún les indigna más como reconoce el abogado de los Carotenuto, Gonzalo Bellón de Aguilar, por el mensaje que lanza a la ciudadanía: “¡ojo con pleitear contra el Estado!”

PAQUITA LA PARRICIDA

  1. MAGNITUD. Acabó con la vida de dos de sus tres hijos. Tecnicamente es un filicidio.
  2. EXPLICACIÓN. “Tenía que darle una lección a su marido” le dijo a un testigo.

Francisca ‘Paquita’ González, en los juzgados.

La mujer que por un “arrebato de celos”, según la sentencia, mató a sus hijos Francisco Miguel, de 6 años, Adrian Leroy, de 4 años, estrangulándolos para herir al marido fue condenada a cuarenta años de cárcel. Cumplirá veinticinco, y ya disfruta de permisos penitenciarios. Ahora mismo se los han denegado, por un positivo por cocaína al regreso del último.

En el juicio se demostró que su marido la llevaba a una sala de intercambio de parejas, y de ahí los celos por infidelidades. Pero como el crimen no descansa, en la actualidad esa sala estaba siendo usada como invernadero de marihuana, pero fue desmantelada por la Policía Nacional en la Operación Coliseum. Hay que joderse. En los jacuzzis donde se fraguó el oscuro rencor de Paquita luego florecía el cannabis sativa.

Respecto a la polémica sobre si vamos a convertir a Rabadán en una estrella mediática, seguro que ya hay quien piensa en hacer un documental de estos otros dos casos.