El accidente de la A7

José Joaquín tenía 39 años y falleció, junto a otras personas, en el terrible accidente de la A7. Su madre le envía un mensaje al conductor del camión y presunto responsable: que reza por él para que recapacite y no lo vuelva a hacer

Era un lunes sencillo por la tarde. La noticia llegó a la redacción como suelen hacerlo al principio las más importantes y graves, como una minucia. Alguien comentó:

-Me dicen que hay atasco en la A7, que ha tenido que haber algún accidente.

En pocos minutos, y un par de llamadas, alcanzamos a entender la tragedia. No era una accidente cualquiera. Un camión arrolló a los vehículos que estaban parados en una retención. Fue como si un terremoto sacudiera una estantería de cristal. Salvo que los cristales rotos eran de carne y hueso.

Detalle de los dos vehículos, entre ambos camiones, cuyos ocupantes fallecieron.

LAS VÍCTIMAS

Dicen la diligencias de la Guardia Civil de Tráfico que “a la altura del kilómetro 581,8 de la citada vía, tramo recto de buena visibilidad, donde existía retención de vehículos por accidente de circulación previo”, el camión homicida entra en colisión con todo lo que había parado en la calzada.  Nueve turismos, dos furgonetas y otro camión. Contra todo eso, el camión “continúo su marcha, arrollando a los vehículos”.

Los  cinco fallecidos tienen dos cosas  en común. Todos venían de Almería, y sus coches estaban cerca de un camión marroquí, que fue el vehículo final que frenó al camión que arrollaba. Fue el yunque que frenó al martillo.

En un Seat Toledo falleció Josefa, de 48 años, su hija Laura, de 16, José Vicente, y su hija Elena, de 14. Los mayores, cuñados. Las menores, primas. Hay una familia en Elche que ha perdido inesperadamente a cuatro de sus miembros. Y una persona en concreto, Concepción, que ha perdido a su marido, su hija, su hermana y su sobrina. El infierno en vida debe ser algo así y no puede haber consuelo posible. Demoledor. Excesivo tanto dolor y fatalidad.

José Joaquín en una foto de estudio cedida por la familia.

El quinto fallecido es José Joaquín Pérez Ortiz. Era murciano. Tenía 39 años. Deportista y lector empedernido. Trabajaba en seguridad privada. Había sido miembro de la Legión en Viator (Almería). Voluntario en intervenciones humanitarias en Kosovo o quitando chapapote del Prestige. “En dos palabras: humildad y lealtad”, lo define su prima Natalia Venegas.

En un ejercicio de catarsis, valentía y dignidad, Natalia me permitió entrevistarla para conocer quién era este joven y por qué es querido por tantos. A través de sus labios conocimos un mensaje de Concepción Ortiz, madre de José Joaquín, que quería enviar al camionero: “Mi tía reza por él -por el propio camionero-, para que sea consciente de lo que ha hecho, que equilibre la situación. Si alguna vez en el futuro vuelve tener la opción de cometer esa imprudencia, la que haya sido porque aún no tenemos novedades de eso, que por favor… recapacite, que son muchas las familias que se han quedado destrozadas”.

Nos quedamos todos embelesados escuchándola, sobrecogidos.

EL CAMIONERO

Ése 9 de octubre, ‘el Poli’ como le apodan al conductor del camión, se comió un asado de cordero. Con dos coca-colas. No sabía que era el último asado de su antigua vida. Sea cual sea el final del proceso judicial abierto, nunca será la misma persona.

Panorámica del accidente desde un puente cercano.

Es veterano conductor profesional de camiones, lo hace desde hace “ocho o diez años”. Ese día había cogido el volante apenas media hora antes. Tenía que ir a Santomera. Explica que, de pronto, la furgoneta de delante suyo clavó los frenos, no pudo esquivarla, y chocan. Que intenta cambiar de carril, pero él mismo concluye que “se los llevó a todos por delante”.

Niega que hubiera consumido cocaína antes de sentase en la cabina, pero sí que le “pegó dos caladas a un cigarro de cocaína sin consumir más” el viernes anterior. Que no se explica cómo le dio positivo el narcotest el lunes tarde.

De lo que tampoco se conoce explicación es sobre si hacía algo o no con su móvil. Por eso el abogado de la familia ilicitana fallecida, Pedro López Graña, ha pedido al juzgado que pregunte a Google y Whatsapp por el número de Poli, a ver qué hacía a las 18:25 de esa funesta jornada.

He intentado hablar con él, por si quiere expresar algo, disculparse o defenderse, o responder a Concepción, pero no he tenido suerte. Los que le conocen dicen en su barrio que es buena persona. Pero hasta la mejor persona puede despistarse.

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