¿Quién mató a Manuel Vidal?

La Región ha vivido una semana de dramáticos acontecimientos. Episodios aún no acabados y de consecuencias imprevisibles. Pero mientras la sangre se calma en las venas y se limpia en las aceras, les quiero hablar de Manuel Vidal.

En la biblioteca de mis padres hay un libro cuyo título siempre me llamaba la atención. ¿Quién mató a Palomino Molero? escrito por Mario Vargas Llosa. La descripción del hallazgo y estado del cuerpo del pobre Palomino es brutal y la he releído, esas primeras páginas, en varias ocasiones. No hay que ser un Nobel de Literatura ni viajar al Perú de hace unas décadas para narrar una historia con un cadáver destrozado y un proceso extrañamente torpe en su resolución.

LA VÍCTIMA

“Manuel era el alma de cualquier reunión, muy dicharachero, simpático, muy buena persona”, dicen sus amigos de Manuel Vidal, de 57 años, administrativo del IMAS (estaba en Valoraciones). Era ovolacteovegetariano y le encanta viajar. Lo había hecho mucho, por ejemplo, a Polonia, y tenía previsto un viaje a Londres.

Foto de Manuel Vidal

Manuel era muy de practicar couchsurfing, algo así como navengando por sofás, un concepto yanqui basado en darse de alta en una plataforma y viajar por ahí, alojándote en casas particulares, y luego los anfitriones pueden (o no) viajar a tu casa.

Manuel era amante de los animales en general y de su perro en particular, Gorka, un shar pei que aún lo busca olfateando por las estancias con las que compartió años de amistad y convivencia. Ahora tiene otra casa.

Gorka, la querida mascota de Manuel

EL HALLAZGO

Fue el domingo 27 de agosto cuando se descubrió la tragedia. Una limpiadora no pudo acceder a la casa. Debió de alzar la mirada desde la calle y lo vio. Un reguero rojo y sanguinolento que no podía señalar nada bueno.

El macabro rastro en la casa de la víctima

El dormitorio de Manuel, en la calle Antonio Rocamora, daba con una ventana a un lavadero. Por ahí dejaron el cuerpo caer, boca abajo, hacia el lavadero, con los pies aún en alto. Esa posición y la natural salida de aguas del lavadero obraron el macabro detalle de que goteara un fluido rojizo.

Su cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Tenía marcas de haber sido atado en vida con bridas en muñecas y piernas.

EL SOSPECHOSO

Se llama Nauris P., y es súbdito letón. Uno se imagina a un burraco grande, pero tiene pinta de ser de tamaño normal y complexión atlética. De 25 años, afirma no tener domicilio fijo, ni en España ni en Letonia, y que ¡vive viajando!.

Es un usuario de eso de ir de sofá en sofá ajenos. Ya estuvo, hace tiempo en el sofá de Manuel. Terminaron mal, Manuel lo denunció por robo, pero luego le retiró la denuncia y este agosto lo volvió a acoger (¡¿?!) en su sofá. En esta ocasión Nauris vino acompañado de una joven, también de Letonia.

Puerta de la casa del fallecido tras la inspección policial.

Para cuando se descubre el cadáver, no está ni Nauris, ni la chica, ni la moto blanca que Manuel guardaba en su trastero. El primero de septiembre lo pillan en Carlet, un pueblecito de 15.000 habitantes, en Valencia. Nauris hacía autopstop y llevaba las llaves de la casa de Manuel. Ni estaba la moto ni estaba la chica. Lo envían a prisión provisional por un supuesto homicidio.

EL PROCESO

Se ha apuntado a un posible crimen pasional porque “celebraba fiestas con gente joven”, pero esto tampoco dice mucho. ¿Pudo Nauris -y la chica- hallar el cadáver, asustarse y huir, y por ello parecer culpable? Puede, pero también podría llegar el fin del mundo mientras usted lee esto. Como poder…

A finales de septiembre los forenses explican en el juzgado número 6 de Murcia, que lleva el caso, que la descomposición del cadáver impide saber de qué murió. Sospechan asfixia, pero no pueden concretarlo. Hallan sustancias tóxicas en el cuerpo de Manuel pero están pendientes de exhaustivo análisis en Madrid. No descartan una muerte accidental o natural en circunstancias extrañas, pese que las bridas se las pusieron en vida.

Total,que la Fiscalía pide que dejen en libertad al preso, y Su Señoría se lo concede.

El sospechoso es un ciudadano del espacio Schengen, pero en el último rincón de allá arriba, y sobre todo, si no tiene domicilio en ningún lado, le dices que no salga de España y que comunique un domicilio aquí en Murcia.

Esto fue un viernes. El lunes no se presentó al juzgado como se le ordenó, ni después. Ahora se ha ordenado su búsqueda, captura e ingreso en prisión.

La familia de Manuel, dolida, decepcionada, exige avances y lo tiene claro: el autor de la muerte es el letón.

¿Ha llegado el fin del mundo? Pues eso.