Archivos mensuales: noviembre 2017

El asesino de la catana

Porque es eso. Un asesino. Confeso. Y de sus propios padres. Y de su hermana con síndrome de Down, la misma que le dijo “A mí no, José”, cuando se dirigió hacia ella tras matar a los padres de ambos. Pero como le dijo a la Policía “lo tenía así planeado y lo ejecuté”.

Yo he visto el vídeo. Era la primera cámara de vídeo que tenía la Policía Nacional de Murcia. Y me cuentan que fue el primer vídeo de una escena del crimen que grabaron. En él se escucha a los agentes que, mientras dicen “se llama catana”, procuran no pisar la sangre. También he visto la primera parte del documental de Rabadán.

Llevo muchos días pensando en cómo dirigirme a ustedes sobre este caso. Lo cierto es que nunca me gustó. Es obsceno. A mí lo que me gusta de los sucesos es la investigación que resuelve un crimen y se engrilleta a un culpable. Con un móvil definido y asumible… dinero, celos, odio, etc. Blanco o negro. Pero existe el gris,  en muchos matices, además. Lo que hizo José Rabadán carece de explicación, hasta para él.

José Rabadán recién detenido llega a la comisaría.

No hay cronista de sucesos que no haya tratado antes o después este caso, y no hay cronista que no haya deseado enfrentarse al asesino e interrogarlo. Por ello, el anuncio de que había hablado en una entrevista es un aldabonazo a nuestra hemeroteca.

La Opinión de Murcia el pasado miércoles 22 de noviembre.

Desde la trinchera profesional aplaudo a los que han conseguido este testimonio. Por eso invité a Israel López a venir a Murcia para entrevistarlo yo a él. Es el periodista que localizó a Rabadán, obtuvo su confianza y lo sentó ante una cámara. Por eso, como periodista murciano de sucesos, he dirigido una cobertura especial sobre el caso, para que los murcianos tengan datos, argumentos y herramientas para encarar ese testimonio que se va a hacer público.

Entrevista al periodista Israel López.

1.- ¿ESTÁ LOCO?

Los doctores que le trataron dijeron que era un joven consciente y frío. Le diagnosticaron una psicosis epiléptica idiopática, que en román paladino es “se le va la pinza y no controla”. El doctor Manuel Nombela lo compara con Stalin, por obsesivo y paranoico. Fue Nombela quien le detectó un fallo estructural cerebral que le impedía enviar las señales eléctricas al córtex donde está “el control de la voluntad”. Sin embargo, el inspector que lo arrestó, ahora comisario, Alfonso Navarro, cree que no está loco porque “lo planeó al detalle” y “recordaba lo que hizo”.

2.- ¿POR QUÉ HABLA?

Es una incógnita. “Porque ahora está preparado”, me dicen. Le aconsejaron a Rabadán que no lo hiciera. Quizá es una purga personal. Quizá es fruto del narcisismo que le achacan. Quizá es para promocionar su autobiografía. Quizá…

Fotograma del documental ‘Yo fui un asesino’.

3.- ¿ESTÁ REHABILITADO?

A efectos administrativos, lo está. Cumplió su condena. Estuvo menos de seis años internos y luego cuatro de libertad vigilada. Sí, ésa fue la condena. Ahora es José Rabadán el buen cristiano, el padre, el esposo, el yerno. No ha delinquido, y si ha vuelto a empuñar una arma blanca habrá sido en una cocina para hacer la merienda a su hija. Yo achaco mucho de su rehabilitación a la comunidad de evangelistas con la que convive. Lo tienen arropado y controlado, imagino. Pero la fe no es algo cuantificable en un informe médico. Algunos ven la luz, y otros sólo la bombilla.

4.- ¿ESTÁ ARREPENTIDO?

Los que le tratan ahora… dicen que sí. Los que le trataron en su etapa de internamiento, lo dudan. En su piel lleva tatuadas tres cruces. Pero en un hombro también se tatuó una alegoría cadavérica de la Muerte, guadaña incluida. Otra cosa muy distinta es que la sociedad  le perdone.

5.- ¿ES JUSTO DARLE VOZ?

Sí, si lo hace como hombre rehabilitado y reinsertado para pedir perdón y ser ejemplo para otros criminales. ¿Es justo que haya lucro?  Claro que no, es parte de su expiación. Para los que encienden los focos y pulsan rec en la cámara, sí, porque los materiales cuestan. ¿Podría la prensa incurrir en una espiral de entrevistas pagadas con el asesino de la catana? Podría, pero sería otro crimen añadido, que podría tener efecto llamada en otras personas. E intuyo que no serán muchos lo que quieran pagar o quieran oírlo una vez haya hablado ya. El que pregunta primero, pregunta dos veces. Pero desde una óptica pedagógica y social, sí es apropiado escuchar a un asesino rehabilitado. La recuperación y reinserción de los delincuentes es el objetivo de las instituciones penitenciarias y nuestro estado de derecho. Pero ¡ojo!: puede que tras escuchar a Rabadán tampoco se obtengan todas las respuestas ni explicaciones. Eso es lo desconcertante de este caso.

El accidente de la A7

José Joaquín tenía 39 años y falleció, junto a otras personas, en el terrible accidente de la A7. Su madre le envía un mensaje al conductor del camión y presunto responsable: que reza por él para que recapacite y no lo vuelva a hacer

Era un lunes sencillo por la tarde. La noticia llegó a la redacción como suelen hacerlo al principio las más importantes y graves, como una minucia. Alguien comentó:

-Me dicen que hay atasco en la A7, que ha tenido que haber algún accidente.

En pocos minutos, y un par de llamadas, alcanzamos a entender la tragedia. No era una accidente cualquiera. Un camión arrolló a los vehículos que estaban parados en una retención. Fue como si un terremoto sacudiera una estantería de cristal. Salvo que los cristales rotos eran de carne y hueso.

Detalle de los dos vehículos, entre ambos camiones, cuyos ocupantes fallecieron.

LAS VÍCTIMAS

Dicen la diligencias de la Guardia Civil de Tráfico que “a la altura del kilómetro 581,8 de la citada vía, tramo recto de buena visibilidad, donde existía retención de vehículos por accidente de circulación previo”, el camión homicida entra en colisión con todo lo que había parado en la calzada.  Nueve turismos, dos furgonetas y otro camión. Contra todo eso, el camión “continúo su marcha, arrollando a los vehículos”.

Los  cinco fallecidos tienen dos cosas  en común. Todos venían de Almería, y sus coches estaban cerca de un camión marroquí, que fue el vehículo final que frenó al camión que arrollaba. Fue el yunque que frenó al martillo.

En un Seat Toledo falleció Josefa, de 48 años, su hija Laura, de 16, José Vicente, y su hija Elena, de 14. Los mayores, cuñados. Las menores, primas. Hay una familia en Elche que ha perdido inesperadamente a cuatro de sus miembros. Y una persona en concreto, Concepción, que ha perdido a su marido, su hija, su hermana y su sobrina. El infierno en vida debe ser algo así y no puede haber consuelo posible. Demoledor. Excesivo tanto dolor y fatalidad.

José Joaquín en una foto de estudio cedida por la familia.

El quinto fallecido es José Joaquín Pérez Ortiz. Era murciano. Tenía 39 años. Deportista y lector empedernido. Trabajaba en seguridad privada. Había sido miembro de la Legión en Viator (Almería). Voluntario en intervenciones humanitarias en Kosovo o quitando chapapote del Prestige. “En dos palabras: humildad y lealtad”, lo define su prima Natalia Venegas.

En un ejercicio de catarsis, valentía y dignidad, Natalia me permitió entrevistarla para conocer quién era este joven y por qué es querido por tantos. A través de sus labios conocimos un mensaje de Concepción Ortiz, madre de José Joaquín, que quería enviar al camionero: “Mi tía reza por él -por el propio camionero-, para que sea consciente de lo que ha hecho, que equilibre la situación. Si alguna vez en el futuro vuelve tener la opción de cometer esa imprudencia, la que haya sido porque aún no tenemos novedades de eso, que por favor… recapacite, que son muchas las familias que se han quedado destrozadas”.

Nos quedamos todos embelesados escuchándola, sobrecogidos.

EL CAMIONERO

Ése 9 de octubre, ‘el Poli’ como le apodan al conductor del camión, se comió un asado de cordero. Con dos coca-colas. No sabía que era el último asado de su antigua vida. Sea cual sea el final del proceso judicial abierto, nunca será la misma persona.

Panorámica del accidente desde un puente cercano.

Es veterano conductor profesional de camiones, lo hace desde hace “ocho o diez años”. Ese día había cogido el volante apenas media hora antes. Tenía que ir a Santomera. Explica que, de pronto, la furgoneta de delante suyo clavó los frenos, no pudo esquivarla, y chocan. Que intenta cambiar de carril, pero él mismo concluye que “se los llevó a todos por delante”.

Niega que hubiera consumido cocaína antes de sentase en la cabina, pero sí que le “pegó dos caladas a un cigarro de cocaína sin consumir más” el viernes anterior. Que no se explica cómo le dio positivo el narcotest el lunes tarde.

De lo que tampoco se conoce explicación es sobre si hacía algo o no con su móvil. Por eso el abogado de la familia ilicitana fallecida, Pedro López Graña, ha pedido al juzgado que pregunte a Google y Whatsapp por el número de Poli, a ver qué hacía a las 18:25 de esa funesta jornada.

He intentado hablar con él, por si quiere expresar algo, disculparse o defenderse, o responder a Concepción, pero no he tenido suerte. Los que le conocen dicen en su barrio que es buena persona. Pero hasta la mejor persona puede despistarse.

¿Quién mató a Manuel Vidal?

La Región ha vivido una semana de dramáticos acontecimientos. Episodios aún no acabados y de consecuencias imprevisibles. Pero mientras la sangre se calma en las venas y se limpia en las aceras, les quiero hablar de Manuel Vidal.

En la biblioteca de mis padres hay un libro cuyo título siempre me llamaba la atención. ¿Quién mató a Palomino Molero? escrito por Mario Vargas Llosa. La descripción del hallazgo y estado del cuerpo del pobre Palomino es brutal y la he releído, esas primeras páginas, en varias ocasiones. No hay que ser un Nobel de Literatura ni viajar al Perú de hace unas décadas para narrar una historia con un cadáver destrozado y un proceso extrañamente torpe en su resolución.

LA VÍCTIMA

“Manuel era el alma de cualquier reunión, muy dicharachero, simpático, muy buena persona”, dicen sus amigos de Manuel Vidal, de 57 años, administrativo del IMAS (estaba en Valoraciones). Era ovolacteovegetariano y le encanta viajar. Lo había hecho mucho, por ejemplo, a Polonia, y tenía previsto un viaje a Londres.

Foto de Manuel Vidal

Manuel era muy de practicar couchsurfing, algo así como navengando por sofás, un concepto yanqui basado en darse de alta en una plataforma y viajar por ahí, alojándote en casas particulares, y luego los anfitriones pueden (o no) viajar a tu casa.

Manuel era amante de los animales en general y de su perro en particular, Gorka, un shar pei que aún lo busca olfateando por las estancias con las que compartió años de amistad y convivencia. Ahora tiene otra casa.

Gorka, la querida mascota de Manuel

EL HALLAZGO

Fue el domingo 27 de agosto cuando se descubrió la tragedia. Una limpiadora no pudo acceder a la casa. Debió de alzar la mirada desde la calle y lo vio. Un reguero rojo y sanguinolento que no podía señalar nada bueno.

El macabro rastro en la casa de la víctima

El dormitorio de Manuel, en la calle Antonio Rocamora, daba con una ventana a un lavadero. Por ahí dejaron el cuerpo caer, boca abajo, hacia el lavadero, con los pies aún en alto. Esa posición y la natural salida de aguas del lavadero obraron el macabro detalle de que goteara un fluido rojizo.

Su cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Tenía marcas de haber sido atado en vida con bridas en muñecas y piernas.

EL SOSPECHOSO

Se llama Nauris P., y es súbdito letón. Uno se imagina a un burraco grande, pero tiene pinta de ser de tamaño normal y complexión atlética. De 25 años, afirma no tener domicilio fijo, ni en España ni en Letonia, y que ¡vive viajando!.

Es un usuario de eso de ir de sofá en sofá ajenos. Ya estuvo, hace tiempo en el sofá de Manuel. Terminaron mal, Manuel lo denunció por robo, pero luego le retiró la denuncia y este agosto lo volvió a acoger (¡¿?!) en su sofá. En esta ocasión Nauris vino acompañado de una joven, también de Letonia.

Puerta de la casa del fallecido tras la inspección policial.

Para cuando se descubre el cadáver, no está ni Nauris, ni la chica, ni la moto blanca que Manuel guardaba en su trastero. El primero de septiembre lo pillan en Carlet, un pueblecito de 15.000 habitantes, en Valencia. Nauris hacía autopstop y llevaba las llaves de la casa de Manuel. Ni estaba la moto ni estaba la chica. Lo envían a prisión provisional por un supuesto homicidio.

EL PROCESO

Se ha apuntado a un posible crimen pasional porque “celebraba fiestas con gente joven”, pero esto tampoco dice mucho. ¿Pudo Nauris -y la chica- hallar el cadáver, asustarse y huir, y por ello parecer culpable? Puede, pero también podría llegar el fin del mundo mientras usted lee esto. Como poder…

A finales de septiembre los forenses explican en el juzgado número 6 de Murcia, que lleva el caso, que la descomposición del cadáver impide saber de qué murió. Sospechan asfixia, pero no pueden concretarlo. Hallan sustancias tóxicas en el cuerpo de Manuel pero están pendientes de exhaustivo análisis en Madrid. No descartan una muerte accidental o natural en circunstancias extrañas, pese que las bridas se las pusieron en vida.

Total,que la Fiscalía pide que dejen en libertad al preso, y Su Señoría se lo concede.

El sospechoso es un ciudadano del espacio Schengen, pero en el último rincón de allá arriba, y sobre todo, si no tiene domicilio en ningún lado, le dices que no salga de España y que comunique un domicilio aquí en Murcia.

Esto fue un viernes. El lunes no se presentó al juzgado como se le ordenó, ni después. Ahora se ha ordenado su búsqueda, captura e ingreso en prisión.

La familia de Manuel, dolida, decepcionada, exige avances y lo tiene claro: el autor de la muerte es el letón.

¿Ha llegado el fin del mundo? Pues eso.

El Blue Diamond

Dos personas murieron a manos, supuestamente, de un hombre ciego de alcohol, cocaína e ira, que vació el tambor de una pistola Llama.  El 21 de este mes se cumplirán tres años de la macabra noche.

El nombre Diamante Azul alude a una joya medieval de origen indio verdaderamente extraordinaria. Salvo porque llevaba asociada una legendaria maldición. Llevaba a la muerte o ruina a los que la tenían y codiciaban.

El local Blue Diamond, en el Polígono Industrial Oeste es hoy también una triste maldición. Su fachada ahora se descascarilla con carteles de se alquila. En su puerta tuvo lugar el brutal asesinato que mezcla por igual fatalidad y heroísmo.

La Fiscalía ya ha concretado su relato de lo ocurrido. Hay dos acusados. Establece seis delitos. Pide en total 58 años de cárcel. Ahora le toca a las defensas y acusaciones particulares (familias de los fallecidos) pronunciarse.  Después, se señalará juicio. El caso, aunque conocido, no deja de apabullar en sus detalles del fatal crimen.

LOS ACUSADOS

1.- MARIANO EL CHINO

Foto de Mariano tras su arresto.

Acusado de dos delitos de asesinato, dos tentativas de asesinato y tenencia ilícita de armas. La Fiscalía le pide 56 años de cárcel. Su abogado José María Caballero Salinas afirma que hay elementos para defender que no era dueño de sus actos.

Ese día estaba de fiesta. Da igual ya el motivo. Recalaron allí desde que empezaran a beber en el Hogar del Pensionista a las 14 horas. La Fiscalía explica con elegancia que, como “no encontró que el servicio que le daban las camareras del local era el adecuado comenzó a quejarse”. Pero en verdad estaba “amenazante y agresivo” profiriendo lindezas como “te voy a cortar el cuello” al hijo del dueño del local. Y al dueño un “te voy a cortar el cuello a ti también”.

Momento del hallazgo del revolver (otra vez cargado).

Esperaban que Carlos Jesús, el portero, pudiera “disuadir a los clientes y finalizar el incidente sin mayores  problemas”. Pero también fue amenazado y éste tuvo que echar a Mariano y sus acompañantes. Furioso, echando espumarajos por la boca, se fue en su coche Mercedes Benz y regresó a los 20 minutos con un arma.

El Mercedes del Chino, de techo negro, en la huida.

Se acercó a la puerta y al portero con la pistola a la espalda. Vacío el tambor. Seis disparos (se recogieron seis vainas). Mató al portero y a un cliente que, ajeno a todo el pobre desafortunado, entraba al local a tomarse algo. El Chino se montó en su coche y se las piró. Llamó a su primo para pedir ayuda.

2.- FEDERICO EL FEDERO

El Federo, detenido

Acusado de un delito de encubrimiento . La Fiscalía pide para él un año y seis meses de cárcel.

Momento en que el Federo, en otro local, recibe la llamada de su primo

Había estado esa tarde y noche de fiesta con Mariano y otros, pero estaba en otro local (se habrían separado dentro de los avatares etílicos del jolgorio) en el momento de los disparos. Siempre según el relato fiscal, acudió a la llamada de su primo, le ayudó a deshacerse del arma (hallada junto a una rotonda), le alojó en su casa de Espinardo y allí les sorprendió el despliegue policial que los arrestó al día siguiente.

En su casa se hallaron 16 gramos de cocaína y un par de balanzas de precisión. Con la defensa del abogado Pablo Martínez fue absuelto del delito de narcotráfico pero, hay que joderse, ahora está preso tras el macroproceso contra Los Pijetes.

LAS VÍCTIMAS

Durante 28 minutos trataron en vano de reanimarlos. Fallecieron por “parada cardiorrespiratoria y shock hipovolémico”. Se les paró el corazón y se quedaron sin sangre. La data de la muerte es a las 23:26 horas del 21 de noviembre.

1.- CARLOS JESÚS MONTIEL PEÑALVER (30/04/1989, 25 años)

 Carlos Jesús en uno de sus habituales entrenamientos.

El dueño del local, Jesús Ortiz, dijo que, cuando estaban en la puerta, cuando comenzaron los disparos, Carlos Jesús “le aparta/arrastra para de este modo recibir él los disparos o evitar que cualquiera de los dos -Jesús o su hijo Juan David- recibiera cualquier impacto, cogiéndolo fuertemente e introduciéndolo en el local, para después caer desplomado”.

 Fotos del informe balístico reconstruyendo los disparos en la puerta del Blue Diamond.

La autopsia revela que tenía siete orificios de bala en el cuerpo. Cuatro de entrada. Tres de salida. Tres balas le atravesaron. La cuarta se le quedó fragmentada dentro del brazo izquierdo.

Tenía 25 años. Quería ser bombero.

2.- PEDRO RUIZ  SAURA (12/01/1961, 53 años)

 Un sonriente Pedro en la foto de su DNI.

En el peor lugar y el peor instante. Entraba por la puerta cuando se desató el infierno. Murió a causa de dos balas que atravesaron a Carlos Jesús y le impactaron. Así lo dice un informe policial.

Qué puta es la vida a veces.