El club Topacio

Durante mucho fue la quintaesencia del negocio nocturno. Una nave, junto a la carretera nacional, en Molina de Segura, trufado de mujeres y joyas en su fachada, y vicio y explotación en su interior. Ahora está cerrado. Ahora los responsables deberían estar ante la justicia, pero están en paradero desconocido.

El prostíbulo más grande, exitoso y comentado. En su desarticulación, ocho personas fueron arrestadas en relación a las actividades que allí tenían lugar. Todos rumanos menos un español apodado ‘el Mortadelo’. Tenían una cita el pasado 6 de octubre. El juicio debía durar siete sesiones. Solo asistió el intérprete de rumano.

EL NEGOCIO

Era un emporio económico. Era un microcosmos de neón, alcohol y perversión. Allí faenaban muchos grupos y cada uno a lo suyo.

Mujeres y un gran topacio en la fachada del prostíbulo.

Entrevisto a Victoriano Martínez. Victoriano tiene un nombre largo, pero él lo es aún más. Ahora luce barba que se le torna entrecana. Entonces tenía el rostro lampiño. Hace diez años era uno más en la Brigada metiendo hombro. Hoy es el Inspector Jefe de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía, y anda más que atareado de aquí para allá con la invasión de inmigrantes llegados en patera (hemos batido récords, oiga).

“Aquello estaba abierto desde 1997 -justo hace ahora 20 años-, y yo estuve trabajando en eso desde 2002”, explica el inspector jefe mientras bucea en su memoria. “Hicimos infinidad de registros y entradas, que fue la base para cerrar aquel antro que era un vergel de delincuencia. Tenían a las mujeres prostituidas y degradadas. Había muchos delitos en ese lugar: tráfico de drogas, falsedad documental, lesiones, extorsiones… era un lugar tenebroso…”.

Relata entonces cómo funcionaba: “Había muchos grupos dedicados a la trata dentro de ese local. En el último operativo allí había 152 mujeres, doscientos y pico clientes, un montón de trabajadores… ¡un imperio! Aquellas 152 mujeres no pertenecen al club, al grupo empresarial… no, el grupo empresarial se dedicaba a beneficiarse de aquel negocio. En aquel tiempo, se llegaba a pagar 70 euros al día por la plaza, por tener allí una chica. ¡Imagínese 152 mujeres! Más, luego, una parte de las copas a las chicas, más todo el mercado secundario de preservativos, sábanas, tabaco, tragaperras, taxistas… ¡Había médicos que iban a hacer citologías! Todos pasaban por caja”.

El inspector jefe Victoriano Martínez.

Uno de los grupos criminales que operaban entonces allí, el que era quizá más fuerte, es el que estaba este mes llamado a juicio.  “En aquellos años predominaban la prostitución de los países del Este, de Rumanía -detalla Martínez-, que entonces no era país europeo, y las mujeres eran más vulnerables. Les hacía pagar por todo”.

Le pregunto por este no-juicio al que no se ha presentado nadie. “A mí no me sorprende, pero me siento orgulloso de lo que fue un éxito policial, en parte judicial y sobre todo administrativo, porque tuvo mucho que ver el Ayuntamiento de Molina de Segura, que concluyó con el cierre de este antro”.

EL CIERRE 

“Nos tenían amenazados. Incluso nos espiaban. En mi casa pillaron a dos subidos a la valla. Tenían información sobre nosotros”, recuerda Luis Gestoso, que fue concejal en aquella época de Aperturas, Medio Ambiente e Industria, y luego Urbanismo. Y es que el consistorio, avergonzado de tener “uno de los mayores prostíbulos de España”, y ante la indesición judicial, les retiraron la licencia.

“La Policía nos hizo un informe muy completo en el que, entre otras cosas, ponían que allí tenían a niñas, a menores de edad”. Una incluso contrajo una enfermedad venérea y se le tuvo que amputar todos los dedos de los pies. “Por todo ello -prosigue Gestoso-, les revocamos las licencia de hotel y cafetería”.

La sillas de los acusados vacías en el juicio del caso Topacio.

Cerrar aquel local fue una odisea, y fue en dos tiempos. Pero se cerró. Lo que no parece tan claro es que se cierre el caso. Siete rumanos conformaban un grupo que captaba a la chicas en Rumanía, las traía y mantenía con documentación falsa, las escondía en una red de pisos-patera, las movían en un taxi conducido por el único español implicado, ‘el Mortadelo’, y las explotaban en el club. Allí contaban con mujeres que las vigilaban. Les piden en conjunto penas de prisión que superan las 40 años. Para el 27 de octubre el tribunal les han vuelto a citar (a los que están localizados. A los que no, no. ¿Dónde enviar la citación?). A ver si entre los que se presentan llegan a un acuerdo. O algo. Así vamos.