Archivos mensuales: octubre 2017

La banda de los moteros

Fotografa captado en un robo de ‘La banda de los moteros’

Unos tipos duros van en moto recorriendo su país, viviendo del crimen y viviendo aventuras. Es el argumento de la película Easy rider. Buscando mi destino, y lo hacen al ritmo de Born to be wild. En la Región de Murcia,  un grupo teóricamente desarticulado ha vivido aventuras y crímenes subidos a motos robadas. Los periodistas, que a todo le ponen nombre, les bautizó como La banda de los moteros.

 Imagen obrante en el atestado policial de uno de los robos

Un amigo me señalaba la peculiaridad del nombre.

– Llamarles moteros y no motoristas, denota algo

-Claro, la chulería y la mala leche de ir por ahí apuntando con pistolas.

Son cinco, tres chicos y dos chicas. Españoles. Hijos de la democracia, lo han tenido todo para dedicarse a ser buenos ciudadanos, pero se han dedicado a ser buenos ladrones. O no tan buenos. Están identificados,  detenidos,  y dos de ellos en prisión preventiva.

 El atracador, con casco y pistola, en otro de sus ‘golpes’.

Modus operandi
  1. Usan motos para moverse,  pero igualmente usan coche. Eso sí, suele ser un vehículo robado un poco antes, del que luego se deshacen.
  2. Usan cascos integrales de motorista (de ahí el nombre) para ocultar su rostro. Al principio se tapaban la cara con prendas, pero era extraño ver por ahí a alguien huir como un cuatrero. Es menos llamativo ver a un motorista con un casco.
  3. Usan armas, se desconoce si simuladas o de fuego, para intimidar a sus víctimas. Tampoco dudan en hacer apología de Albacete al usar cuchillos.  En ambos casos, usan calcetines en las manos para evitar huellas. ¿Recuerdan al presunto ladrón por escalo Kaéfe (por cierto, ya en libertad)? ¿Recuerdan los guantes que usaba: marca Patacho? Un calcetín en un bolsillo es menos delictivo,  en apariencia, que un guante pero igual de efectivo para evitar huellas.
  4. Uno roba. Otro/otra espera.
  5. Suelen tener vigilados los lugares donde dan los palos. Y planifican la huida. Pero tiene capacidad para adaptarse. Si un golpe les sale mal, improvisan otro.  Cometen los atracos con empleados y dependientes. No son de reventar persianas.  Tardan sesenta segundos en actuar. Son rápidos, y guasones. En un robo se llevaron “dos botes grandes de cerveza”. Para brindar.

Para muestra, un robo. Asalto a una gasolinera de Molina. El ladrón usa una llamativa sudadera a cuadros. Como el vesturio de la selección croata de fútbol: con cuadros rojos y blancos. Es como un puñetazo a la vista. Y lo hace porque, en su huida, se deshace de la prenda tirándola desde el coche en el que huye. Denota premeditación.

El atracador de la sudadera ‘croata’ empuñando un arma de fuego.

Todo el mundo recordará la sudadera croata. Sin embargo, el vehículo empleado en la fuga lo han estacionado en otra calle, al ladico de un portal que tiene una hermosa cámara de seguridad (bendita ciberseguridad) que lo filmó todo, y que no pasó desapercibida para los investigadores.

Situación del caso

El sumario es un maravilloso batiburrillo. Se suman denuncias de Policía Local y Guardia Civil y Policía Nacional. Cada una con su estilo y forma. En todas, es cierto, se leen descripciones muy similares sobre el autor de los robos: “un individuo varón, español, con acento murciano, portando casco integral de color azul claro, de unos 180/184 centímetros, de complexión atlética, de unos 25 años, vistiendo ropa deportiva”. Y también se repite mucho el escaso diálogo del que hacían gala:  “¡Sacar el dinero, dadme el dinero, u os pego un tiro a cada uno!”.

Fotografa 1: el atracador agarra al dependiente y, a punta de cuchillo, lo mete en la tienda.

El ámbito de actuación de este grupo es amplio. Desde San Javier a Molina de Segura, pasando por Santomera y sobre todo Murcia. La dispersion geográfica, en los primeros compases, también les beneficia ¿Qué juzgado se va a quedar con el caso? ¿Cada juzgado investigará cada robo?

El atracador, sin soltar al empleado de la gasolinera, coge el dinero de la caja.

A primeros de septiembre cayó uno de los líderes y los demás estudiando su entorno y relaciones. De los cinco arrestados no todos tienen el mismo papel. Hay dos principales, los que más robos se creen que han ejecutado. Luego hay un tercer tipo que ha participado en algunos robos y luego están las chicas, parejas sentimentales de los primeros y que ejecutaban la mayoría de veces labores de logística sobre conducción y huidas.

El atracador ‘motero’ emprende la huida y se aprecia el cuchillo.

 

La defensa de los líderes del grupo, llevada a cabo por el abogado Jorge Novella, mantiene que “no hay datos identificativos sino indicios, y que la atribución de los delitos es por el patrón”, vamos, que si son robos parecidos se los han metido a los mismos.

De momento, que se sepa, han cesado los robos con casco. Que, además, les daba un aspecto humanoide abracadabrante.

La denuncia de España

Hubo un tiempo donde los cronistas de sucesos hacíamos el trabajo fundamentalmente en el callejón donde tenía lugar el crimen. Después, en el puerta a puerta. Esta verdad sigue siendo universal ayer y hoy, pero no mayoritaria. La era digital te puede regalar un caso en un email.

Cualquier periodista se frota las manos cuando en ellas le cae un sumario, una instrucción, una investigación.  Hace una década por ejemplo tenías que ir a la casa, el despacho o a la oficina de alguien para ello. Te llevabas un cartapacio de papel recién imprimido o fotocopiado. Hace un lustro, te lo llevabas en un CD. !Ay! Si los Verbatim hablaran. Una acumulación tal como el que apila periódicos leídos sobre el escritorio. En altas torres. Ahora, basta con un envío por Wetransfer. Si hay escuchas telefónicas, o es cosa gorda, en un pendrive. Digital o analógico, nos seguimos frotando las manos ante un sumario.

EL COLOR DE LAS LETRAS

Yo a cada texto le veo un color. Por encima del negro de la tinta la conjunción de palabras, estilos e ideas se me asocian a un color. Por ejemplo, los párrafos informativos son eminentemente grises, casi asépticos. Los de opinión, varían del rojo colérico al verde bilioso. Lo económico, es naranja. Lo deportivo, verde césped. Las predicciones meteorológicas tienen un blanco lechoso, etéreo. En literatura, la novela histórica es para mi marrón-cuero-gastado-Alatriste. La literatura erótica es color rosa ensalivado. La novela policíaca es de color azul. El relato futurista, neón plastificado.

Encabezamiento de distintos tipos de denuncias.


A un sumario me cuesta encontrarle color. Más bien parece un código de barras. Y esto es así por lo ortopédico de ciertas escrituras. El ordenamiento de hechos, datos y citas de leyes hace que sea una sonrisa mellada. Me obliga a saltar líneas para ir al meollo. Tras las primeras doscientas páginas, uno ya identifica el tipo de diligencia que tiene en la pantalla y va más rápido.

Como el que mucho ve, termina por imitar, hagamos un ejercicio de funambulismo. Será más ficción que crónica, pero, cuando concluya, posiblemente sea más crónica que ficción. Por desgracia.

ESPAÑA DENUNCIA

Acta de declaración de denunciante d/dña ESPAÑA. DNI 00000001

En La Opinión de Murcia, con la fecha arriba expuesta, se procede a tomar en manifestación a D/Dña ESPAÑA, cuyos datos de filiación son: en un lugar del Mediterráneo. Hija de Miles de Años de Historia, y de Cientos de Pueblos Mezclados. Domicilio: al Sur de Francia, junto a Portugal y al Norte del Estrecho. Teléfono: cualquier cabina pública.

La Fuerza Instructora de las presentes procede a informar a/el declarante la obligación legal que tiene de decir verdad (art. 433 Ley de Enjuiciamiento Criminal) así como la posible responsabilidad penal si, con temerario desprecio hacia la verdad, miente sobre personas o hechos (Art. 456-457-458 Código Penal)
Que en las últimos años, meses y semanas viene siendo víctima de un caso de lesiones,  de coacciones, de estafa, que le quieren quitar la vida y que todo es fruto de un gravísimo problema de violencia en el ámbito familiar. Que cree que el móvil es por dinero, pero que no tiene más que indicios.

Que sí tiene pruebas de que todo esto está organizado, y no ha sido fruto del azar, sino de 40 años de desatenciones, malediciencias y silencio cómplice.

Que actualmente no puede salir a la calle sin sentir el acoso y derribo por parte de muchos hacia su persona y nombre sin haber deseado mal a nadie. Refiere que tiene un miedo real y palpable sobre el futuro de sus nietos y de la integridad de su propiedad. Que sufre amargamente cuando ve a sus hijos pelear entre sí en el seno de su hogar.

Vecinos de Alcantarilla celebrando el día de la Hispanidad. Foto: Apanochados

Que, además, afronta otras situaciones que hacen impredecible la resolución del actual conflicto: volatilidad de los ingresos, baja renta de mucho de los dependientes de ella, terribles problemas ambientales, sequías, incendios, presión migratoria y cierta incomprensión internacional.

Preguntada para si aporta partes médicos o psicólogicos. Manifiesta que no hay diván lo suficientemente grande.

Preguntada para saber si puede describir a los causantes de su mal. Manifiesta que son muchos y a todas horas.

Izado de la bandera de España en Alcantarilla. Foto: Apanochados

Preguntada si conoce a Puigdemont y Junqueras. Manifiesta que sí, pero que no son los responsables sino los últimos en llegar.

Preguntada si conoce al Artículo 155, Manifiesta que no, pero que sospecha que es un mal necesario.

Preguntada si tiene algo más que añadir. Manifiesta que le duele España.

Firma de la Víctima del delito.

Yo España.

Firma de la fuerza instructora.

Yo España

 

 

El club Topacio

Durante mucho fue la quintaesencia del negocio nocturno. Una nave, junto a la carretera nacional, en Molina de Segura, trufado de mujeres y joyas en su fachada, y vicio y explotación en su interior. Ahora está cerrado. Ahora los responsables deberían estar ante la justicia, pero están en paradero desconocido.

El prostíbulo más grande, exitoso y comentado. En su desarticulación, ocho personas fueron arrestadas en relación a las actividades que allí tenían lugar. Todos rumanos menos un español apodado ‘el Mortadelo’. Tenían una cita el pasado 6 de octubre. El juicio debía durar siete sesiones. Solo asistió el intérprete de rumano.

EL NEGOCIO

Era un emporio económico. Era un microcosmos de neón, alcohol y perversión. Allí faenaban muchos grupos y cada uno a lo suyo.

Mujeres y un gran topacio en la fachada del prostíbulo.

Entrevisto a Victoriano Martínez. Victoriano tiene un nombre largo, pero él lo es aún más. Ahora luce barba que se le torna entrecana. Entonces tenía el rostro lampiño. Hace diez años era uno más en la Brigada metiendo hombro. Hoy es el Inspector Jefe de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía, y anda más que atareado de aquí para allá con la invasión de inmigrantes llegados en patera (hemos batido récords, oiga).

“Aquello estaba abierto desde 1997 -justo hace ahora 20 años-, y yo estuve trabajando en eso desde 2002”, explica el inspector jefe mientras bucea en su memoria. “Hicimos infinidad de registros y entradas, que fue la base para cerrar aquel antro que era un vergel de delincuencia. Tenían a las mujeres prostituidas y degradadas. Había muchos delitos en ese lugar: tráfico de drogas, falsedad documental, lesiones, extorsiones… era un lugar tenebroso…”.

Relata entonces cómo funcionaba: “Había muchos grupos dedicados a la trata dentro de ese local. En el último operativo allí había 152 mujeres, doscientos y pico clientes, un montón de trabajadores… ¡un imperio! Aquellas 152 mujeres no pertenecen al club, al grupo empresarial… no, el grupo empresarial se dedicaba a beneficiarse de aquel negocio. En aquel tiempo, se llegaba a pagar 70 euros al día por la plaza, por tener allí una chica. ¡Imagínese 152 mujeres! Más, luego, una parte de las copas a las chicas, más todo el mercado secundario de preservativos, sábanas, tabaco, tragaperras, taxistas… ¡Había médicos que iban a hacer citologías! Todos pasaban por caja”.

El inspector jefe Victoriano Martínez.

Uno de los grupos criminales que operaban entonces allí, el que era quizá más fuerte, es el que estaba este mes llamado a juicio.  “En aquellos años predominaban la prostitución de los países del Este, de Rumanía -detalla Martínez-, que entonces no era país europeo, y las mujeres eran más vulnerables. Les hacía pagar por todo”.

Le pregunto por este no-juicio al que no se ha presentado nadie. “A mí no me sorprende, pero me siento orgulloso de lo que fue un éxito policial, en parte judicial y sobre todo administrativo, porque tuvo mucho que ver el Ayuntamiento de Molina de Segura, que concluyó con el cierre de este antro”.

EL CIERRE 

“Nos tenían amenazados. Incluso nos espiaban. En mi casa pillaron a dos subidos a la valla. Tenían información sobre nosotros”, recuerda Luis Gestoso, que fue concejal en aquella época de Aperturas, Medio Ambiente e Industria, y luego Urbanismo. Y es que el consistorio, avergonzado de tener “uno de los mayores prostíbulos de España”, y ante la indesición judicial, les retiraron la licencia.

“La Policía nos hizo un informe muy completo en el que, entre otras cosas, ponían que allí tenían a niñas, a menores de edad”. Una incluso contrajo una enfermedad venérea y se le tuvo que amputar todos los dedos de los pies. “Por todo ello -prosigue Gestoso-, les revocamos las licencia de hotel y cafetería”.

La sillas de los acusados vacías en el juicio del caso Topacio.

Cerrar aquel local fue una odisea, y fue en dos tiempos. Pero se cerró. Lo que no parece tan claro es que se cierre el caso. Siete rumanos conformaban un grupo que captaba a la chicas en Rumanía, las traía y mantenía con documentación falsa, las escondía en una red de pisos-patera, las movían en un taxi conducido por el único español implicado, ‘el Mortadelo’, y las explotaban en el club. Allí contaban con mujeres que las vigilaban. Les piden en conjunto penas de prisión que superan las 40 años. Para el 27 de octubre el tribunal les han vuelto a citar (a los que están localizados. A los que no, no. ¿Dónde enviar la citación?). A ver si entre los que se presentan llegan a un acuerdo. O algo. Así vamos.

El pacto de Cala Cortina

El caso Cala Cortina es una metáfora para los días convulsos que vivimos: saber llegar a un acuerdo en el que todos pierden, todos ganan, ninguno está satisfecho del todo ni jodido del todo.

En nuestra historia reciente hay pactos muy importantes. Los de La Moncloa, en 1977, que articularon la Transición, o el Acuerdo de Floridablanca, mucho menos conocido pero más cercano, un pacto  firmado en el hotel Floridablanca de Murcia en enero de 1979 y que nos trajo la autonomía a nuestra Región. El pacto de Cala Cortina será también histórico por lo que deja y, sobre todo, por lo que nos quita.

Para muchos, Cala Cortina es sinónimo de crimen. Para mí no. Yo conocía de antes la Cortina. Yo me he bañado en Cala Cortina. Es una playa urbana estupenda.  Es un dolor que se haya convertido en el escenario de un crimen no esclarecido pero sí con final pactado.

LO QUE NOS QUITA

Es un fraude que se haya llegado a una conformidad. Que se nos haya hurtado la posibilidad de llegar a conocer, hasta donde da la ciencia policial, qué cojones le pasó a Diego Pérez Tomás la noche del 11 de marzo de 2014.

Una de las muchas manifestaciones pidiendo justicia por la muerte de Diego.

Los que saben mucho de informaciones judiciales, como el periodista cartagenero Carlos Illán, me dicen que es un buen acuerdo, que todos ganan. Cada palabra se ha cincelado, se ha esculpido a base de llamadas telefónicas e intereses a corto y largo plazo. Para que todo encaje, incluso cuando la fórmula para encajar sea tan ambigua que pueda tener distintas interpretaciones. Conclusiones contrapuestas escuchadas a pie de Palacio de Justicia. Francisco Belda, abogado de los hermanos: los policías acusados “son homicidas confesos”. Raúl Pardo-Geijo Ruiz, defensor de uno de ellos, “es claro, meridiano y paladino, que ellos no son asesinos, sino que faltaron a su deber de garantes” porque la muerte se produjo por “acción u omisión”. Como escribía Juanjo Lara,  “el caso Cala Cortina se cierra con esa ‘u’, la vocal que, precisamente, queda turbadoramente abierta”. Parece una greguería de Gómez de la Serna.

Pero es que los propios hermanos de Diego, no parecen tampoco tenerlo claro. Manuel llega a decir en la sesión en la que declaró que lo mataron, y otro de los defensores, Mariano Bo, se niega a admitir el término “Protesto enérgicamente, señoría” le espeta al juez para que quede constancia.

Pastora Pérez, otra hermana, en un rapto de sinceridad o dejando hablar al subconsciente, protagonizó un momento que da mucho que pensar.

Fiscal: -¿Reclama usted entonces el dinero?

Pastora: -Yo reclamo algo más -llorando ante el tribunal-, una persona no vale dinero, no lo vale.

OTROS FLECOS

Luego está el tema de las indemnizaciones. Otro lío en el que el abogado del Estado, Nicolás Valero, hacía pedagogía en cada esquina para explicar que él responde por el dinero de todos los contribuyentes y no se puede dar tan a la ligera… máxime cuando no todos los hermanos cuidaban por igual a Diego, y los policías (¡suspendidos de empleo y sueldo desde 2014!) a lo mejor no pueden pagar los casi 90.000 euros cada uno, que es la parte que les toca apoquinar para alcanzar los 450.000 euros de indemnizaciones. La pela es la pela, que dirían los catalanes. Vaya si mueve montañas y cierra acuerdos.

-¿Acaso no sufrieron los hermanos?

-Muchísimo. Un trauma y una ausencia que llevarán para siempre. Pero otra cosa es que el Estado tenga que pagar.

Manuel, hermano De Diego, se dispone a declarar.

Y ¿cómo olvidar que fueron 6 los acusados y llegaron solo 5 al estrado? Gregorio Javier es un agente que lamentablemente falleció por pancreatitis cuando estaba en prisión provisional por este caso. Por si faltaba dramatismo al asunto. En la Jefatura de Policía Nacional en Murcia miraban con recelo el juicio. Había preocupación. No iban a escucharse lindezas precisamente. Y hasta en la comisaría de Cartagena, me decía un responsable policial, costó mucho levantar la frente y superar el shock de ver a los compañeros esposados. Pero había que hacerlo, y salir a patrullar.

Luego está la prensa. Que todo lo convierte en un espectáculo, y a los que se nos ha acusado de aumentar el sufrimiento de la familia de Diego. Pero parecen olvidar cuando se nos llamaba para acudir a tal o cual pública manifestación de dolor y búsqueda de justicia (ya).

Hay margen de sorpresa aún con la sentencia, que se fijará en unas semanas. Pero la verdad de lo que ocurrió no la conoceremos. Claro, que luego te pueden hacer un Rabadán: al cabo de los años, por mala conciencia o golpe de talonario, vaya usted a saber, ir a contarlo todo en un documental. A lo mejor dentro de un par de decádas nos toca Cala Cortina.

El saltador de Alcantarilla

“Se ha podido comprobar cómo dicha especialidad delictiva -el escalo- se ha incrementado en la localidad de Alcantarilla desde abril y mayo hasta la fecha, con un repunte elevado en la formulación de estas denuncias, lo que conlleva a un estado de alarma social e inseguridad de los vecinos”, reza un informe policial.

Una de las azoteas asaltadas en Alcantarilla.

ELCHE. CAPÍTULO 1

Miércoles, 6 de septiembre. 12:30 de la mañana. Calle Aspe. Elche. Un control de policía. Al fondo de la calle, un alfa romeo hace “maniobras un tanto sospechosas” ante el control policial. Lo paran. Tres jóvenes. De Murcia. Los identifican.

-Coño -diría un poli al otro-, me acaban de decir que éste tiene una reclamación por la comisaría de Alcantarilla. Por robo con fuerza.

-Pues que diles que se bajen y abran el maletero.

Un destornillador de punta plana. Dos pares de guantes de cristalero de la marca Patacho. De los mejores. De dos tejidos. Con recubrimiento de plástico para los dedos. Total sensibilidad. Agarre. Ningún rastro de huellas digitales.

-Dile que está detenido y léele sus derechos -concluiría el agente.

BATROC. CAPÍTULO 2

Georges Batroc o Batroc el saltador es de origen marsellés. Se tienen noticias de él desde los años 60. Habla varios idiomas y tiene formación militar: sirvió en la Legión Extranjera. Experto en kickboxing francés. Su oficio es el de ladrón o traficante. En verdad es un mercenario, roba lo que sea que le encarguen a buen precio. Un ladrón saltador.

Batroc es un personaje de ficción. Un súpervillano de Marvel. Sólo vive en las páginas entintadas de los tebeos. Se pega contra el Capitán América y Spiderman.  Pero del  que va esta historia es tan real como usted y yo, y ahora está en prisión provisional en Foncalent (Alicante).

Georges Batroc o Batroc el Saltador.

EL ESCALO. CAPÍTULO 3

De entre todos los delitos, los más usuales son los delitos contra el patrimonio. Los más dolorosos son en domicilio. Además de robarte las pertenencias, dejan una asquerosa sensación de intimidad revuelta, de un extraño toqueteando tus cajones. Y peor si el robo es con los moradores de la vivienda dentro. Lo normal es que los ladrones huyan, pero alguno se puede revolver y hacer daño.

Para entrar en una vivienda a robar hay muchas formas. Una es el escalo. No se puede hacer en grandes edificios, sino en inmuebles de pocas plantas o casas bajeras tan propias de la huerta.

El informe de la Policía Nacional de Alcantarilla 3872/17 fechado el 8 de agosto de 2017 explica que “dicha modalidad delictiva viene asociada a la gran capacidad física de los autores de dichos delito, los cuales suben, trepan, acceden y en definitiva ESCALAN (de donde viene el nombre) con una gran destreza, habilidad y versatilidad, por cualquier lugar donde haya muro, reja, farola, tubería o cualquier objeto que pudiera servir. Tanto la entrada como la salida al inmueble lo hacen por balcones, ventanas, azoteas o cualquier lugar de acceso similar, pudiendo haber forzamiento tanto de ventanas, persianas, puertas de balcones o azoteas”.

Los que practican el escalos son unos saltimbanquis de carnes escasas y prietas, complexión atlética, gimnastas de salto de valla, chicos bien en su barrio que se buscan ingresos extras. Para ello su objetivo es el “dinero guardado, joyas, teléfonos, tablets, ordenadores y demás tecnología que tenga salida en el amplio mercado de segunda mano”.

Rara vez los pillan. Pero a veces funciona el sistema. Y entonces cae. Es lo que le pasó a Kaéfe.

KAÉFE. CAPÍTULO 4

Nacido en el 92. Varón. Natural de una pedanía del Norte de Murcia. Le consta un robo con fuerza en San Javier, otro en San Vicente de Raspeig, en Murcia por un robo con intimidación, y una detención en Molina de Segura por otro robo.

Pero este septiembre le cayó el premio gordo. La policía le acusa de “23 robos en casa habitada”, la mayoría de ellos en Alcantarilla y alrededores entre mayo y julio. En tres de estos casos fue claramente identificado por las víctimas. En un caso lo sorprenden cargando un televisor en el salón de la vivienda. En otro, tocando un timbre para cerciorarse si había gente. En otra ocasión, en la esquina de la calle en “actitud sospechosa y vigilante”.

Una huella encontrada por los agentes pero que no es de Kaéfe.

¿Recuerdan que le pillaron con unos guantes en Elche? Pues bien, los agentes achacan a Kaéfe todos los robos que han sido mediante escalo y en los que no se han hallado huellas porque, claro, ahora pueden probar que él usa guantes. Marca Patacho. Quizá por eso, su abogado Jorge Novella califica de “disparate” lo de los 23 delitos, y añade que “creo que es cuestión de tiempo el que se reduzcan a dos los robos o incluso uno…y aun así sería una tentativa, porque no llegó a robar nada”. Ya ha solicitado su libertad.

Batroc, que viste mallas moradas con una franja amarilla, es de mentira. Kaéfe, que tiene un perfil de Instagram, sí es de verdad. De momento, puede seguir saltando en el patio de la prisión. De momento.