El asalto de Zarandona

El final del estío septembrino eclosiona en la Región con las fiestas de sus ciudades más populosas, Murcia y Cartagena, con las tormentas de verano y los homicidios en Espinardo (EspinarBronx, para algunos). Lo de siempre.

Los homicidios han sido satisfactoriamente resueltos.  Tanto en el caso del cadáver que goteaba a la calle, como en el del abogado fallecido por disparo de su compañero de piso, se han hallado presunto autores y han ingresado en Villa Candado.

Pero distinto es caso del asalto de Zarandona. El robo a Lorenzo Alarcón que, milagrosamente, no ha acabado con su vida.

Lorenzo Alarcón explica, anta la cámara, cómo fue asaltado.

El cuervo y las alas

Lorenzo. 59 años. Jumillano. Afirma que tenía una empresa de la construcción que se la llevó la crisis. Barba canosa. Movimientos pausados. Voz aguardentosa. En el cuello lleva un rosario de heridas cilíndricas. Una bala le entró por el cuello “me pasó junto a la vértebra -explica-, me tocó una costilla, rozó un pulmón, y se me quedó bajo el sobaco”. Literalmente le atravesó. “Algo tiene que haber para que Dios me haya dejado con vida”.

El asalto tuvo lugar la noche del 28 de agosto, en el piso del alquiler en el que vive desde hace mes y medio en la pedanía casamentera de Zarandona. Los ladrones, dos, accedieron por la puerta de abajo, subieron la escalera, desde ahí saltaron por una ventana A un balcón que rodea el piso, y por otra ventana, al dormitorio.

“¡¿Dónde está el dinero?! ¡¡Danos el dinero!!”, con esos gritos lo despertaron. “Yo había vendido una grúa, en Jumilla, unos días antes, y había cobrado 2.000 euros, y lo había dicho a las amistades que nos reunimos en casa”.

Alguien se lo diría a alguien, presume él, y el día del asalto, algunos individuos se pasaron por su casa, extrañamente, a preguntar por un conocido de Lorenzo y habitual de su casa.

Volvemos al robo. Le están apuntando con una pistola, y él, en calzoncillos, viendo cómo se iban con su dinero en un mochila, se les abalanza para recuperarlo. ¡PAM! Disparo al cuello. “Lo vi blanco y  luego negro, y me quedé ennublao“.

 

 

Un testigo métrico de la Policía junto a una marca y restos de sangre en Zarandona.

Afirma él que “más negro que el cuervo no van a ser las alas”. Refrán castizo. Me lo dice cuando le pregunto por el posible narcotráfico en su casa. Cuando Lorenzo salió del hospital, él quiso contar su historia. Algo le preocupaba.  Quería contar a los cuatro vientos del huracán Irma que lo ha levantado en peso, que él no trafica con drogas, ni está relacionado con ninguna actividad ilegal que tuviera lugar en ese piso antes que él estuviera (cosas de faldas) , ni en los bajos del inmueble (cosas de azar). Sin embargo, la Policía Nacional se hizo cargo del asunto y, tras un exhaustivo registro, halló droga en el nevera.

 

La víctima relata lo ocurrido en el lugar del disparo.

“Sí es cierto que aquí -confiesa Lorenzo-, algunas noches, con amigos, con alguna botella de whisky, tomamos algo de droga. En el frigo había speed que le regalé a mi pareja. Aquí teníamos para consumo propio”.  Muchos amigos debían pasar por allí porque los agentes hallaron 30 gramos de speed.

El caso es que los agentes se volcaron en resolver el asalto, detuvieron a dos personas, y luego a otras dos. Entre estos últimos está, según el juzgado de guardia número 9 de Murcia, el que le disparó, que ingresó en prisión por homicidio en grado de tentativa. Los otros tres quedaron en libertad. La investigación no está concluida.

Así quedó el acceso al dormitorio tras el robo y disparo.

El reincidente

Días más tarde, el 1 de septiembre, Paco y Josefina dormían en su casa tan tranquilos. Dicho inmueble está ubicado, también en Zarandona, a mil dosientos metros a pie desde la casa de Lorenzo si tiras por el Carril de los Eugenios. Oyen ruido. En la persiana del primer piso. Llaman a la policía. Le habían robado poco antes entrando por el mismo sitio.

Los Zetas que llegan pillan a un tipo joven, encaramado en la ventana, delgado, y viejo conocido. Se trataba de uno de los arrestados por el asalto a la casa de Lorenzo. De los que quedaron en libertad. Al parecer, toxicómano consumido. Su pareja, natural de un país de la antigua URSS y con una petición de asilo en la mano, lo esperaba abajo. Un cuadro triste. Como triste es que les robasen una y otra vez a Paco y Josefina.

Al final, prisión por robo con fuerza en tentativa para el muchacho. Se escapó del asalto, pero no del robo. Así son las cosas.

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