Archivos mensuales: septiembre 2017

El maltratador reincidente

UNO

“Y si te vuelvo a ver pintar / un corazón de tiza en la pared / te voy a dar una paliza por haber / escrito mi nombre dentro”. ¿Quién no lo ha canturreado alguna vez?

Esta canción se publicó en el año 1990. ETA seguía matando. Barcelona se preparaba para las Olimpiadas, Sevilla para la Expo, Hugo Sánchez metía goles para el Real Madrid, que ganaba su quinta liga seguida, y Carlos Collado presidía la Región.

Es el ‘Corazón de tiza’ de Radio Futura, que no debían de saber mucho del futuro pero molaban con su pinta de malotes. El futuro conllevó, entre más cosas, una batalla jurídica, cultural y social contra el mal hábito de algunos de pegar a las mujeres por pintar un corazón de tiza, por pintarse los labios o por sus santos cojones.

Un corazón de tiza en la pared.


Tres años más tarde. Empapado de esa melodía, nacía Jotadé

DOS

Al protagonista de esta historia lo llamaremos JotaDé. Su caso demuestra lo amplio que se ha vuelto el sistema y a la vez, lo improductivo si no se le pone empeño. El joven que nació tres años después del ‘Corazón de tiza’ acumula detenciones desde 2010. Robo con fuerza, con violencia, sustracción de vehículos, lesiones, contra la Administración de Justicia, atentado a la autoridad, injurias, infracción por tenencia de drogas… Pero donde sobresale es en violencia de género. En su corta existencia ya acumula tres condenas con tres mujeres.

El tipo del que les hablo tenía una orden de alejamiento hacia su última víctima que expiraba en febrero de 2018. No podía comunicarse con su ex ni acercarse a menos de 200 metros. Sin embargo, según dice la propia víctima, es el padre de su bebé de pocos meses.

TRES

De cada diez mil mujeres de la Región de Murcia, más de ochenta han sufrido violencia de género. En concreto 80,88. Es decir, de cada mil mujeres con la que se cruce usted a la semana, a 8 las han maltratado.

Lo dice la Memoria de 2016 del TSJ de Murcia. Las cifras son sonrojantes. Si a nivel de infraestructuras creen ustedes que estamos como en una isla, en Violencia de Género somos también insulares: sólo nos supera Baleares (93,3) y Canarias (81,27).

Las cifras son sonrojantes. En 2016 se pusieron 6.302 denuncias en esta materia. Un 25% más que en el año anterior (¿más casos o más sensibilidad?). Pero ojo, hay datos para todos los gustos. En uno de cada diez casos juzgados por violencia sobre la mujer, la víctima no quiso declarar en contra del acusado.

CUATRO

Lunes, 21 de agosto de 2017. 21:30 horas de la noche. Jotadé está en la terraza de un bar, en una pedanía de Murcia. Puede que estuviera pensando en lo ocurrido unos días antes.

Unos días antes la había liado parda. Se acercó a su ex pareja en un parque. La persiguió. La alcanzó. Ella iba con el carricoche y el bebé. Le dijo que quería ir a su casa. Ella le dijo que nones. Entonces le quitó el móvil que llevaba en el carrito. Le dijo que le dejara entrar en casa o no se lo devolvía. Ella le dijo que se quedara el teléfono. Se tuvo que cabrear mucho porque le dió un golpe que le arrancó las gafas de la cara a ella. Luego Jotadé huyo.

Volvemos al lunes noche. Ella lo ve en la terraza. Más altanero que distraído. Ella llama a la Guardia Civil. Resulta que la terracica está a menos de 200 metros de la casa donde ella vive, y estaría incumpliendo la orden de alejamiento. Jotadé se pira. Llegan los agentes. Ella les explica lo de hoy y lo que pasó en el parque. Los agentes se marchan a buscarlo. Al rato ella vuelve a llamarlos. Jotadé había vuelto al bar. Lo detienen.

Sala de vistas de juicios en Murcia.

Días más tarde fue el juicio rápido. En su declaración él lo niega todo. Haberle cogido el móvil, haberle pegado y ser el padre de la criatura. Pero sí que estaba en el bar. Dos años de cárcel. Uno por malos tratos y otro por quebrantamiento de la orden de alejamiento. Se llevó la condena puesta.  Ahora comparte el mismo cielo que usted, pero Jotadé lo hace en el patio de la cárcel de Campos del Río. Ahora tiene paredes donde pintar con tiza, pero dudo que le dejen, que quiera o que tenga tiza.

A la mujer se le ofreció ir a otro domicilio o casa de acogida, pero ella se ha negado.

Posiblemente Jotadé no cumpla los dos años íntegros en prisión. La pregunta es ¿qué pasará cuando salga?

Todo esto me trae otros sones, otra canción pero de Presuntos Implicados, del año 1991: “Ah, cómo hemos cambiado / qué lejos ha quedado aquella amistad”.

El desalojo de las vías

Puede que algunos crean que, esto que digo y ustedes leen, lo escribo para congraciarme con los polis por puro mercantilismo profesional. Pero yo lo que quiero es explicar la actuación policial en el paso a nivel de Santiago el Mayor. Otra versión que no sea la del nerviosismo de móvil en las manos.

Vaya por delante que a mí tampoco me gustan los muros. Ni de pantallas acústicas. Yo vivo más cerca de las vías que muchos de los que se rasgan los tuits de indignación y no saben lo que es esperar a que pase el tren para cruzar. Además, no creo que vaya a coger nunca el AVE. Es muy rápido pero igualmente caro para un periodista de provincias. 

Un agente de la UIP el viernes tarde. Foto: Apanochados


Lo que fastidia en general es que en España, lo provisional es lo duradero. Lo dijo Larra en su ‘Vuelva usted mañana’ (hay que joderse, en 1833) sobre alguien que quería arreglar un asunto en quince días: “Por último, después de cerca de medio año de subir y bajar, y estar a la firma, o al informe, o a la aprobación, o al despacho, o debajo de la mesa, y de volver siempre mañana: -A pesar de la justicia y utilidad del plan del exponente, negado.”

Yo, a lo que voy, es a dos cosas.

LO PRIMERO

El jueves noche no hubo carga policial ni violencia. Hubo desalojo a la fuerza. Hubo magulladuras. Pero eso no es el uso de la violencia. Ni los agentes cargaron. Una carga son veinte agentes hombro con hombro y escudos corriendo al unísono. Ni un policía sacó la porra, llamada en verdad defensa. No se dio ni un gomazo. Se arrastró a gente y los hubo que se resistieron. No hubo detenidos.

Yo estuve allí. Otros que tanto ladran no.

-Oiga, los protestantes lo hacían por el bien de la ciudad.

-Sí, pero a costa de alterar el orden público.

¿Alguien dudaba de que la UPR no sería capaz de sacar a los dos centenares de personas que ocupaban las vías? Están adiestrados para la seguridad. Los ha formado el Estado español. Con vuestros impuestos, además.

No entro en los loables motivos de los vecinos que están descontentos con esta llegada del AVE. No obstante, los que protestaban sabían que estaban jugando con fuego como el que arrasó las excavadoras de las obras días antes.

-¡Había mayores y niños, por favor!

-Los niños ya debían estar durmiendo, y los mayores ya debían saber dónde se metían.

Miren, a mí, desde pequeñico me enseñaron que si hay un policía en un cruce, debo pasar cuando me lo diga. Es algo que vemos a diario a las salida de los colegios. Y no hay que insultarlos porque también son nuestros vecinos. Una resistencia no violenta exige un alto grado de serenidad y una educación exquisita.

-Que os quitéis de las vías, por favor.

-¡No, hijo de puta! ¡Cabrones!

Restituir el tráfico ferroviario no es represión en las vías. Si lo cortas, te expones a que lo restituyan.

Lamento las magulladuras. De verdad. Las de algunos más que las de otros, todo hay que decirlo. Para unos, verdaderas contusiones. Para otros, galones para ser jaleados.

Ya el jueves se detectaron elementos poco inocentes, ultras de hinchada futbolera que aparecieron por allí. Les importa un pijo el soterramiento y solo buscan la bronca. El viernes hubo directamente vándalos y vandalismo.  Y eso no tiene nada que ver con las reivindicaciones pacíficas que viene haciendo la Plataforma Prosoterramiento. Esto se va de las manos a todos.

LO SEGUNDO

A los policías que actuaron el jueves, los de nuestra Región  (los del viernes eran Uiperos -de la UIP- llegados de fuera), los he visto trabajar. Los he visto reventar garitos de suelo pringoso y propagación de venéreas, donde se vende la droga que consumen nuestros jóvenes. Los he visto enfrentarse  a gente mala de verdad que mata por dinero. Y no se merecían la ristra de insultos oídos en las vías. Aunque lo llevan en el oficio, como otros.

Agentes de la UPR el jueves noche tras el desalojo


Los que de verdad están contentos son los narcotraficantes, ladrones, tironeros, estafadores, proxenetas, agresores, corruptos, mafiosos, homicidas, violadores, quinquis, defraudadores, extorsionadores, asesinos, abusadores, ciberdelincuentes, timadores y saqueadores. No sé si me dejo a alguno.

Es una lástima que tenga que estar la Policía vigilando gente que protesta en vez de perseguir delincuentes reales.

Tengo amigos que, con los años, se han hecho policías. Y policías que, con el tiempo, se han hecho mis amigos. Lo mismo me pasa con guardias civiles. Con municipales. Y no me cabe duda de que cuando me roben, o me agredan, o sufra un problema, estarán ahí. Al igual que auxiliarán a los que, desde el paso a nivel, les insultaban.

El asalto de Zarandona

El final del estío septembrino eclosiona en la Región con las fiestas de sus ciudades más populosas, Murcia y Cartagena, con las tormentas de verano y los homicidios en Espinardo (EspinarBronx, para algunos). Lo de siempre.

Los homicidios han sido satisfactoriamente resueltos.  Tanto en el caso del cadáver que goteaba a la calle, como en el del abogado fallecido por disparo de su compañero de piso, se han hallado presunto autores y han ingresado en Villa Candado.

Pero distinto es caso del asalto de Zarandona. El robo a Lorenzo Alarcón que, milagrosamente, no ha acabado con su vida.

Lorenzo Alarcón explica, anta la cámara, cómo fue asaltado.

El cuervo y las alas

Lorenzo. 59 años. Jumillano. Afirma que tenía una empresa de la construcción que se la llevó la crisis. Barba canosa. Movimientos pausados. Voz aguardentosa. En el cuello lleva un rosario de heridas cilíndricas. Una bala le entró por el cuello “me pasó junto a la vértebra -explica-, me tocó una costilla, rozó un pulmón, y se me quedó bajo el sobaco”. Literalmente le atravesó. “Algo tiene que haber para que Dios me haya dejado con vida”.

El asalto tuvo lugar la noche del 28 de agosto, en el piso del alquiler en el que vive desde hace mes y medio en la pedanía casamentera de Zarandona. Los ladrones, dos, accedieron por la puerta de abajo, subieron la escalera, desde ahí saltaron por una ventana A un balcón que rodea el piso, y por otra ventana, al dormitorio.

“¡¿Dónde está el dinero?! ¡¡Danos el dinero!!”, con esos gritos lo despertaron. “Yo había vendido una grúa, en Jumilla, unos días antes, y había cobrado 2.000 euros, y lo había dicho a las amistades que nos reunimos en casa”.

Alguien se lo diría a alguien, presume él, y el día del asalto, algunos individuos se pasaron por su casa, extrañamente, a preguntar por un conocido de Lorenzo y habitual de su casa.

Volvemos al robo. Le están apuntando con una pistola, y él, en calzoncillos, viendo cómo se iban con su dinero en un mochila, se les abalanza para recuperarlo. ¡PAM! Disparo al cuello. “Lo vi blanco y  luego negro, y me quedé ennublao“.

 

 

Un testigo métrico de la Policía junto a una marca y restos de sangre en Zarandona.

Afirma él que “más negro que el cuervo no van a ser las alas”. Refrán castizo. Me lo dice cuando le pregunto por el posible narcotráfico en su casa. Cuando Lorenzo salió del hospital, él quiso contar su historia. Algo le preocupaba.  Quería contar a los cuatro vientos del huracán Irma que lo ha levantado en peso, que él no trafica con drogas, ni está relacionado con ninguna actividad ilegal que tuviera lugar en ese piso antes que él estuviera (cosas de faldas) , ni en los bajos del inmueble (cosas de azar). Sin embargo, la Policía Nacional se hizo cargo del asunto y, tras un exhaustivo registro, halló droga en el nevera.

 

La víctima relata lo ocurrido en el lugar del disparo.

“Sí es cierto que aquí -confiesa Lorenzo-, algunas noches, con amigos, con alguna botella de whisky, tomamos algo de droga. En el frigo había speed que le regalé a mi pareja. Aquí teníamos para consumo propio”.  Muchos amigos debían pasar por allí porque los agentes hallaron 30 gramos de speed.

El caso es que los agentes se volcaron en resolver el asalto, detuvieron a dos personas, y luego a otras dos. Entre estos últimos está, según el juzgado de guardia número 9 de Murcia, el que le disparó, que ingresó en prisión por homicidio en grado de tentativa. Los otros tres quedaron en libertad. La investigación no está concluida.

Así quedó el acceso al dormitorio tras el robo y disparo.

El reincidente

Días más tarde, el 1 de septiembre, Paco y Josefina dormían en su casa tan tranquilos. Dicho inmueble está ubicado, también en Zarandona, a mil dosientos metros a pie desde la casa de Lorenzo si tiras por el Carril de los Eugenios. Oyen ruido. En la persiana del primer piso. Llaman a la policía. Le habían robado poco antes entrando por el mismo sitio.

Los Zetas que llegan pillan a un tipo joven, encaramado en la ventana, delgado, y viejo conocido. Se trataba de uno de los arrestados por el asalto a la casa de Lorenzo. De los que quedaron en libertad. Al parecer, toxicómano consumido. Su pareja, natural de un país de la antigua URSS y con una petición de asilo en la mano, lo esperaba abajo. Un cuadro triste. Como triste es que les robasen una y otra vez a Paco y Josefina.

Al final, prisión por robo con fuerza en tentativa para el muchacho. Se escapó del asalto, pero no del robo. Así son las cosas.

Los derechos del detenido

Ocurrió esta misma semana. Un arrestado le dijo a la Policía que no firmaría nada porque se acogía a la Quinta Enmienda. Con un par. Es que los hay que, con tal de protestar, hacen lo que sea.

Es una imagen (otra más) incrustada por las películas yanquis. El aguerrido agente (para mí, todos tienen la cara de Bruce Willis) esposa al malo mientras le propina un rodillazo a medio muslo, “para que estés quieto, Yippee-Ki-Yay motherfucker”, y le lee los derechos, soltados a la remanguillé, como un eructo jurídico.

La realidad como siempre, es más prosaica, pero por fortuna, más seria. Cada vez que un periodista ojea un sumario se topa con esta página. La de lectura de los derechos de un detenido.

La mayoría coincide que, cuando se detiene a alguien,  se le dice el motivo del arresto y poco más. Es en el cuartel o comisaría donde después se le leen los derechos, y se le entregan por escrito para que los firme. Y luego otra vez delante de su abogado.

Agentes investigan el tiroteo de Zarandona esta semana.

Se los han leído esta semana al ciudadano letón relacionado con una muerte  en Espinardo. O a los cuatro detenidos por el tiroteo de Zarandona, uno de ellos enviado a prisión provisional por tentativa de homicidio. O a los tres detenidos por una agresión sexual a una ciudadana británica en Gea y Truyols.

Uno de los arrestados por la agresión sexual en Gea y Truyols.

Una imprudencia la podemos cometer todos. Una imprudencia punible… también. Sepa usted qué derechos tiene y sepa en qué nos diferenciamos de otros países como Arabia Saudí, Turquía o Corea del Norte.

a) Derecho a guardar silencio, no declarando si no quiere; a no contestar alguna o algunas de las preguntas que le formulen o a manifestar que sólo declarará ante el juez.

Pese a que es el derecho más conocido, algunos con los grilletes “cantan por soleares y eso va a misa”, y no hay defensa que luego lo arregle, dicen desde la abogacía.

b) Derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable.

Es casi un derecho a mentir. Detrás está la idea de que si el Estado acusa, que lo demuestre. 

c) Derecho a designar abogado.

¿Recuerdan la reforma de 2015 que cambiaba el nombre de imputado (que sonaba mal) a investigado? Es la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Pues también incluyó una entrevista reservada entre detenido-abogado antes del  interrogatorio policial. Esto ha reducido mucho los cantes por soleares, lo que no ha gustado en ciertos cuerpos. Me cuentan que en un puesto pequeño de la Guardia Civil de la Región un arrestado aprovechó la entrevista para empujar a su abogada y saltar por la ventana. Fue detenido, otra vez, en el jardín.

d) Derecho a acceder a los  elementos de las actuaciones que sean esenciales para impugnar la legalidad de la detención o privación de libertad.

e) Derecho a que se ponga en conocimiento del familiar o persona que desee. Los extranjeros tendrán derecho a que las circunstancias se comuniquen a la Oficina Consular de su país.

f) Derecho a comunicarse telefónicamente con un tercero de su elección. Esta comunicación se celebra en presencia de un funcionario.

Algunos piden hacer la llamada nada más ser arrestados. Como si fuera un comodín de Jordi Hurtado.

g) Derecho a ser visitado por las autoridades consulares de su país, a comunicarse y a mantener correspondencia con ellas.

h) Derecho a ser asistido gratuitamente por un intérprete, cuando se trate de extranjero que no comprenda o no hable el castellano, o de personas sordas o con discapacidad auditiva, así como de otras personas con dificultades del lenguaje.

Este servicio, que aún deja mucho que desear, esta infinitamente mejor que hace unos años. A ver, hace una década, ¡¿dónde había un intérprete chino?!.

i) Derecho a ser reconocido por el médico forense o sustituto legal, y en su defecto, por el de la Institución en que se encuentre.

j) Derecho a solicitar asistencia jurídica gratuita.

En caso de terrorismo, está permitida la detención incomunicada, siempre  que la autoridad judicial lo justifique. No vaya a llamar a un colega de otra célula terrorista. También se puede prolongar el arresto hasta los cinco días (lo normal son 72 horas o menos)

No es prosa fácil pero sí habitual. Seguro que, en el tiempo en que usted ha leído esto, otros le han leído los mismos derechos a alguien en algún punto de la Región.