El Seco

Le decían El Seco. Y era verdad, era de complexión delgada. Era barrendero, y lo conocían en muchos sitios. Falleció de un infarto tras una semana de terribles dolores por quemaduras. Ésta es su historia.

El Seco era barrendero en Murcia

Lunes, 3 de julio. 20:30 horas. Calle Plátano de Los Rosales, barriada de El Palmar. No se escuchó explosión alguna, pero lo que sí recuerdan los testigos fue verlo salir envuelto en llamas y dando gritos. Entre lamentos, consiguió decir “Llevadme a la Arrixaca que me estoy muriendo”.

Alguien le echó una manta por encima. Lo montaron en un coche junto a otros 3 amigos, que sufrieron también quemaduras, y lo llevaron al hospital.

Domingo, 9 de julio. 20:54 horas. Tras una semana hospitalizado con quemaduras de segundo grado, El Seco sufre una parada cardiorrespiratoria. Su historial clínico señala que sufría una cardiopatía isquémica aguda, pero el efecto del fuego agravó la situación.

La familia pierde los nervios. Se produce un altercado con los sanitarios. Llaman a la Policía Nacional.

Llega un Zeta de la Comisaría del Carmen. Dos agentes. Ponen paz y comienzan a preguntar.

-¿Y el fallecido cómo se quemó?

-Pues no lo sabemos -dijeron-, pero en otra planta hay otro quemado que vino con él.

Ahí arrancó la investigación. No es un trasunto de Breaking Bad ni de Pulp Fiction. Es un caso triste de muerte por accidente.

El Seco y tres colegas más están en casa de uno de ellos. En El Palmar. Tiene marihuana y va a fumarla. Pero de una manera distinta.

Va a hacer aceite de hachís, o resina, o BHO que son las iniciales de Butane Hash Oil. Se trata de procedimiento que busca potenciar el tetrahidrocannibol (THC) mediante un proceso químico de destilación basado en un aplicar gas butano a la hoja triturada en un tubo metálico. El gas es de los botes para rellenar encendedores. Metes gas por un lado y sale resina líquida por otros. Luego se cuece. Queda una sustancia gelatinosa y cobriza con la que se impregna el papel de fumar. Y a volar por los mundos de Yupi.

El aceite de hachís obtenido tras la aplicación del gas al cannabis.

Existe todo un submundo donde se difunde y explican cómo hacerlo. Asusta lo cerca que está todo eso. En un click.

El Seco está ahí, erre que erre con el gas. Uno de los colegas le dijo: “Deja de hacer eso que yo ya me quemé una vez”. Pero lo que hace es pensar que se va a echar un pito mientras termina el proceso.

Nadie sabe con exactitud lo que pasó. Pero uno de los testigos dijo que escuchó el sonido de un mechero, y luego todo fue llamas.

Los cuatro resultaron heridos con quemaduras en brazos y piernas. Uno incluso llega a saltar por la ventana para huir de las llamas. Se arma un pitote gordo. Luego El Seco sale envuelto en llamas a la calle y lo demás ya lo conocen.

Tras las primeras pesquisas, realizadas por los del Zeta en el hospital, la Policía Científica se presentó en la calle Plátanos a inspeccionar la vivienda. No había nada. Lo habían limpiado todo, pero es que tampoco había nada más. Ni una plantación indoor de cannabis ni un laboratorio. No hay narcotráfico. No hubo detenidos. No se incautó nada. Pero se esclareció el caso gracias a que un Zeta hizo una pregunta. Tan solo era un tipo que se iba a fumar un porro y tuvo mala suerte además de una imprudencia. Y da que pensar en la trascendencia de todos y cada uno de los actos que realizamos.

Al Seco se le hizo una misa funeral muy comentada entre algunos compañeros barrenderos. Y una misa de recordatorio a la semana siguiente. Ahí acaba su historia.

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