La persecución en coche de Molina

A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

Ocurrió el 11 de julio. Eran las seis y veinte de la tarde. Los dos policías concluían su patrullaje a bordo de un coche 4×4. Son agentes de la Policía Local de Molina de Segura. Están en Avenida Gutiérrez Mellado. Se dirigen a su cuartel. Llevaban las ventanillas bajadas para que les entrase algo de brisica. Y lo oyeron.

¡YYYYIIIIIIIIIEEEEEAUUUUUNNNRRRRRRRR!

Es un Seat Ibiza blanco. Derrapando como la madre que lo parió. En sentido contrario. Invade, de hecho, el carril del coche policial. El poli que conduce da un volantazo y consigue evitar la colisión. El Ibiza sigue como si lo persiguiera el Demonio. Pero los que se ponen a perseguirlo con los prioritarios y todo el ulular de las sirenas son los agentes.

Recorrido de la persecución policial en Molina de Segura.

El huido hace caso omiso a los agentes. Lo persiguen y le indican que se pare de una vez. Lo siguen a distancia. El Ibiza vuela casi a 100 kilómetros por hora. Culebrea sobre el asfalto. Puede pasar cualquier cosa y ninguna buena.

En materia de persecuciones policiales a coche estamos contaminados por el cine hollywoodiense. A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

En una ocasión, un agente me dijo que “en una persecución de este tipo no puedes ir muy encima. Hay que dejar distancia”. Si frena te lo comes, pero sobre todo porque “si lo pongo nervioso es capar de subirse a una acera” y la tragedia está asegurada.

A lo que íbamos. A casi 100 por hora. Detrás de un Ibiza blanco. Miren el mapa y no pierdan detalle. Que se las trae. Tras el derrape al final de Gutiérrez Mellado, el huido tira por García Lorca, gira por calle Paraje del Panderón en dirección Sur. Vuelve a Gutiérrez Mellado. Llega a una rotonda. La hace por la izquierda. ¡La hace por la izquierda!. Gira por C/Eduardo Linares.  Los viandantes van señalado a los agentes por dónde se mueve el Ibiza que derrapa. El policía copiloto, mientras, va informando de todo por radio y pidiendo ayuda.

En su atolondrado circular se mete por calle Severo Ochoa. Pero en sentido contrario. De frente, un camión. Frenazos. No se tocan pero quedan no pueden avanzar. Detrás, entra por la calle el 4×4 policial. La vía está bloqueada. El conductor atrapado abandona el coche y echa a correr. Los agentes también. Con un par.

Otros dos policías locales han escuchado el aviso desde la cercana calle Serrerías y comienzan también a perseguirlo. Lo atrapan.

Le ponen las pulseras de plata mientras todos recuperan el aliento. Y como el cuartel está cerca, dicen que, después de tanto coche y tanto correr, lo llevaron a pie. El Ibiza blanco fue recogido por una grúa.

El tipo que ha protagonizado una persecución de casi 4 kilómetros por el centro urbano de Molina circulando en sentido contrario es un varón español de 26 años.

-A ver, chaval, pero ¿a ti qué te pasa?

“-Iba fumando un porro, y se me ha ido el coche. Cuando he visto que me han puesto las luces me he puesto nervioso. ”

El entrecomillado es porque dijo eso.  Además, se le hizo un drogotest con resultados no concluyentes que fueron remitidos a laboratorio.

Quedó en libertad. Al día siguiente debía acudir a un juicio rápido en Molina por un presunto delito contra la seguridad vial.

Ahora viene lo mejor. Fue y quedó absuelto. Ni el resultado del test estaba listo para el juicio ni los agentes intervinientes fueron citados. Así que no quedó probado que pusiera en riesgo a nadie.

La suerte es que no se topó con nadie a quien arriesgar.

A la salida del juicio, nuestro Fernando Alonso urbano se dirigió ufano, feliz, casi altanero, a recoger su coche a la Policía Local. No se lo pudo llevar, estaba aún siendo registrado.

Se libró de la condena penal, pero dicen los que de esto saben que le caerán, vía administrativa, 1.200 euros de multa y 14 punticos del carné. Por conducción temeraria, sin cinturón y desobediencia.

Dios nos libre de pasear por ciertas aceras en ciertos momentos.