Archivos mensuales: julio 2017

El Seco

Le decían El Seco. Y era verdad, era de complexión delgada. Era barrendero, y lo conocían en muchos sitios. Falleció de un infarto tras una semana de terribles dolores por quemaduras. Ésta es su historia.

El Seco era barrendero en Murcia

Lunes, 3 de julio. 20:30 horas. Calle Plátano de Los Rosales, barriada de El Palmar. No se escuchó explosión alguna, pero lo que sí recuerdan los testigos fue verlo salir envuelto en llamas y dando gritos. Entre lamentos, consiguió decir “Llevadme a la Arrixaca que me estoy muriendo”.

Alguien le echó una manta por encima. Lo montaron en un coche junto a otros 3 amigos, que sufrieron también quemaduras, y lo llevaron al hospital.

Domingo, 9 de julio. 20:54 horas. Tras una semana hospitalizado con quemaduras de segundo grado, El Seco sufre una parada cardiorrespiratoria. Su historial clínico señala que sufría una cardiopatía isquémica aguda, pero el efecto del fuego agravó la situación.

La familia pierde los nervios. Se produce un altercado con los sanitarios. Llaman a la Policía Nacional.

Llega un Zeta de la Comisaría del Carmen. Dos agentes. Ponen paz y comienzan a preguntar.

-¿Y el fallecido cómo se quemó?

-Pues no lo sabemos -dijeron-, pero en otra planta hay otro quemado que vino con él.

Ahí arrancó la investigación. No es un trasunto de Breaking Bad ni de Pulp Fiction. Es un caso triste de muerte por accidente.

El Seco y tres colegas más están en casa de uno de ellos. En El Palmar. Tiene marihuana y va a fumarla. Pero de una manera distinta.

Va a hacer aceite de hachís, o resina, o BHO que son las iniciales de Butane Hash Oil. Se trata de procedimiento que busca potenciar el tetrahidrocannibol (THC) mediante un proceso químico de destilación basado en un aplicar gas butano a la hoja triturada en un tubo metálico. El gas es de los botes para rellenar encendedores. Metes gas por un lado y sale resina líquida por otros. Luego se cuece. Queda una sustancia gelatinosa y cobriza con la que se impregna el papel de fumar. Y a volar por los mundos de Yupi.

El aceite de hachís obtenido tras la aplicación del gas al cannabis.

Existe todo un submundo donde se difunde y explican cómo hacerlo. Asusta lo cerca que está todo eso. En un click.

El Seco está ahí, erre que erre con el gas. Uno de los colegas le dijo: “Deja de hacer eso que yo ya me quemé una vez”. Pero lo que hace es pensar que se va a echar un pito mientras termina el proceso.

Nadie sabe con exactitud lo que pasó. Pero uno de los testigos dijo que escuchó el sonido de un mechero, y luego todo fue llamas.

Los cuatro resultaron heridos con quemaduras en brazos y piernas. Uno incluso llega a saltar por la ventana para huir de las llamas. Se arma un pitote gordo. Luego El Seco sale envuelto en llamas a la calle y lo demás ya lo conocen.

Tras las primeras pesquisas, realizadas por los del Zeta en el hospital, la Policía Científica se presentó en la calle Plátanos a inspeccionar la vivienda. No había nada. Lo habían limpiado todo, pero es que tampoco había nada más. Ni una plantación indoor de cannabis ni un laboratorio. No hay narcotráfico. No hubo detenidos. No se incautó nada. Pero se esclareció el caso gracias a que un Zeta hizo una pregunta. Tan solo era un tipo que se iba a fumar un porro y tuvo mala suerte además de una imprudencia. Y da que pensar en la trascendencia de todos y cada uno de los actos que realizamos.

Al Seco se le hizo una misa funeral muy comentada entre algunos compañeros barrenderos. Y una misa de recordatorio a la semana siguiente. Ahí acaba su historia.

La persecución en coche de Molina

A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

Ocurrió el 11 de julio. Eran las seis y veinte de la tarde. Los dos policías concluían su patrullaje a bordo de un coche 4×4. Son agentes de la Policía Local de Molina de Segura. Están en Avenida Gutiérrez Mellado. Se dirigen a su cuartel. Llevaban las ventanillas bajadas para que les entrase algo de brisica. Y lo oyeron.

¡YYYYIIIIIIIIIEEEEEAUUUUUNNNRRRRRRRR!

Es un Seat Ibiza blanco. Derrapando como la madre que lo parió. En sentido contrario. Invade, de hecho, el carril del coche policial. El poli que conduce da un volantazo y consigue evitar la colisión. El Ibiza sigue como si lo persiguiera el Demonio. Pero los que se ponen a perseguirlo con los prioritarios y todo el ulular de las sirenas son los agentes.

Recorrido de la persecución policial en Molina de Segura.

El huido hace caso omiso a los agentes. Lo persiguen y le indican que se pare de una vez. Lo siguen a distancia. El Ibiza vuela casi a 100 kilómetros por hora. Culebrea sobre el asfalto. Puede pasar cualquier cosa y ninguna buena.

En materia de persecuciones policiales a coche estamos contaminados por el cine hollywoodiense. A mí me gustan las de Bruce Willis en toda la saga de Jungla de Cristal. Pero son mentira. La realidad es más tensa, más prosaica, con más responsabilidades. Con carritos de bebé en la acera. Y con decisiones en décimas de segundo que pueden costar llevarte una vida por delante y reproches continuos durante toda la tuya.

En una ocasión, un agente me dijo que “en una persecución de este tipo no puedes ir muy encima. Hay que dejar distancia”. Si frena te lo comes, pero sobre todo porque “si lo pongo nervioso es capar de subirse a una acera” y la tragedia está asegurada.

A lo que íbamos. A casi 100 por hora. Detrás de un Ibiza blanco. Miren el mapa y no pierdan detalle. Que se las trae. Tras el derrape al final de Gutiérrez Mellado, el huido tira por García Lorca, gira por calle Paraje del Panderón en dirección Sur. Vuelve a Gutiérrez Mellado. Llega a una rotonda. La hace por la izquierda. ¡La hace por la izquierda!. Gira por C/Eduardo Linares.  Los viandantes van señalado a los agentes por dónde se mueve el Ibiza que derrapa. El policía copiloto, mientras, va informando de todo por radio y pidiendo ayuda.

En su atolondrado circular se mete por calle Severo Ochoa. Pero en sentido contrario. De frente, un camión. Frenazos. No se tocan pero quedan no pueden avanzar. Detrás, entra por la calle el 4×4 policial. La vía está bloqueada. El conductor atrapado abandona el coche y echa a correr. Los agentes también. Con un par.

Otros dos policías locales han escuchado el aviso desde la cercana calle Serrerías y comienzan también a perseguirlo. Lo atrapan.

Le ponen las pulseras de plata mientras todos recuperan el aliento. Y como el cuartel está cerca, dicen que, después de tanto coche y tanto correr, lo llevaron a pie. El Ibiza blanco fue recogido por una grúa.

El tipo que ha protagonizado una persecución de casi 4 kilómetros por el centro urbano de Molina circulando en sentido contrario es un varón español de 26 años.

-A ver, chaval, pero ¿a ti qué te pasa?

“-Iba fumando un porro, y se me ha ido el coche. Cuando he visto que me han puesto las luces me he puesto nervioso. ”

El entrecomillado es porque dijo eso.  Además, se le hizo un drogotest con resultados no concluyentes que fueron remitidos a laboratorio.

Quedó en libertad. Al día siguiente debía acudir a un juicio rápido en Molina por un presunto delito contra la seguridad vial.

Ahora viene lo mejor. Fue y quedó absuelto. Ni el resultado del test estaba listo para el juicio ni los agentes intervinientes fueron citados. Así que no quedó probado que pusiera en riesgo a nadie.

La suerte es que no se topó con nadie a quien arriesgar.

A la salida del juicio, nuestro Fernando Alonso urbano se dirigió ufano, feliz, casi altanero, a recoger su coche a la Policía Local. No se lo pudo llevar, estaba aún siendo registrado.

Se libró de la condena penal, pero dicen los que de esto saben que le caerán, vía administrativa, 1.200 euros de multa y 14 punticos del carné. Por conducción temeraria, sin cinturón y desobediencia.

Dios nos libre de pasear por ciertas aceras en ciertos momentos.

Los robagallinas de pueblo

Ser agente de la ley en un pueblo es muy jodido, como ser periodista: todos te conocen, no te toman en serio y hasta te hacen el vacío. Pero cuando el agente saca las esposas y el periodista la grabadora todos se ponen tiesos como una estaca.

Siempre he dicho que prefiero un caso del robagallinas de pueblo a cualquier otro de mafia internacional. Hay una belleza arcaica en el pequeño delito común y callejero frente a las frías e impersonales bandas profesionales. Hay que luchar contra ambos tipos de crimen. Se lo voy a decir en clave literaria: prefiero a Plinio, el jefe de la Policía Local de Tomelloso, antes que a James Bond.

Yo defiendo el producto regional, y el robagallinas actúa en las pedanías que yo piso. Hay más complejidad e ingenio destilado en atrapar al ladrón con tus manos que en todas las divisiones contra el ciberdelito del mundo. Ser agente de la ley en un pueblo es muy jodido, como ser periodista: todos te conocen, no te toman en serio y hasta te hacen el vacío. Pero cuando el agente saca las esposas y el periodista la grabadora todos se ponen tiesos como una estaca.

Hoy les voy a hablar de algunos casos ocurridos en Mula (aunque el verdadero caso para los muleños es la recuperación de su castillo ¡Mula por su Castillo, pero ya!) resueltos satisfactoriamente al alimón entre Guardia Civil y Policía Local.

EL TIRONERO

1.- EL HECHO: Ocurrió a las 11 del 16 de junio. Calle Elvira. Una señora que cumplió los 69 años este mes de mayo  caminaba cuando dos zangalotinos se le abalanzaron. La señora se resistió. Pero valiéndose de la violencia, intimidación y el forcejeo “le agarraron el monedero que portaba y dándole un fuerte tirón, lograron sustraérselo”.

2.- LA CLAVE: Los testigos. El suceso fue visto por algunas personas. Un vecino en concreto pudo describir la indumentaria de los susodichos individuos. Es más, de uno sabía el desdentado mote por el cual conocen a su familia.

3.- EL ARRESTO: Una pareja municipal halló a dos jóvenes de similares características un rato más tarde. Estaban varias manzanas más al sur. No portaban el monedero de la señora, pero el testigo los reconoció. Uno de  ellos, fue finalmente procesado por la Guardia Civil como el autor material.

EL EXHIBICIONISTA

1.- EL HECHO: Era tarde, pero había que bajar al perro. Como hacía bueno, la mujer lo sacó en compañía de sus hijos. Cuando se recogían, junto al portal, un tipo se masturbaba. Además, llamó la atención de los chavales para que le miraran. Subieron a casa, y el onanista insistió en llamar a la puerta para ser lúbricamente visto de nuevo. La señora llamó para denunciarlo. El tipo se montó en una moto negra, se puso un casco integral negro y huyó.

El onanista y exhibicionista arrestado.

2.- LA CLAVE: La rapidez. Una patrulla de locales se presentó muy pronto. Tomaron nota de todo y pusieron un pie detrás del otro por el medieval casco urbano muleño.

3.- EL ARRESTO: El suceso había tenido lugar en la Calle de las Monas. Una manzana más arriba, por Calle Campoy iba el motorista exhibicionista. Los agentes echaron a correr. Con dos cojones. Lo pillaron en calle Espinosa. La Guardia Civil, además, pudo relacionar al arrestado con algo más grave, un abuso sexual cometido el mismo día en la localidad de Pliego. Persiguió a una joven, la introdujo en un portal y le hizo tocamientos.

EL AGRESIVO

1.- EL HECHO: 6 de la madrugada. 23 de junio. Dos amigos se separan en esquina de calle San Miguel con Póstigos tras una noche de juerga. Regresan de una discoteca. Uno de ellos tiene una ligera deficiencia, por eso el otro amigo lo acompaña cerca de su casa. En cuanto el primero queda solo de las sombras sale un tipo. Dice la Benemérita que “le agarró por el cuello y le agredió de forma continuada”. Indefenso y en el suelo, le robó 30 euros. Como las monedas de plata que se llevó Judas.

El violenta ladrón con pulseras de plata.

2.- LA CLAVE: La coordinación. Este robo genero cierta alarma social. Robar con esta agresividad a un chico con una discapacidad. Las pesquisas de la Guardia Civil y Policía Local llevaron hasta una persona que se hallaba en la puerta de la discoteca cuando la víctima salió. Por eso sabía que iba de recogida y con algo de dinero.

3.- EL ARRESTO: El agresivo ladrón se sabía en el punto de mira, hasta el punto que “consiguió ponerse fuera del alcance de los agentes que le seguían el rastro”. Pero no pueden correr todo el rato. Se quedan sin aliento. Y como con lo que sí se quedan es con los antecedentes, si los tienen, debido a su “abultado historial delictivo” y las heridas causadas, fue enviado a Villa Candado.

LOS GALLOS QUE CACAREAN

Por la boca muere el pez, y por el pico los gallos cacarean. Pero a algunos les interviene la Policía los cacareos telefónicos. Es el caso del que les vengo a hablar. De la Operación Gallos. Esto es lo bonito de Murcia, y lo malo. Que aquí nos conocemos todos.

“D: ¿Quién ha sido?

C: Han sido LOS TOREROS DE LO CAMPANO, con dos K 49, una 9 mm y otra pistola más. Han venido buscando a un payo, y se han liado a tiros. Estaba buscando a un tal …, que se había f… a la mujer de uno de los Toreros”

En román paladino, un gallo cacareando.

La gallera o reñidero de gallos de Sangonera.

MIRANDO LA PANTALLICA

Hubo una época en este país en que a todos los maleantes los pillaban por los pinchazos telefónicos. Caían como moscas. Los hay, soberbios, que no se lo pueden callar. Ahora procuran ser más discretos o encriptar comunicaciones. Algunos no lo consiguen.

Cuando un investigador consigue autorización judicial para una intervención telefónica, comienza un baile cósmico, satelital y sonoro de consecuencias imprevisibles. Igual oye procacidades dichas a la amante, que la organización de un alijo de droga o la preparación de un delito distinto del esperado. No todo vale, pero todo se oye.

La petición judicial llega a SITEL, que es un organismo del Ministerio del Interior encargado de las telecomunicaciones. Pincha el número solicitado, y lo envía al ordenador del grupo que investiga. Y entonces, a mirar la pantallica, a echarle horas y horas. A escuchar.

Imaginen la morbosa curiosidad y el soporífero aburrimiento al que se puede llegar así.

Un agente me contaba que, cuando investigas a ese nivel a alguien, “lo sabes todo de esa persona. Sabes más de ése que nadie”. Y es que lo escuchas todo. Llamar a su pareja para contar sus problemas o las ganas que tiene de echarle un polvo. La llamada de su madre, que está enferma, que nada sabe de sus trapicherías, y solo quiere que la visite de vez en cuando. “Lo sabes todo, pero no lo vas a contar. Somos profesionales, solo interesa lo que se investiga”, concluye mi amigo, la duda ofende.

Imaginen ahora la sonrisa de oreja a oreja y la mirada de tensión del escuchante cuando el escuchado suelte algo de lo que investigan. O una propina de otro asunto. Un cacareo.

LAS ESCUCHAS

La historia tiene su gracia. Y quien la conoce aún se sonríe. La Policía Nacional en Murcia investigaba a unos tipos por marihuana. Estos comentan un altercado con armas de fuego en Sangonera. El tiroteo comienza a investigarlo la Guardia Civil. Lo protagoniza un grupo que, a su vez, estaba siendo investigado por cocaína en Cartagena. La repanocha, oiga.
Mientras el 22 de abril, la Región entera estaba pendientes del Entierro de la Sardina, otros estaban en una gallera o reñidero de gallos. 25 peleas habían previstas.

Una de las escuchas telefónicas de la Operación Coliseum.

Ahí hay unos de Alicante, que le dicen a uno de Cartagena que se pire, que no lo quieren ver. Y éste, que se las tiene jurada por lúbricas sospechas, llama a los suyos. El Clan de los Toreros.

“C: Hemos saltado por la ventana, el Gordo y todos, y los otros se han ido a buscar a los de Cartagena, porque han llegado con metralletas.

F: ¿Pero así? ¿sin ton ni son han empezado a disparar?

C: Han llegado, nos pensábamos que era la Policía, han dicho todos ‘¡La Policía, la Policía’! Pues ya ves, ahí todos tirando las cosas, y han llegado Los Toreros, ¡PAM, PAM!, han empezado a tirar y al… le han pegado un tiro y ya pues, se ha liado. Al Gordo también le han puesto la pistola en la cabeza, y han dicho ¡que me da todo igual!

F: Madre mía”

Es para pensarlo, la que se tuvo que liar.

Cuando la Benemérita identificó a los autores, la Policía Nacional los tenía también enfilaos por narcotráfico de cocaína. GC y CNP se dijeron:

-Usted primero.

-No, le ruego, usted.

Y le metieron dos buenos palos en dos fases. Trece detenidos.

Los de las conversaciones fue tangencial. Pero hizo mucho ruido. Como el de un gallinero.