EL JURADO POPULAR

Los jurados populares son lo más parecido de la justicia española a las películas norteamericanas. En España no hay mazo del juez. Hay campana (alguno la tiene y la usa). En España los abogados no se pasean por la sala resolviendo el misterio. Sudan y cascan desde su silla. Pero sí hay un jurado popular que imprime cierta incertidumbre en el resultado. Y esa imprevisión es emocionante, y, a la vez, polémica.

Los acusados esperaban con las manos entrelazadas y el aliento contenido. En minutos conocerán, como gladiadores en la arena, su destino.

-El jurado ya tiene el veredicto.

Se convoca a todos. Acusados. Abogados. Fiscales. Funcionarios. Periodistas. Nos apresuramos. Siempre le digo al cámara que grabe todo, que no pierda detalle de los gestos de imputados. De los familiares entre el público. De la tensión de los rostros. Entramos en la sala casi a codazos. 

Arranca. El veredicto se desgrana, punto a punto, a preguntas del magistrado, o magistrada, que preside. Entre los reporteros nos miramos. Se acercan ya al punto más importante.

El portavoz del jurado se acerca al micro:

-Culpable, por unanimidad.

Entonces viene el rechinar de dientes del acusado, el lagrimear de los familiares de la víctima, la liberación del pecho de los propios jurados. Y el garabatear de los plumillas.

Mario Carrasco y Juan Jesús Mellado han recibido un veredicto de culpabilidad.

El 31 de mayo conocimos el veredicto sobre Mario Carrasco y Juan Jesús Mellado.  Acusados de degollar y robar, respectivamente, a una Dolores, de 83 años y movilidad reducida. Culpables, por unanimidad. Aquí había tensión. Los acusados habían negado los cargos en el juicio. Ahora esperan sentencia, que la pone el juez.

Sidi Ibrahim confiesa que mató a su mujer a golpes

El miércoles conocíamos el veredicto de Sidi Ibrahim Diakite, que confesó en la primera sesión haber matado a golpes a su mujer, Maimouna Diarra, de 23 años y con dos hijos. Como lo había admitido, culpable fijo.

En una encuesta telefónica (que he hecho en un pis pas), a todos les gusta el jurado popular… si les beneficia. Pero intuyo que desagrada más que enamora. En verdad, creo, que no le gusta a casi nadie. Ni a los propios jurados. Esta ley, del 95 pero contemplada en la Constitución, se basa en que la ciudadanía, instruida, culta, responsable, administre justicia con decisiones basadas en la razón y las pruebas. Una destacada persona de la magistratura se me declaraba “muy fan del jurado”, ya que exige al ciudadano a “aprender a tomar responsabilidades”. Algunos argumentan que es caro pagar al jurado mientras deliberan. “Más caro es hacer algunas rotondas y ahí están”, apuntaba la misma persona.

Un ordenador selecciona a 36 votantes españoles para cada jurado, como se hizo el 1 de junio para el próximo juicio del Caso Cala Cortina, la muerte de Diego Pérez. Se excluyen los impedidos. Y luego defensa y acusación pueden descartar hasta cuatro personas sencillamente porque no les convengan. “Porque -me decía una experimentada abogada- los hombres sí entienden la violencia”, es decir, condenan, y las mujeres, son más de perdonar. Ergo, groso modo, elige mujeres si buscas el perdón. Hombres, si quieres culpabilidad. Los jurados “se dejan influenciar mucho” resumen otra distinguida letrada. Y es que hay casos en los que solo un jurado popular puede absolver a un acusado, porque, por muy dudosas que sean las pruebas “por corporativismo, un jurado profesional no suele enmendar al juez instructor”, me explicaba un veterano abogado.

Yo también soy fan de los jurados. Si me tocase en uno procuraría evitaría. Prefiero contárselo a ustedes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *