El pasillo de los padres

Hay estancias frías. Como la sala de autopsias, o algunas salas de vistas. Pero por cada espacio de tortura, por cada lugar de muerte,  por cada rincón de oprobio, hay un pasillo aún más frío para los padres.

Estaban sentados en las escaleras. No era el lugar ni tenían la edad. Porque era el Palacio de Justicia y ellos rondaban, por lo menos, los sesenta años de edad. Parecían dos colibrís mojados, macho y hembra acurrucados, azotados por la tempestad. aquietados en un escalón como las aves que se refugian en un árbol que no es el suyo.

No pegaban en aquel sitio. Me costó ubicarlos. Miraban al suelo con vergüenza, apesadumbrados, casi bovinos. Enmudecidos en el espacio marmóreo y aristocrático de un Palacio de Justicia.

Yo a lo mío. Ese día, juicio por tentativa de homicidio.

Él era un hombre con la vida hecha y los gustos definidos. Les gustaban jóvenes, guapos y desinhibidos. Nada malo hay en ello. Se conocieron en el chat de Chueca. Ese día podían verse. Cuando terminó su jornada cogió el coche y cruzó la Región a su encuentro. Era una fiesta privada. Había otros jóvenes como su nuevo amigo. Colabora con los 50 euros por barba para el guateque. Pero el único que ha pagado, parece, es él. Y con ese billete van a pillar farlopa. Él incluso los lleva. Hace un poco la vista gorda, porque la vista se la tiene echada al anfitrión, el que conoció por Internet. La juventud, divino tesoro, se empolva la nariz, pero él pasa.  

-Como yo no tomaba drogas, pues cogí un libro. Un libro de filosofía -dice a los jueces.

Acusado y víctima durante la primera sesión del juicio

Cuando se quedan solos el ‘business’ parece claro. Uno pone la pasta, y él otro le tiene que poner, aunque sea caliente. Venga, pues un masaje. Fuera los pantalones. Desnudicos. Un poquico de gel para la piel seca. Todo era gel sobre hojuelas. Pero saltó el cable pelado (psiquiátricamente reconocido, que hay un problema). Y coge el cuchillo de hacer las rayas y le mete dos machetazos. El hombre que quería conocer jóvenes en un chat corre tapándose los genitales y las hemorragias. Escapa de milagro. Llega la ambulancia, la policía, la denuncia y el juicio. Y con ello la petición de la Fiscalía, de primeras, de 9 años de cárcel para el joven masajista. 

Los de la escalera eran los padres del joven. Ése era el pesar. El mirar al suelo. El dolor en la paternidad. Pero hay cosas peores.

El rostro del dolor ha sido esta semana el de Cayetano Ros, el padre de Beatriz, la joven asesinada en Molina por un hombre (casado y) por ella despechado. El dolor se hizo carne y aliento cansado en Cayetano. A preguntas de mi compañera Blanca Núñez, bajó su estrecho bigote, soltó aquello que le haría al asesino de Beatriz de haberlo sabido:

-Me lo comía.

Hay estancias frías. Como la sala de autopsias, o algunas salas de vistas. Pero por cada espacio de tortura, por cada lugar de muerte,  por cada rincón de oprobio, hay un pasillo aún más frío para los padres. Y allí sí que se hielan los corazones. Pocas cosas hay más duras que sobrevivir a un hijo. De verlo escarnecido. No lo puedo concebir. Por si no ha quedado claro, esto va sobre lo que duelen los hijos, que ya me lo decía mi madre:

-Cuando seas padre comerás huevo.

Vienen al mundo entre gritos de dolor y envueltos en sangre derramada. Es lo mismo que queda si los tienes que ver marcharse. Gritos. Dolor. Sangre.

5 comentarios en “El pasillo de los padres

  1. Gracias Alejo por citarme. Es muy duro enfrentarse a muerte y tener que informar sobre ello, siempre desde el más absoluto respeto, pero con el dolor de fondo de unas familias que no siempre entienden nuestro trabajo. Afortunadamente yo he aprendido del mejor.

  2. Muy bien Alejo J, por el punto de vista; es cierto, ese dolor tan duro y sufrido en silencio lo padecen los padres por las malas decisiones de los hijos. Es triste y los hijos deberían de ser más conscientes del daño que hacen; creo que sería mejor regalar alegrías, que también las hay…

  3. Querido Alejo,

    Un artículo horroroso y, a la vez, de una belleza grandiosa. Ya te lo dije en su día. Tienes un sello y una marca personal. Mejor dicho, un estilo propio. Y haces una cosa muy difícil. Hacer de los sucesos literatura. Ardua tarea la tuya para el deleite de los lectores. Te seguiré leyendo, compañero.

  4. Denotas una sensibilidad especial. Estás en primera fila de la mugre humana que algunos esconden y tu humanizas cuan concentrada esencia. Vida y muerte, olor, esperanza y desgarro, colibris mojados con vuelo paralizado, maestro Lucas, siga Vd. mirando la realidad desde ese dron que es su cabeza, capaz de sobrevolar y bajar al abismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *