El chalé

No es un adosado de ninguna urbanización. No es un dúplex en primera línea de costa. Es una metáfora de ruindad humanística.  El Bloque B-10 de La Paz es el ejemplo de todo lo malo de una sociedad farisea.

Debe de haber uno en cada ciudad. O varios. Con retranca, le bautizaron como ‘El Chalé’. Pero es un conglomerado de chapas, pintarrajos, meados, y ladrillos superpuestos. Y dentro… dentro el suelo es pegajoso. Es un erial hediondo de suciedad y papel de plata quemado.

Ahora que nos viene una lluvia (no de agua, que es la que hace falta, sino) de millones sobre Murcia del nuevo Míster Marshall (léase FEDER), a ver si le echan torería al asunto, meten la pala, y arrasan con algunos bloques del Polígono de La Paz y de La Fama. Aquellos nidos de ratas y papelinas de heroína. Los putrefactos lugares que nadie quiere. Los verdaderos vecinos de La Fama y La Paz no lo quieren cerca, solo pueden resignarse.

Porque eso es lo cojonudo. De alguna cloaca surge el nombre de algún fulano que no pisa nunca ‘el chalé’, pero aparece en la pantalla del ordenata, que está ahí domiciliado, y claro, no se puede meter la pala. Conclusión… Año tras año, el Estado gasta recursos humanos y físicos en meter medio centenar de policías para limpiar aquello de toxicómanos.

Yo los he visto. Usted nos los querría cerca en la cola del supermercado, aunque sabe que existen. Están chutándose y compartiendo miserias y venéreas. Los sacan a capazos. Con las manos atadas porque no hay tantos grilletes. En 2015, cuando hubo dos entradas y registros, detuvieron a 47 personas en una y luego a 34. Po-bre-ti-cos. Mellados, asustados, mugrientos, perdidos, olvidados.

Alguien saca tajada de eso. Alguien que no tiene ni por qué aparecer por allí. Pero que se preocupa en poner puertas blindadas. Accesos de hierro forjado toscamente concluído, pero duro como la madre que lo parió. Tardan 5 minutos en abrirlo. Que los policías más bien parecen hipercerrajeros. Pero esos 300 segundos de tardanza bastan. Con dos ¡AGUA!, o ¡AIRE!,  ya están avisados los de dentro, y a correr a deshacerse de la droga.

Claro, luego con la poca sustancia que se incauta, con alguna coma extraña susceptible de libre interpretación en el acta del secretario judicial, con alguna dilación indebida… pues los cargos quedan en nada.

La zona no es un lugar donde se reciban con agrado a los reporteros. Pero tampoco es territorio comanche tal y como lo acuñó el cartagenero Pérez-Reverte: “territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes”. No. Lo cierto es que con esta luz mediterránea y murciana no hay problemas de visibilidad. Eso sí, suelo caminar por el centro, porque si te pegas a la pared a alguien se le puede caer algo desde alguna ventana. La última vez que estuve para un reportaje fui bien recibido. Hasta reconocido. Una señora, bebé en brazos, comentó:

– Anda, ése es Alejo Saura (sic), el del 1-1-2. Hijo, ten cuidado.

En fin.

2 comentarios en “El chalé

  1. periodista forjado en la calle siempre cuentas las historias que realmente interesan a la gente, con ese lenguaje que hace más fácil digerir la miseria humana

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