La verde invasión

Los que regaban las mil planticas… pobres diablos, barrigudos, mal vestidos, casi sucios. En la cocina, un almanaque presidido por la imagen de la Fuensanta. El calendario lleva las anotaciones del cultivo día a día de la marihuana. El manto de la Patrona murciana es verde. Toma ya.

Hay una invasión verde, pero no de marcianos, sino de marihuana.

Eran las diez de la mañana, pero el sol murciano ya se clavaba en los cogotes. El equipo de reporteros aparcaron su coche frente a un viejo local. Nada en la pedanía hacía sospechar lo que ocurría dentro. En el patio del antiguo club, los policías desmantelaban el tinglado. Mientras el cámara pillaba foco, el periodista se encaramó a unos palets para ver por encima de la valla. Desde la acera no se veía. La valla tenía una tela opaca. Una tela verde. 



La natural tendencia de los murcianos a la huertanía y los ínfimos sueldos de estos lares, hacen de esta productiva tierra un bullicioso caldo de cultivo (justo eso) para estas mal llamadas drogas blandas.
No es mi deseo convertir este espacio en un editorial, pero a algunos me los imagino como los patricios romanos de la antigüedad… “Dejen, dejen que pasen los godos, que ya los controlaremos”. Luego vinieron la invasiones bárbaras.

El operativo se acaba. Comienza el trasiego de vehículos policiales. Los sabuesos de Policía Judicial se quitan el chaleco. Llevan la frente sudorosa. Sonríen satisfechos. El palo ha estado bien, y no es ni mediodía. Plantas. Macetas. Focos. Gomas para riego. Depósitos de fertilizantes. La infraestructura es meritoria. Han modificado el lugar y compartimentado los espacios para poner plantaciones. En el jacuzzi, en vez de júbilo libidinoso, se amontonan sacos de estiércol. En la pista de baile, macetas. En la barra, depósitos de riego.


El cámara graba las macetas ya huérfanas de plantas.

Lo que es una barbaridad es la facilidad con la que trepa este verde cultivo por todos lados. Todo lo muta la invasión verde. No hace falta tener contactos en el cártel de Sinaloa o de Medellín para ser un narco marihuanero. Lo puede ser cualquier fulano. Necesita pocos recursos para empezar, algunos conocimientos para pinchar la luz, nociones de cultivo propias de Google, un poco de tiempo y una motivación: dinero.

Los reporteros se trasladan. Otro municipio. Otro registro de la Operación Coliseum. De la zona oriental de Murcia van en coche hacia Fortuna, junto al Embalse de Santomera. Carretera RM-423. El cámara conduce y fuma. Piensa en que ojalá lleguen a tiempo de ver las plantas para grabarlas bien. Si llegan, moverá algunas con sus propios dedos para que se aprecie el tamaña en la secuencia. A su lado el periodista mira por la ventanilla. En el arcén, prostitutas bajo sombrillas en horas de trabajo. Algunas sonríen. Otras siguen con su móvil. Otras han dejado la silla vacía, trabajando de verdad. ¿Qué es peor: prostituirse o cultivar marihuana?




Parte de la plantación hallada en Fortuna

Porque ahí es donde quería llegar. Para hallar un porro de marihuana no hay que irse a un sórdido callejón de yonquis. Lo tienes a la puerta de tu casa. Está en el parque de tus hijos. Lo fuma tu vecino. Y ¿de dónde salen? De todos lados. Somos región exportadora.

Chalet enorme. Varios pisos. Patio con fuente. Fuente con escultura. El olor es tan fuerte que golpea. El verde se palpa, se paladea letra a letra. Mil plantas sólo allí, en Fortuna. Dos detenidos. Los que regaban las mil planticas. Pobres diablos, barrigudos, mal vestidos, casi sucios. En la cocina, un almanaque presidido por la imagen de la Fuensanta. El calendario lleva las anotaciones del cultivo día a día de la marihuana. El manto de la Patrona murciana es verde. Toma ya. 

Almanaque de la Fuensanta usado para el cultivo de cannabis

Hay que joderse. Al final me ha salido un editorial.

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