El karateca y la pitón

La pitón es una serpiente que vence a sus víctimas asfixiándolas, tapándoles la boca y enrollándolas. Eso es lo que ha hecho la Policía. Cada chaleco policial, una escama de la piel de la pitón.

El Karateca 

Le llamaban Karateca porque era aficionado a la artes marciales y porque su especialidad fue siempre no pasar desapercibido. Igual bromea ante las cámaras, que conduce un Maserati, que echa risas en mitad de un juicio o te fulmina amenazadoramente con sus pupilas.

Imagen de portada de ayer del diario La Opinión de Murcia


Esos ojos negros, como cantaría Duncan Dhu, los vi  hace años, en 2011, cuando fue juzgado y absuelto por un terrible asesinato en el año 2000.
– Subió a Alfonso a una bicicleta estática -contaba un testigo durante el juicio-, él llevaba una pistola, le dijo que empezara a pedalear, le dijo que era un chivato y lo mató.

En aquel entonces, los periodistas gráficos podían tomar imágenes y grabar vídeo en los pasillos de los edificios judiciales (ahora no).  Entraba al despacho de su señoría a declarar como sospechoso del crimen, y rodeado de Linces de la Guardia Civil, vestido de angelical blanco para resaltar su piel morena y calé, sostenía el semblante ceñudo ante los objetivos de las cámaras. Se partía el cuello aguantando la mirada.

Lo jodido del caso es que el jurado popular entendía que, uno de los tres, o Pedro o uno de los dos testigos, habían matado a Alfonso, pero no concedieron credibilidad a los testigos.

Así que se ordenó que quedase en libertad y a la calle.

La (operación del equipo) Pitón

Su nombre, su mirada, o su efigie a las puertas de su local de copas, siempre estaban con la mente de muchos policías.

Efigie del local de copas del karateca con su imagen.

– Está ahí, en Alcantarilla, ahora es empresario de la noche.

Pero no le quitaban ojo. Y él lo sabría. Ha tardado poco más de un lustro en volver a ser detenido. Y no de manera gratuita. Lo dicen, como mínimo, los 330.000 euros ocultos en un doble fondo, lo secundan los 281 kilos de marihuana y lo refrenda el arsenal militar que se le ha hallado. Es normal entre quienes se meten a narco tener plomo para defender la cosecha. Pero la cantidad de escopetas, armas y munición encontradas roza el vicio.

Los que también tenían una mirada especial eran los agentes que lo detuvieron, que actuaron como una pitón. El miércoles, cuando exponían lo incautado ante la ávida mirada de los plumillas, parecían cansados pero satisfechos.

– ¡No, no, esta escopeta que no la toquen que aún está sin procesar! -se llegó a oír en una esquina.

Otro punto interesante de esta historia (¡tiene tantos…!) fue el origen de la operación. La versión oficial mantiene que se le investiga desde 2015. Pero a preguntas de quien esto escribe no negaron que todo se precipitó a raíz de una llamada anónima, léase colaboración ciudadana por unos, o chivatazo, por algún otro.

Periodistas arremolinados ante la salida del karateca del registro de su casa.

Lo que tampoco puede ser casual es que al frente de la vieja comisaría de Alcantarilla esté Alberto Benavente. No lleva ni un año en esa plaza y ya se ha quitado al que llamaban el Scheriff de Alcantarilla.

La pitón es una serpiente que vence a sus víctimas asfixiándolas, tapándoles la boca y enrollándolas. Eso es lo que ha hecho la Policía. Cada chaleco policial, una escama de la piel de la pitón.

Si todo esto lo pilla James Ellroy o Elmore Leonard, hacen un novelón y venden a Netflix los derechos para una serie. Pero esto es Murcia, la detención fue en Puebla de Soto, y yo me apellido Lucas. Será por eso que el título se me antoja el de una fábula de Iriarte.

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