EL FALSO SUICIDIO

Lo mataron como a un conejo, por el cuello. En mitad del fragor sexual, lo que era un sugerente abrazo se convirtió en una férrea tenaza sobre su garganta. Los ojos de la víctima, un hombre de 72 años, se les saldrían de las cuencas al percatarse de lo que ocurría. Cuando todo acabó, y el cuerpo estaba ya sin vida, intentaron que pareciera un suicidio.

 

Ronnie Massagrande, el acusado, durante el juicio en 2013. Foto: Gloria Nicolás

En 2016, 126 personas se quitaron la vida de manera voluntaria en la Región. Es casi una quinta parte más que en 2015. Es un problema de salud pública. En algunos casos, esconden enfermedades y miserias personales. En otros, auténticos problemas sociales e institucionales.

Pero, de vez en cuando, no es suicidio todo lo que parece, sino homicidio.

Diferenciarlo es muy difícil. Acertar en el diagnóstico es capital. Un error puede imposibilitar la investigación posterior.

Uno de los casos más llamativos de falso suicidio tuvo lugar en Molina de Segura en 2010.

Cuando los agentes de Policía Nacional entraron al dormitorio encontraron un cuerpo tendido sobre la cama. Boca arriba. Llevaba puesto los calzones. Sobre el rostro, una bolsa de supermercado valenciano.

-Suicidio -se dijo.

Horas más tarde, en la sala de autopsias, unas rojeces en el cuello descubrieron un estrangulamiento de manual.

Para cuando los de Policía Judicial y Científica regresaron al domicilio, ya no había escena del crimen. Muchos habían pasado por allí: sanitarios, otros agentes, familiares del fallecido… Cuando hubo que procesar las habitaciones, casi nada estaba ya como cuando se descubrió el drama.

No digo que sea lo mismo, pero este diario informaba esta semana que en Yecla se investiga la muerte de una mujer cuya cabeza estaba también en una bolsa. Son casos muy complicados. Incluso cuando no hay caso ni investigación, siempre hay una tragedia detrás.

Mientras usted leía esto último, los de Científica seguían buscando pruebas. Y llegaron a una muy buena.

Una huella.

Un individuo que no tenía por qué haber estado en esa casa. Y que de momento sólo probaba eso. Que había estado en la casa.

Lo tenían identificado pero nada más. No existen megaordenadores al estilo CSI  (cuánto daño ha hecho) que te ubiquen su lugar exacto. Ni un juzgado te autoriza sin más indicios ningún pinchazo telefónico. Pero pillaron otro fleco. Una urgencia sanitaria en el Hospital Morales Meseguer, sin más datos.

Los agentes hicieron entonces una cosa muy sencilla que ya inventaron los griegos. Preguntar.

-Fuimos puerta a puerta por todo el barrio de alrededor -me explicaba tiempo después uno de los agentes que participó-. Hasta que dimos con su rastro. Había desparecido a media noche de su domicilio. Justo en la fecha de la muerte de la víctima.

Su estela les llevó a Barcelona (cuánto trabajo por las primeras horas perdidas). Investigaban a un sospechoso que vivía como chapero, de pequeños servicios y pequeños robos. Era italiano. Se llamaba Ronnie Massagrande. Así que los de Homicidios allá que se fueron a la ciudad condal a buscarlo. Lo hicieron en locales de copas. Para verlo. Cuatro policías murcianos de incógnito buscando a un chapero de apellido Massagrande. Pues dieron con él. Éste confesó el crimen, que fue por unos cuadros robados de la víctima, y que aún escondía. Fue juzgado con un compinche y condenados.  Ojito con las bolsas.

2 comentarios en “EL FALSO SUICIDIO

  1. Como se puede ser tan buen periodista y tal genial escritor. Espero ansiosa tu novela. La crónica negra de la región es mejor cuando sale de la tinta de tu pluma

    1. La única virtud, si se puede considerar así, es que me gusta mi oficio. Pero lo de la novela… no sé si tendré tiempo. En caso contrario, le informaré a usted encantado!

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