¿Puede un periódico presentar una información sin constatar todas las partes?
En el articulo publicado por el diario La Verdad de Murcia, el día 15 de septiembre.
Bajo la sección de la Vitrina, y sin firma alguna, hay una serie de afirmaciones que son mentira.
Y puedo decir que son mentira porque hablan de cosas que dicen que yo he dicho, y de cosas que yo he hablado con ellos, o cosas en las que he participado y que no se han producido tal como intentan describir que sucedieran.
En ningún momento, el diario La verdad de Murcia se ha puesto en contacto conmigo, identificándose como tal diario, o como tal periodista.
Es cierto que una tal “Fuensanta” llamó la noche del lunes 14 al restaurante Traperia30 para hablar con Marta Romero, pero, que al estar trabajando, le dije a la señorita, no se podía poner. Al preguntarme la señorita “Fuensanta” si yo era su marido” le contesté que sí, y me dijo que qué había pasado. Dándole una versión muy sucinta de los hechos, pero que en ningún momento dijo que si esas palabras podían ser utilizadas, ni que esas palabras, si eran utilizadas, serían para el periódico La Verdad.
Cita ese artículo “el jurado al parecer se inclinaba inicialmente por otra”, al referirse a las recetas finalista. Absolutamente falso, ya que de las tres recetas finalistas, en las dos ocasiones que se realizaron las votaciones de 5 miembros del jurado, resultaron empatadas dos recetas, pese, como detectó un miembro del jurado, a que la suma estaba mal hecha y debería tener dos votos más la receta de Marta Romero.
Tras una segunda votación, en la que ya se había desechado la tercera receta en discordia al considerar que sus costes excedían unas de las cláusulas del concurso, volvió a ganar, con 8 votos, frente a 7, la receta de Marta Romero. Añadiéndose a los votos los 2,5 dados por el directos del CCT para la receta ganadora, y 1,5 para la receta que quedó finalista. Por lo que en ningún momento el jurado se había inclinado hacia otra receta que no fuera la ganadora.
El señor José Marcos exhibió en un momento una receta diciendo que era de su hijo. Y en todas las votaciones participó y dio sus votos mayoritarios a esa receta. Jamás se abstuvo, al igual que todos los miembros del jurado. Y esa receta nunca “fue excluida” como cuenta este artículo.
Las dos recetas finalistas pertenecen, como se ha sabido a posterior, a familiares directos de miembros del jurado, es cierto. Pero hay una importante diferencia.
Mientras que José Marcos sí sabía que iba a ser jurado de este concurso desde fechas anteriores a la publicación de las bases, e incluso a mitad de las decisiones dijo que iba a llamar a su hijo para que enviara una foto de la receta, para que el jurada la viera ya terminada, cosa que inmediatamente todos los miembros del jurado denegaron la propuesta. La invitación que se me formalizó el día 11, y la no información de que Marta Romero había participado, deberían, supuestamente, darme un voto de confianza a la hora de formar parte de un jurado que eligió libremente y defendiendo unos criterios preestablecidos la receta que ganó ese concurso.
En una entrevista, relacionada con el tema, al director del CCT, señor Jesús Galindo, este dice “hablé con Antonio Gras el lunes por la noche”. Cosa absolutamente falsa.
La llamada que se me realizó fue de un miembro del jurado, el señor Juan Lax, quien me preguntó si era cierto que mi chica había participado, “pues Galindo me ha llamado y está nervioso”. Le dije que sí, que era ella, pero que ni yo lo sabía, incluso durante las decisiones del jurado, en la mañana, uno de los miembros, el cocinero del CCT, dijo que le parecía conocer de quien era esa receta, y que creía que era una alumna suya. Y ya Marta Romero había comentado en la tarde a una periodista que su decisión de presentarse a este concurso había sido un asunto personal y que nunca me había comunicado.
Por todos estos motivos me parece que hay cierto deseo de dar una serie de informaciones que no se ajustan a la realidad.
Hay que constatar, según me parece que dicta una de las bases del periodismo limpio, todas las partes para dar la información.
En este caso, está claro, no ha sido así.
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Comentarios
Una opinión.
Demos por sentado un par de cosas.
Si hubiera sabido que mi mujer, que envió la receta el día 7 y a mi se me invita el día 11, que su receta fué seleccionada por otro miebro del jurado que no fuí y que en las dos votaciones finales esa ecata fue la ganadora, creo que no se m hubiera ocurrio ir a ese jurado.
La buena idea sigue siendo buena, lo malo es la malaintencionalidad que algún medio ha tenido para para atacar al sr Cruz, para atacar la campaña el No-typical y para atarceme de manera vergonzosa y zafia a mí.
Ayer me comentó un amigo gallego: “la polémica pasará, el premio quedará”
Estimado Sr. Gras, no tengo el gusto de conocerle y todavía no he visitado su restaurante, cosa que quisiera hacer en breve. Sólo quería comentarle que lo que está sucediendo es un resumen de la peor Murcia posible, la que tiene el enemigo en casa. En esta tierra somos especialistas en arrancarnos los ojos los unos a los otros y así nos va. Un saludo y ánimo.
Será un placer el poder atenderle en Traperia30.
Espero que al llevar gafas para leer y esas cosas, y a ratos me pongo las de miope compulsivo, tarden más en llegar a los ojos estos mindundis de de la hoja parroquial y sus fieles acólitos. Pero de ánimos andamos bien, diría que muy bien, sobretodo cuando vemos el restaurante lleno y la gente comiendo y la dichosa ensalada Davis, y lo mejor, dándonos la enhorabuena.
Un placer repito, un placer que venga a conocernos y así en directo, sin intermediarios, podremos hablar con más calma.
Muchas gracias.
Por propia ética personal, nunca me presentaría de jurado a un concurso en el que se presenta un familiar directo. Y lo de “yo no lo sabiiiia” no convence.
No obstante, enhorabuena por sus iniciativas en pro de la gastronomía murciana.

Sr. Gras, en mi humilde opinión, y a la vista del relato de los hechos que usted ofrece -que por supuesto yo no discuto-el concurso tendría que haberse suspendido o, en todo caso, haber repasado a los finalistas. Teniendo en cuenta que uno de ellos era el hijo de uno de los miembros del jurado (una desfachatez que le votara su padre, por cierto) y otro su esposa, hubiera sido lo más ético. Si su mujer le hubiera informado de su intención de presentarse, usted se hubiera abstenido o, directamente haber renunciado a formar parte del jurado. Al final, una buena idea termina mal.