Bachillerato paradójico, Sr. Ministro

Si seguimos sin contemplar la excelencia en la educación, estamos a punto de lograr el producto estrella de nuestro sistema educativo: el titulado iletrado. Ya hemos logrado el ingeniero, licenciado o doctor mileurista.
El alumnado que obtiene su título de Secundaria en junio, puede lograr plaza, si lo desea, en ciclos de grado medio de formación profesional (FP). Tod@s aquell@s que titulan en septiembre, a menudo con alguna asignatura sin aprobar, apenas tienen posibilidad de entrar en la FP. Entonces, se matriculan en Bachillerato. Su falta de conocimientos y de hábitos de trabajo intelectual (en clase y en casa), incluso a veces su limitada capacidad, han de convivir, entonces, con la suficiencia de quienes desean una preparación adecuada para acceder a la universidad o a ciclos de grado superior. Esos jóvenes que en realidad no quieren estudiar, que han superado la ESO de aquella manera huyendo de las materias más exigentes, a los que el conocimiento no les interesa mínimamente, lo que esperan es que se les ponga facilito, que se tenga en cuenta su pasado académico, por decirlo así, y no se les pida gran rendimiento. No están motivados ni son motivables, pero si suspenden el primer curso, pues se vuelven a matricular y repiten, eso sí sin cambiar de hábitos ni de actitud, pensando, supongo, que “ya caerá”. Así vamos: se da la paradoja de que tenemos en bachillerato un número variable pero importante de alumn@s que desean no el bachillerato, sino el título de Bachillerato, y a los que hasta los libros de texto les superan y se les caen de las manos.
Llevamos décadas, en España, dándole vueltas a la FP . Personalmente, creo que el sistema actual, en su enésima derivada de la LOGSE, no es un error. Los ciclos formativos de grado superior ofrecen una alta cualificación profesional y una cualificación académica universitaria, con el prestigio correspondiente. Y los de grado medio son demandados y apreciados por los empleadores. Pienso que el mayor problema de nuestra educación, hoy, está en la secundaria obligatoria y el Bachillerato.
Quisiera poder confiar en el anunciado pacto de Estado por la educación. Algunos llevamos clamando por él más de 20 años, que se dicen pronto. Sin embargo, si en la concreción y las bases de tal pacto no participan los directores de los institutos más comprometidos y el profesorado de a pie, y sólo se tienen en cuenta aportaciones de los representantes institucionales (partidos políticos, sindicatos, encuestas sociológicas…), entonces no tengo motivos para el optimismo. De momento, no hemos empezado muy bien, Sr. Ministro de Educación, querido profesor Ángel Gabilondo, aunque hay que decir que no por culpa suya.
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Comentarios
Cuando se decretó la educación obligatoria hasta los 16 años, se me ocurrió que nuestros políticos quizás no habían tenido en cuenta que hay chicos que no tienen ningún interés en estudiar. Como bien dices, no son motivables en este asunto, seguramente porque prefieren un trabajo, sea el que sea, que los libre de esa obligación de acudir a las aulas. Otra cosa es que consigan esa cualificación para trabajar y el mínimo de formación necesario para que no los engañen en sus contratos, para no ser sólo mano de obra barata. Y tal como está la cosa, me temo que acaben compitiendo con la mano de obra semi-esclava que suponen los inmigrantes. Que también plantean un problema educativo…
Me pregunto si los profesores podéis hacer llegar vuestra información sobre la realidad educativa que vivís, vuestras quejas, propuestas, opiniones… a los políticos.
Hace años que digo, con tristeza, lo mismo: este desastre en la educación tiene que ser intencionado. Espero tus comentarios, que siempre son con conocimiento de causa y más optimistas que los míos.
¡Ay, N! ¡Vaya tesituras en las que me pones! Pero como lo merezco, pues allá voy. No hay cauces, que yo conozca o mis compañeros que conozco, como no sean nuestros representantes sindicales. ¿Qué representan y a quién? Pues no es pequeña cosa saberlo. A mí, francamente, normalmente no. Yo no soy partidaria del cuerpo único, ni del café para todos (tutorías, por ejemplo; cátedras sin examen…). No es fácil crear esos cauces, pero tampoco se me antoja imposible. El Ministerio, con reunirse con los Consejeros de Educación de todas las comunidades autónomas, con los responsables de la ideología sobre educación de todos los partidos y con los representantes sindicales del profesorado, más los representantes de las FAPAS (federaciones de asociaciones de padres y madres), cumple. La representación es legítima e institucionalmente impecable. El problema está en cómo, de dónde y de quién se nutren todos esos representantes. Ahí es donde se pierde de vista, me temo, el bien común y la conexión con la verdadera realidad educativa. Ahora bien, ¿es real? ¿Podemos decir que todo los institucional es real y todo representante es representativo? Ahí está el quid. Quizá llevamos demasiado tiempo permitiendo que intereses espurios (electoralistas, economicistas u otros) se enseñoreen del territorio educativo. Ojalá que lo de este pacto sea de verdad, que no se quede en un nuevo enjuague que dé lugar a una nueva ley tan poco eficaz para el bien común (que consiste, no lo olvidemos, en preparar bien a nuestros jóvenes, en enseñarles suficientes conocimientos y habilidades para poder desenvolverse como personas autónomas y responsables en la sociedad) y tan tocanarices, usted perdone, como las que llevamos ya a cuestas desde la LOGSE (aunque algunos, incluso lauread@s periodistas espcializad@s en educación no se han enterado de los cambios). Como ve, mi optimismo es más bien moderado, sobre todo después de escuchar hoy mismo unas declaraciones del ministro, hechas desde Bruselas, mucho menos claras que las que venía haciendo. Dicho todo esto, y pido perdón por alargarme tanto, sí tengo que decir que tener en la escuela a los chic@s hasta los 16 años sí me parece necesario. Ahora bien, no creo que l@s de ahora sean menos espabilad@s que éramos los de antes, luego si sacan peores resultados puede que esté fallando también la formación del profesorado: por ejemplo, a mí me parece inaceptable que la madre de una niña escolarizada desde los 5 años descubra a los 8, por casualidad, que su hija tiene una miopía de más de 2 dioptrías en cada ojo. O alarmante que más de la cuarta parte del alumnado matriculado en bachillerato no sepa leer de corrido. ¿Cómo va a tener la ley la culpa de esto? La tenemos los profesores, nos guste o no.

Carmen, totalmente de acuerdo. El futuro de este país pasa por unos ciclos formativos en condiciones y con un alumnado motivado en lo que hace. Es muy triste ver a los chicos pasar el tiempo en la ESO y el Bachiller esperando que les den el papelito con la firma del Rey…( esto me lo dijo un alumno). Ojalá cuenten con la opinión de los que todos los días vemos los problemas. La clase política, encumbrada, no ve más problemas que los de mantenerse en el poder cada cuatro años…muchos de ellos no tienen ni el papelito con la firma y lo más grave…participan en la elaboración de leyes…¡QUÉ PAÍS¡