Viernes, 12 de Marzo de 2010

Ceporros

La relaciones entre profesores y alumnos dependen por igual de ambas partes. (Imagen tomada de www.rafaelrobles.com)

La relaciones entre profesores y alumnos dependen por igual de ambas partes. (Imagen tomada de www.rafaelrobles.com)

Se ha publicado la noticia de la condena a multa de 300 euros a un maestro como consecuencia de la denuncia interpuesta por sus padres. Educación y periodismo, mi debilidad. Los titulares son  imprescindibles, pero también una de las más difíciles tareas. Un buen titular tiene que ser informativo sin ser torcido, y tiene que caber en la caja. Los titulares de esta noticia recogían todos el “por” señalando como causa de la multa que el profesor llamó al niño “ceporro” e “inútil”, entre otras cosas. No parecen graves insultos, pero sí muy inapropiados viniendo de un profesor. Si la noticia era breve, se perdía del todo el matiz y daba a entender que el juez condenaba por haberle dirigido tales epítetos al nene. Sin embargo, parece que el motivo no fueron simplemente tales expresiones, sino más bien una conducta continuada de cierto desprecio, algo humillante e irrespetuosa. No es lo mismo.

Una clase es un espacio de comunicación que puede resultar bastante complicado. Es un lugar en el que las relaciones han de ser de confianza y cierta distensión, de modo que en principio todo lo que ocurre o se dice en la clase ha de ser puesto en su exacto contexto para poder entrar a valorarlo. Aún así, nunca es posible lograrlo del todo, puesto que es inefable e irreproducible todo el torrente de comunicación no verbal que fluye en la comunicación profesor-alumn@ y viceversa y que a menudo tiene mucho que ver con el resultado de la comunicación. Es decir, que siendo como es un profesor un ser humano, y sus alumnos también seres humanos, se puede dar la dinámica dialéctica del amo y el esclavo, de modo que resulta ser el profesor la víctima del alumno descarado, irrespetuoso y cruel, tanto más sibilino cuanto más inteligente. Les aseguro que existen alumn@s perfectísimamente capaces de hacer perder los nervios al más templado. Como hay también, a qué negarlo, maestr@s y profesor@s que no son con sus alumn@s todo lo correctos y respetuosos que debieran (no me corresponde decir si he de incluirme; procuro que no). En fin, que a mí no me extraña demasiado que un profesor llame eso a un alumno en un momento determinado. Sin embargo, creo que casi siempre cabe la recomposición de las relaciones entre ambos, si ambos son capaces tras el calentón de sentarse a hablar tranquilamente, acordar nuevas bases para su relación y disculparse por lo que se haya hecho mal. Únicamente desde la humildad y el respeto mutuo es posible la tarea de la educación. Son sólo casos excepcionales, pero también hay personas (alumn@s y profesor@s, jóvenes y adultos, altos y bajos) con las que es verdaderamente imposible relacionarse pacíficamente y no cabe en esos casos otra cosa que reducir la relación al mínimo.

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Comentarios

Buf, qué incómod@ tant@ arrob@.
Te ha faltado poner adultas y adultos, personas y personos…
Un saludo.

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