Tras el debate ¿llega la calma?

Para llegar a las masas eso de airear los trapos sucios no es buen invento. ¡Todo lo contrario! Cuando finalizó el debate a tres de la primarias el pepero se frotó tanto las manos que le sangraron; el de Podemos levitó un palmo (lo equivalente a ‘x’ escaños); el de la formación naranja se quedó centrado y los socialistas descubrieron que es cierto lo que se les contaba, que el patio anda revuelto y que nadie puede ver a nadie. Ahora, no es lo mismo que te lo cuenten, que verlo por tus ojos. Sea como fuere el caso es que vimos a una Susana Díaz de ideas claras y pico de oro que no dudó en señalar a Pedro Sánchez que su peor pesadilla es él mismo. Una Díaz que siempre estaba de acuerdo con lo que decía el árbitro, Patxi López, quizás por ahorrar balas para el verdadero enemigo. Si el debate fue una tarta, volviendo a la EGB, un tercio se lo comió la andaluza; Patxi chupó la cuchara y Pedro Sánchez se quedó contando las velas y aportando datos de cuando en lugar de velas se apagaban candiles para cantar el Happy Birthday.

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