Viernes, 19 de Marzo de 2010

El Balón

balonJugábamos con mi balón nuevo en el patio. Un tango Adidas brillante, de color naranja, exclusivo para partidos en la nieve, cuando los campos de fútbol se pintaban de rojo. Siempre era una responsabilidad jugar con tu balón, y con ese, aún más. Ser el dueño ofrecía algunos privilegios, pero también generaba envidias. Nunca me gustó ser el dueño del balón.  Si venían mangantes al patio, en aquella época de asaltadores de partidos, el dueño del balón era el que terminaba en primera línea. Después de aquel día pasaron muchos años hasta que volví a ser el dueño de un balón. El patio estaba repleto. Jugábamos un partido de los grandes, en la parte de atrás. Al poco, un disparo lejano superó la valla de cipreses y salió a la calle. Pasaba a menudo. Era de los momentos complicados para el dueño, porque si no estaba claro quién había sido, tocaba salir a la calle sin permiso de casa. Aquel día Carlos tenía claro que iría él. De los mayores, técnico, gracioso y chulico cuando había que serlo, pero cumplidor. Enseguida se dirigió a la puerta, y yo respiré.

Nos agolpamos en la verja, para ver si antes de que saliera Carlos alguien nos devolvía la pelota, con el clásico: - Señor, por favor, ¿me tira el balón? Pero no había mucha gente. Domingo por la tarde, el Murcia jugaba fuera, y Rector Loustau estaba vacío. El balón llegó al otro lado, a la carretera, junto al bordillo. Cuando Carlos asomó por la esquina la gente volvió al campo, a esperar el balón, que siempre se recibía con un aplauso de tranquilidad. Yo me quedé allí, agazapado, esperando acurrucado en un hueco entre los cipreses, sin quitarle ojo al balón. De repente, un coche se acercó. El semáforo estaba lejos, pero el vehículo, un Renault 11 gris con el alerón negro, que no olvidaré jamás, se paró junto a mi pelota. Miré a Carlos, que hacía gestos con la mano. Se detuvo, se abrió una puerta, y asomó medio cuerpo de un hombre, que cogió el balón. Carlos le pedía que le pasara, y yo, empecé a gritar angustiado: - ¡¡Aquiiiii!! ¡¡Aquiii!!

En un segundo aquel tipo había cerrado la puerta llevándose el balón. Levanté la cabeza para ver el color de semáforo. Verde. Cuando arrancó el coche Carlos ya estaba corriendo a dos metros del alerón negro, pero el Renault 11 no se detuvo. Siguió hacia la Avenida de la Fama, girando a la izquierda. Carlos pasó como una exhalación por delante de la valla, persiguiendo el coche. Yo gritaba, y los demás venían corriendo a la valla a ver qué estaba pasando. No quería llorar, pero fue imposible. Con 10 años ver cómo te roban un balón nuevo de aquella manera no era fácilmente digerible. Otros mayores salieron, pero no pudieron hacer nada. Al cabo de unos minutos volvió Carlos: - Le he perdido en el colegio. Estoy seguro de que me ha visto. Subí a casa y me tiré contra mi cama. Juré que nunca más iba a llevar yo el balón.

La otra tarde, por Santa María de Gracia, un balón Nike amarillo salió de un jardín unos metros delante de mí. A apenas dos pasos de una señora que portaba un carrito del mercado. Creí que enseguida vendría algún chaval, pero no fue así, y cuál fue mi sorpresa cuando la señora se agacha junto al coche donde estaba la pelota, la coge, mira para todos lados sin percatarse de mi presencia, lo mete en su carrito y sigue su marcha. A los pocos segundos un chaval sale por la esquina, buscando. Corrí hasta ella. La paré. Le dije que aquel chico buscaba el balón que ella había guardado en su carrito. Sorprendida y enfadada, devolvió el balón. El chico, chándal del Barça, zapatillas de futbito, cara sucia, dijo gracias cabizbajo, cogió carrerilla y chutó por encima de los coches. Cuando el balón cayó al patio, escuché un aplauso. Sonreí. Veinte años después, terminé de cerrar una herida. Vale.

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Comentarios

todo tiene un porque, todos los círculos tienden a cerrarse, casi todas las cosas que nos pasan en la vida tienen un motivo y si alguna nos parece que no ,es porque todavía no ha llegado su momento. Me ha gustado mucho tu artículo, probablemente hayas sido más feliz tú al devolver la pelota que el chico al recogerla, !que gusto hacer alguna cosa que sepas que ha hecho feliz o ha mejorado la vida de alguien!

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