Domingo, 14 de Marzo de 2010

Audrey

 

popartfaceEl regusto de la canción del verano, mezclado con una pizca de alerón de Opel Kadett maqueado con muchos euros, unas pequeñas dosis de plató de televisión, aderezado todo con el resabor del sueño americano, con ese toque kitsch de la lata de sopas Campbell´s, amortiguado por una sobreexposición antinatural del símbolo, con una pérdida supina del verdadero origen de admiración, además de una pequeña sensación de impotencia al estar frente al Sí, pero No, más No de la historia viva de los Sis, pero Noes. Eso es lo que veo cuando, casi a diario, me encuentro una imagen de Audrey Hepburn apopizada, ya sea con estilo, o vulgarmente, colgada en una pared. Da igual cual sea de las cuatro o cinco que pululan cual hastalavictoriasiempre sobre marcos, lienzos, pósters, bolsos y hasta camisetas. Cigarrito, gafotas, mirada felina, My Fair Lady, o Breakfast at Tiffany´s, ahí está el icono Audrey, martilleando sobre su propia identidad, en bares, restaurantes, pubs de medio pelo, paredes de intentonas modernens, tiendas de regalos… y no parece perder vigencia.

Aún quedan valientes, no se sabe si románticos fans de Audrey, verdaderos creyentes de su religión, pensadores de su imagen, enamorados de la sencillez elegante en blanco y negro, o ratoncicos atrapados en la corriente iconoclasta inconsciente que ha minado la mirada de la chica perfecta. A veces, cuando cruzas tu mirada con Audrey de repente en un bar, o entre la gente, al fondo de un escaparate, aún creo en ella. De repente todo cuadra, y no entiendes cómo es posible que no todas las mujeres del mundo quieran ser ella. Otras veces se cuela en tu campo de visión, y la ves atrapada en una mirada eterna, aplastada por colores fuertes, fumando de su larga pipica, y parece que se te atraganta. Hoy no es mi día Audrey. Cada vez tengo menos días Audrey. Igual es cosa mía, como todo, que hasta con una chica como ella al final la culpa de todo la tiene uno mismo.

¿Y si pusiera en mi estudio una vieja imagen de Audrey bien guapica y repeinada, mirándome desde la pared? Así podría verla todos los días, y tratar de dilucidar qué me pasa con ella. Podría tener largas conversaciones, como las que tenía el chaval Hornby con Tony Hawk en su último librico. Los días Audrey empezarían a tener un sentido diferente. Creo que me enamoraría, como un loco, con esto del treintañerismo y mi complejo de Peter Pan. Luego, vendrían coleguis a casa, entrarían al despacho, verían el póster, y acho, ¿qué pensarían? Eso mismo pensarán los valientes, cuando una mirada de Audrey se te atraganta inesperada, porque mira que el mundo tiene recovecos, que hasta es dulce y sencilla elegancia en un gesto, puede llegar totalmente del revés. ¿Cómo son tus días Audrey? Vale.

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