Cosicas…
Esas pequeñas cosas que disfrutamos, muchas veces casi sin percatarnos, porque son normales, habituales… son como la pizca de azúcar de Mary Poppins, una medicina sencilla para relativizar el día a día, sobre todo cuando han pasado momentos difíciles. Escribirlas me relaja y me sitúa. Achopijo es hoy una ráfaga de aire fresco. Espero que las disfruten pensándolas tanto como lo hago yo escribiéndolas:
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El primer beso de la mañana, una toalla caliente, ver caer una hoja seca, mirarse en el espejo y sonreír, empezar un libro, meter el brazo entre los cojines del sofá, estirar los pies hasta oírlos crujir, hacer una bomba en la piscina, que te ofrezcan un bombón, la sonrisa de un desconocido por la calle, la mirada de una chica que pasa en el autobús, la carrerica para cruzar cuando el semáforo parpadea, el sonido de las ruedas del coche por la tierra, aparcar en zona blanca, encontrar algo que no buscas, buscando algo que no encuentras, una canica en el bote de lápices, una foto antigua quemada por la luz, dejarse caer sobre la cama con los brazos abiertos, ver volar una cometa, madrugar un domingo, el olor a chocolate, hacer un mate imaginario sobre el dintel de una puerta, esconderse debajo de la cama, un guiño de ojos, encontrar una vieja libreta de notas, el mail de un amigo entra mucho spam.
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El sonido de una gaviota en el puerto, y el chinchineo de los mástiles, el ruido del viento en el mar, la arena alisada por el invierno en la playa, el calor de una bufanda un día de frío, una carta manuscrita en el buzón, pasar la bola en padel lanzándose al suelo, un tiro fuerte al larguero, el recuerdo de aquel gol, una tele antigua, recuperar un recuerdo olvidado, terminar un libro antes de dormir, la luz al salir del cine, deshilachar una hoja de romero para oler a campo, la flor de un cactus, y el vuelo de dos tórtolas entre los pinos, el pan caliente, la horchata fría, el olor a almendra molida, y las primeras flores de azahar. Las luces de los rascacielos al atardecer, el aviso de un peatón por una puerta semi abierta, el beso de dos novios en un banco del parque, ver a los niños correr, una canción que llevabas tiempo sin escuchar, el sueño de un niño en tus brazos.
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Un coincidencia total, ver escrito el número del año que naciste, una matrícula de Murcia lejos de tu ciudad, pasear sin rumbo por ciudades nuevas, no llevar reloj, ni móvil, ni tener cercana obligación, una pelota hecha con bolsas de plástico y fixo, abrir una lata de atún con abrelatas y chuparse el aceite de los dedos, sacarle el corazón a un tomate, cogerse las mangas de la camisa cuando te pones el jersey, el cojín de encima de la barriga en el sofá, acariciar su pelo mientras duerme, el ajete de las migas, el chocolate del sandy, la palomita dulce quemada, las veletas de los edificios, la escarcha en las hojas de morera, pisar sólo las losas blancas, el olor a guiso de ternera, el hielo del gazpacho, darle de comer a las palomas, mirar hacia arriba en las calles de toda la vida y descubrir nuevos balcones, encontrar pulseras guardadas hace años, un póster viejo, doblar un clip, los mordiscos de un cachorro, una flor entre las hojas de un libro, cerrar los ojos al sol, un viejo graffiti que resiste al tiempo, saltar una valla, chutar una piedra por el mismo carril de losas, un nuevo comentario en el blog, un domingo más, leyendo el periódico… Vale.
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Observar a mis hijos cuando se han dormido